EL CRISTIANO SAMARITANO

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INTRODUCCIÓN

El pasado domingo por la mañana me pasó algo interesante. Iba de camino a aparcar el coche antes de ir a la iglesia en Montcada. Llevaba ya un rato dando vueltas cerca de la iglesia para aparcar pero no había manera. Alejandra y Judith ya estaban en la iglesia a las 9 en punto, que es cuando debemos estar para ensayar. Pero definitivamente tome la decisión de ir a lado del colegio de la Salle a unos 8 minutos caminando de la iglesia y donde habitualmente suele haber sitio en el parking. Estaba parado en el semáforo y de repente vi a una anciana tirada en el suelo. Iba bien arreglada, bien peinada, pero no era capaz de levantarse. Tendría unos 80 años. En ese momento el semáforo se puso en verde y tuve que tomar una decisión rápida, o bien poner los 4 intermitentes y bajar a ayudarla o seguir hacia adelante debido a la prisa que tenía por llegar al ensayo de alabanza, al cual, ya seguro me estaban esperando y llegaba como 10 minutos tarde ya en ese momento. Finalmente, baje del coche provocando una enorme cola de coches y le ayudé a alzarse. Gracias a Dios estaba bien y pudo continuar su camino, me agradeció efusiva mente el gesto de ayudarla y se fue.
Desde ese día el Señor me estuvo hablando de que a veces como cristianos nos aislamos o vivimos en una burbuja donde no nos relacionamos ni ayudamos a los que no son de la familia de la fe y que debemos ser la sal de la tierra, debemos ser como Jesús es. No debemos ignorar las necesidades de los que nos rodean aunque no lo merezcan, sean nuestros enemigos o no les conozcamos de nada.
Existe una porción bíblica en la que Jesús por medio de una parábola nos enseñó como debemos tratar a nuestro prójimo derribando toda religiosidad y legalismo, debemos amar a todo el mundo, a nuestro prójimo, como a nosotros mismos si es que realmente amamos a Dios.

CUERPO

El buen samaritano Lucas 10:25-36
25 Y he aquí un intérprete de la ley se levantó y dijo, para probarle: Maestro, ¿haciendo qué cosa heredaré la vida eterna? 26Él le dijo: ¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees? 27 Aquél, respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo. 28 Y le dijo: Bien has respondido; haz esto, y vivirás.
29 Pero él, queriendo justificarse a sí mismo, dijo a Jesús: ¿Y quién es mi prójimo? 30 Respondiendo Jesús, dijo: Un hombre descendía de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de ladrones, los cuales le despojaron; e hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto. 31 Aconteció que descendió un sacerdote por aquel camino, y viéndole, pasó de largo. 32 Asimismo un levita, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, pasó de largo. 33 Pero un samaritano, que iba de camino, vino cerca de él, y viéndole, fue movido a misericordia; 34 y acercándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole en su cabalgadura, lo llevó al mesón, y cuidó de él. 35 Otro día al partir, sacó dos denarios, y los dio al mesonero, y le dijo: Cuídame le; y todo lo que gastes de más, yo te lo pagaré cuando regrese. 36¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones? 37 Él dijo: El que usó de misericordia con él. Entonces Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo
El hombre contestó: —El que mostró compasión. Entonces Jesús le dijo: —Así es, ahora ve y haz lo mismo.

En primer lugar, vamos a mirar la escena de esta historia.

Jerusalén está a 800 metros sobre el nivel del mar; el Mar Muerto, cerca del cual está Jericó, está a 400 metros bajo el nivel del
mar; así que, en menos de 30 kilómetros, la carretera salva un desnivel de 1.200 metros, de manera que un viaje como este era un verdadero descenso. Era una carretera estrecha, bordeada por rocas, con vueltas y revueltas que la hacían terreno abonado para los bandoleros. La carretera de Jerusalén a Jericó era notoriamente peligrosa. En el siglo v, Jerónimo nos cuenta que todavía la llamaban «El Camino Rojo», o «de la Sangre.» En el siglo xix todavía había que pagar dinero de seguridad a los jeques locales para usar esa carretera. Hasta el principio de la década de los 30, el famoso autor de libros de viaje H. V. Morton
nos dice que le advirtieron que llegara a su destino antes de que se hiciera oscuro, porque un cierto Abu Yildah acostumbraba detener los coches y robar a los viajeros o turistas, escapándose a las montañas antes de que la policía pudiera llegar. Cuando Jesús contó esta historia, hablaba de algo que sucedía con frecuencia en la carretera de Jerusalén a Jericó.
El territorio entre esas dos ciudades era áspero y en muchas partes desierto, aunque el camino era transitado con frecuencia—se trataba de una de las más importantes rutas de Palestina. Lo escabroso del suelo y el número de viajeros que pasaban por allí lo habían hecho un abrigo para los bandidos.
El camino de Jerusalén a Jericó fue tristemente célebre por la delincuencia y el robo. No fue una sorpresa para los oyentes de Jesús que Él pusiera la historia en este camino en particular.

