El Poder Transformador del Evangelio

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‌Buenos días hermanos, Paz del Señor. Dios es bueno ¿Amén? Os invito a abrir vuestras Biblias en la epístola del apóstol Pablo a los romanos capitulo 1: 16-17
La carta a los Romanos es sin ninguna duda la carta más importante que escribió el apóstol Pablo. Esta carta es la piedra angular de la teología del Nuevo Testamento. Hay quien ha definido esta carta como “La constitución y la declaración de derechos de la fe cristiana”. Esta considerada como uno de los seis grandes libros de la Biblia. “Toda la Biblia es inspirado por Dios y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra”. Esto toda la Biblia, de tapa a tapa, pero dentro de esa importancia y utilidad de toda la Biblia. Los grandes eruditos coinciden en reconocer a seis libros como los más importantes de todos. Los llaman “los seis grandes”. Son: Genesis, Salmos, Isaías, el Evangelio de Juan, el Apocalipsis y Romanos.
“Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego. 17Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá.”
Este pasaje establece la base teológica central de toda la carta a los Romanos, es el fundamento: Que la justicia de Dios se revela a través de la fe.
Este pasaje entre otras cosas está aquí para ayudarnos a comprender que, en medio de nuestras luchas y debilidades, el evangelio nos ofrece la esperanza y el poder transformador que necesitamos. Tenemos que recordar que nuestra fe en Jesús es la clave para experimentar la verdadera libertad y salvación.
¿Salvación de qué? ¡Salvación de todo lo que nos daña! Salvación de una vida vacía sin propósito ni sentido, salvación del rencor, del resentimiento, de la amargura, de los celos patológicos, del miedo, de los prejuicios, salvación de la sin razón. Pero el primer énfasis de la salvación de la que Pablo habla aquí es escatológico. Cristo nos salva de la separación de Dios. Cristo nos capacita para vivir eternamente en la presencia del Padre. Nos salva del pecado, y si no tienes muy claro el concepto de pecado déjame que te lo aclare.
Pecado es la gloria de Dios no honrada. La santidad de Dios no reverenciada. La grandeza de Dios no admirada. El poder de Dios no alabado. La verdad de Dios no buscada. La sabiduría de Dios no estimada. La belleza de Dios no atesorada. La bondad de Dios no saboreada. La fidelidad de Dios no confiada. Los mandamientos de Dios no obedecidos. La justicia de Dios no respetada. La ira de Dios no temida. La gracia de Dios no apreciada. La presencia de Dios no valorada. La persona de Dios no amada. Eso es pecado.
La palabra que se usa en el original para “salvación” es “soteria”. Este término es más grande, más inclusivo que nuestra palabra “salvación”. Nos habla de “salud, seguridad, preservación”. Incluye sanidad en todas las esferas del hombre, tanto emocional, espiritual como física. Abarca al hombre de una manera integral, no hay aspecto de nuestra vida que se quede fuera de la influencia del poder del Evangelio. Sanidad integral tanto espiritual, como emocional y física también.
Es el Evangelio, las buenas noticias de Dios, que Cristo vino, nació, vivió una vida sin tacha y murió por nuestros pecados y no solo eso, sino que al tercer día resucito de entre los muertos y ahora está sentado a la diestra de Dios Padre intercediendo por cada uno de nosotros. El justo murió por los injustos y ahora tú y yo si aceptamos eso por la fe, nuestros pecados son perdonados y podemos tener vida eterna.
‌Este pasaje nos enseña que el evangelio no es solo un mensaje, no solo son buenas palabras, no es un libro, no es una filosofía, no es un cuento, sino que es el poder dinámico de Dios que transforma vidas. La palabra que se usa en el original es “dynamis” de aquí procede el vocablo “dinamita”. Eso es el evangelio, el poder, la inagotable energía que le permite operar la transformación en el corazón de todo ser humano que recibe el evangelio, la dinamita de Dios que provoca en nosotros una respuesta de fe que nos conecta con la justicia de Dios, por medio de la fe y nos da vida nueva.
‌Cristo es el cumplimiento último del evangelio; su sacrificio y resurrección son el epicentro de ese poder divino. A través de Él, se revela la justicia de Dios, y mediante la fe en Él, todos pueden experimentar la salvación. Déjame que te lo repita, “todos”, no permitas que la herejía calvinista que enseña que esta salvación es solo para unos pocos escogidos te engañe. Es para todos. No importa si eres hombre o mujer, si eres catalán o andaluz, payo o gitano, blanco o negro, alto o bajo, guapo o feo, si eres más listo o un poco más cortito. No importa nada de eso, el poder de Dios está disponible para operar el cambio, la transformación en tu vida si tan solo te dispones a creer en Él.
