Fundamentos del matrimonio

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Introducción

Efesios 5:30-32
El mundo ha “deconstruido” el matrimonio y la familia. O lo ha resignificado, le ha otorgado una nueva valoración adecuada a los intereses de cada uno (egoístas)
Si bien es de esperarse que la gente, en nuestra cultura, no entienda cuál es la verdadera definición del matrimonio; sería vergonzoso que los cristianos, tengamos la misma falta de claridad al respecto. Los creyentes somos llamados a que, a través de matrimonios bíblicos, podamos ser testimonio e influencia primero en la iglesia y luego por extensión en la sociedad en la que nos ha tocado vivir. Todo cristiano verdadero debe comprender que: ● El matrimonio, bíblicamente definido, es una institución divina. (Gen 2:18-24) ● El concepto cristiano del matrimonio es tan especial porque opera bajo las reglas de Dios, expresadas en Su Palabra. ● Un hombre o una mujer creyente se casan para glorificar a Dios viviendo el Evangelio en el matrimonio.
Principios generales Si queremos comprender lo que realmente es el matrimonio según Dios, entonces debemos dejar claro un principio general que trasciende todas las areas de la vida cristiana. La Escritura tiene todo lo que un creyente verdadero necesita para la vida y el vivir (2Ti 3:16-17). De esta forma; entonces podemos comprender el real significado del matrimonio (según Dios, y no según los hombres) , Lo valioso del matrimonio ante Dios y podremos evaluar los fundamentos de un matrimonio bíblico.
¿Qué es el matrimonio? Perspectiva no bíblica: El mundo define el matrimonio como una institución social (Wikipedia) o como la unión de dos personas (Diccionario RAE) para establecer y mantener una comunidad de vida e intereses.
el artículo 104 del código civil define el matrimonio como: “El matrimonio es un contrato solemne por el cual dos personas se unen actual e indisolublemente, y por toda la vida, con el fin de vivir juntos, de procrear, y de auxiliarse mutuamente.” El matrimonio es visto, en el mundo, como una convención social en la que los cónyuges según su propia voluntad pueden entrar y salir. Así, mientras una relación matrimonial satisfaga las necesidades de los individuos involucrados y se considere ventajosa por ambas partes, el matrimonio continuará. Si uno o ambos cónyuges deciden que estarán mejor mediante la ruptura del matrimonio, nada podrá evitar que persigan su propio interés. (divorcio es un problema que se acrecienta cada día) (en 2023 en chile 38.094 divorcios, la cifra mas bája, aún así representa cerca del 60% de los matrimonios realizados 65.000 en el año)
Perspectiva bíblica Por el contrario, la Escritura deja claro que el matrimonio no es una convención humana basada simplemente en un consenso temporal y una tradición consagrada. La Escritura enseña que el matrimonio es: ● Una institución divina, una relación ante Dios y bajo las normas de Dios (Gn 2:22). ● Un vínculo entre un hombre y una mujer, porque al principio de la creación, varón y hembra los hizo Dios (Mar 10:6). El hecho de que Dios haya definido que el matrimonio es entre un hombre y una mujer automáticamente elimina la posibilidad de un matrimonio igualitario; es decir un matrimonio entre personas del mismo sexo. ● Un vínculo permanente, un compromiso solemne, que la pareja realiza ante Dios: lo que Dios juntó, no lo separe el hombre (Mr 10:7-9). La palabra “juntó” significa unir, enyugar; así, el matrimonio es una unión indisoluble entre un hombre y una mujer que procuran, con mucho esfuerzo y trabajo, estar unidos en mente, voluntad, espíritu, emociones y cuerpo. Esa unidad indivisible se ve reflejada en la herencia de Dios que son los hijos (Sal 127:3). ● Un pacto que implica juramentos, votos, promesas, y que se establece ante Dios como testigo. El marido y la esposa prometen entre sí lealtad permanente y fidelidad “hasta que la muerte los separe”. ● Una nueva unidad familiar distinta de las dos familias originarias, ya que implica dejar padre y madre” (Gn 2:24); es decir a la familia de origen y unirse al cónyuge. ● Una nueva relación de parentesco entre dos individuos, previamente no relacionados (Lev 18:6); relación que se establece por el concepto “una sola carne”, la más íntima de todas las relaciones humanas, la unión sexual de un hombre y una mujer, la que además del placer mutuo tiene como propósito la procreación. ● El matrimonio bíblico involucra a tres personas: un marido, una esposa y Dios. Por esta razón, lo que regula la relación matrimonial es el compromiso mutuo del marido y la esposa de llevar a cabo su matrimonio basado en el diseño y el plan soberano de Dios, el cual está explícitamente señalado en Su Palabra. La implicación de esta verdad es muy significativa, porque esto quiere decir que los seres humanos, y en particular los creyentes, no son libres de redefinir el matrimonio en la manera que quieran, sino que están llamados a preservar y respetar lo que se ha instituido divinamente.
