Andemos en el Espíritu

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Introducción

Amados hermanos, hoy en la providencia del Señor hemos de detener nuestra serie de estudios en el CMW para poder meditar en un pasaje de las Sagradas Escrituras que si el Señor lo permite nos llevará a meditar seriamente sobre nuestra vida diaria en el Señor (título del sermón)
Les ruego que me acompañen a esta porción de las Sagradas Escrituras
Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis la concupiscencia de la carne.
(Gl 5:16)

Capítulo 1: Defensa del Evangelio de la Gracia

Pablo abre la carta enfatizando su autoridad apostólica, dada por Dios y no por los hombres. Condena enérgicamente cualquier desviación del Evangelio de Cristo, subrayando que somos llamados por la gracia divina, no por obras. Desde la perspectiva reformada, este capítulo resalta la sola gratia como el fundamento del Evangelio y la necesidad de preservar su pureza.

Capítulo 2: Justificación por la Fe, no por Obras

Pablo relata su confrontación con Pedro en Antioquía, exponiendo la hipocresía de imponer las prácticas judías a los gentiles. Afirma que nadie está justificado por la obediencia a la ley, sino únicamente por la fe en Cristo. La tradición reformada utiliza este capítulo para subrayar la doctrina de la sola fide y la unión de los creyentes con Cristo, a través de la cual recibe justicia y vida.

Capítulo 3: La Promesa de Fe para Abraham y sus Descendientes

Pablo contrasta la ley mosaica con la promesa hecha a Abraham, mostrando que la salvación ha sido siempre por fe y no por obras. Explica que la ley no puede salvar, sino que actúa como un tutor para conducirnos a Cristo. Desde una visión reformada, se resalta la continuidad del pacto de gracia a lo largo de la historia de la redención.

Capítulo 4: Hijos de la Promesa, no de la Esclavitud

Pablo explica que los creyentes son adoptados como hijos de Dios y, por tanto, herederos de la promesa, no esclavos bajo la ley. Usa la alegoría de Agar y Sara para contrastar la esclavitud de la ley con la libertad en Cristo. La perspectiva reformada enfatiza aquí la seguridad de la adopción divina y la libertad cristiana basada en la obra redentora de Cristo.

Capítulo 5: Libertad Cristiana y Vida en el Espíritu

Pablo exhorta a los creyentes a vivir en la libertad para la que Cristo los hizo libres, sin caer nuevamente en el legalismo. Contrasta las obras de la carne con el fruto del Espíritu, llamando a una vida guiada por el Espíritu Santo. En el contexto reformado, este capítulo destaca la santificación como una obra continua del Espíritu en el creyente regenerado.
Es en este capítulo donde encontramos nuestro pasaje en el que meditaremos hoy.
Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis la concupiscencia de la carne.
(Gl 5:16)
Nuestro pasaje enseña 2 cosas principalmente:
El imperativo de andar o caminar en el Espíritu
La exhortación de no consumar el pecado que mora en nosotros

El imperativo de andar o caminar en el Espíritu

Digo, pues: Andad en el Espíritu
Acá el apóstol exhorta a los creyentes a andar en el Espíritu, pero ahora, ¿Cómo andamos en el Espíritu?
¿Cómo es que puedo, debo y sé si camino o ando en el Espíritu?
Gálatas D. Libertad significa amor, no libertinaje (5:13–26)

(1) El libertino no experimenta este tipo de lucha debido a que sigue sus inclinaciones naturales.

(2) El legalista, destinado a la gracia y la gloria, recordando su pecaminosidad por la ley, pero no queriendo por un tiempo aceptar la gracia, lucha y lucha, mas sin conseguir la victoria o sin experimentar el sentido de un triunfo cierto y final. Esta condición persiste hasta que finalmente la gracia echa abajo todas las barreras de la oposición (Fil. 3:7ss).

(3) El creyente, mientras está en la tierra, experimenta un conflicto agonizante en su propio corazón, pero en principio ya ha ganado la victoria, como lo testifica la presencia misma del Espíritu Santo en su corazón. Esta victoria será suya en una medida plena en la vida venidera; por lo tanto,

(4) Para el creyente redimido que está en la gloria esta batalla ha terminado. Lleva la corona de la victoria.

1. Ser morada del Espíritu (Cómo puedo)

Es una obra sobrenatural porque se corresponde a la regeneración (Jn 3:5-8)
Es una obra soberana (Jn 1:12-13)
El Espíritu mora en los creyentes (Jn 14:17)
Sólo en los que mora el Espíritu pueden andar en el Espíritu (Rom 8:9)

2. Ser lleno del Espíritu (Cómo debo)

El creyente que ha sido regenerado debe ser cada vez más lleno del Espíritu, es decir:
Mortificación del pecado
Vivificación del Espíritu
porque si vivís conforme a la carne, moriréis; pero si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis.
(Ro 8:13)
El principio del reemplazo es el que debemos practicar como creyentes

3. Dar frutos del Espíritu (Cómo sé)

Pablo en los siguientes versículos nos enseña sobre el resultado de andar en el Espíritu, que son los frutos del Espíritu.
Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis la concupiscencia de la carne.
Porque la carne desea contra el Espíritu y el Espíritu contra la carne; y estos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisierais.
Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley.
Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, impureza, lujuria,
idolatría, hechicería, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías,
envidias, homicidios, borracheras, orgías y cosas semejantes a estas; de las cuales os advierto, como ya os he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.
Mas el fruto del Espíritu es: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe,
mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.
Mas los que son de Cristo han crucificado la carne con las pasiones y las concupiscencias.
Si vivimos en el Espíritu, andemos también en el Espíritu.
(Gl 5:16-25)

La exhortación de no consumar el pecado que mora en nosotros

y no satisfagáis la concupiscencia de la carne.
Ahora bien, el como hemos leído, las obras de la carne son contra el Espíritu, por lo que el apóstol nos dice que no debemos satisfacer la concupiscencia de la carne.
Satisfacer se puede traducir como “acabar” y este está en un tiempo verbal llamado aoristo. En la Biblia, el aoristo es un tiempo verbal que indica una acción que ocurrió en el pasado, sin considerar su duración o conclusión. Por lo que Pablo nos está diciendo que nosotros vivimos ya con los deseos de la carne, lo que no debemos hacer es “consumar” esos deseos.
La concupiscencia se define como un deseo intenso, generalmente de carácter sexual o material, que se considera desordenado o excesivo. En el contexto teológico, se entiende como una inclinación al pecado que persiste incluso después del bautismo, siendo una consecuencia temporal del pecado.

Aplicaciones finales

¿Eres morada del Espíritu?
¿Estás siendo lleno del Espíritu?
¿Tu vida da frutos del Espíritu?
¿Has estado consumando los deseos de tu carne?
Solo podrás andar en el Espíritu si es que el Espíritu de Cristo mora en ti
Mas vosotros no estáis en la carne, sino en el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, el tal no es de él.
(Ro 8:9)
Pide misericordia al Señor para que en su Gracia te brinde de su Espíritu
Mas si Cristo está en vosotros, el cuerpo a la verdad está muerto a causa del pecado, pero el espíritu vive a causa de la justicia.
Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó a Cristo de los muertos vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros.
(Ro 8:10-11)
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