¿QUIÉN ES JESUCRISTO?

LOS 7 YO SOY DE JESUS  •  Sermon  •  Submitted   •  Presented
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Jesús es el único que puede satisfacer el hambre espiritual que existe en el corazón del hombre

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Para muchos, Jesús simplemente fue un maestro, un hombre piadoso que iba deleitando a la gente con sus historias llenas de sabiduría. Para otros, Jesús era un religioso. Un ser que vivió experiencias personales con Dios.
Un hombre que contaba con una fuerza atrayente por su integridad.
Quienes señalan a Cristo como religioso sustentan su declaración por observar su disciplina para orar aun de madrugada (Lucas 6:12). Afirman que la vida de Jesús era de frecuente oración, que los mismos discípulos le rogaron que les enseñara a orar (Lucas 11:1).
Otro grupo de personas ha considerado a Jesús como el revolucionario social creyendo que vivió para defender ciertos intereses políticos, cuando en realidad enseñó una nueva forma de vivir. Una forma de ser más allá de las barreras de las culturas judía y romana. Jesús caminó por la vida lleno de compasión y acciones de bondad para sus semejantes, mostrando el camino para llegar a Dios.

EL CAMINO, LA VERDAD Y LA VIDA

Jn. 14:5–6 (1–6)
Juan 14:1–6 RVR60
1 No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. 2 En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. 3 Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis. 4 Y sabéis a dónde voy, y sabéis el camino. 5 Le dijo Tomás: Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino? 6 Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.

ESQUEMA

1. Jesús da indicaciones precisas.

2. Yo soy el camino.

3. Yo soy la verdad.

4. Yo soy la vida.

4.1. Dios es el autor de la vida material.

4.2. Dios es el autor de la vida eterna.

5. Sólo se llega al Padre a través de Jesús.

CONTENIDO

Hace algunos años, ciertas instrucciones erróneas estuvieron a punto de hacernos perder un vuelo desde Holanda a España. Buscábamos la puerta D60, por lo menos eso era lo que indicaba nuestra tarjeta de embarque, y lo que nos había señalado una amable azafata de tierra, pero al llegar allí no había nadie.
En el último momento se cambió el número de la puerta de embarque por otra que estaba casi en el extremo opuesto del aeropuerto.
Quien nos dio esas instrucciones era representante de una prestigiosa compañía aérea, vestía como tal, llevaba el uniforme reglamentario, así como su identificación personal, pero sus indicaciones estaban completamente equivocadas.
También hoy en día, hay personas que se presentan como seguidores de Cristo, incluso como ministros del Evangelio y representantes del Señor, pero algunas veces, sus indicaciones son falsas.

Por eso es tan importante saber a quién escuchar.

1. Jesús da indicaciones precisas

En esta lectura de Juan, que es una de las más profundas de todo el Evangelio, se muestra cómo los discípulos, al enterarse de que el Maestro se iba a separar de ellos y los iba a dejar solos, en un mundo que los odiaba porque no pertenecían a él, quedaron sumidos en una profunda angustia.

De ahí que Jesús les diga: No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí.

La fe es lo único que puede ayudar a superar la amargura de la separación y la soledad, pero, además de la fe, está la promesa de que en la casa del Padre hay muchas moradas para los seguidores de Cristo.

Sin embargo, Tomás no se conforma con esta promesa y quiere indicaciones geográficas más precisas: Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo pues podemos saber el camino?

Jesús le hace entender que lo que les falta, y lo que nos falta también a nosotros hoy, es una mirada más iluminada por la fe.

Para conocer el rostro del Padre debemos escudriñar más al Maestro.

Lo que necesitamos no son visiones angélicas o escatológicas, profecías sonoras compartidas al oído, o especulaciones futuristas acerca de quién será el anticristo, sino una fe capaz de mostrar al mundo cosas maravillosas en nuestra propia vida.

Es como si Jesús hubiera respondido al discípulo incrédulo:

“¡Mira Tomás, no te preocupes tanto por el más allá y aprende a caminar por la vida con la verdad del Evangelio, porque yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre, ¡sino por mí!”.

2. Yo soy el camino

Cuando Jesús afirma “Yo soy el camino”esto implica no solo una ruta física, sino una manera de vivir y de acceder a algo.