El origen del matrimonio (Gn 2:18-25) Dios proveyó para el hombre un lugar en Edén y le dio todo lo necesario para vivir. Sin embargo, Dios consideró: “no es bueno que el hombre esté solo” (Gn 2:18). Así que decidió hacer “ayuda idónea para él” En Gn 2:21-22 se nos dice que Dios “hizo (formó, construyó) una mujer”, y también nos dice que Dios “la trajo (la presentó, NVI; se la llevó, RVC) al hombre”, estableciendo así una clase de relación absolutamente nueva llamada matrimonio.
Dios hizo a la mujer de tal forma que el hombre pudiera entender que la mujer es parte de sí mismo. Y Adán entendió el mensaje, porque en Gn 2:23 dice “Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; ésta será llamada Varona, porque del varón fue tomada”.
Gn 2:24 nos dice “por tanto”; es decir, en vista de que esto es así, que la mujer es parte del hombre y son una sola unidad entonces “dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.” Así, Dios completa uno de los diseños centrales de Su creación; un hombre y una mujer en matrimonio.
El principio fundamental que debemos ver en la Escritura es que el matrimonio es obra de Dios y, como dijo J. Piper, lo más importante que debemos observar es que el matrimonio existe para la gloria de Dios. El matrimonio está diseñado por Dios para mostrar Su gloria de una manera en que ningún otro acontecimiento o institución puede hacerlo. Es por esta razón que no tenemos derecho a pervertir el matrimonio redefiniéndolo o adaptándolo según las normas del mundo. Tampoco tenemos derecho a ponerle término, porque Dios aborrece el divorcio (Mal 2:16).
Condiciones para un matrimonio bíblico El texto de Gn 2:18-25 nos presenta, además, cuatro condiciones que deben darse en una relación matrimonial, para que ésta refleje el propósito de Dios al crear el matrimonio.
Primera condición: el matrimonio es una relación complementaria y con roles. Esta condición la extraemos de Gn 2:18 y se encuentra en la expresión “ayuda idónea para él”. Desde el momento en que Dios llama “ayuda idónea” a la mujer se crea una estructura de funciones: un hombre como cabeza y líder de su esposa y una esposa siendo ayuda idónea del marido. Cuando esto no se entiende; cuando el hombre no entiende su rol de cabeza o no lo ejerce, cuando la mujer no entiende o no vive la realidad de ser ayuda idónea para su marido, surgen problemas en la relación matrimonial. El mal entendimiento de esta condición de complementariedad y de roles probablemente es el origen de muchos problemas
Segunda condición: el matrimonio es una relación autónoma y prioritaria. La segunda condición la obtenemos de Gn 2:24, en la expresión “el hombre dejará a su padre y a su madre”. La primera acción de un matrimonio es dejar. La palabra “dejará” significa alejarse, abandonar una relación de autoridad; en este caso la autoridad paterna. Esto implica independencia de los padres en todos los sentidos e incluye no sólo la separación física sino también la económica. Es imposible que el marido llegue a ser autoridad en el hogar y la esposa ayuda idónea, cuando la autoridad sigue siendo el padre o la madre de uno de ellos. Cuando los cónyuges permiten que los padres se involucren en el matrimonio, se generan muchos problemas. Dios está diciendo: “el hombre dejará a su padre y a su madre”. La relación matrimonial además de ser una relación autónoma debe ser prioritaria. Después de Dios la esposa es la persona más importante para el marido y viceversa. Si los cónyuges no se comportan ni se sienten así habrá problemas en la relación matrimonial.
Tercera condición: el matrimonio es una relación de unidad total. La segunda parte de Gn 2:24 dice: “y se unirá a su mujer, y serán una sola carne”. La expresión apunta a una relación de unidad total. ya que la palabra “unir” literalmente significa adherir, pegar, fundir en un solo ser. En el aspecto práctico, “unirá a” significa una entrega total, una entrega de todo corazón; comenzando por lo espiritual, y extendiendolo a toda área de nuestro ser, de tal modo que la unión sea también intelectual, emocional y física. Unidad significa que mi cónyuge es parte de mi en todas mis cosas, en todos mis intereses, en todo lo que yo hago. Hay personas que se casan pero no se unen. Hay una boda pero no hay un matrimonio real. El hombre se casa pero quiere seguir viviendo a su manera. Una mujer se casa pero quiere ser independiente de su marido. La unidad abarca también la intimidad sexual, como lo sugiere la expresión “y serán una sola carne”. El matrimonio autoriza la intimidad sexual y no sólo la autoriza, la ordena (1Co 7:3-5). Una cosa que debe estar clara es que fue Dios quien creó las necesidades sexuales del hombre y de la mujer, y junto con ello también creó los procesos mediante los cuales esas necesidades serían satisfechas. La intimidad sexual entre los esposos se expresa en la Escritura mediante el verbo “conocer”, que es un verbo de profunda dignidad e intimidad.
