El amor al dinero, raiz de todos los males

1 Timoteo: La casa puesta en orden  •  Sermon  •  Submitted   •  Presented
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¿Qué es lo que hace que personas que comienzan con un genuino deseo de servir al Señor de repente terminen desviados de la fe y convirtiendo el evangelio en una fuente de ganancia? ¿Por qué alguien que abre la biblia para enseñarla no puede ver con claridad aquellas cosas que Dios reprocha y condena tajantemente y no sólo las practican, sino que lleva a otro también a practicarlas?
Estoy seguro de que se nos pueden ocurrir algunas ideas, desde las más creativas hasta las más lamentables, para responder a esas preguntas; pero es exactamente lo que está sucediendo con los líderes de la iglesia en Éfeso.
Ellos creyeron al Señor, comenzaron a ser parte de la iglesia, escalaron y se ganaron un lugar, y luego de estar allí, comenzaron a distorsionar la Palabra, a alejarse de la sana doctrina y enseñar sobre contiendas, vanidades y cosas contrarias a la enseñanza de Jesús.
Es posible que algunos de ellos hayan llegado a ese punto con una intención premeditada, pero no es el caso de la mayoría. La verdad es que en principio se trataba de hombres con genuino deseo que, en el camino, se descuidaron, quitaron su mirada de lo importante y terminaron fuera de rumbo.
De la misma manera que una pequeña e imperceptible variación en la trayectoria de vuelo de un avión puede llevarlo a miles de kilómetros de distancia de su destino final, así, el quitar la mirada de Cristo y de la verdadera piedad llevó a estos hombres que lideraban en la iglesia de Éfeso a estar cautivos por la vanidad y el engaño y lo peor es que estaban arrastrando consigo al resto de la iglesia.
En este punto, entramos en la recta final de esta carta; Pablo comienza el cierre de las instrucciones para Timoteo y vuelve a la idea inicial, la que vimos en el capítulo 1 al inicio de la carta, a la razón por la que él le estaba enviando esta misiva a su discípulo amado Timoteo: que corrigiera las áreas deficientes de la iglesia que habían sido introducidas por falsos maestros que se habían apartado hacia la vana palabrería enseñando de cosas que nada tienen que ver con el evangelio de Jesucristo.
Así que él quiere recordarle a Timoteo el corazón de su misión, que pueda identificar a estos falsos maestros, evitarlos y advertir a la iglesia para que vuelvan sus ojos a la sana doctrina y recuperen el rumbo.
En esta sección, en particular, Pablo, donde radica el verdadero problema de los falsos maestros: en que no están contentos con servir al Señor, sino que desean obtener ganancia de la fe y por eso pervierten la doctrina.
Y esta es la idea que planeo argumentar en este sermón y de al que espero poder persuadirlos:
El amor al dinero pervierte la doctrina, pero el contentamiento la afirma.
La desarrollaremos a la luz de los siguientes encabezados:
La falsa doctrina y el amor al dinero (3-5)
La sana doctrina y el contentamiento (6-8)
Advertencias contra el amor al dinero (9-10)