En segundo lugar, fijémonos en los personajes.

(a) Tenemos al viajero.
Aquí aparece la víctima de los ladrones en un estado lastimoso: despojado de todo, molido a golpes, medio muerto. El hombre debió sin duda defenderse cuando se vio asaltado por los ladrones. A menos que tuviera una urgente necesidad, no fue muy prudente poniéndose en camino de Jerusalén a Jericó a solas, y menos si llevaba mercancías de valor. Los viajeros solían ir en convoyes o caravanas. Parece ser que este hombre estaba corriendo un riesgo innecesario. No tenemos más informes sobre este hombre que los acontecimientos de este viaje. No sabemos su nombre e ignoramos su raza. Sin embargo la historia implica que era judío—mucho del punto y fuerza de este relato depende de este hecho.
(b) Tenemos al sacerdote. Jericó era una ciudad sacerdotal. Sacerdotes y levitas (servidores del templo, cantores) habían desempeñado su
ministerio en el templo y volvían a casa. Líderes religiosos de Israel. Servían de intermediarios entre el pueblo y Dios, y como consejeros y líderes de la nación. Un gran número de sacerdotes y levitas vivían en Jericó y subían a Jerusalén cuando les correspondía su turno en el servicio de cultos.
El rol sacerdotal se asociaba con el tabernáculo y el templo. Resaltaba el sacrificio, el mantenimiento de los lugares y la educación. Los sacerdotes eran el principal liderazgo religioso. Todos los sacerdotes se definen principalmente por su papel intercesor. Los sacerdotes actuaban como representantes de la divinidad ante el pueblo, y representantes del pueblo ante la divinidad. Los sacerdotes realizaban sacrificios, mantenían los lugares y los utensilios sagrados, y proveían consejo e instrucción. Se apresuró a pasar de largo. Sin duda tenía presente que, si tocaba a un muerto, quedaba siete días en estado de impureza legal Eso le impediría cumplir sus deberes en el templo, y no podía arriesgarse.
Las exigencias rituales estaban por encima de la caridad.En su calidad de sacerdotes y levitas servían a Dios, eran personas que encarnaban
el precepto del amor a Dios. Pero ¿el amor al prójimo? Se establecía separación entre culto y misericordia. El templo y la liturgia contaban más para él que la vida de un hombre.
(c) Tenemos al levita. Descendientes de Leví. Responsables del sacerdocio y del mantenimiento del tabernáculo y del templo.Este parece que se acercó más al herido antes de pasar de largo. A veces los bandidos usaban reclamos así: uno de ellos se haría el herido; y, cuando un viajero ingenuo se paraba a ayudar, los otros bandidos se le echaban encima y le robaban. Tal vez el levita tenía la consigna de que «lo primero es la seguridad.» No valía la pena correr riesgos para ayudar a nadie. Los levitas ayudaban a los sacerdotes haciendo labores necesarias alrededor de los terrenos del templo. Este levita mostró algo de pesar—o ¿fue curiosidad? Se acercó y miró al hombre. Pero no fue mejor que el sacerdote, porque se deshizo de la poca compasión que sentía. El también pasó de largo.
El sacerdote y el levita vieron a su hermano judío acostado en su condición terrible – pero ninguno de ellos hizo nada. Ambos pasaron por el otro lado.
El Sacerdote y el levita se mencionan aquí, en parte porque eran los viajeros más frecuentes en este camino, y en parte para demostrar que éstas eran las personas que, por la naturaleza de sus funciones, fueron los más obligados a realizar obras de misericordia, y de quien una persona en peligro tenía derecho a esperar el socorro inmediato y la comodidad; y su conducta inhumana aquí fue una violación plana de la ley.
Excusas que podrían haber utilizado:
· ” Este camino es demasiado peligroso para que me detenga y ayudar al hombre. “
· ” Él pudo ser una trampa para una emboscada. “
· ” Tengo que llegar al templo y realizar mi servicio al Señor. “
· ” Tengo que llegar a casa y ver a mi familia.
· ” Si yo voy a servir en el templo no puedo tener mi ropa con sangre. “
· ” Yo no sé de primeros auxilios. “
· “Es un caso perdido. “
· “Yo soy sólo una persona, el trabajo es demasiado grande. “
· “Puedo orar por él. “
· ” Él se lo buscó, él no debió haber estado nunca solo en un camino tan peligroso. “
· ” Él nunca pidió ayuda”
ii. Pero todos estos son simplemente excusas. “Nunca conocí a un hombre que se negara a ayudar a los pobres,
que no tuviera al menos una excusa admirable. ” (Spurgeon)
¿Ponemos excusas cuando se nos presenta la ocasión de socorre o ayudar a alguien?
(d) Tenemos al samaritano. Los Samaritanos pensaban que eran los verdaderos descendientes de Israel y custodios de la Torá. En la época del Nuevo Testamento su principal lugar religioso era el monte Gerizim. Los samaritanos pensaban que el templo de Jerusalén y su sacerdocio eran ilegítimos.