Cuarta condición: el matrimonio es una relación de total transparencia. La cuarta condición la tenemos en Gn 2:25y estaban ambos desnudos, Adán y su mujer, y no se avergonzaban”. La falta vergúenza no se refiere al hecho de que Adán y Eva tenían cuerpos perfectos. No era un tema físico sino una expresión del estado emocional que había en la primera pareja antes del pecado. Una relación de mutua transparencia, de mutuo cuidado que generaba un ambiente de seguridad, ningún miedo, nada que esconder, nada de qué avergonzarse, una relación arraigada en el compromiso de ser “una sola carne”. J. Piper comentando este versículo dice: ”no sentir vergüenza en una relación matrimonial requiere que quien te mire debe ser moralmente correcto y amable; de lo contrario, él o ella pueden encontrar una manera de avergonzarte”. Para tener una relación de transparencia se requiere un ambiente de santificación personal, de pureza personal. Sólo en una relación de ese tipo habrá seguridad mutua y los cónyuges podrán confidenciarse todo sin temor ni vergüenza. Ese ambiente de santificación personal sólo es posible para creyentes verdaderos que están en comunión con Dios por medio del Señor Jesucristo. Si bien el pecado, ha distorsionado esto, la condición sigue siendo algo digno a lo que todo matrimonio bíblico debe aspirar.
Para terminar, debemos recordar siempre que el pecado entro en el mundo por un hombre y así pasó a todos los hombres (Romanos 5:12), por tanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios (Romanos 3:23). Y por gracia y misericordia de Dios fuimos alcanzados y rescatados de la condenación gracias al precio que pagó Jesucristo en la cruz. (Romanos 5:8) Mirad cual amor nos ha dado el padre, para ser llamados hijos de Dios.
Ahora somos pecadores arrepentidos, que pasaron de muerte a vida, Pero seguimos viviendo en un mundo caído, a la espera del regreso de Cristo para llevarnos a su gloria. Debemos entender que son dos pecadores que unen sus vidas. Por lo tanto implica saber que el otro no es perfecto (aunque lo parezca)
¿Para qué nos casamos? Para la gloria de Dios
¿Qué deben reflejar nuestros matrimonios? El evanglio
Roles en el matrimonio
Efesios 5:22–33 RVR60
Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor;porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador.Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo.Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella,para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra,a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha.Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama.Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia,porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos.Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne.Grande es este misterio; mas yo digo esto respecto de Cristo y de la iglesia.Por lo demás, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo; y la mujer respete a su marido.
y volvamos a Efesios 5 y pongamos atención al versículo Efesios 5:18
Efesios 5:18 RVR60
No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu,
La clave para un matrimonio que busca agradar a Dios, con sus virtudes y defectos es “ser llenos del Espíritu Santo”
Ser llenos del espiritu implica que la persona de Cristo es formada en nosotros cada día, que nos esforzamos para dejar atrás todo vicio, todo afán, toda marca del pasado para vivir la vida de Cristo.
Malaquías 2:15 RVR60
¿No hizo él uno, habiendo en él abundancia de espíritu? ¿Y por qué uno? Porque buscaba una descendencia para Dios. Guardaos, pues, en vuestro espíritu, y no seáis desleales para con la mujer de vuestra juventud.
Dios busca una descendencia, una simiente, y si estudiamos este pasaje en su sentido final y mas profundo, es que Dios está buscando una descendencia para Él, no para nuestro beneficio, ni para nuestro placer. La descendencia de Dios es su hijo Jesús. El está buscando que Cristo sea formado en nuestras vidas.
Que nuestros matrimonios modelen el ejemplo y orden de la relación entre Cristo y la iglesia.
Que podamos ser padres que guian a sus hijos en el temor de Dios para formar discípulos de Cristo y el sea formado en sus vidas.
Como dice D. Harvey en su libro Cuando Dos Pecadores Dicen Acepto: “lo que creemos acerca de Dios determina la calidad de nuestro matrimonio”.
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