Quien es mas grande!
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El Grande en el Reino: La Importancia de ser como niñOs
El Grande en el Reino: La Importancia de ser como niñOs
Introduction:
Introduction:
En Mateo 18:1-10, los discípulos se acercan a Jesús preguntando quién es el más grande en el reino de los cielos. Jesús responde llamando a un niño, enseñando que solo aquellos que se conviertan y se parezcan a los niños serán los más grandes en Su reino. Además, advierte sobre la gravedad de hacer tropezar a uno de estos pequeños. Mateo 18:1-10 es un pasaje del Nuevo Testamento donde Jesús enseña importantes lecciones sobre la humildad, el cuidado por los más pequeños y el valor de cada persona.
Versículo 1
“En aquel tiempo, los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron: «¿Quién es el mayor en el Reino de los cielos?»”
Los discípulos querían saber quién tendría mayor importancia o autoridad en el Reino de Dios. Esto muestra que aún pensaban de forma terrenal, buscando posiciones de poder y prestigio. No entendían del todo que el Reino de los Cielos tiene valores diferentes a los del mundo: no se trata de poder, sino de humildad y servicio.
Versículos 2-3
“Él llamó a un niño, lo puso en medio de ellos y dijo: «De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el Reino de los cielos».”
Jesús usa a un niño como ejemplo porque los niños en esa época no tenían poder ni estatus social. Dependían completamente de los adultos para sobrevivir. Jesús dice que para entrar en el Reino de Dios es necesario “volverse como niños”. Esto no significa actuar infantilmente, sino:
1. Humildad: Reconocer que necesitamos a Dios y no depender de nuestro propio mérito.
2. Confianza: Tener fe sencilla y sincera, como la confianza de un niño en sus padres.
3. Pureza de corazón: Acercarse a Dios con intenciones limpias, libres de orgullo o ambiciones egoístas.
Versículo 4
“Así que, cualquiera que se humille como este niño, ese es el mayor en el Reino de los cielos.”
Jesús enfatiza que la verdadera grandeza no está en ocupar un lugar alto, sino en ser humilde. Humillarse como un niño significa dejar de lado el ego, aceptar nuestra pequeñez delante de Dios y servir a los demás con sencillez. En el Reino de los Cielos, el humilde es el que Dios exalta.
Versículo 5
“Y cualquiera que reciba en mi nombre a un niño como este, a mí me recibe.”
Jesús habla del valor que tienen los niños (y en general, las personas vulnerables). Recibirlos con amor, cuidado y respeto es equivalente a recibir a Jesús mismo. Esto implica:
Amor hacia los vulnerables: No solo hacia los niños, sino hacia cualquier persona necesitada o indefensa.
Representación de Jesús: Al cuidar a los más pequeños, reflejamos el amor y la atención de Dios por ellos.
Versículo 6
“Pero a cualquiera que haga tropezar a uno de estos pequeños que creen en mí, mejor le sería que se le colgara al cuello una piedra de molino y se le hundiera en lo profundo del mar.”
Jesús da una advertencia muy seria: hacer tropezar a los “pequeños” (que pueden ser niños o cualquier creyente con una fe sencilla) es un pecado grave. “Tropezar” aquí significa causar que alguien peque o se aleje de la fe.
Ejemplos de tropiezos: Malas influencias, abuso, mal testimonio o cualquier acción que afecte la fe de otro.
Gravedad del pecado: Jesús usa una imagen fuerte para mostrar lo terrible que es dañar la fe de alguien. La “piedra de molino” era una roca pesada usada para moler granos. Ser arrojado al mar con una de estas piedras simboliza el juicio severo para quienes destruyen la fe de otros.
Versículos 7-9
¡Ay del mundo por los tropiezos! Porque es inevitable que vengan tropiezos; pero, ¡ay de aquel hombre por quien viene el tropiezo! Si tu mano o tu pie te es ocasión de caer, córtalo y échalo de ti; mejor te es entrar en la vida cojo o manco, que teniendo dos manos o dos pies ser echado en el fuego eterno.