Para los judíos la palabra “camino” tenía un significado mucho más profundo que para nosotros en la actualidad, y les traía a la mente ciertas sugerencias muy familiares como las siguientes:

Desde la época en que se escribió el libro de Isaías (40:3), en el que se hablaba de preparad camino a Jehová, diversos grupos religiosos se autodenominaron el “camino”, como los esenios de Qumrán.

Isaías 40:3 RVR60
3 Voz que clama en el desierto: Preparad camino a Jehová; enderezad calzada en la soledad a nuestro Dios.

Para ellos, el camino era el seguimiento fiel a la ley de Moisés.

Hay muchos textos en el Antiguo Testamento que hablan de los caminos de Dios, así como del camino que deben seguir los hombres.

Personajes bíblicos como David, Moisés, Isaías y Salomón se refieren, a menudo, al camino de la vida, en un sentido de conducta moral a seguir.

Sin embargo, lo que Cristo dijo acerca de sí mismo, sobrepasa con mucho cualquier otra promesa de la Historia.

Jesús nunca dudó en colocarse en el mismo plano que el Padre.

Otros fundadores de religiones, o maestros de las mismas, han dicho dónde estaba el camino, han querido dirigir a sus seguidores por diferentes senderos, pero sólo Cristo afirmó, de manera categórica, que Él era el camino.
Por ejemplo:
Confucio dijo: Seguidme, encontraréis el camino a Dios.
Mahoma, por su parte, señaló: Ven, y te mostraré el camino.
Ciertos movimientos como el de la Nueva Era predican: Concéntrate en ti mismo, y descubrirás el camino.

Pero sólo Jesucristo afirma: Yo soy el camino.

Lewis Carrol, el famoso escritor del siglo XIX, en su magistral cuento infantil, Alicia en el país de las maravillas, explica cómo Alicia en su recorrido subterráneo llega a un cruce de caminos, y no sabe qué camino tomar; en ese momento, se le aparece un conejo y Alicia le pide que le diga cuál es el camino que debe seguir.
El animal le pregunta a ella: ¿A dónde quieres ir?.
Ella, titubeante, le responde que no lo sabe.
Entonces, el pequeño conejo le dice: ¡Pues, si no lo sabes, cualquier camino sirve!
Hay gente que no sabe cuál es el sentido de su vida, por eso le da igual un camino que otro.

Sin embargo, el Señor Jesús dice: ¡Yo soy el camino que conduce a Dios!

¡Sígueme a mí, pisa sobre mis huellas, y yo te llevaré a la casa del Padre, a la morada eterna!

¿Alguna vez te has encontrado perdido en una ciudad extraña?
Uno puede buscar una determinada dirección, pregunta a cualquier persona y éste, dispuesto a ayudar dice:
“¡tome la primera calle a la derecha, después la segunda a la izquierda, cruce la plaza, detrás de la iglesia que hay allí verá un semáforo, páselo y luego de atravesar tres manzanas de casas, doble a la derecha”.
¡Qué gran lio!
Sin embargo, es muy diferente encontrar a alguien que nos dice: “¡Venga, yo le llevaré hasta el lugar que usted busca!”.
¡Qué distinta situación!

Jesús no se limita a darnos consejos o indicaciones acerca de cómo llegar.

Él nos toma de la mano y camina a nuestro lado, nos fortalece, nos dirige todos los días de la vida.

No sólo nos habla acerca del camino, sino que nos dice que Él mismo es el auténtico camino.

Hechos de los Apóstoles 4:12 NBLA
12 »En ningún otro hay salvación, porque no hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres, en el cual podamos ser salvos»

Jesús no es solo un maestro que muestra el camino, sino que Él mismo es el único medio de acceso al Padre (Juan 14:6)

Isaías 35:8 NBLA
8 Allí habrá una calzada, un camino, Y será llamado Camino de Santidad. El inmundo no viajará por él, Sino que será para el que ande en ese camino. Los necios no vagarán por él.

Jesús no es simplemente uno de los muchos caminos, sino el único camino que nos lleva a una relación correcta con Dios.

El camino de Jesús no es simplemente seguir Sus enseñanzas morales, sino abrazar a Cristo en Su totalidad, incluyendo Su sacrificio y resurrección, imitar su carácter.

Hoy en día, esta enseñanza nos invita a evaluar los "caminos" que estamos siguiendo en la vida.

