Relaciones laborales

1 Timoteo: La casa puesta en orden  •  Sermon  •  Submitted   •  Presented
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Relaciones laborales
Coram Deo, esta es una expresión latina que se hizo conocida en los días de la reforma protestante europea: “Coram Deo”, significa vivir “delante del rostro de Dios”, “bajo la autoridad de Dios”, y “ante la gloria de Dios”.
Esta expresión resume el gran ideal de la vida cristiana, que todo lo que hacemos, la forma en que adoramos y la forma en que vivimos, debe enmarcarse en el gran propósito de que Dios, que su nombre sea conocido y que su gloria sea extendida.
De hecho, es una tragedia cuando la iglesia olvida esta realidad y levanta una pared entre lo que hacemos en el contexto de la iglesia y cómo vivimos en el mundo, una gran brecha que creó dos mundos, uno secular y uno espiritual.
Pablo continúa dando instrucciones a Timoteo en el contexto de las relaciones. En todo el capítulo 5 vimos las relaciones en el contexto de la iglesia: los distintos grupos, los necesitados, relaciones con el liderazgo, las relaciones del mismo Timoteo con la iglesia y ahora hemos llegado a un punto crucial, cómo se ve la relación en el contexto particular de las relaciones de amos y siervos, tanto si ambos son creyentes co como si no lo son.
Hoy abordaremos un tema que no es difícil de ver en nuestro contexto para la mayoría de nosotros, la esclavitud, pero veremos también algunos principios que aplican para nosotros entre los cuales se destaca el hecho que que todas nuestras relaciones deben perseguir una misma cosa: que el nombre de Dios y nuestra doctrina no sean blasfemado sino por el contrario, que su nombre sea glorificado.
Y esta es la idea de la cual planeo persuadirlos:
Los creyentes deben dar gloria a Dios en la forma de relacionarse laboralmente con sus superiores.
Y vamos a ver además que dicha búsqueda de vivir para glorificar al Señor es indiferente a si las personas a las que servimos en los entornos laborales son creyentes o no.
Así que abordaremos los siguientes encabezados:
Relaciones con superiores no creyentes‌
Relaciones con superiores creyentes