‌El evangelio es el poder transformador de Dios que se manifiesta a través de la fe en Cristo y nos invita a vivir en la justicia divina. Es decir que cuando ponemos nuestra fe y nuestra confianza completamente en Dios nuestras vidas son agradables ante los ojos de Dios y recibimos el poder para vivir a la altura de las demandas del Evangelio.
“Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego.
Con razón Pablo dice que no se vergüenza del Evangelio, el experimento en su propia vida ese poder liberador que le llevo a una transformación radical. Paso de ser un asesino, alguien que perseguía a los cristianos con saña, alguien que dice la Escritura que “respiraba amenazas y muerte”, era un asesino. La Biblia nos enseña que cuando apedrearon a Esteban el primer mártir de la iglesia primitiva, él, Saulo de Tarso, Pablo, consentía en su muerte. Él fue el principal instigador de aquella muerte, dice la escritura que los que le apedrearon pusieron las ropas de Esteban a los pies de un joven que se llamaba Saulo. Había tanta inquina, tanta rabia en el corazón de Saulo que “asolaba a la iglesia y que, entrando casa por casa, arrastraba a hombres y mujeres, y los entregaba en la cárcel”.
No contento con eso pidió cartas para ir a Damasco y perseguir a los discípulos que allí se encontraban. Pero mira que yendo camino de Damasco tuvo un encuentro con el Señor, cayó a tierra y se quedó ciego y escucho una voz que le decía “Saulo, Saulo ¿porque me persigues? Él le pregunto ¡Quién eres Señor? Y le respondió: Yo soy Jesús, a quien tu persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón. Y Saulo, temblando y temeroso dijo: Señor ¿qué quieres que yo haga? Levántate y entra en la ciudad y se te dirá lo que debes de hacer. Estuvo tres días ciego, sin comer ni beber. Y el Señor llamo a Ananías y le dijo, Ananías levántate y ve a la calle derecha y entra en la casa de Judas que allí encontraras a uno que se llama Saulo de Tarso porque he aquí, el ora, y ha visto en visión a un varón llamado Ananías, que entra y le pone las manos encima para que recobre la vista. Y Ananías le dijo pero que me estas contando Señor, que yo he oído todo lo el mal que este personaje le esta haciendo a tus hijos. Pero el Señor le dijo, ve, porque instrumento escogido me es este, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel; porque yo le mostrare cuanto le es necesario padecer por mi nombre. Y claro Ananías fue, y oro por el imponiéndole las manos y al instante se le cayeron de los ojos como escamas y recibió la vista. ¿Y sabes lo que hizo Pablo ipsofacto? Se levanto, se bautizo y enseguida predicaba a Cristo en las sinagogas. De ser un asesino, sanguinario, paso a convertirse en el apóstol a los gentiles. Alguien dispuesto a sufrir calamidades, persecuciones, prisiones, a ser apedreado, azotado con varas y finalmente decapitado por amor a Jesús. Un encuentro con el poder de Dios la cambio la vida. Con razón no se avergonzaba del evangelio.
El poder de Dios. El mismo poder que sano a aquella mujer que padecía desde hacía doce años de flujo de sangre, que había gastado todo lo que tenia en manos de muchos médicos y que en vez de mejorar estaba peor aún, pero un. Dia oyó que Jesús pasaba por allí y se dijo dentro de sí, si tan solo tocare el borde de su manto seré sana. Y acercándose entre la multitud de gente, logro tocar el borde del manto de Jesús y ¿sabes que paso? Dice la Biblia que poder salió de Jesús y la sano por completo.
Es ese mismo poder que resucito a Lázaro de entre los muertos después de llevar cuatro días muerto y enterrado, el mismo poder que sano al paralitico de estanque de Bethesda que llevaba 38 años paralitico al borde del estanque sin tener quien lo metiera dentro cuando las aguas se agitaban, pero en un instante por medio del poder de la Palabra de Jesús fue sanado completamente, el mismo poder que enderezo a aquella mujer que llevaba 18 años encorvada y dice la Biblia que de ningún modo podía enderezarse, no había manera, seguramente lo había probado todo sin resultado alguno, pero por el poder de Dios fue sanada en un instante. El mismo poder que devolvió la vista a los ciegos, sano a los leprosos, libero a los endemoniados.
