RELACIÓN CONYUGAL CRISTIANA (parte I)

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Que mi audiencia aprenda como debe de ser la relación o trato en el matrimonio tanto de parte del hombre a la mujer como de la mujer al hombre, bíblicamente hablando.

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INTRODUCCIÓN

Vivimos en un mundo donde el cristianismo ya es rechazado y burlado. Es ofensivo para ciertas sociedades decir lo que creemos como cristianos y se nos censura descaradamente.
El tema que traigo hoy no es aceptado por la sociedad y también, para vergüenza nuestra lo digo, es rechazado por algunas filas cristianas que ya están permeadas por ideología feministas.
En esta mañana abordaremos la primera parte de nuestro título “Relación Conyugal Cristiana”, basada en 1 Pedro 3:1-7, que estará enfocada en la mujer para en una próxima intervención enfocarnos en el hombre. Iniciaremos brindando un entendimiento bíblico del concepto de sujeción para luego pasar a ver como se ve eso en la práctica.

ENTENDIENDO BÍBLICAMENTE EL CONCEPTO “ESTÉN SUJETAS” (V. 1)

El término “estén sujetas” o “sométanse” en griego es ὑποτάσσομαι (hypotassomai), que viene de ὑποτάσσω (hypotassō) que es obedecer, ser obediente, poner bajo control, poner en sujeción.[1] jupotasso (ὑποτάσσω), principalmente término militar, ordenar abajo (jupo, debajo; tasso, ordenar). Denota: (a) poner en sujeción, sujetar y (b) someterse uno, obedecer, estar sujeto a.
El apóstol Pedro instruye a las mujeres, de la misma manera que instruyó a los siervos en 2:18 a que estén sujetos a sus amos, también ellas deben estar sujetas a los maridos. Esto es indicado con las palabras iniciales “asimismo ustedes, mujeres”.
La idea de sumisión o estar sujeta no es muy bien aceptada hoy en día por las mujeres básicamente por dos razones: 1) por una rebelión pecaminosa a la voluntad de Dios y 2) por un concepto errado sobre lo que significa el término.
Con el fin de aclarar y entender bien el término resaltaré primero lo que no es sumisión bíblica:
La sumisión no es solo un concepto para las mujeres.
“Sométanse unos a otros en el temor (la reverencia) de Cristo.” (Efe 5:21 NBLA)
“Asimismo ustedes, los más jóvenes, estén sujetos a los mayores. Y todos, revístanse de humildad en su trato mutuo, porque DIOS RESISTE A LOS SOBERBIOS, PERO DA GRACIA A LOS HUMILDES.” (1 Pedro 5:5, NBLA)
“Todos debemos someternos a las autoridades, pues no hay autoridad que no venga de Dios. Las autoridades que hay han sido establecidas por Dios.” (Ro 13.1 RVC).
La sumisión no significa que la esposa sea una esclava.
La sumisión no significa que la mujer jamás abre su boca, que nunca puede dar una opinión, que jamás da consejos.
“Abre su boca con sabiduría, Y hay enseñanza de bondad en su lengua.” (Proverbios 31:26, NBLA)
La sumisión no significa que la esposa es una flor de adorno que deja que sus habilidades queden adormecidas. (Pr. 31)
1. Las esposas son confiables (v.11)
2. Las esposas siempre suman (v.12)
3. Las esposas trabajan con esmero (v.13)
4. Las esposas siempre traen consigo algo para la casa (v.14)
