Cuando mereciamos castigo Dios envio a su Madre

Novena Guadalupe  •  Sermon  •  Submitted   •  Presented
0 ratings
· 15 views
Notes
Transcript

1. Donde a mí que la Madre de mi Señor venga a verme

No demos su amor por descontado.

Hoy iniciamos esta novena para conocer más y, por lo tanto, amar más a nuestra Madre. Con María puede suceder algo similar a lo que ocurre con nuestras propias madres: a menudo damos su amor por descontado, como algo garantizado, como si fuera su obligación, sin detenernos a reflexionar sobre todo lo que le debemos. A medida que crecemos, empezamos a darnos cuenta del enorme esfuerzo y sacrificio que nuestras madres han hecho por nosotros, y entonces buscamos formas de retribuirles ese amor.
De manera similar, con la Virgen María, damos por sentadas sus gracias, su intercesión y su protección, como algo seguro y garantizado, pero pocas veces meditamos en las razones y los motivos de ese amor.
Durante estos nueve días, trataremos de profundizar en su vida y en su amor maternal, para que podamos reconocer y agradecer todo lo que hemos recibido, muchas veces sin darnos cuenta.

Yo no merecía un castigo, sin embargo, has enviado a tu Madre.

San Pablo, con pocas palabras, dibuja muy bien el obrar de Dios: "Pero Dios demuestra su amor hacia nosotros porque, siendo todavía pecadores, Cristo murió por nosotros."(Rom 5:8) En los momentos en los que su pueblo amado más le fallaba, Dios respondía primeramente no con un castigo, sino prodigando más su amor. Les dio a Noé, les dio a Abraham, les dio a Moisés, les dio a los profetas.
Y en un desborde de su amor, envió a su Hijo, y en el momento en que lo crucifican, Cristo pide misericordia para ellos. En ese momento, cuando ellos habían cometido el pecado más horrendo, Cristo nos deja a su Madre, no como un premio, sino como la última tabla de salvación.
Algo análogo pasa en nuestras vidas. En los momentos en que el pecado ha hecho lo peor, Cristo nos da a conocer a su Madre. Antes de pasar a nuestra historia personal, miremos un poco el momento en que la Madre de Cristo fue digna de visitar estas tierras.

El Pueblo que caminaba en las tinieblas vio una gran luz.

Con la cruz vino la luz. La luz de Cristo hizo pasar a estos pueblos de las sombras de muerte a la paz de Cristo, como explica san Lucas.
"Por las entrañas de misericordia de nuestro Dios, el Sol naciente nos visitará desde lo alto, para iluminar a los que yacen en tinieblas y en sombra de muerte, y guiar nuestros pasos por el camino de la paz." (Lucas 1:78-79)
Eso aconteció aquí, pues cuando los españoles arribaron a estas tierras, se sorprendieron por las grandes pirámides, pero su sorpresa más grande fue cuando descubrieron su uso. Los mexicas (meh-chi-kas) tenían la idea de que el sol moría todos los días y solo podía volver a salir si ellos, el pueblo del sol, ofrecían sangre humana, pues esta es la sustancia de la vida.
De manera que sus dioses pedían sangre humana, tenían una visión totalmente contraria a la nuestra: para ellos, nuestra sangre era la que daba vida al sol, y ellos, muy generosos, no se la negaban.
Primero organizaban guerras constantes para poder capturar ofrendas, y a lo largo del año hacían sacrificios de todo tipo.
Para la lluvia ofrecían niños, pues su llanto atraía el agua del cielo. En la cima de la pirámide abrían el pecho de sus víctimas, ofrecían el corazón al sol, y la carne era dividida para el banquete. Si ustedes van hoy al centro histórico, pueden descender por la parte de atrás de la catedral y verán los muros de calaveras.
No es nada nuevo, el demonio es homicida desde el principio. Lo primero que Dios le pidió a los israelitas es no repetir las mismas abominaciones de esos pueblos que sacrificaban a sus hijos. Esto, que para ustedes parece un cuento, se sigue haciendo hoy, por ejemplo, en las oscuras selvas de Papúa, peor aún en la oscuridad del vientre de tantas madres, que deberían de proteger a sus niños, pero que permiten que san arrancados a pedazos.
¿Pero cómo obra Dios? ¿Enviando fuego del cielo como pedían los apóstoles, antes de su conversión? ¡No, envía primero el fuego de su caridad!
Y para curar en la profunda ignorancia y oscuridad de este pueblo, decide derramar su compasión y enviar por delante a su Madre. Para que en un pueblo donde reinaba la ignorancia en y la muerte resplandezca la vida y la luz de Cristo.

Su aparición la otra Visitación

Hay una clara analogía entre la visitación a su prima en los montes de Juda, y su aparición en el monte Tepeyac. Pues en Judea, Apenas la Virgen concibe al Hijo de Dios, se pone en camino a visitar a su prima, viene a traerles a Cristo.
Y la reacción es muy parecida: "¿Dónde a mí que la madre de mi Señor venga a verme?"
San Juan Diego: "¿Por qué a mí…?" No tienes otros más importantes, yo soy cola…
Ambos reconocen que no es por sus méritos, sino por la misericordia de Dios. Por lo tanto, al comenzar esta novena, no creamos que la devoción a la Virgen es un favor de nosotros hacia Cristo o hacia Dios.
Más bien, reconozcamos que, en nuestras miserias, Dios, lejos de abandonarnos, nos envía como tabla de salvación a su Madre, para que, por medio de ella, nos encontremos con Cristo.

Uno de los primeros milagros que se le conocen a la Virgen con su imagen es el milagro de la flecha:

Milagro de la flecha (1531): Corría el año 1531 y en Tepeyac ya se había construido la ermita, por lo que todo el pueblo organizó una procesión con el fin de venerar a la imagen de la Virgen de Guadalupe y llevarla a su ‘hogar’. Ante esto, una tremenda cantidad de gente se hizo presente en el evento, así que un arquero, por querer llamar la atención, lanzó un flechazo que fue a parar en la garganta de una persona, la cual cayó ‘muerta’. Las personas no supieron qué hacer más que llevarla ante la imagen de la Virgen, y a sus pies ‘resucitó’, mientras la flecha era retirada de su garganta, sin dejar herida alguna.
Este día pidámosle a la Virgen que retire de nuestra vida las flechas que a diario nos lanza el demonio, con las cuales muchas veces ha dado muerte a nuestra alma.
Ante su imagen, pidámosle resucitar de verdad y comenzar a vivir una vida libre de las flechas modernas, tanto para nosotros como para nuestros familiares: las flechas del alcohol, las flechas de la pornografía, la pérdida del tiempo en la electrónica, las apuestas
¿Que flechas están dando muerte a tu familia, a tu alma? ponlas delante de esta imagen y con fe invoca a tu madre
Madre mía, Tú que en el momento en que en estas tierras reinaba la muerte, viniste a traernos al autor de la vida, te pedimos que vengas nuevamente. Todos los días, mira cómo nuestros pecados han hecho resurgir aquellos demonios que siguen reclamando la vida de los inocentes. Hazte presente en nuestras vidas, en nuestras familias, en nuestros países, y vuelve nuestros corazones a ti, para que, desterrado el pecado, disfrutemos de la paz de Cristo.
Madre, no abandones a tus hijos.
Related Media
See more
Related Sermons
See more
Earn an accredited degree from Redemption Seminary with Logos.