La necedad del barro.
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Pero me dirás: ¿Por qué, pues, inculpa? porque ¿quién ha resistido a su voluntad? Mas antes, oh hombre, ¿quién eres tú, para que alterques con Dios? ¿Dirá el vaso de barro al que lo formó: ¿Por qué me has hecho así?
En esta porción Pablo sigue argumentando a favor de la predestinación, y dando el enfoque correcto sobre la misma. Mencioné que este concepto es difícil de comprender, no por falta de capacidad en nosotros, porque el problema del hombre no es ignorancia, nos cuesta comprender porque nuestro problema es moral.
Nuestro enfoque hacia la vida y hacia Dios sin la obra del E.S. esta corrompido por el pecado. No nos gusta sentirnos criaturas, sino dioses.
El hecho de que Dios sea el que escoja y predetermine quienes son suyos, nos molesta porque ni siquiera nuestra opinión fue requerida.
Ahora en verso 19 dice:
Pero me dirás: ¿Por qué, pues, inculpa? porque ¿quién ha resistido a su voluntad?
otra traducción dice:
Ahora bien, ustedes podrían decir: «¿Por qué Dios culpa a las personas por no responder? ¿Acaso no hicieron sencillamente lo que él les exige que hagan?».
En este caso, el pecado en nuestro razonamiento nos lleva a ir de un extremo al otro, por ejemplo Pablo contesta a quienes sostienen una perspectiva determinista, en la que todas las cosas pues ya han sido predeterminadas y no hay nada que hacer al respecto.
Y si todo ya ha sido predeterminado, sin que se nos tomara en cuenta, entonces Dios es injusto, porque nos está culpando por cosas que ya estabamos predeterminados a hacer. Eso no se vale, dicen.
En otras palabras Dios de alguna manera nos forzó con su predeterminación y ahora nos quiere venir a culpar. Dios es injusto y arbitrario.
Pero repito este tipo de pensamiento nace de un razonamiento caido, y la caracteristica del razonamiento caído es que no estpa conforme con el hecho de ser una simple criatura y no Dios, entonces la doctrina de la predestinación se vuelve molesta porque Dios es un agente arbitrario y coercitivo, un tirano.
Pablo continúa en verso 20 diciendo:
Mas antes, oh hombre, ¿quién eres tú, para que alterques con Dios? ¿Dirá el vaso de barro al que lo formó: ¿Por qué me has hecho así?
Ahora Pablo usa esta analogía del barro y el alfarero, esta analogía no era nueva para el judío,
Levántate y vete a casa del alfarero, y allí te haré oír mis palabras. Y descendí a casa del alfarero, y he aquí que él trabajaba sobre la rueda. Y la vasija de barro que él hacía se echó a perder en su mano; y volvió y la hizo otra vasija, según le pareció mejor hacerla.
Entonces vino a mí palabra de Jehová, diciendo: ¿No podré yo hacer de vosotros como este alfarero, oh casa de Israel? dice Jehová. He aquí que como el barro en la mano del alfarero, así sois vosotros en mi mano, oh casa de Israel.
Dios manda a Jeremías a la casa del alfarero para que de primera mano observe la autoridad de este sobre el barro, vió que trabajaba en una vasija la cual se echo a perder y de inmediato se puso a trabajar en otra, “según le pareció mejor hacerla”
El alfarero en ningún momento entabla una discusión con el barro porque de entrada sería absurdo, ¿porqué? porque el barro no puede contestar ni entablar una discusión porque es de un material inerte.
Ahora, no quiere decir que seamos seres inertes sino que hay una distinción bastante marcada entre Dios, el Creador y nosotros sus criaturas. Esta distinción es básica dentro de una cosmovisión bíblica.
El estátus de criaturas nos mantiene a raya cuando queremos altercar con Dios, como si fueramos sus iguales. El estátus de criatura anula todo intento de reclamar derechos ante Dios, sino lo contrario nos ubica como criaturas con responsabilidades.
El hombre con su razonamiento caído pensará que puede exigir de Dios derechos inherentes a él, pero asi no funciona, nuestro estátus de criaturas pone sobre nosotros responsabilidades mas que derechos.
El barro en manos de su alfarero, está sujeto a la voluntad y al diseño que tengan para el, no tiene opinión sino que es moldeado según lo que mejor le parezca a su afarero. Dios se identifica como el alfarero y a su pueblo como el barro.
¿El barro podrá decir al alfarero porque me hiciste asi? No, sería absurdo, de la misma manera que un hombre alterque con Dios diciendo porque me hiciste así.
El existencialismo es un intento del barro diciendo a su creador, porque me hiciste así. El existencialismo enseña que el hombre primero se define y luego actúa, lo opuesto a la doctrina biblica del hombre, en la que entendemos que Dios nos define y nos da significado y propósito, y en base a eso vivimos y actuamos, el existencialismo hace lo opuesto, intenta cortar las cuerdas que le unen a su creador, diciendo, tu no me defines, yo me defino sin tu ayuda.
Esto es un intento de ser como Dios, el querer imponer significado y propósito a nosotros mismos, es querer declarar al hombre como el “yo soy” el autoexistente.
El ser definido es una ofensa para el hombre autónomo, porque lo pone en un estátus de criatura y esto no lo puede tolerar.
Por el contrario la perspectiva bíblica sobre esto la leemos en el salmo 8
Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos,
La luna y las estrellas que tú formaste,
Digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria,
Y el hijo del hombre, para que lo visites?
¿Qué somos? polvo, y aún así al Señor le plació darnos un lugar privilegiado dentro de su creación.
Ahora la rebelión del barro no solamente es una cuestión de pensamiento sino de obra también, podemos altercar con Dios no solo en el pensamiento con nuestra inconformidad con el estátus de criatura, sino con nuestra ética o manera de vivir. Recuerda las ideas traen consecuencias.
¡Ay de los que se esconden de Jehová, encubriendo el consejo, y sus obras están en tinieblas, y dicen: ¿Quién nos ve, y quién nos conoce?! Vuestra perversidad ciertamente será reputada como el barro del alfarero. ¿Acaso la obra dirá de su hacedor: No me hizo? ¿Dirá la vasija de aquel que la ha formado: No entendió?
Este ay hace eco a lo que PAblo dice en Romanos 1:18
Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad;
Aquellos que se esconden de Jehová y encubren el consejo son los mismos que suprimen con injusticia la verdad, no dan gloria a Dios sino que se extraviaron en sus razonamientos. Dice Isaías que su maldad les erá contabilizada, la maldad del barro que se creyó alfarero.
No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.
El llamado es a no conformarnos a este siglo sino transformarnos por medio de la renovación de nuestro entendimiento, una vez hecho esto nuestras obras serán agradables a Dios, para el hombre regenerado el ser barro no le es una maldición sino una bendición. La renovación de nuestro entendimiento significa contentarnos con lo que dice Dios que somos.
Somos criaturas, solo asi podremos comprobar la buena voluntad de Dios agradable y perfecta, aquí empieza, reconociendo que no somos dioses. Somos barro en manos de nuestro Señor.