5. Las esposas son las primeras en levantarse y las ultimas en acostarse (v.15 y 18b)
6. Las esposas son emprendedoras (v.16)
7. Las esposas son esforzadas e incansables (v.17)
8. Las esposas son rentables en sus negocios (v.18)
9. Las esposas son hábiles para las actividades manuales (v.19 y 22)
10. Las esposas son solidarias y generosas (v.20)
11. Las esposas son precavidas ante las posibles situaciones difíciles (v.21)
12. Las esposas fortalecen la reputación de sus esposos (v.23)
13. Las esposas son hábiles negociantes (v.24)
14. Las esposas son optimistas del futuro por sus fuerzas y honorabilidad (v.25)
15. Las esposas hablan con sabiduría (v.26)
16. Las esposas están atentas del hogar y no son ociosas (v.27)
La sumisión no significa que la esposa es inferior al marido.
1. Jesús no era inferior a María y José sin embargo se sujetó a ellos (Lc. 2:51)
2. Jesucristo era Dios mismo y sin embargo se sometió a obediencia y se subordinó en la encarnación.
3. Del mismo modo la mujer no es inferior al hombre sino más bien comparten la misma igualdad y dignidad pero el sometimiento describe la necesidad de orden y estructura para compartir las responsabilidades en el hogar.
Veamos ahora lo que indica de manera positiva la sumisión o sometimiento de la mujer en las Escrituras.
Las Escrituras indican que es responsabilidad de la mujer someterse. En ningún lugar dice que el esposo debe lograr o forzar que la esposa se someta.
Ver V. 1
De la misma manera, ustedes esposas, tienen que aceptar la autoridad de sus esposos. Entonces, aun cuando alguno de ellos se niegue a obedecer la Buena Noticia, la vida recta de ustedes les hablará sin palabras. Ellos serán ganados” (1Pe 3:1 NTV)
Las Escrituras indican que la sumisión de la esposa debe ser continua, ha de ser un estilo de vida.
“Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor” (Efe 5:22 RV1960)
La sumisión de las esposa es un mandamiento no una opción. Su sumisión no ha de basarse sobre la forma en que la trata su esposo.
“No se trata de si el esposo merece respeto; se trata de que la esposa debe estar dispuesta a tratar a su esposo respetuosamente sin condiciones.”[2]
La sumisión de la esposa es espiritual. Debe de hacerse “como al Señor”.
“Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor” (Efe 5:22 RV1960)
La sumisión es un concepto positivo, no negativo.
Bill Gothard define la sumisión como “la libertad de ser creativa bajo la autoridad instituida divinamente”.
La sumisión involucra las actitudes de la esposa además de sus acciones.
La sumisión de la esposa debe ser extensiva. Debe someterse a su esposo como la Iglesia se somete a Cristo.
“Pero así como la iglesia está sujeta a Cristo, también las mujeres deben estarlo a sus maridos en todo.” (Efe 5:24 NBLA)
Amada hermana, no permitas que un concepto errado sobre lo que realmente es “estar sujeta” te impida honrar a Dios y ser el tipo de mujer que Dios espera de ti. Pero tampoco le des cabida en tu corazón a la rebeldía y actitud pecaminosa que les impulsa a rechazar este orden divino.

