Esperanza y advertencia

Santiago: Fe práctica.  •  Sermon  •  Submitted   •  Presented
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Introducción:

Hablar de dinero no es algo fácil, y menos en la iglesia… pero debemos hacerlo. No importa cuál sea tu motivo para evitar hablar del tema, no puedes negar que tu relación con el dinero afecta cómo vives.
De acuerdo con el sitio health.com, “varios estudios han demostrado que las personas que experimentan estrés debido a problemas financieros y deudas tienen 20 veces más probabilidades de intentar suicidarse que aquellas que no atraviesan este tipo de estrés. Además, la dificultad financiera es, lamentablemente, un problema común. En un estudio, más del 50% de los participantes informaron tener dos o más factores de estrés financiero.”
Un informe señaló que el estadounidense promedio tiene una deuda de $52,940. Esta deuda incluye:
- Pagos del crédito para comprar un auto
- Deudas de tarjetas de crédito
- Facturas médicas
- Dinero adeudado por hipotecas y arrendamientos
- Préstamos personales
- Deudas de préstamos estudiantiles
Si bien muchas personas son conscientes de cómo el estrés financiero impacta nuestras vidas, también puede tener efectos fisiológicos, causando desde dolores de cabeza e insomnio hasta malestares abdominales. Sin embargo, la mayoría de las personas no sabe que la dificultad financiera causa un gran sufrimiento en la salud mental y es un factor de riesgo importante para el suicidio.
Aún cuando el dinero en este país no está respaldado por un bien tangible, y aún cuando el sistema financiero está roto, no podemos negar que el dinero afecta nuestra vida, para bien o para mal, y por lo tanto, debemos hablar de dinero.
Es justamente este tema el que continúa tocando Santiago al inicio del último capítulo de su carta, así que vayamos a ello:
Santiago 5:1–6: “Presten atención, ustedes los ricos: lloren y giman con angustia por todas las calamidades que les esperan. Su riqueza se está pudriendo, y su ropa fina son trapos carcomidos por polillas. Su oro y plata han perdido su valor. Las mismas riquezas con las que contaban les consumirán la carne como lo hace el fuego. El tesoro que han acumulado se usará como evidencia contra ustedes el día del juicio. ¡Escuchen! Oigan las protestas de los obreros del campo a quienes estafaron con el salario. El dinero que no les pagaron clama en contra de ustedes. Los reclamos de quienes les cosechan sus campos han llegado a los oídos del Señor de los Ejércitos Celestiales. Han pasado sus años sobre la tierra con lujos, satisfaciendo todos y cada uno de sus deseos. Se han dejado engordar para el día de la matanza. Han condenado y matado a personas inocentes, que no ponían resistencia.”
Santiago comienza esta sección de la misma manera que lo hizo con el final del capítulo 4. En ambas secciones, el apóstol parece sonar más como un profeta del Antiguo Testamento que como un predicador moderno (Isaías 13:6 y Ezequiel 30:20), y en ambas, Santiago resuena con las enseñanzas de su medio hermano.
En el verso 2, dice: “Su riqueza se está pudriendo, y su ropa fina son trapos carcomidos por polillas”, mientras que Jesús dijo en Mateo 6:19: “No almacenes tesoros aquí en la tierra, donde las polillas se los comen y el óxido los destruye, y donde los ladrones entran y roban.”
Esta es nuestra primera reflexión al meditar en el pasaje: Santiago es un buen ejemplo a seguir.
Él pasó de ser alguien que no creía en Cristo, e incluso estaba en oposición al Nazareno, a convertirse en uno de sus más feroces promotores y pastor de la que fue la primera iglesia cristiana. Las enseñanzas de Jesús impactaron tanto la vida, la mente y el corazón de su medio hermano que es evidente cómo los dichos del Carpintero se sublimaron en Santiago. “Suenan o se leen tan similares.” Santiago, sí fue un cristiano… un Cristo pequeño. Pero, ¿qué hay de nosotros? ¿La gente puede ver a Cristo en nosotros de la misma manera en que es evidente en Santiago? Si las personas que te rodean no pueden ver a Cristo en ti, hay mucho trabajo por hacer. Pero si la gente está viendo a Cristo en ti, ¡sigue así! La misión aún no se ha terminado.
Ahora bien, a diferencia del final del capítulo 4, Santiago no está haciendo un llamado al arrepentimiento a sus lectores, sino que se limita a proclamar una declaración lapidaria contra los “ricos”.
¿Esto significa que “ser rico” es algo malo? No. Pero en la gran mayoría de los casos, “los ricos” han llegado a donde están, no de la mejor manera, y es contra esas prácticas que Santiago escribe, repitiendo casi las mismas palabras de su medio hermano en Lucas 6:24–25: “¡Qué aflicción les espera a ustedes, los que son ricos, porque su única felicidad es aquí y ahora! ¡Qué aflicción les espera a ustedes, los que ahora están gordos y prósperos, porque tienen un horrible tiempo de hambre por delante! ¡Qué aflicción les espera a ustedes, los que ahora se ríen, porque su risa se convertirá en luto y dolor!”
Al leer esto, podrías decir: “Ok, no soy rico, esta parte de la Biblia no aplica para mí… Ninguno de los miembros de nuestra iglesia forma parte del 1% más rico de EE.UU…”
No tan rápido. Si bien es cierto que ni Elon Musk ni Jeff Bezos son parte de Comunidad Calvary, no sabemos si entre nosotros hay algún miembro del 15% de la población de Nebraska que gana entre 138,000 y 259,000 dólares anuales, o si hay algún miembro del 4% que gana entre 259,000 y 613,000 dólares anuales, y aún más, no sabemos si hay algún miembro del 1% de la población de Nebraska que gana más de 616,000 dólares anuales.
Además, si la realidad apunta a que todos los miembros de Comunidad Calvary somos pobres según la escala del gobierno, no podemos caer en la tentación de ignorar que 2 Timoteo 3:16 dice: “Toda la Escritura es inspirada por Dios y es útil para enseñarnos lo que es verdad, para hacernos ver lo que está mal en nuestra vida, nos corrige cuando estamos equivocados y nos enseña a hacer lo correcto.”
Por lo tanto, esta sección de las Escrituras es para ti, y es útil para ti. Presta atención porque hoy tengo para ti tres palabras de Esperanza y Advertencia.

