¡TÚ DECIDES!

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Dios pone delante de su pueblo las opciones para su vida. Ellos deben elegir solo un camino.

Notes
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¡Tú decides!

Deuteronomio 30:11-20 (NTV)
Introducción
a. Anécdota. El error de Moody. Terminé el sermón sobre “¿qué haré con Jesús?” y le dije a la audiencia “ahora, quiero que se lleven esta pregunta y que la piensen bien, y el próximo domingo quiero que vuelvan y me digan cuál es su respuesta”. ¡Qué error! En ese momento pareció como si Satanás estuviera en mi mente cuando dije esto. Desde entonces nunca me he atrevido a darle al público una semana para pensar en su salvación. Si se perdieran, podrían levantarse en juicio contra mí. El predicador dijo esto porque después de dar su sermón esa noche, un fuerte incendio arrasó con el templo y el nunca más volvió a predicarle a esa audiencia. Moody estaba arrepentido de no haber permitido que sus oyentes tomaran una decisión esa misma noche.
b. Nuestras decisiones son como flechas. Toda flecha que se lanza tiene un punto de inicio y un final. Sobre el inicio no hay duda, sabemos en dónde comienza; pero del final no sabemos, a menos que apuntemos a un determinado blanco.
En ese mismo sentido, en el libro de Deuteronomio, encontramos que Dios le pide a Israel que tome sus propias decisiones antes de entrar a la tierra prometida.
I. La vida o la muerte. Dt. 30:15a
“¡Ahora escucha! En este día, te doy a elegir entre la vida y la muerte…”
a. La muerte. Dios ofrece a su pueblo la “muerte” como una elección; él no asesina a nadie, no es destructor de sueños ni proyectos. Cada uno decide si quiere caminar por el camino de la muerte, sea física o espiritual. Dice Pr.
b. La vida. Esta no llega al azar, es también una decisión. Dios quiere que camines por el sendero de la vida, de la esperanza y la felicidad.
II. La prosperidad o la calamidad. Dt. 30:15b
“¡Ahora escucha! En este día, te doy a elegir…entre la prosperidad y la calamidad.”
a. La calamidad. Es un estado de crisis permanente, es vivir una vida desafortunada, de pobreza, de ruina, de tristeza y de miseria. Esto también es una elección, es tú elección.
b. La prosperidad. Todos quisiéramos vivir en esta dimensión, donde todo lo que inviertas produzca, lo que empujes se mueva, lo que te propongas lo logres.
III. Las bendiciones o las maldiciones. Dt. 30:19a
“Hoy te he dado a elegir… entre bendiciones y maldiciones…”
a. Las maldiciones. Estas han existido desde el principio y siguen estando presentes, pero la Biblia dice que podemos elegirlas o rechazarlas. Aceptarla significa vivir en la total desgracia espiritual y material.
b. Las bendiciones. No podemos disfrutar de las bendiciones si no decidimos por ellas. No puedes entrar a esa atmósfera sin desearlo, sin anhelarlo; sobretodo, sin tener la fuerza de voluntad para vivir allí.
IV. Tus decisiones se conectan con tu descendencia. Dt. 30:19b
“¡Ay, si eligieras la vida, para que tú y tus descendientes puedan vivir!
a. Eres un recipiente. Tú eres como una vasija que recibe muerte o vida, calamidad o prosperidad, maldiciones o bendiciones. Dios te pide que elijas la vida.
b. Eres un propulsor. Tu descendencia recibe lo que viertes, promueves y lanzas. Tus palabras, acciones y decisiones impactan de manera directa en las personas que te rodean.
V. La clave consiste en amar, obedecer y comprometerse. Dt. 30:20
“Puedes elegir esa opción al amar, al obedecer y al comprometerte firmemente con el Señor tu Dios. Esa es la clave para tu vida…”
a. Amar. Dt. 6:5 “Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas.” Jesús dijo: Marcos 12:30 “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas”.”
b. Obedecer. Deuteronomio 11:1“Ama al Señor tu Dios y obedece todos sus requisitos, decretos, ordenanzas y mandatos.” Hch. 5:29 “Pero Pedro y los apóstoles respondieron: —Nosotros tenemos que obedecer a Dios antes que a cualquier autoridad humana.”
c. Comprometerse. Josué 24:15 “Pero si te niegas a servir al Señor, elige hoy mismo a quién servirás. ¿Acaso optarás por los dioses que tus antepasados sirvieron del otro lado del Éufrates? ¿O preferirás a los dioses de los amorreos, en cuya tierra ahora vives? Pero en cuanto a mí y a mi familia, nosotros serviremos al Señor.”
Conclusión
a. El mensaje está en tus manos. Dt. 30:11–14
“11 »El mandato que te entrego hoy no es demasiado difícil de entender ni está fuera de tu alcance. 12 No está guardado en los cielos, tan distante para que tengas que preguntar: “¿Quién subirá al cielo y lo bajará para que podamos oírlo y obedecer?”. 13 Tampoco está guardado más allá del mar, tan lejos para que tengas que preguntar: “¿Quién cruzará el mar y lo traerá para que podamos oírlo y obedecer?”. 14 Por el contrario, el mensaje está muy al alcance de la mano; está en tus labios y en tu corazón para que puedas obedecerlo.”
b. Tú decides. Todo depende de la condición de tu corazón y del tipo de lenguaje que usas.
Tu corazón es el recipiente en el cual almacenas buenos y malos pensamientos. En Mt. 15:19 Jesús dice: “Pues del corazón salen los malos pensamientos, el asesinato, el adulterio, toda inmoralidad sexual, el robo, la mentira y la calumnia.”
Tus labios, son la puerta de salida de lo que hay en tu interior. Pr. 18:21 Dice: “La lengua puede traer vida o muerte...”
No confieses muerte para ti, no declares fracaso para tu descendencia, no atraigas las maldiciones a tu vida, no te juntes con gente perversa, negativa e incrédula; no te asocies con los impíos fraudulentos e injustos. Dios te pide que elijas la vida, la prosperidad y las bendiciones para ti y tu familia. Eres tu quien toma la decisión de amar a Dios, obedecer su palabra y comprometerse con su iglesia o abandonar todo para hundirte en la miseria y la derrota.
“Tus decisiones son como saetas, que te llevan hacia la dirección que tu prefieras.” ABG.
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