Los judíos y samaritanos tenían una relación hostil entre sí. Se daba ese nombre a los herejes y a los que no cumplían la ley ceremonial.
En este pasaje su nombre y rango carecen de importancia, porque todos los samaritanos eran aborrecidos por los judíos, y evidentemente la mayoría de los samaritanos tenían el mismo sentimiento hacia los judíos. El punto era que este hombre no tenía ninguna razón especial para ayudar a ese judío; y casi toda razón racial para no ayudarlo fue eliminada por su compasión hacia un ser humano que estaba sufriendo. Y aunque este ser humano pertenecía a la raza aborrecida, se detuvo y le ayudó al extremo de sus posibilidades.
Parece que éste era un viajante de comercio al que conocía bien el mesonero.
La ayuda del samaritano al judío: (a) Le proporcionó la ayuda de emergencia inmediata; (b) Le llevó al mesón para que pudiera cuidársele mientras convalecía; (c) Le pagó el hospedaje por adelantado; y (d) Ofreció más ayuda si llegara a ser necesaria. No descuidó ninguna clase de servicio que estuviera en su poder realizar.Notamos dos cosas interesantes acerca de él.
(i) ¡Tenía buen crédito! El mesonero estaba dispuesto a fiarse de él.
(ii) Fue el único que estuvo dispuesto a ayudar. Puede que fuera hereje, pero tenía amor en el corazón.
(1) Debemos ayudar a un hombre aunque él mismo sea causante de sus propias desdichas, (2) Cualquier hombre de cualquier nación que está en necesidad es nuestro prójimo, (3) Nuestra ayuda debe ser práctica y no un mero lo siento mucho.
Y viéndole, fue movido a misericordia; y acercándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole en su cabalgadura, lo llevó al mesón, y cuidó de él: En lugar de pasar por él, el samaritano le amaba con sacrificio. No esperó a que se le preguntase, para ver la necesidad justa en frente de
él. Él fue suficiente para obligarse a hacer algo. También dio libremente tanto de su tiempo y sus recursos.
El vino, que contiene alcohol, tenía un efecto antiséptico sobre las heridas del hombre. Es decir para que no se infecte. El aceite ayudó a
calmar las heridas, aliviar el dolor. Poniéndole sobre su propia cabalgadura significaba que el propio Samaritano caminaba.
Él sacó dos denarios, y los dio al mesonero: Parece que dos denarios se destinarían a las necesidades del hombre en la posada durante al menos dos o tres semanas. Los dos denarios dados al posadero era lo que se pagaba a los jornaleros por dos días de trabajo.
APLICACIÓN.
Debemos ayudar al necesitado aunque se haya metido en líos por su propia culpa o imprudencia, como era-probablemente
el caso del viajero de la parábola.
Cualquier persona de cualquier nación que está necesitada es nuestro prójimo.
La ayuda debe ser práctica y no limitarse a sentirlo mucho. Es posible que a eso sí llegaron el sacerdote y el levita, pero no hicieron nada más. La compasión, para ser real, tiene que desembocar en obras.
Lo que Jesús le dijo al escriba nos dice también a nosotros: «Pues, anda; obra tú de la misma manera.»
Hay muchas maneras de que el samaritano era como Jesús.
· El samaritano era un extraño, despreciado por muchos.
· El samaritano vino después de que otros fallaron en satisfacer la necesidad.
· El samaritano llegó antes de que fuera demasiado tarde.
· El samaritano viene con todo lo necesario.
· El samaritano fue directamente al hombre afligido.
· El samaritano dio tierno cuidado.
· El samaritano proporcionó para las necesidades futuras.
Mi prójimo es el que tiene una necesidad justo en frente de mí.
Jesús invita a obrar: Haz tú lo mismo. El amor al prójimo es amor de obrar. «Hijitos, no amemos de palabra ni con la lengua, sino de obra y de verdad.
Los dos ministros del culto divino solemne sirvieron ciertamente a Dios, pero no al prójimo que se hallaba en la necesidad. El samaritano los aventaja en el cumplimiento de la ley... Jesús echa mano de la doctrina profética: «Misericordia quiero, y no sacrificio» (Os 6,6). Quiero que demuestren amor, no que ofrezcan sacrificios.
Santiago 2:14-19
14Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle? 15Y si un hermano o una hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, 16y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha? 17Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma.
18Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras. 19Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan. 20¿Mas quieres saber, hombre vano, que la fe sin obras es muerta?
«Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia» (Mt 5,7).
El mayor impedimento es el corazón endurecido. La misericordia debe convertirse en amor de obras, tal como lo exige el momento. En efecto, el que ama prácticamente y sabe responder a todo llamamiento de la miseria humana, ése es obediente a Dios.

