Generosidad

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2 Corintios 9:6–10 LBLA
6 Pero esto digo: Él que siembra escasamente, escasamente también segará; y el que siembra abundantemente, abundantemente también segará.
7 Que cada uno dé como propuso en su corazón, no de mala gana ni por obligación, porque Dios ama al dador alegre.
8 Y Dios puede hacer que toda gracia abunde para vosotros, a fin de que teniendo siempre todo lo suficiente en todas las cosas, abundéis para toda buena obra;
9 como está escrito:
ÉL ESPARCIÓ, DIO A LOS POBRES;
SU JUSTICIA PERMANECE PARA SIEMPRE.
10 Y el que suministra semilla al sembrador y pan para su alimento, suplirá y multiplicará vuestra sementera y aumentará la siega de vuestra justicia;

Introducción:

La RAE define la generosidad como un hábito de dar o compartir con los demás sin esperar nada a cambio. ¿Que tan cierto es que no esperemos nada a cambio? Difiero en esto, creo que todo aquel que da, debe esperar algo a cambio.
Lo que nos motiva a dar es sentirnos identificados con aquellos a los que estamos ayudando. La generosidad no tiene que ver solo con lo económico, sino estar dispuestos a dar nuestros recursos (tiempo, energía, talentos) a las demás personas.
Nuestro mayor ejemplo es el Señor, se identificó con la humanidad y se dio a si mismo:
2 Corintios 8:9 “Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos.”
El Señor entregó su vida con propósito, Él es el grano de trigo que murió para llevar mucho fruto. Su motivación es el amor “de tal manera amó Dios al mundo” pero lo hizo para que todo aquel que en Él cree no se pierda.

I.- Dar con propósito

Una de las principales razones por la que “sembramos escasamente” o simplemente dejamos de dar no es porque no tengamos para dar, sino porque no encontramos ningún propósito en ello. En este pasaje, Dios quiere mostrarnos el propósito de dar, parecería que la motivación para “sembrar abundantemente” es cosechar abundantemente, pero no es así, eso sería dar egoístamente.
La cosecha abundante es para que tengamos siempre suficiente en todo, para que abundemos para toda buena obra, es decir, Dios quiere bendecirnos para que podamos bendecir más y más a los demás. Definitivamente este es un fruto de la justicia.
Tal como hizo el Señor quien “Repartió y dio a los pobres; su justicia permanece para siempre”. Pablo concluye que si sembramos con generosidad Dios aumentará los frutos de nuestra justicia, produciendo esto en acción de gracias a Dios. (propósito final)
El Señor amonestó al Pueblo que volvió del exilio babilónico porque habían menospreciado el culto a tal grado que dejaron de presentarse ante el Señor con sus ofrendas y diezmos. ¡Traed los diezmos al alfolí, y haya alimento en mi casa! este es el propósito, que haya abundancia en la Casa de Dios. Pero ¿Qué sucede cuando damos al Señor con generosidad? El abre las ventanas de los cielos y derrama bendición hasta que sobre abunda. Una vez más, aunque lo parece, esto no sería el propósito sino experimentar el poder proveedor de nuestro Dios: probadme ahora en esto, dice el Señor.
También vamos a experimentar su cuidado y protección:

11Reprenderé también por vosotros al devorador, y no os destruirá el fruto de la tierra, ni vuestra vid en el campo será estéril, dice Jehová de los ejércitos. 12Y todas las naciones os dirán bienaventurados; porque seréis tierra deseable, dice Jehová de los ejércitos.

Una vez más el propósito final es que los pueblos darán la gloria a Dios.

II.- Dar por amor

7Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre.

Otra razón importante para dar es porque nos sentimos identificados con aquello que demanda nuestra generosidad. (Ej. Los damnificados de DANA). Damos cuando nos sentimos identificados con los valores, la visión, la misión o filosofía de una organización o proyecto.
Otra forma de decirlo es el sentido de pertenencia, soy generoso con aquello de lo que nos sentimos parte, es una necesidad de todo ser humano el sentirse aceptado y parte de algo mas grande que nosotros mismos.
Las mujeres que seguían a Jesús luego de haber sido sanadas y liberadas de espíritus malignos, ofrecían sus bienes para sostener el ministerio de Jesús:
Luke 8:1–3 RVR60
Aconteció después, que Jesús iba por todas las ciudades y aldeas, predicando y anunciando el evangelio del reino de Dios, y los doce con él, y algunas mujeres que habían sido sanadas de espíritus malos y de enfermedades: María, que se llamaba Magdalena, de la que habían salido siete demonios, Juana, mujer de Chuza intendente de Herodes, y Susana, y otras muchas que le servían de sus bienes.
Ellas se sentían identificadas con las personas a las que Jesús estaba sanando y liberando, y tenían un gran sentido de pertenencia con el grupo de discípulos. De hecho, eran verdadera discípulas del Señor.
Damos por amor. Amar es ponerse en el lugar del otro, y amar se escribe con tres letras: dar. Dar tu tiempo, tu fuerza, tu corazón y todo lo que tienes por aquello que es objeto de nuestro amor. Indefectiblemente, todos amamos algo y nos entregamos a ello, sea lo que sea el objeto de nuestro amor demanda nuestra generosidad.

III. Dar con fe

No damos en nuestras fuerzas, sino confiando en el poder de Dios. Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia...Y el que da semilla al que siembra, y pan al que come, proveerá y multiplicará vuestra sementera.
Contamos con la promesa que el pan no faltará en nuestra mesa, e incluso nos dará todo lo necesario para nuestra siembra y la hará crecer para que produzca una gran cosecha.
Probadme ahora en esto dice el Señor, en muy pocas ocasiones Dios dice que le probemos, pero en esto nos anima a hacerlo. ¿Alguna vez el Señor nos ha defraudado? Dios no necesita nuestra generosidad, pero quiere hacer crecer nuestra fe, y darnos nobleza y magnanimidad.
Conclusión:
El predicador nos dice:
Eclesiastés 11:1 “Echa tu pan sobre las aguas; porque después de muchos días lo hallarás.”
Eso es dar con fe, sigue diciendo comparte lo que tienes lo mejor que puedas (reparte a 7 y aún a 8), siembra tu semilla por la mañana y también siémbrala por la tarde porque nunca se sabe lo que Dios hará con ella.
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