1. Tu situación financiera no es eterna. (Stgo 5:1-3)

Veamos estos pasajes desde dos perspectivas:
a) Los ojos y la realidad del desprovisto.
b) La perspectiva del rico o de aquel que cree o siente que es rico.
Desde la primera perspectiva, pongamos atención en lo que dice Santiago 5:2–3:
“Su riqueza se está pudriendo, y su ropa fina son trapos carcomidos por polillas. Su oro y plata han perdido su valor. Las mismas riquezas con las que contaban les consumirán la carne como lo hace el fuego. El tesoro que han acumulado se usará como evidencia contra ustedes el día del juicio.”
Este pasaje nos muestra que incluso las riquezas más preciadas terminan por corromperse y dañarse. Por lo tanto, podemos afirmar que cualquier situación financiera de una persona no durará para siempre.
Quizá tú, que estás leyendo estas palabras, necesitas recordar esto: lo que estás pasando, el agobio que puede generar el no ver los recursos que quisieras de la forma que deseas, el estrés, la preocupación y el desasosiego que esto genera, no será eterno. Todo esto pasará. Dios no se ha olvidado de ti.
Recuerda lo que dijo Cristo en Mateo 6:26–27:
“Miren los pájaros. No plantan ni cosechan ni guardan comida en graneros, porque el Padre celestial los alimenta. ¿Y no son ustedes para él mucho más valiosos que ellos? ¿Acaso con todas sus preocupaciones pueden añadir un solo momento a su vida?”
Al mismo tiempo, este pasaje es una advertencia para aquellos que atesoran riqueza o creen tenerla. **Tu situación financiera no es eterna**. Por lo tanto, no puedes confiar plenamente en ella ni dejar que la cantidad de dinero en tu cuenta defina el nivel de paz en tu corazón. Si lo haces, tus riquezas se convierten en un ídolo y en un lastre, en lugar de una bendición.
¿Cómo estás hoy?
¿Con desesperanza porque tu situación es difícil o con extrema confianza en ti mismo, confiando solo en lo que has logrado? Recuerda: Tu situación financiera no es eterna.