LA CONDUCTA ESPERADA DE LA MUJER (V. 1-6)

El apóstol Pedro tiene mucho que decirles a las mujeres de cómo se ve en la práctica esta sujeción. Esta habla bien de la mujer. Habla de su conducta.
Esta conducta tiene que ser observable, o sea, visible para todos, en especial para sus esposos (ver v. 1-2).
Uno de los problemas que hoy en día tenemos en nuestras iglesias, pero que no es nuevo ya que esa misma realidad vivieron muchas iglesias del primer siglo, es que muchos esposos de hermanas en Cristo no son cristianos. Pedro asegura que, si las hermanas se conducen “casta y respetuosamente”, esta conducta tiene el potencial de ganar a estos esposos incrédulos sin palabras.
Pedro aconseja a las mujeres creyentes que sean sumisas a sus esposos para que por medio de su conducta ejemplar ellas puedan llevar a sus esposos a Cristo.[3]
Siempre es más difícil dar un buen testimonio dentro de la familia que fuera. Es más difícil tener una buena conducta fuera de la iglesia que dentro de ella.
Amada hermana, que tu conducta hable por ti de tal manera que, tanto a lo interno de tu casa como a lo externo de ella, todos puedan ver tu vida casta o santa y respetuosa. Ella hable del tipo de mujer que eres en Cristo.
Esta conducta tiene que ver con el corazón (ver v. 3-4).
El apóstol presenta una comparación en lo que debe ser la preocupación de la mujer en torno a lo que debe adorarla. Este adorno no debe ser lo externo, sino lo interno; lo íntimo del corazón.
Por otro lado, Pedro no está impidiendo a las mujeres a tener cuidado en su apariencia. Aquí no hay una prohibición sino más bien hay una invitación a priorizar la belleza interna como la principal preocupación de la mujer.
“Asimismo, que las mujeres se vistan con ropa decorosa, con pudor y modestia, no con peinado ostentoso, no con oro, o perlas, o vestidos costosos, sino con buenas obras, como corresponde a las mujeres que profesan la piedad.” (1 Timoteo 2:9–10, NBLA)
Esta conducta tiene sus beneficios (ver v. 1 y 4c).
Un beneficio de una conducta casta y respetuosa es un buen testimonio o reputación tanto con la familia como fuera de esta.
Otro beneficio es que podrían ganar a los esposos no creyentes para Cristo.
También podemos decir como beneficio que el Señor ve esa conducta como “preciosa”.
Esta conducta ha sido una constante en las mujeres de Dios (ver v. 5-6).
En primer lugar, estas mujeres santas “esperaban en Dios”. Sabían que Dios nunca les fallaría, cualesquiera que fuesen sus circunstancias.[4]
En segundo lugar, estas mujeres santas “resaltaban su belleza” cultivando las virtudes de la suavidad y serenidad que Dios considera preciosas.[5]
En tercer lugar, las esposas de la antigüedad “cada una se sometía a su esposo”. Cuando Pedro exhorta a las lectoras de esta epístola a estar sujetas a sus maridos, basa su consejo en una tradición de larga data. Sabe que las mujeres demostraron su sumisión con cualidades interiores que gozan del favor de Dios.[6]
Amada hermana, reconozco que este tema no es cómodo tratarlo y mucho menos ponerlo en práctica. Pero te suplico que lo consideres por amor a tu Señor y Salvador Jesucristo, quien es tu mejor ejemplo de sumisión por amor.

CONCLUSIÓN

El mejor estímulo que deberíamos tener lo encontramos en el evangelio de nuestro Señor Jesucristo. En el evangelio podemos ver a Dios mismo siendo manifestado o encarnándose humildemente y sometiéndose a todo el proceso redentivo para nuestra salvación.
Mujeres, hay una invitación a aceptar en amor las instrucciones al Señor, sabiendo que estas no las denigra ni mucho menos las esclaviza, sino más bien que agrega valor y belleza a su vida y Dios se agrada y las honra con su valor.
Hombres, no les pongan las cosas más difíciles a las mujeres con actitudes que no aportan ni ayudan a que ellas honren a Dios sujetándose en amor.
[1] Swanson, James. 1997. En Diccionario de idiomas bı́blicos: Griego (Nuevo testamento), Edición electrónica. Bellingham, WA: Logos Bible Software. [2] Eggerichs PhD, Emerson . Amor y respeto (p. 26). Grupo Nelson. Edición de Kindle. [3] Kistemaker, Simon J. 1994. Comentario al Nuevo Testamento: 1 y 2 Pedro y Judas. Grand Rapids, MI: Libros Desafío. [4] Kistemaker, Simon J. 1994. Comentario al Nuevo Testamento: 1 y 2 Pedro y Judas. Grand Rapids, MI: Libros Desafío. [5] Kistemaker, Simon J. 1994. Comentario al Nuevo Testamento: 1 y 2 Pedro y Judas. Grand Rapids, MI: Libros Desafío. [6] Kistemaker, Simon J. 1994. Comentario al Nuevo Testamento: 1 y 2 Pedro y Judas. Grand Rapids, MI: Libros Desafío.
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