Relaciones con superes no creyentes

Antes de saltar a las verdades que podemos extraer de este pasaje, necesitamos entender algunos aspectos relacionados con la vida en la Roma del primer siglo.
Algunos historiadores consideran que para ese momento la tercera parte de la población del imperio estaba compuesta por esclavos.
Se llegaba a la condición de esclavo por varias razones: por alguna deuda, prisioneros de guerra, secuestro o porque fueron vendidos por sus padres o nacieron en cautividad. Los esclavos a menudo eran tratados de forma inhumana aunque en general siempre se pedía que hubiera un trato más digno, esa no era la regla general.
Algunos esclavos llegaban a obtener una posición más o menos digna, podían incluso ahorrar para pagar su propio libertad y en otros casos la relación con sus amos era tan afable que decidían quedarse con sus familias sirviendo en condiciones realmente favorables; algunos incluso se convertían en mentores o tutores de los hijos de los amos, la biblia los llama “ayos”.
Es necesario que entendamos esta realidad a la luz de su contexto y no pensar en la estricta y exclusivamente en la forma en la que la conocimos hace apenas unos siglos en las que algunos humanos eran tratados como animales o peor que esto, esta es una degradación a la que que la Palabra de Dios se opone tajantemente.
En la Biblia se menciona que algunos creyentes vivían en esta condición y se dan instrucciones sobre cómo relacionarse con sus amos. Tal vez el caso más conocido es el de Onésimo y Filemón. Pablo interviene para que Onésimo, el año, recibiera a Filemón, su esclavo fugitivo quien además le había robado y les pide que puedan convivir de nuevo.
Como vemos, la esclavitud era parte de la estructura social de la época y aunque el cristianismo a menudo se opone a que las personas sean tratadas con idignidad por el simple hecho de ser la creación de Dios, la forma en la que se transformó esa realidad no fue a través de la prohibición sino por medio un nuevo paradigma: tanto el esclavo como el amo son iguales ante Dios, por lo que el amo no debe tratar con dureza a su siervo y los siervos no deben ser desleales.
El cristianismo no propuso una revolución que habría puesto en peligro su causa principal: liberar a los esclavos de espíritu y del alma del pecado y la muerte; en lugar de ellos presentó un camino más excelente: el del asombroso poder del amor, el poco de levadura que leuda la masa desde adentro hacia afuera.
El comentario de William Henriksen y Simon J. Kistemaker lo pone en estas palabras que creo que resumen muy bien la idea:
Su camino hacia una solución es digno de elogio en razón de su evidente sabiduría. Evita los extremos que pudieran haber causado daño al esclavo y al amo, y hubiera deshonrado la causa de la religión cristiana. No abogó en favor de la rebelión franca por los esclavos ni en favor de la continuación del status quo. En vez de favorecer alguno de estos extremos, se propuso destruir la esencia misma de la esclavitud con todos sus males colaterales por vía indirecta. Este método, aunque mantenía la esclavitud en su forma exterior, era, sin embargo, la forma más segura y digna de encomio de trabajar en favor de la meta final de la completa abolición de esta horrible institución inhumana. Tenía el propósito de destruir la esclavitud sin declarar una guerra para hacerlo. “Que el esclavo honre a su amo, y que el amo sea bondadoso con su esclavo. Que ambos recuerden que delante de Dios no hay acepción de personas
Habiendo hecho entonces esas consideraciones veamos algunos principios que podemos extraer de aquí para nosotros en el marco de esta carta, pues si bien no vivimos hoy en una época en la que la esclavitud tenga estas formas, lo que hay en el fondo, la relaciones de servicio entre un demandante y uno que sirve están ahi para nosotros y tal vez la forma más clara de verlo es en el desarrollo de nuestras actividades laborales y las relaciones entre jefes y empleados.
Así que veamos algunas verdades que podemos extraer de aquí:
La realidad del mundo caído es que el trabajo se haría difícil a causa del pecado y una de las formas en las que esto se ve es en tener que trabajar en entornos difíciles por la necesidad de tener la provisión y el alimento.‌
Aunque hoy puede que no existan amos en el sentido en el que se menciona en los primeros siglos, algunas personas que ostentan riqueza subyugan al empleado necesitado reteniendo el salario, dando pago injusto, asignando tareas que están fuera del alcance de sus acuerdos.
Esto puede estar lejos de una esclavitud en el sentido estricto, pero deja ver que en el fondo el problema es el mismo: el intento por aprovecharse del servicio de otros solo por tener una condición superior.
¿Cuál debe ser la actitud del creyente en estos casos?
Pedro lo pone en estas palabras 1 Pd 2:18-20
Siervos, estén sujetos a sus amos con todo respeto, no solo a los que son buenos y afables, sino también a los que son insoportables. 19 Porque esto halla gracia, si por causa de la conciencia ante Dios, alguien sobrelleva penalidades sufriendo injustamente. 20 Pues ¿qué mérito hay, si cuando ustedes pecan y son tratados con severidad lo soportan con paciencia? Pero si cuando hacen lo bueno sufren por ello y lo soportan con paciencia, esto halla gracia con Dios.
Los creyentes estamos llamados a mostrar el testimonio del evangelio y esto nunca es tan oportuno como cuando tenemos jefes insoportables.
De hecho, el mismo texto que estamos considerando nos da la razón por la que la relación con este tipo de empleadores debe ser desde el llamado a guardar la reputación del evangelio: para que el nombre de Dios y nuestra doctrina no sea blasfemado.
Es un mal testimonio del evangelio una actitud conflictiva y sublevada en un creyente. Nosotros siempre tenemos un camino más excelente: el amor, contra el cual no hay ley.
Con todo y eso, si las condiciones se hacen imposibles de soportar, todavía podemos buscar una oportunidad en otro lugar por medio de una salida pacífica entendiendo que no estamos obligados llevarnos al extremo de la pérdida del gozo o el disfrute mismo de nuestra labor.
La forma en que nos relacionamos con nuestros empleadores debe ser coherente con nuestra fe y con la doctrina que creemos.
No podemos separar nuestro cristianismo de nuestro trabajo. Dios puede incluso usar un entorno difícil para enseñarnos, disciplinarnos y llevarnos a tener oportunidades de mostrar el evangelio en una forma única.
No es apropiado que el creyente se amotine e incite a la sublevación, ese no es el camino que nos dejó el Señor.
Él no buscó su propia venganza, no vino a establecer una revolución de justicia terrenal, Él sabía que el problema no estaba en las leyes, estaba en el corazón. Por supuesto que debemos oponernos a la injusticia, eso es algo a lo que también nos llama el Señor, pero nunca en detrimento de exponer el nombre del Señor a ser vituperado.
Mis hermanos, nadie es tan justo como Dios para vindicar nuestra causa, por lo que cuando enfrentemos jefes difíciles, encomendarnos al Señor y dejemos la aplicación de la justicia a Él, quién sabe cómo hacerlo.
Mientras tanto nosotros podemos seguir el ejemplo del Señor:
Porque para este propósito han sido llamados, pues también Cristo sufrió por ustedes, dejándoles ejemplo para que sigan Sus pasos, el cual no cometió pecado, ni engaño alguno se halló en Su boca;  y quien cuando lo ultrajaron, no respondía ultrajando. Cuando padecía, no amenazaba, sino que se encomendaba a Aquel que juzga con justicia. Él mismo llevó nuestros pecados en Su cuerpo sobre la cruz, a fin de que muramos al pecado y vivamos a la justicia, porque por Sus heridas fueron ustedes sanados. Pues ustedes andaban descarriados como ovejas, pero ahora han vuelto al Pastor y Guardián de sus almas. (1 Pd 2:21-25).
Esto es verdadero cristianismo, aquí es donde decimos ¡qué difícil es ser fieles! pero no hay nada para lo que el Señor no nos capacite por medio de Su evangelio.
Pero qué sucede cuando el amo o el jefe es un creyente ¿cuál debería ser nuestra actitud y cómo conducirnos? Eso nos lleva de la mano al siguiente encabezado:

‌Relaciones con superiores creyentes

La situación cambia cuando el amo o el superior en el entorno laboral es un hermano en la fe. En este caso, nuestra actitud como empleados o subordinados debe estar marcada por un respeto y una disposición aún mayor, reconociendo que no solo estamos sirviendo a alguien en una posición de autoridad, sino a alguien que es parte del cuerpo de Cristo.
Pablo insiste en que el hecho de que nuestro superior sea creyente no debe ser una excusa para mostrar menos respeto o dedicación. Al contrario, el vínculo de la fe añade una dimensión adicional a la relación. Estamos llamados a servir con excelencia, sabiendo que el éxito y el bienestar de nuestro hermano en la fe también son nuestros.
En este contexto, se espera que nuestro servicio sea una extensión de la comunión que tenemos en Cristo, un testimonio vivo de la unidad en el Espíritu.
Algunas consideraciones prácticas al respecto:
Cuando nuestro jefe o superior es creyente, se presenta la oportunidad única de ser una ayuda genuina en su ministerio o trabajo. Esto implica trabajar con un corazón que busca el bienestar del otro, mostrando así el amor fraternal en nuestras acciones y en la calidad de nuestro trabajo. La Palabra nos llama a hacer todo como para el Señor (Colosenses 3:23), y esta responsabilidad se intensifica en el trato con un hermano.
A veces, la relación con un superior creyente puede llevar a una actitud de demasiada confianza o incluso falta de respeto, pensando que, al compartir la fe, tenemos ciertos privilegios especiales. Pablo advierte contra esta actitud. Nuestra relación con Cristo debe ser siempre de honra mutua. El respeto y la cortesía no disminuyen por la fe compartida; al contrario, deben profundizar.
Además de cumplir con nuestras responsabilidades, podemos ser un soporte en oración, intercediendo por las decisiones y cargas que enfrenta nuestro hermano en su liderazgo. Este es un acto de amor y compromiso, que edifica la relación laboral y fortalece el vínculo espiritual.
Al trabajar juntos en armonía, los creyentes en una relación laboral demuestran al mundo el poder transformador del evangelio. Nuestra conducta debe ser ejemplo para otros, mostrando cómo las relaciones en el cuerpo de Cristo trascienden los roles laborales y reflejan el amor de Dios.
Esta relación laboral no es solo una función secular, sino una oportunidad de mostrar el evangelio en acción, trabajando con amor, respeto y dedicación, para que en todo momento, el nombre de Dios sea glorificado.
Para concluir este sermón sobre 1 Timoteo 6:1-2, recordemos el llamado de Dios a reflejar Su gloria en cada una de nuestras relaciones laborales, sea con superiores creyentes o no creyentes. Como cristianos, somos embajadores de Cristo y, por lo tanto, nuestras acciones deben estar a la altura de nuestra identidad en Él. Cada acto de respeto, diligencia y humildad en el trabajo es una oportunidad para demostrar la transformación que el evangelio produce en nuestras vidas.
Pablo nos ha mostrado que, tanto en los tiempos de esclavitud del primer siglo como en nuestros actuales entornos laborales, Dios nos llama a dar testimonio del evangelio a través de nuestro comportamiento y nuestra actitud hacia quienes tienen autoridad sobre nosotros. Este testimonio, en esencia, busca un fin superior: que el nombre de Dios sea honrado y que la doctrina de Cristo no sea blasfemada, sino enaltecida.
Así, al concluir, debemos comprender que nuestro trabajo no es meramente un medio de sustento; es también un campo de misión. Si tenemos un jefe que no comparte nuestra fe, estamos llamados a mostrar paciencia y respeto, siendo reflejo de la gracia de Dios. Si trabajamos con un superior que es nuestro hermano en Cristo, nuestra relación debe ser un testimonio de unidad y amor fraternal, evitando cualquier actitud de favoritismo o exceso de confianza.
Que nuestra meta final sea siempre la gloria de Dios, conscientes de que cada día trabajamos "Coram Deo", delante del rostro de Dios. Es Su nombre el que representamos, y Su evangelio el que proclamamos con nuestras vidas. Que podamos orar para que, en cada relación laboral, el Señor nos capacite para ser testigos fieles de Su amor, viviendo con integridad y haciendo que Su luz brille a través de nosotros en cualquier situación.
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