Reunión de Jóvenes Mayores (5)

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El tema de la vida en comunidad es importante porque nos ayuda a entender lo vital que es pertenecer a una comunidad y acudir a ella disfrutando de la compañía en el caminar con Cristo.

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I. Vida en Comunidad

Veamos el Salmo 133
Salmo 133 NBLA
Cántico de ascenso gradual; de David. 1 Miren cuán bueno y cuán agradable es Que los hermanos habiten juntos en armonía. 2 Es como el óleo precioso sobre la cabeza, El cual desciende sobre la barba, La barba de Aarón, Que desciende hasta el borde de sus vestiduras. 3 Es como el rocío de Hermón, Que desciende sobre los montes de Sión; Porque allí mandó el Señor la bendición, la vida para siempre.
S. Pagán - Comentario De Los Salmos (Salmo 133: «La bienaventuranza del amor fraternal»)
El Salmo 133 es un breve poema que afirma las virtudes de la unidad familiar y nacional del pueblo de Dios. Es una especie de cántico, meditación u oración que celebra la unión y la fraternidad; además, es un claro elogio a las buenas relaciones interpersonales; y también es la afirmación del respeto mutuo y la solidaridad.

A. Definiciones:

1) Cuán bueno:

(benigno, dichoso, gozoso, hermoso, lo mejor).

2) Cuán agradable:

(delicioso, deleite, dulce.)

3) habitar juntos: “habitar también juntos los hermanos”

acampar, disfrutar, permanecer, vivir, vecino / juntos, cooperación e intercambio. (unidad, armonía, reunirse, unidos).
Compara ese habitar juntos entre hermanos que se aman al:

a) aceite (óleo precioso [bueno]).

se da a entender algo que cae de arriba hacia abajo, algo valioso, algo que es especial.

Producto del fruto prensado del > olivo y artículo de gran valor en los tiempos bíblicos, tanto que se cuenta entre los elementos que formaban parte de la riqueza del rey Salomón

Gran Diccionario Enciclopédico de la Biblia I. USO, APLICACIONES Y ELABORACIÓN

las unciones con aceite se utilizaron como ritos de consagración y de curación.

Éxodo 30:30–32 NBLA
30 »Y ungirás a Aarón y a sus hijos y los consagrarás para que me sirvan como sacerdotes. 31 »Y hablarás a los israelitas, diciendo: “Este será aceite de santa unción para Mí por todas sus generaciones. 32 ”No se derramará sobre nadie, ni harán otro igual en las mismas proporciones. Santo es, y santo será para ustedes.
En el nuevo testamento, tiene un tono de “ungir para curar o (ablandar) las heridas” Marcos 6.13, Santiago 5.14
Marcos 6:13 NBLA
13 También echaban fuera muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos y los sanaban.
Santiago 5:14 NBLA
14 ¿Está alguien entre ustedes enfermo? Que llame a los ancianos de la iglesia y que ellos oren por él, ungiéndolo con aceite en el nombre del Señor.

Derramar aceite sobre un huésped era una muestra y señal de honor, como evidencia una conocida figura del libro de los Salmos, en la que este producto simboliza la abundancia de la bendición divina: «Preparas mesa delante de mí en presencia de mis adversarios. Unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando (Sal. 23:5; cf. 92:10). Los ungidos con aceite tienen la bendición de Dios y, con ella, la misión de iluminar al pueblo y guiarlo por el camino de la salvación. La unción es externa, signo de la acción interna del Espíritu de Dios que transforma al ungido (1 Sam. 10:1–6; 16:13).

Lucas 4:18 NBLA
18 «El Espíritu del Señor está sobre Mí, Porque me ha ungido para anunciar el evangelio a los pobres. Me ha enviado para proclamar libertad a los cautivos, Y la recuperación de la vista a los ciegos; Para poner en libertad a los oprimidos;

b) rocío (lluvia, que cubre la vegetación).

En el clima seco de Palestina el rocío nocturno es prácticamente la única refrigeración de los campos durante los meses que median entre las últimas lluvias de primavera y las primeras que llegan con el otoño. Los vientos marítimos del oeste traen consigo, después de la puesta del sol, tan considerable humedad, que por la noche, señaladamente en primavera y otoño, llega a caer abundante y copioso rocío, el cual humedece las telas de las tiendas y gotea de los tejados (Cnt. 5:2; Job 29:19), manteniendo fértil y viva la vegetación. Este rocío, en los veranos tan secos, es de gran importancia para la tierra, por lo cual es considerado una bendición de Dios (Gn. 27:28; Dt. 33:13, 28; Zc. 8:12; Os. 14:6; Baruc 2:25). Su ausencia es atribuida a la maldición divina (2 Sam. 1:21; 1 R. 17:1; Hag. 1:10).

S. Pagán - Comentario De Los Salmos Salmo 133: «La bienaventuranza del amor fraternal»

El corazón del poema es la afirmación de unidad que presenta a su comienzo. Es bueno y delicioso que «los hermanos» habiten en unidad y armonía. La felicidad plena se relaciona con las actitudes de fraternidad que se manifiestan entre dos personas, dos grupos o dos naciones. En efecto, las implicaciones educativas del salmo llevan el mensaje de sus niveles personales y familiares a dimensiones nacionales e internacionales. La unidad no es un extra optativo para disfrutar la bendición divina sino un requisito indispensable. El fundamento de la felicidad plena y abundante es la solidaridad.