Muchos buscan soluciones en filosofías modernas o religiones alternativas, pero Jesús nos llama a seguir Su camino exclusivo hacia la salvación.

Para la iglesia, proclamar a Jesús como el único camino es fundamental en medio de un mundo que promueve diversas vías hacia la verdad espiritual.

La iglesia debe ser clara en su mensaje de que sólo en Cristo hay salvación.

3. Yo soy la verdad

Jesús también se declara “la verdad”.

Se refiere a algo que es auténtico, confiable y eterno.
En el contexto del Evangelio de Juan, "verdad" no solo significa veracidad o precisión, sino la revelación completa y final de Dios en Jesucristo (Juan 1:14).
No es lo mismo enseñar la verdad que ser la verdad.
A lo largo de la Historia ha habido muchos pensadores que han expresado grandes verdades, pero ninguno fue la encarnación de la verdad.
Una cosa es la verdad científica, filosófica o académica, y otra muy distinta la verdad moral.
En nuestro tiempo, estamos acostumbrados a que la personalidad de quien enseña la verdad académica no afecte demasiado a su mensaje.
El estilo de vida del profesor que enseña medicina, historia, astronomía o matemáticas en cualquier universidad, no suele influir apenas sobre las enseñanzas que imparte, o sobre los propios alumnos.
Sin embargo, si alguien pretende enseñar moralidad o ética, su personalidad resulta esencial.
Una persona amargada que predica la necesidad de la alegría,
O un egoísta que muestra el valor de la generosidad,
Así como una personalidad dominante que enseñe la belleza de la humildad,
O una criatura irascible que pretenda inculcar serenidad,
Están todos ellos condenados de antemano al fracaso; porque la verdad moral no se puede transmitir sólo con palabras, sino que es necesario predicar con el ejemplo.
Y aquí es donde fallamos estrepitosamente hasta el más grande de los seres humanos.

Ningún maestro ha podido decir jamás lo que dijo Jesús: Yo soy la verdad.

Hoy la verdad es relativa y depende mucho de tus sentimientos…verdades como:
Mirando a la distancia
Pequeño todo es
Y los miedos que me ataban
Muy lejos los dejé
Voy a probar qué puedo hacer
Sin limitar ni proceder
Ni mal ni bien ni obedecer
Jamás
Libre soy, libre soy
Sin preocuparse
Es como hay que vivir
A vivir así
Yo aquí aprendí
Hakuna matata
Yo tengo derecho de portarme mal pa pasarla bien
Estoy suelta y ahora puedo hacer lo que quiera
Se pasa rico soltera
Nadie va a decirme cómo me debo comportar
Con dinero y sin dinero
Hago siempre lo que quiero
Y mi palabra es la ley
No tengo trono ni reina
Ni nadie quien me comprenda
Pero sigo siendo el rey

El sentido de la palabra “verdad” en hebreo es “fidelidad”, algo en lo que se puede confiar o que ofrece confianza.

Juan 8:32 NBLA
32 y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres».
Recuerdo que cuando era un niño de tan sólo tres años, me tiraba en brazos de mi padre con absoluta decisión y confianza.
Estaba convencido de que él me atraparía en el aire y no me dejaría caer al suelo.
Mi papá era para mí la verdad y esto me daba valor para lanzarme al vacío, porque tenía fe en él, confiaba en que siempre me recogería a tiempo.

Pues, también, de la misma manera, Cristo nos dice: ¡Salta, suéltate, confía sin reservas, porque yo soy la verdad!

Él no engaña, no defrauda, no decepciona jamás.

Salmo 119:160 NBLA
160 La suma de Tu palabra es verdad, Y eterna cada una de Tus justas ordenanzas.

Este versículo refleja cómo la palabra de Dios, y por extensión Jesús, es la verdad eterna.

Hoy, esta verdad nos desafía a rechazar el relativismo y a buscar la verdad objetiva en Cristo.

Nos llama a confiar en Su Palabra y a vivir conforme a ella.

La iglesia debe ser defensora de la verdad de Cristo, confrontando las falsas enseñanzas y manteniéndose firme en la enseñanza bíblica.

Jesús no es solo quien enseña la verdad, sino que Él mismo es la encarnación de la verdad divina.

En un mundo lleno de engaños, Él es la verdad absoluta.