CONCLUSIÓN

El buen Samaritano es un símil o una imagen de lo que Cristo ha hecho con nosotros.
Nosotros eramos ese hombre que caminaba y fue herido por el pecado.
El levita y el sacerdote son la ley , que sin amor no pudo ayudarnos.
Gracias al sacrificio de Cristo, su sangre representa el vino, que nos da perdón y la salvación y el Espíritu Santo es el aceite que nos ayuda a vivir conforme a la voluntad de Dios y nuestro consolador.
Ahora bien, nosotros ahora debemos actuar como lo hizo el samaritano para ayudar a los demás.
Muchas veces tendremos que salir de la comodidad, dar de nuestro tiempo, dinero incluso.
Debemos despojarnos de todo prejuicio y ser verdaderos seguidores de Jesús
Si lo hacemos este mundo podrá ver que somos diferentes, que no solo hablamos del amor de Dios, sino que lo practicamos. No para ser salvos porque es por obras, pero como consecuencia del amor de Dios que ha sido derramado en nuestros corazones.
La gente está cansada de palabras, quiere hechos.
Piensa en aquel hombre del camino, el vio el amor de Dios en el trato que le dió el samaritano. No fueron palabras, fue el cuidado y la misericordia de el samaritano.
Ves tu y haz lo mismo, dijo el Señor.
Que el Señor nos ayude a no ser como aquel sacerdote y el levita. Porque si actuamos de esa manera en nuestro diario vivir, seremos religiosos como ellos.
Si el Señor nos amó en aquella cruz sin mirar lo que hiciste, de que raza eres, o tu condición social. Cuanto más nosotros si queremos ganar a familiares, amigos, vecinos, compañeros de trabajo, o cualquier persona que necesite nuestra ayuda del tipo que sea.
Muchas veces vivimos en nuestra burbuja evangelizoide, de iglesia, donde solo nos relacionamos con otros cristianos, donde nos olvidamos de un mundo perdido y si acaso y como mucho les predicamos el evangelio, y aunque es lo más importante, necesitamos dar un paso más, andar muchas veces la milla extra, aunque no lo merezcan quizás.
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