EL NUEVO HOMBRE
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PREPOSICION:
PREPOSICION:
INTRODUCCION:
INTRODUCCION:
TEXTO:
TEXTO:
25Por lo cual, desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo; porque somos miembros los unos de los otros. 26Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, 27ni deis lugar al diablo. 28El que hurtaba, no hurte más, sino trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que padece necesidad. 29Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes. 30Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención. 31Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia. 32Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.
DESARROLLO:
DESARROLLO:
b. Su práctica (4:25–32)
Cada una de las siguientes cinco exhortaciones acerca de la conducta del creyente tiene tres partes:
(1) un mandato negativo,
(2) un mandato positivo, y
(3) la razón del mandato positivo.
4:25. Habiendo desechado la mentira, los creyentes deben decir la verdad (cf. v. 15), que consiste en ajustar las palabras de uno a la realidad. La razón para esta exhortación es que los creyentes son miembros los unos de los otros en el cuerpo de Cristo, la iglesia. (cf. vv. 4, 16).
4:26–27. Mientras que en ocasiones los creyentes pueden enojarse legítimamente (con enojo justo contra el pecado;
13 Estaba cerca la pascua de los judíos; y subió Jesús a Jerusalén, 14 y halló en el templo a los que vendían bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas allí sentados. 15 Y haciendo un azote de cuerdas, echó fuera del templo a todos, y las ovejas y los bueyes; y esparció las monedas de los cambistas, y volcó las mesas; 16 y dijo a los que vendían palomas: Quitad de aquí esto, y no hagáis de la casa de mi Padre casa de mercado.
, no deben pecar. La manera de evitar ese pecado es “mantener cuentas cortas”, tratar con el enojo antes de que el sol se ponga. La razón es que al diablo le gustaría intensificar el enojo justo del cristiano contra el pecado, haciendo que se vuelva pecado en sí mismo. Esto a su vez da al diablo lugar, la oportunidad de llevar a ese cristiano a un mayor pecado. Entonces el enojo comienza a controlar al creyente, en lugar de que el creyente controle su enojo.
4:28. Los cristianos no deben robar, sino que deben trabajar para dar al necesitado. El ladrón quita de los demás para su propio beneficio, mientras que el creyente debe trabajar, haciendo con sus manos lo que es bueno (agathon, “benéfico”; cf. v. 29), para que tenga qué compartir con el que padece necesidad. Esta es la verdadera caridad cristiana. El trabajo tiene muchos beneficios: provee para las necesidades materiales de la persona, le da algo útil para hacer, algo que es benéfico para sí y para otros, y le permite ayudar materialmente a los demás.
4:29–30. Los creyentes no deben hablar ninguna palabra corrompida (sapros, “podrida”; cf. 5:4), sino la que sea buena (agathos, “buena, benéfica”; cf. 4:28), para la necesaria edificación. Las buenas palabras benefician (lit., “dan gracia” o capacitación) a los oyentes. Las palabras de uno deben ser verdaderas y puras, y también contribuir al beneficio de otros. Además de la conciencia, el Espíritu Santo también ayuda a guardar las palabras del creyente. El hecho de que el Espíritu puede ser entristecido, subraya su personalidad. Su sello en el creyente permanece hasta el día de la redención, tiempo en el que el creyente recibe su nuevo cuerpo (cf. 1:14;
20 Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; 21 el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.
4:31–32. Los creyentes deben librarse de seis vicios: amargura, enojo (thymos “ráfagas de ira”), ira (orgē, “un sentimiento arraigado de enojo”), gritería (kraugē, “grito o clamor”), maledicencia (blasfēmia), y malicia (kakia, “mala voluntad, maldad”). Varios de estos vicios se mencionan también en
8 Pero ahora dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas de vuestra boca.
Los mandamientos positivos son tres:
(1) sed benignos (j̱rēstoi, lit., “lo que es apropiado para una necesidad”); (2) sed misericordiosos (eusplanj̱noi; se usa en otro lugar en el N.T. sólo en
8 Finalmente, sed todos de un mismo sentir, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables;
; cf. splanjnoi, “emociones o afectos internos”, en 2 Co. 6:12; 7:15; Fil. 1:8; 2:1; Col. 3:12; Flm. 7, 12, 20; 1 Jn. 3:17);
(3) sed perdonadores (lit., “extendiendo gracia”, j̱arizomenoi, part. del vb. j̱arizomenoi, “dar libremente” o “dar por gracia como un favor”). La razón de estos mandamientos positivos es que en Cristo, Dios es benigno (Ef. 2:7), compasivo (Mr. 1:41), y extiende su gracia (Ro. 8:32) a los creyentes.