4. Yo soy la vida

Jesús afirma que Él es “la vida”, lo que implica que Él es la fuente tanto de la vida física como espiritual.
La palabra griega para vida, "zoē", significa vida en su sentido más pleno y abundante.
Jesús ofrece vida eterna, una vida que trasciende la muerte
Juan 11:25–26 NBLA
25 Jesús le contestó: «Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en Mí, aunque muera, vivirá, 26 y todo el que vive y cree en Mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?».

La vida que Jesús da no es solo una existencia futura, sino una vida nueva y transformada aquí y ahora.

Jesús tiene vida en sí mismo, por eso puede comunicarla a los demás

Juan 5:26 NBLA
26 »Porque como el Padre tiene vida en Él mismo, así también le dio al Hijo el tener vida en Él mismo;

4.1. Dios es el autor de la vida material

Dios es el autor de la vida física, de esa propiedad misteriosa de auto organización y reproducción que posee la materia, y que todavía hoy la ciencia no acierta a comprender demasiado bien:
Juan 1:3 NBLA
3 Todas las cosas fueron hechas por medio de Él, y sin Él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.

El evangelista se refiere al Verbo, que es Jesús, y afirma:

Juan 1:4 NBLA
4 En Él estaba la vida, y la vida era la Luz de los hombres.
Si Jesús es el autor de la vida, todo acto que atente contra la vida es algo que atenta directamente contra el Hijo y contra el Padre.
Desde esta perspectiva, el aborto es un acto criminal, no sólo contra el embrión, sino también contra el mismo Creador de la vida.
¡Todo lo que atenta contra la vida, atenta contra Dios!

4.2. Dios es el autor de la vida eterna

Pero, además de la vida física, caduca y perecedera, Dios es también el autor de la vida eterna:

Juan 3:16 NBLA
16 »Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a Su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en Él, no se pierda, sino que tenga vida eterna.

Sin embargo, esta vida eterna no es para todo el mundo, sino para aquellos que aciertan a nacer de nuevo como Nicodemo; es decir, del agua y del Espíritu.

Dios da vida física a toda criatura, pero sólo da vida nueva al que cree en él.

Y esta vida eterna es aquella que no se puede destruir, que no se acaba, que está por encima del tiempo.

Es el tipo de vida característico de Dios.

Tal vida eterna produce en los creyentes una vida, aquí en la tierra, rica y abundante, una existencia caracterizada por la esperanza y el gozo.

Colosenses 3:4 NBLA
4 Cuando Cristo, nuestra vida, sea manifestado, entonces ustedes también serán manifestados con Él en gloria.

De ahí que las personas cristianas experimenten una existencia caracterizada por la alegría y el optimismo, a pesar de las múltiples dificultades de este mundo.

Se cuenta una anécdota relacionada con la biografía del reformador alemán Martin Lutero:
después de muchas luchas y de abandonar los hábitos de su orden religiosa, convencido de los errores de la Iglesia católica, contrajo matrimonio en 1525, a los 42 años, con Katharina von Bora, una monja que había dejado igualmente sus hábitos y que, por cierto, lo hizo muy feliz.
Un día ella se vistió de luto y le dijo a Lutero: Dios ha muerto.
Lutero le replicó: ¿Cómo puedes decir eso, ¿cómo sabes que ha muerto?
Ella, con gran serenidad le respondió: Pues por la vida que tú llevas, porque vives triste y preocupado como si Dios se hubiera muerto.
Hay esposas así, ¿verdad?

¡Hermanos, a veces llevamos vidas lúgubres y oscuras, como si nuestro Dios estuviera muerto o dormido!

Sin embargo, la existencia cristiana merece la pena vivirse con alegría porque es auténtica.

El creyente debe pararse de vez en cuando a reflexionar acerca de la vida que está llevando, y preguntarse:

¿con los recursos que el Señor me ha dado, estoy haciendo lo que debo o podría hacer otra cosa mejor para la extensión de su reino?

A veces, uno se acomoda a la ley del mínimo esfuerzo, al menor riesgo, a enterrar el talento y no comprometerse a nada,

¿pero es esto llevar una vida abundante?
¿Es que acaso nuestro Dios se ha muerto?

5. Sólo se llega al Padre a través de Jesús

¿De qué modo manifiesta Jesús la majestad del Padre?

