La fe persevera, segunda parte (Santiago 1:12-18)

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Introducción

En el sermón anterior estuvimos estudiando acerca de la fe que persevera en medio de la prueba. Ahora nos enfocaremos en la fe que persevera en medio de la tentación (pero recordemos que “prueba” y “tentación” son aspectos de la misma cosa).

La fe soporta la tentación (1:12)

Santiago 1:12 RVR60
Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman.
“Bienaventurado” (v12): feliz, dichoso. Se repite el concepto de v2. Esta es una de las varias alusiones de Santiago al Sermón del Monte (Mateo 5-7).
“el varón”: o la mujer. No hay problema en generalizar en este punto.
“soporta la tentación”: resiste, permanece, persevera a pesar de las aflicciones. Ahora Santiago se enfoca en el aspecto negativo de la prueba; es decir, las que nos incitan al pecado (“pruebas morales”).
“cuando haya resistido la prueba” (v12). En lugar del gr. peirasmos, ahora Santiago usa la palabra dokimos: aprobado, genuino, auténtico. Aquí Santiago parece estar refiriéndose al final de la vida, cuando la fe de la persona ha sido certificada como genuina por Dios mismo.
2 Timoteo 2:15 RVR60
Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad.
“recibirá la corona de la vida” (v12): en Grecia y Roma, los atletas recibían una guirnalda (gr. stephanos), habitualmente de laurel, como premio o recompensa por su victoria en la competición deportiva. Para nosotros, el premio es la vida eterna que Dios nos ha dado por medio de Jesucristo.
1 Corintios 9:25 RVR60
Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible.
¿Es la “corona de vida” una corona real? El contexto no parece apoyar esta idea; más bien, apunta a que la vida eterna es la recompensa en sí misma (es una corona de vida, su escencia es la vida eterna).
Apocalipsis 2:10 RVR60
No temas en nada lo que vas a padecer. He aquí, el diablo echará a algunos de vosotros en la cárcel, para que seáis probados, y tendréis tribulación por diez días. Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida.
“que Dios ha prometido a los que le aman” (v12): el amor a Dios es el resultado de la obra de salvación y transformación del Espíritu Santo en nuestros corazones. Es la respuesta de una vida transformada por el amor de Dios.
1 Juan 4:19 RVR60
Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero.
Nótese que la promesa de la “corona de la vida” es para los que aman a Dios, no para los que salgan victoriososo en la prueba. La idea de Santiago no es amenanzarnos con la pérdida de un premio, sino invitarnos a poner nuestra esperanza en la recompensa futura que Cristo ganó para nosotros en la cruz y que nos ha sido prometida.
Por otra parte, la victoria en la prueba es una evidencia de una verdadera fe salvadora.
En resumen: los que aman a Dios son los que tienen una fe probada, que persevera en medio de la prueba/tentación y que recibirán la vida eterna. Es decir, son todos los verdaderos cristianos.
Se agrega un elemento al patrón de los v3-4: prueba —> paciencia (perseverancia) —> perfección (propósito de Dios) —> promesa (la vida eterna).

El origen del pecado (1:13-15)