‌No, el evangelio no es simplemente un mensaje, no son palabras persuasivas de humana sabiduría es poder de Dios, dynamis; es una fuerza, un poder sobrenatural, es la dinamita de Dios que rompe cadenas y libera a cualquiera que cree. Espero con todo mi corazón que a partir de ahora, al enfrentar tus propias luchas cotidianas, sean cuales sean, recuerdes que hay un poder divino, accesible por medio de la fe, al que puedes acudir para encontrar esperanza y transformación. Este poder no hace distinción de personas; es para todos, sin importar su origen, ni su condición social. Porque Dios no hace acepción de personas.
“Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá. Es la fe, la llave que nos permite acceder a la justicia de Dios y disfrutar de paz. “Justificados, pues por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo. La fe es el medio
La fe es confianza en Dios, la fe es obediencia a Dios, la fe es más que aceptar algo intelectualmente. Si sales a la calle y le preguntas a la gente si creen en Dios te vas a encontrar que muchos te van a decir que si, que son creyentes no practicantes. Pero yo me pregunto ¿Qué es eso? ¿Cómo se come eso? Ese tipo de creencia no vale para nada, no significa nada, no marca la diferencia, no produce nada. Eso es lo que Santiago llama una “fe muerta”. Eso no sirve para nada. Creer de esa manera no salva, no funciona no sirve de nada.
Esta palabra que se traduce como creer en el griego es la misma que en otras partes se traduce como fe. La fe que nos abre la puerta al poder de Dios es una fe activa, una fe que obra. Es la confianza y la obediencia a Dios. Creer solo no salva, la Biblia también dice que los demonios también creen y tiemblan sabiendo el final que les espera. El creer que salva, que transforma es el creer que nos lleva a confiar en Dios y a obedecerle en todo.
Es la fe que mostro el apóstol Pedro cuando después de haber estado pescando toda la noche y no haber conseguido pescar nada, estaban los discípulos lavando sus redes, frustrados después de toda una noche de trabajo in fructuoso y va Jesús y le dice “boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar. Pedro era pescador profesional, el sabia que si por la noche no habían pescado nada ahora ya de día menos. Él le podría haber dicho a Jesús, tu serás profeta, pero yo soy pescador y yo se que ahora no hay peces que pescar, además ya hemos lavado las redes, es una tontería volver a ensuciar las redes ya no hay peces allí. ¿Pero sabes que le contesto Pedro? Señor toda la noche hemos estado trabajando y nada hemos pescado, más en tu palabra echaré la red. Y llenaron la red de peces hasta el punto que casi se rompe y tuvieron que llamar a otra barca para que les ayudara y se llenaron las dos barcas de peces. Eso es confiar, eso es tener fe, eso es creer.
Léete hebreos 11 un capítulo entero dedicado a la fe. Y allí veras a los que se conocen como los héroes de la fe. Y veras que todos ellos demostraron su fe con su obediencia a Dios, con sus acciones. “Por la fe Abel ofreció a Dios un más excelente sacrificio que Caín…Por la fe Noe con temor preparo el arca, por la fe Abraham salió siendo llamado…obedeció…y salió sin saber a dónde iba…por la fe habito como extranjero…por la fe la misma Sara, siendo estéril recibió fuerzas para concebir… por la fe conquistaron reinos, hicieron justicia, alcanzaron promesas, taparon bocas de leones, apagaron fuegos impetuosos, evitaron filo de espada, sacaron fuerzas de debilidad, se hicieron fuertes en batallas, pusieron en fuga ejércitos extranjeros, etc. Etc. Por la fe. Léete el capitulo entero porque no tiene desperdicio.
Es alentador y de mucho consuelo saber que la revelación de la justicia de Dios es a través de la fe, como indica este versículo. La justicia de Dios se nos imputa, exclusivamente por la fe en Cristo, un regalo que redefine nuestra relación con Dios. En tus debilidades, puedes descansar en el conocimiento de que no es por obras, no es por lo bueno que seas, no es por lo listo que eres, no es por el currículo que tengas, no es porque seas un crak, es por la fe que recibes la gracia transformadora de Dios. Cuando entendemos esto, eso marca el comienzo de una nueva vida, libre de condenación, viviendo en su justicia.
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Voy a acabar con un consejo que el apóstol Pablo le dio a su joven discípulo Timoteo en 2 Timoteo 2:7
“Considera lo que digo, y el Señor te dé entendimiento en todo.”
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