¿Cómo nos lo hace conocer?

Ante todo, con sus palabras, con su enseñanza y su mensaje.

Pero, también, y sobre todo, mediante sus acciones, sus gestos, sus opciones y sus huellas.

Cuando vemos que Cristo se preocupa por los pequeños, los débiles y muestra una compasión especial hacia los que sufren;
cuando concede amplia mente perdón a los pecadores arrepentidos;
cuando devuelve la confianza a los descalificados;
cuando atiende a los marginados y ejerce misericordia con todo tipo de miseria humana;
cuando vemos que no esconde sus simpatías por los últimos y que se mantiene al margen de los poderosos,
que se muestra humano y cariñoso,
que llora por la muerte de un amigo,
que agradece los pequeños gestos de delicadeza de la mujer pecadora,
¡estamos aprendiendo del Padre, empezamos a vislumbrar cómo es en realidad el verdadero rostro de Dios!
No tenemos, pues, más remedio que concluir reconociendo que: ¡Dios es así!

Quién ha descubierto a Jesús ha conocido también al Padre, puesto que Él está en el Padre y el Padre en Él.

El Dios Padre no es una fría estatua de piedra inmovilizada en un templo, o un arca de la alianza que pocos podían ver, sino algo dinámico que camina entre su pueblo, en la tienda del nuevo éxodo.

La Iglesia de Cristo es una comunidad de personas que se mueven en el mundo para agrandar el reino de Dios.

El amor, la humildad y la sencillez de Jesús nos revela cómo es, en realidad, el Padre: un Dios amante que desea tener una relación personal con cada uno de sus hijos.

Juan 10:10 NBLA
10 »El ladrón solo viene para robar, matar y destruir. Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.

Hoy en día, esta afirmación nos llama a vivir en la plenitud de Cristo, no persiguiendo los deseos mundanos, sino buscando la verdadera vida en Su presencia.

Jesús se presenta como el Camino, la Verdad y la Vida, estableciendo que sólo a través de Él podemos tener acceso a Dios, conocer la verdad absoluta y recibir la vida eterna.

En un mundo que ofrece múltiples caminos y verdades, estas palabras siguen siendo un llamado claro y relevante hoy en día, tanto para individuos como para la iglesia.

La gente quiere la salvación… creyendo a Jesús

Pero muy pocos quieren el DISCIPULADO porque el discipulado tiene un costo.

Entonces Jesús dijo a Sus discípulos: «Si alguien quiere venir en pos de Mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y que Me siga. Mt 16:24.

¿Llevas tu cruz cada día?

Significa que algo debe morir: hábitos, planes, metas … cualquier cosa que se interponga en tu relación y obediencia a EL.

Tu principal prioridad como discípulo no es vivir para complacerte a ti, es vivir para El. Conocerlo bien.

Muchas veces tienes tu agenda llena, y Jesús te esta diciendo que dejes eso que mas amas, tu prioridad… deporte, amigos, negocio, trabajo… debes sustituirlo con mas tiempo con EL y su Palabra.

Hay un costo en seguir a Jesús… pero te aseguro que vale la pena 100%.

Cristo murió por ti… de seguro vale la pena seguir a Cristo.

El lo vale todo.

Desea todo Cristo

CONCLUSIÓN

1. ¿Quién es Jesús? Sin temor a fallar, responderé que es una persona sin precedentes. Jesús hizo y sigue haciendo milagros impresionantes. Cuando Juan el bautista se preguntaba si sería o no el Mesías, Jesús respondió: Id y contad a Juan lo que oís y veis: Los ciegos reciben la vista, y los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia el evangelio (Mateo 11:2–5).

2. Jesús es el único que tiene el poder para cambiarle el corazón al hombre y transformarle su vida.

Con frecuencia el Señor utilizó la expresión. He venido para… Él vino para dar su vida en rescate por muchos (Marcos 10:45); vino a buscar y a salvar lo que se había perdido (Lucas 19:10).

3. Jesús es el único que puede satisfacer el hambre espiritual que existe en el corazón del hombre. Jesús es el Señor, Salvador y fundador de la Iglesia. Jesús nunca fue ni loco ni mentiroso. Él dijo: Yo soy el camino, la verdad y la vida y nadie viene al Padre si no es por mí (Juan 14:6).

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