2. Las injusticias no han sido ignoradas. (Stgo 5:4)

Ahora bien, no podemos negar que la gran mayoría de los multimillonarios que existen han cometido una o muchas injusticias en su camino al “éxito”. Sé que no todos lo han hecho, pero la evidencia muestra que el camino hacia el éxito financiero suele estar colmado de injusticias y abusos contra los demás. Esto refleja, en cierta medida, un dicho mexicano: “El que no transa, no avanza”.
(TRANSAR: Mexicanismo que significa “trampa, soborno o cohecho con que se resuelve un asunto legal, administrativo o sujeto a cierto reglamento”).
Si bien esta afirmación puede ser cierta, también lo es que la gran mayoría de las personas se encuentran del lado de las que son abusadas o víctimas de estas trampas. Esto puede generar un profundo sentimiento de indefensión y vulnerabilidad. Sin embargo, debo recordarte que todo esto no pasa desapercibido para Dios.
Desde los días de Moisés, tenemos evidencias que muestran que Dios es un Dios que oye. Como dice Génesis 16:13:
“A partir de entonces, Agar utilizó otro nombre para referirse al Señor, quien le había hablado. Ella dijo: «Tú eres el Dios que me ve». También dijo: «¿De verdad he visto a Aquel que me ve?».”
Si has sido víctima de algún tipo de injusticia de este tipo, quiero que recuerdes las palabras del salmista:
“El Señor responde: «He visto violencia contra los indefensos y he oído el gemir de los pobres. Ahora me levantaré para rescatarlos como ellos anhelaron que hiciera»” (Salmos 12:5).
Si no es aquí y ahora, cuando nuestro Mesías regrese, toda injusticia será llevada a juicio y toda lágrima será enjugada, porque ya no habrá injusticias ni maldad. Así que, ¡ánimo! Las injusticias que has sufrido no han sido ignoradas.
Pero, si tú has sido quien ha cometido estas injusticias, ¡arrepiéntete! Porque todas y cada una de las injusticias que has causado no han pasado desapercibidas. Como dice Santiago, todo eso se está acumulando contra ti para el día del juicio. Arrepiéntete y sé como Zaqueo, quien dijo:
“Mientras tanto, Zaqueo se puso de pie delante del Señor y dijo: «Señor, daré la mitad de mi riqueza a los pobres y, si estafé a alguien con sus impuestos, le devolveré cuatro veces más»” (Lucas 19:8).
No permitas que las riquezas de este mundo te separen de Dios. No hay nada más valioso que Cristo.

3. Tu situación financiera no te define delante de Dios. (Stgo 5:5-6)

Es importante recordar, cuando hablamos de dinero, que nada de esto tiene trascendencia eterna, porque nada de lo que poseemos en este mundo puede cruzar el umbral de la muerte. Todo lo que hayamos acumulado se quedará aquí; no podremos llevarnos nada. Tal como dice Job 1:21–22:
«Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo estaré cuando me vaya. El Señor me dio lo que tenía, y el Señor me lo ha quitado. ¡Alabado sea el nombre del Señor!». A pesar de todo, Job no pecó ni culpó a Dios.
¿Por qué es esto importante? Porque la cantidad de dinero que posees no define cuánto te ama Dios ni cuánto te ha bendecido. Tu situación financiera no determina tu valor delante de Él. Dios no te ama más si eres rico ni menos si eres pobre. Tal como leemos en Romanos 2:11: "Pues Dios no muestra favoritismo".
Esta verdad no solo es una gran esperanza para nuestras vidas, sino también una seria advertencia. Tener más dinero no te da privilegios especiales ante Dios, ni puedes comprar su favor con bienes materiales. No hay nada que podamos darle a Dios que Él no haya creado o que no le pertenezca ya.
Como señala el autor de Hebreos 4:13:
"No hay nada en toda la creación que esté oculto a Dios. Todo está desnudo y expuesto ante sus ojos; y es a él a quien rendiremos cuentas".
Por lo tanto, no nos engañemos: tu situación financiera no te define delante de Dios.

Conclusión:

El manejo del dinero es un tema que impacta profundamente nuestra vida espiritual y emocional. Santiago nos recuerda que ni las riquezas ni las dificultades financieras son eternas. Es fácil caer en la tentación de medir nuestro valor o el de los demás por lo que tenemos, pero Dios no nos define por nuestra situación económica. Las riquezas terrenales son pasajeras, las injusticias no pasan desapercibidas ante los ojos de Dios, y nuestra identidad no está en lo que poseemos, sino en quién somos en Cristo.
Además, este pasaje nos desafía a evaluar nuestra relación con el dinero: ¿Es una herramienta para glorificar a Dios y bendecir a otros, o se ha convertido en un ídolo que afecta nuestra paz y nuestras prioridades?

Aplicación:

Esta semana, dedica un tiempo para reflexionar y orar sobre tu relación con el dinero. Pregúntate:
1. ¿Estoy poniendo mi confianza en mis finanzas en lugar de en Dios?
2. ¿He cometido alguna injusticia que deba corregir?
3. ¿Estoy usando los recursos que Dios me ha dado para bendecir a otros y expandir su Reino?
Luego, haz algo concreto para aplicar estas reflexiones: podría ser devolver algo que no te pertenece, planificar un presupuesto basado en principios bíblicos, o bendecir a alguien necesitado de manera tangible. Recuerda que tu tesoro más valioso no está en este mundo, sino en Cristo.
ERES AMADO.
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