La falsa doctrina y el amor al dinero

A partir del versículo 3, Pablo usa un lenguaje concluyente, como cierre. En principio pareciera que esta es una sección que sigue conectada con la enseñanza sobre el amor y los esclavos, pero la conexión que hay con el capítulo 1 donde se declaró el propósito de la carta el cual era corregir las enseñanzas de los falsos maestros en las iglesias de Éfeso, nos hace pensar que es una forma de cerrar todo el contenido de la carta y no solo esta última sección del bloque de relaciones.
Las palabras “si alguien”, no deben leerse como posibilidades; es seguro que había falsos maestros, da la idea más bien de “todo aquel”, “cualquiera que…”, es decir, es una referencia directa a quienes ya Pablo podía identificar.
Hay una doctrina correcta y una doctrina que es falsa. Pablo dice que la doctrina correcta es la que es conforme a la piedad, o conforme a las palabras de Cristo, a la enseñanza de los apóstoles.
Ellos fueron los autorizados por Cristo para instituir las verdades que la iglesia habría de creer y sobre las cuales sería edificada, así que estos falsos maestros se habían atribuido una autoridad que no tenían para enseñar cosas que no estaban de acuerdo con las enseñanzas del Señor y llamaban a eso “piedad”.
Pero aquí Pablo los desenmascara y deja ver las nefastas consecuencias de su extravío.
Primero dice que están envanecidos  y que nada entienden. Es decir, están llenos de arrogancia y orgullo, se han inventado su propio sistema de doctrinas y se han hecho maestros a sí mismos despreciando la enseñanza de los Apóstoles.
Luego dice que tienen un interés corrompido. Sus motivaciones no son buenas. Estos falsos maestros solo desean aprovecharse de su posición para obtener influencia, o, como veremos más adelante, alguna ganancia.
En tercer lugar, promueven discusión y contiendas sobre minucias, probablemente refiriéndose a todas las cosas sobre legislaciones que no estaban en la Escritura y haciendo de qué cosas comer, tocar, vestir, guardar, etc. Todo esto relacionado con el judaísmo y una serie de normas y leyes sobre leyes que hacían que las personas se concentren en decretos y cumplan cosas que nada tienen que ver con la verdadera piedad.
En cuarto lugar, las consecuencias de su falsa enseñanza son que trae efectos sobre la iglesia, produciendo envidias, pleitos, blasfemias de unos contra otros o insultos, malas sospechas y rencillas; todo esto no es más que división, posiblemente acerca de quien sí cumplía y quien no. La iglesia había quitado la mirada de lo importante y, ahora, concentrada en todas estas discusiones sin importancia promovidas por los falsos maestros para hacerse ver como conocedores y experimentados en la piedad y ejercer así control sobre las personas.
Pero el mayor de sus problemas, lo que daba el mayor impulso a su extravío, era que hacían esto para obtener una ganancia, es decir, obtener un status por medio del mismo control y la influencia que ejercen sobre las personas.
Como vemos, el modus operandi de los falsos maestros de hoy no es ninguna novedad, su misión es desviar la mirada del evangelio de Cristo para hacer que las personas pongan su interés en cosas terrenales y mundanas, para luego ejercer dominio sobre ellos y así llenarse sus bolsillos.
Cuando las personas quitan la mirada de Cristo, siempre caen en el abismo de tener que hacer algo para ganar su salvación y es allí donde los falsos maestros cosechan el fruto de su avaricia.
Ellos no estaban interesados en que los hermanos fueran más santos o más piadosos, no estaban interesados en que sus vidas fueran conformadas a la Palabra, sino que querían que cumplieran sus normas y reglas, para así poder tenerlos al alcance.
No hay ningún misterio en la sana doctrina, toda ella está condensada en las enseñanzas de Cristo y no es propiedad privada de ningún hombre, concilio o denominación.
Algunas iglesias suelen decir: Nosotros sí somos de sana doctrina, y con eso se refieren a una serie de normas y reglas que ellos mismos han institucionalizado, pero con las que les dicen a los que no las cumplen, que no andan en la verdad y eso es manipulación.
La sana doctrina es la que se conforma a las sanas palabras del Señor Jesucristo.
Hablando de esto, en un contexto similar, Pablo le dice a Tito, otro de sus discípulos:
Pero en cuanto a ti, enseña lo que está de acuerdo con la sana doctrina:  Los ancianos deben ser sobrios, dignos, prudentes, sanos en la fe, en el amor, en la perseverancia. Asimismo, las ancianas deben ser reverentes en su conducta, no calumniadoras ni esclavas de mucho vino. Que enseñen lo bueno, para que puedan instruir a las jóvenes a que amen a sus maridos, a que amen a sus hijos,  a que sean prudentes, puras, hacendosas en el hogar, amables, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada.
Asimismo, exhorta a los jóvenes a que sean prudentes. 7 Muéstrate en todo como ejemplo de buenas obras, con pureza de doctrina, con dignidad, con palabra sana e irreprochable, a fin de que el adversario se avergüence al no tener nada malo que decir de nosotros.
Exhorta a los siervos a que se sujeten a sus amos en todo, que sean complacientes, no contradiciendo, no defraudando, sino mostrando toda buena fe, para que adornen la doctrina de Dios, nuestro Salvador, en todo respecto.
Porque la gracia de Dios se ha manifestado, trayendo salvación a todos los hombres, enseñándonos, que negando la impiedad y los deseos mundanos, vivamos en este mundo sobria, justa y piadosamente, aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación de la gloria de nuestro gran Dios y Salvador Cristo Jesús.  Él se dio por nosotros, para redimirnos de toda iniquidad y purificar para Sí un pueblo para posesión Suya, celoso de buenas obras. (Tito 2:1-1,  énfasis añadido).
La idea de Pablo es clara; la sana doctrina es una manera de conducirse que es impulsada por el entendimiento de un cuerpo de verdades y son estas:
Que somos salvos por la gracia de Dios que ha sido revelada en Cristo al mundo.
Que esa misma gracia nos ha enseñado  a renunciar al pecado y los deseos del mundo.
Que debemos vivir en el mundo de manera justa y piadosa para ser luz y testimonio.
Que esperamos el retorno glorioso de Jesús, que es nuestro Dios y Salvador
Que Él mismo se dio para redimirnos de toda iniquidad.
Que somos su pueblo que ha sido purificado.
Que debemos vivir en buenas obras.
He aquí el corazón de la sana doctrina, de la enseñanza de nuestro Señor Jesucristo. Por supuesto, podrá haber más cosas que incluir, pero la sana doctrina es un cuerpo de cortinas que modelan nuestra manera de actuar y vivir en piedad y el amor de nuestro Señor Jesucristo.
Era esto lo que los falsos maestros estaban pervirtiendo para establecer su propio sistema con el fin de obtener ganancia, pero Pablo les deja claro que la piedad si da ganancias, pero no las que ellos están buscando sino una que es de carácter eterno si es que tenemos contentamiento en el Señor, lo cual nos lleva al siguiente encabezado:

La sana doctrina y el contentamiento (6-8)

La piedad es una fuente de gran ganancia, pero cuando va acompañada de contentamiento.
Lo opuesto a la avaricia de los falsos maestros, es una actitud de estar satisfechos con lo que el Señor provee.
Esta palabra “contentamiento” da el sentido de autosuficiencia o de estar satisfecho, Pablo la usa en Filipenses 4 para hablar de que ha aprendido a vivir en abundancia y también en escasez.
Estos falsos maestros se pretendían presentar como piadosos, pero su amor al dinero los delataba.
Ellos habían caído en el terrible engaño de pensar que el evangelio no es suficiente, que el servir al Señor merece otro tipo de recompensa, que no puede ser que solo se viva con lo justo; ellos querían más.
Pero el apóstol recuerda una verdad que viene del libro de Job: “nada hemos traído a este mundo y nada nos podemos llevar” y complementa con unas palabras del Señor Jesucristo que son dadas en el contexto del sermón del monte: “Teniendo con qué comer,  con qué cubrirnos, con eso estemos contentos”.
El contentamiento no tiene que ver con un estilo de vida mediocre o  pesimista, es más bien una actitud de estar bien y gozosos con lo que el Señor provea.
Los pastores de la iglesia son llamados a vivir con contentamiento, ese es el mejor antídoto contra la avaricia y el engaño de las riquezas.
Pero debido a que el dinero no es algo que sólo tienta a los pastores, es algo que todos los creyentes deben considerar; debemos aprender a vivir en la medida de las cosas que el Señor provee.
En esta sociedad de consumo en la que vivimos es muy común que las personas anclen su identidad a lo que poseen, pero eso es una carga que no nos corresponde. Nuestra identidad está definida en Cristo.
Debemos liberarnos de esta inclinación  a creer que necesitamos tener cosas para sentir que somos algo o alguien, eso es algo esclavizante.
Como diría un autor puritano: el contentamiento es una joya rara. Es algo que es cada vez más escaso, pero es una virtud realmente liberadora que vale la pena cultivar en el Señor.
Poner los ojos en la eternidad ayuda a estar contentos, porque nos recuerda dónde está nuestra verdadera riqueza, en los cielos y no aquí.
Pero también poner los ojos en el evangelio nos ayuda a adquirir contentamiento. Esa fue la estrategia de Pablo, cuando dijo: “todo lo puedo en Cristo que me fortalece”. Estaba pensando en el Señor como el que, siendo rico, no estimó su riqueza como algo a qué aferrarse, sino que se despojó de ello para vivir desprovisto de todo a fin de salvarnos. Esto es el evangelio, recordándonos que si estamos en Cristo estamos completos, lo tenemos todo.
Así que los falsos maestros estaban haciendo un mal negocio, estaban buscando ganancia terrenal en tergiversar la verdad, ignorando que en la verdadera piedad, que en ser fieles a la sana doctrina, también hay gran ganancia, si es que hay contentamiento y es una ganancia que nunca perecerá.
Ellos estaban arriesgando la eternidad por una ganancia temporal, no sabiendo que si eran fieles al Señor, iban a recibir una recompensa mayor.
Como bien reza un dicho del argot popular: el día en que el delincuente se dé cuenta de que ser honesto y trabajar duro trae ganancias a largo plazo más rentables, ese día abandona la pillería.
Pero este es un problema de enfoque, de distorsión o simplemente de un engaño en el que habían caído como presa, una trampa a la que caminaron sin darse cuenta; lo cual nos lleva al tercer y último encabezado:

Advertencias contra el amor al dinero (9-10)

Pablo añade una advertencia que cierra la idea y de paso responde a las preguntas que nos planteamos inicialmente. ¿Qué hace que una persona que comienza el ministerio con el deseo genuino de servir, término desviado de la verdad y de la sana doctrina? La respuesta está en estos versículos: el deseo y el amor por el dinero.
Tres expresiones aparecen aquí que son llamativas:
Los que quieren enriquecerse
Los que aman el dinero
Los que codician el dinero
El dinero es el señuelo que atrae el corazón codicioso y que termina por sumergirlo en la ruina y la perdición.
Debemos decir, y esa es también la idea de Pablo, que no hay nada de malo en el dinero, sino con desearlo y ser controlados por ese deseo.  Más adelante veremos que hay unas recomendaciones que Pablo da a los ricos, porque, en efecto, se puede ser rico sin ser codicioso; el problema está en el corazón, en un deseo de obtenerlo a expensas de cualquier cosa.
Ahí está la explicación a todo. Estos falsos maestros cayeron en la tentación, el lazo, y la consecuencia fue la ruina y la petición, el extravío de la y los muchos dolores.
No hay ningún deseo pecaminoso que produzca un resultado placentero.
Mis hermanos, qué advertencia tan oportuna para nosotros en el día de hoy y yo espero que de nuevo no estés pensando solo en los pastores.
No muchos estamos dispuestos a admitir que estamos siendo codiciosos, pero si la búsqueda de dinero o de riquezas nos aparta de la fe, esa es la prueba de que hemos caído en la trampa.
El dinero siempre ha sido un ídolo, pero nuestra cultura lo ha normalizado y eso es lo que lo hace peligroso.
Casi que justificamos la avaricia cuando hacemos un negocio ilícito para tener alguna remuneración.
Personas venden sus cuerpos desnudos en internet y eso casi se considera un oficio.
No hay moral o ética que se sostenga ante una buena oferta. ¡Qué tentador es el dinero y qué peligroso resulta!
Todo el mal que vemos hoy: terrorismo, tráfico de órganos, narcotráfico, corrupción entre los gobiernos, líderes y pastores que estafan con la biblia en la mano, atracos, robos a gran escala, todo esto es impulsado por un corazón pecaminoso consumido por el amor al dinero y la avaricia, que Dios nos ayude.
El amor al dinero conduce a un abismo sin fin. Los que quiebran una ley por un poco, luego quebrarán las que sean necesarias por un poco más porque nunca se sacian.
Pero, por otro lado, qué liberador es poder verlo como lo que es, un instrumento necesario para legalizar el intercambio de bienes o servicios, pero no algo de lo que va a depender mi identidad o, en el peor de los casos, mi gozo.
El amor al dinero nos roba la gratitud, nunca nos deja estar contentos con lo que tenemos, el amor al dinero nos roba el gozo, el amor al dinero nos roba todo.
Es posible que tú estés batallando con esto y ni siquiera hayas llegado a reconocerlo, pero hoy es un buen día para arrepentirnos. Para mirar al cielo y ver nuestro mayor problema resuelto. Para ver lo que el Señor provee con gratitud, para levantar las manos al cielo y decir ¡Gracias, Señor, porque tú eres suficiente para mí!
Si tú estás batallando con esto, yo te suplico que no sigas caminando detrás de ese espejismo, te va a alejar del Señor y te va a alejar de todo lo que consideras valioso.
Ven a Cristo, corre a Cristo, porque Él es nuestra mayor riqueza.
Mis amados hermanos, yo espero a este punto haber probado el punto que me propuse en principio:
El amor al dinero pervierte la doctrina, pero el contentamiento la afirma.
Amar el dinero nos desvía y nos aleja de la fe; pero el contentamiento es el reflejo de que hemos entendido el evangelio de Jesucristo y que está teniendo un efecto real en nosotros.
Que el Señor nos ayude a atesorar su palabra. Amén.
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