Santiago 1:13–15 RVR60
Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie;sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido.Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte.
Santiago deja claro que la tentación (en el sentido negativo de incitación al mal) no proviene de Dios (v13), porque en Él no hay pecado ni ninguna sombra de oscuridad. Dios nos prueba (permite las circunstancias difíciles y las utiliza para su propósito), pero no nos tienta (incita al mal).
Los griegos tenían muchos dioses que tentaban a los humanos: Zeus (el rey de los dioses, a menudo disfrazado para seducir a mortales), Apolo (dios de la belleza, la música y la poesía, era una tentación irresistible para muchas mujeres), Afrodita (la diosa del amor y la belleza, era la personificación de la tentación), etc.
1 Juan 1:5 RVR60
Este es el mensaje que hemos oído de él, y os anunciamos: Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él.
¿Entonces de dónde viene la tentación? La Biblia nos enseña que el cristiano tiene dos enemigos “externos”: 1) Satánas (“el tentador”) y sus demonios, y 2) el mundo.
Mateo 4:3 RVR60
Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan.
Santiago 4:4 RVR60
¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios.
Pero aunque pueden tentarnos, estos dos enemigos externos no pueden “producir” el pecado en nosotros por sí solos. Se necesita un “enemigo interno”.
“cuando de su propia concupiscencia (gr. epithymia: codicia, lascivia, pasión, deseos desordenados) es atraído y seducido (gr. deleazō: hacer caer, atrapar, como un sebo)(v14). No es algo externo; el problema está en nosotros mismos.
“de su propia”: la conscupiscencia es individual y distinta para cada uno de nosotros. El alcohol, las dorgas y las fiestas no son una tntación para mí; pero sí lo son el orgullo, el deseo de controlar, el mal caácter, etc.
Romanos 7:21–25 RVR60
Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí. Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros. ¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte? Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, mas con la carne a la ley del pecado.
La “ley del pecado” aún está en nuestros miembros y se opone a la ley de Dios. Nuestra “carne” (naturaleza caída producto del pecado de Adán) se inclina hacia el pecado. La “conscupiscencia” es el deseo de satisfacer a nuestra carne.
Hace tiempo, una hermana escuchó por primera vez la palabra “conscupicencia” en una predicación y le gustó, pero no entendió muy bien lo que significaba. Luego, durante el tiempo de oración, ella pedía: “¡Señor, dale más conscupicencia al pastor, a los ancianos, a todos!”
Santiago hace una metáfora muy interesante: la conscupicencia es “fecundada” por la tentación y luego “concibe” y “da a luz” el pecado (v15). Este es el peor “embarazo no deseado” que podamos imaginar.
El pecado no es un acto espontáneo, sino el resultado de un proceso.
Nótese que la tentación no es pecado en sí misma. Sólo cuando la tentación y la conscupicencia han “concebido” es que se “da a luz” el pecado. Jesús mismo fue tentado “en todo”.
Hebreos 4:15 RVR60
Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado.
El pecado “da a luz (resultado final e inevitable) la muerte” (v15). Esto es un marcado contraste con la “corona de la vida” que recibirán los que han soportado la tentación.
Romanos 6:23 RVR60
Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.
Vemos un patrón totalmente contrario al que descubrimos anteriormente: tentación —> conscupiscencia —> pecado —> muerte.
El entendimiento de la realidad de nuestra conscupiscencia, la naturaleza de la tentación y las consecuencias del pecado es fundamental para salir victoriosos. Con esta información, y con la sabiduría que viene de Dios (v5), podemos huir de la tentación (evitar las situaciones y las cosas que pueden ser un “sebo”), al mismo tiempo que “matamos de hambre” a nuestra carne para debilitarla. (Esto es tema para otro sermón.)
Nuestra esperanza es que Dios siempre provee una salida para que podamos soportar.

La provisión para vencer la tentación (1:16-18)

Santiago 1:16–18 RVR60
Amados hermanos míos, no erréis. Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación. El, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas.
Finalmente, Santiago nos llama a no equivocarnos respecto de la tentación, la conscupiscencia y el pecado. La falta de entendimiento de esto muy probablemente nos llevará al fracaso.
Todo lo bueno tiene su origen en Dios mismo y nos ha sido dado por Él. Él es el “padre de las luces” (v17), en contraste con la oscuridad del pecado y la muerte. De él viene la sabiduría (v5) y la vida (v12), pero no la tentación (v13) ni la muerte como consecuencia del pecado (15).
Dios ha provisto los medios para que seamos victoriosos en la tentación.
1 Corintios 10:13 RVR60
No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar.
Dios no cambia (v17). La “inmutabilidad” es uno de sus atributos. En medio de las pruebas y tentaciones, Dios sigue siendo bueno, misericordioso, lleno de gracia y verdad.
Dios nos ha hecho nacer de nuevo por su palabra, tanto escrita/hablada (la Biblia) como viva (Jesucristo, el Logos). Este nuevo nacimiento es producto de su voluntad soberana.
“para que seamos primicias de sus criaturas”: primeros y mejores frutos de su creación, a la imagen de su Hijo, cuando Dios restaure todas las cosas.

Conclusión

Somos seres caídos, que llevamos dentro de nosotros mismos al “enemigo interno” que nos arrastra hacia el pecado cuando se da la oportunidad (tentación).
Pero Dios nos ha hecho nacer a una nueva vida, y nos ha dado una fe que persevera en medio de la tentación, mediante los recursos que Él ha puesto a nuestro alcance.
Al final de nuestra “carrera”, nos espera la “corona de la vida”.
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