S. Pagán - Comentario De Los Salmos Salmo 133: «La bienaventuranza del amor fraternal»

El mensaje del salmo es claro: La unidad del pueblo es tan importante como la unción de los sacerdotes—que juegan un papel de importancia en la vida espiritual del pueblo—, y como el nacimiento de los ríos—que son indispensables para la vida natural—.

Dietrich Bonhoeffer “Vida en Comunidad” pág. 9
No se deduce que el cristiano tenga que vivir necesariamente entre otros cristianos.
El mismo Señor Jesucristo vivió en medio de sus enemigos y, al final, fue abandonado por todos sus discípulos.
Se encontró en la cruz solo, rodeado de malhechores y blasfemos. Había venido para traer la paz a los enemigos de Dios.
Por esta razón, el lugar de la vida del cristiano no es la soledad del claustro, sino el campamento mismo del enemigo. Ahí está su misión y su tarea.
Cita a Lutero «El reino de Jesucristo debe ser edificado en medio de tus enemigos. Quien rechaza esto renuncia a formar parte de este reino, y prefiere vivir rodeado de amigos, entre rosas y lirios, lejos de los malvados, en un círculo de gente piadosa. ¿No veis que así blasfemáis y traicionáis a Cristo? Si Jesús hubiera actuado como vosotros, ¿quién habría podido salvarse?» (Lutero).
Pero al mismo tiempo, la comunidad entre cristianos se ve como un oasis en medio del desierto.
Al final, cuando el Señor Jesús venga, reunirá de todos los extremos de la tierra a Sus escogidos para vivir entre ellos para siempre. Lo cual se ve como el bien máximo o supremo.
¿Valoramos y anhelamos la comunidad con el pueblo de Dios?
Dietrich Bonhoeffer “Vida en Comunidad” pág. 10-11
Pero esta gracia no es accesible a todos los creyentes.
Los prisioneros, los enfermos, los aislados en la dispersión, los misioneros están solos.
Ellos saben que la existencia de la comunidad visible es una gracia.
Sin embargo, permanecen solos como la semilla que Dios ha querido esparcir.
No obstante, captan intensamente por la fe cuanto les es negado como experiencia sensible. Así es como el apóstol Juan, desterrado en la soledad de la isla de Patmos, celebra el culto celestial «en espíritu, el día del Señor» (Ap 1.10), con todas las Iglesias. Los siete candelabros que ve son las Iglesias; las siete estrellas, sus ángeles; en el centro, dominándolo todo, Jesucristo, el Hijo del hombre, en la gloria de su resurrección. Juan es fortalecido y consolado por su palabra. Esta es la comunidad celestial que, en el día del Señor, puebla la soledad del apóstol desterrado.
El prisionero, el enfermo, el cristiano aislado reconocen en el hermano que les visita un signo visible y misericordioso de la presencia de Dios trino.
Es la presencia real de Cristo lo que ellos experimentan cuando se ven, y su encuentro es un encuentro gozoso. La bendición que mutuamente se dan es la del mismo Jesucristo.
Ahora bien, si el mero encuentro entre dos creyentes produce tanto gozo, ¡qué inefable felicidad no sentirán aquellos a los que Dios permite vivir continuamente en comunidad con otros creyentes!
Sin embargo, esta gracia de la comunidad, que el aislado considera como un privilegio inaudito, con frecuencia es desdeñada y pisoteada por aquellos que la reciben diariamente.
Y actualmente los cristianos más sinceros sienten necesidad de participar en «retiros» para convivir con otros creyentes bajo la palabra de Dios. Los cristianos de hoy descubren nuevamente que la vida comunitaria es verdaderamente la gracia que siempre fue, algo extraordinario, «el momento de descanso entre los lirios y las rosas» al que se refería Lutero.
Dietrich Bonhoeffer “Vida en Comunidad” pág. 15
Cristo, sin embargo, ha franqueado el camino obstruido, de forma que, en adelante, los suyos puedan vivir en paz no solamente con Dios, sino también entre ellos.
Ahora los cristianos pueden amarse y ayudarse mutuamente; pueden llegar a ser un solo cuerpo. Pero sólo es posible por medio de Jesucristo. Solamente él hace posible nuestra unión y crea el vínculo que nos mantiene unidos. Él es para siempre el único mediador que nos acerca a Dios y a los hermanos.
¡Comunidad cristiana significa comunidad en y por Jesucristo!
Sobre este principio descansan todas las enseñanzas y reglas de la Escritura, referidas a la vida comunitaria de los cristianos.
Los creyentes anhelamos estar en comunidad, no hay nada de malo en ello, pues como cuerpo de Cristo, nos necesitamos.
Los creyentes de las iglesias, se sentían tristes porque era la última vez que iban a ver a Pablo en la despedida en Éfeso: Hechos 20.38
Hechos de los Apóstoles 20:38 NBLA
38 Estaban afligidos especialmente por la palabra que había dicho de que ya no volverían a ver su rostro. Y lo acompañaron hasta el barco.
Asimismo, Pablo extraña a los tesalonicenses y ora día y noche con el deseo de verlos.
1 Tesalonicenses 3:10 NBLA
10 según oramos intensamente de noche y de día que podamos ver el rostro de ustedes y que completemos lo que falta a su fe?
Nuestra comunión genuina con Cristo, hace que tengamos comunión genuina con los hermanos 1 Jn 1.7
1 Juan 1:7 NBLA
7 Pero si andamos en la Luz, como Él está en la Luz, tenemos comunión los unos con los otros, y la sangre de Jesús Su Hijo nos limpia de todo pecado.
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