”Aquí, Jesús aborda dos temas importantes:
1.Tropiezos inevitables: Jesús reconoce que siempre habrá situaciones o personas que nos llevarán a pecar (tentaciones, pruebas, influencias). Sin embargo, advierte que quienes causen estos tropiezos enfrentarán un juicio severo.
2.Elimina lo que te hace pecar: Jesús usa un lenguaje extremo (cortar la mano o el pie, arrancar el ojo) para mostrar que debemos ser radicales al luchar contra el pecado. No se refiere a una mutilación literal, sino a tomar decisiones firmes para evitar aquello que nos aleja de Dios.
Si una relación, hábito, trabajo o cualquier cosa nos lleva a pecar, debemos apartarnos de eso, incluso si es doloroso o difícil.
La idea es que la salvación y la vida eterna valen más que cualquier cosa terrenal.
Versículo 10
“Mirad que no menospreciéis a uno de estos pequeños, porque os digo que sus ángeles en los cielos ven siempre el rostro de mi Padre que está en los cielos.”
Jesús concluye este pasaje subrayando la importancia de los “pequeños”. No solo los niños, sino todos los humildes y vulnerables, son especialmente valiosos para Dios. Jesús menciona que sus “ángeles” ven el rostro de Dios, lo que indica:
La protección divina: Dios cuida especialmente a los vulnerables.
Dignidad de cada persona: No debemos despreciar ni tratar mal a nadie, ya que todos tienen valor ante Dios.La Fuerza de la Humildad: Un Camino a la Grandeza
1. Primero, Pregunta la Grandeza
1. Primero, Pregunta la Grandeza
Matthew 18:1–3 “En aquel momento se acercaron los discípulos a Jesús, diciendo: ¿Quién es, entonces, el mayor en el reino de los cielos? Y Él, llamando a un niño, lo puso en medio de ellos, y dijo: En verdad os digo que si no os convertís y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos.”
Amada familia consideren que ser el más grande en el reino no depende de posición o logros humanos, sino de una transformación hacia la humildad y sencillez de un niño. Esta bondad infantil incluye confianza y dependencia total en nuestro Padre celestial, desechando todo orgullo y autosuficiencia.
2. Segundo, Siente la Humildad
2. Segundo, Siente la Humildad
Matthew 18:4–5 “Así pues, cualquiera que se humille como este niño, ese es el mayor en el reino de los cielos. Y el que reciba a un niño como este en mi nombre, a mí me recibe.”
Iglesia reciban a otros que son como niños en su humildad. Al recibir a estos, estás recibiendo a Cristo mismo. Este acto de amor y acogida simboliza la verdadera grandeza y honra que Dios busca, una que valora la pureza y sinceridad antes que estatus o reconocimiento.
3. Tercero, Cuida lo Frágil
3. Tercero, Cuida lo Frágil
Matthew 18:6–7 “Pero al que haga tropezar a uno de estos pequeñitos que creen en mí, mejor le sería que le colgaran al cuello una piedra de molino de las que mueve un asno, y que se ahogara en lo profundo del mar. ¡Ay del mundo por sus piedras de tropiezo! Porque es inevitable que vengan piedras de tropiezo; pero ¡ay de aquel hombre por quien viene el tropiezo!”
Piensen en lo severo que Jesús es acerca de hacer tropezar a los pequeños. Puedes reflexionar sobre cómo tu vida y tus acciones podrían influenciar a otros y la gravedad de desviar a estos "pequeños" de su camino de fe. Marca la seriedad de nuestro llamado a proteger y guiar a los vulnerables con amor y cuidado.
4. Cuarto, Corta el Pecado
4. Cuarto, Corta el Pecado
Matthew 18:8–9 “Y si tu mano o tu pie te es ocasión de pecar, córtatelo y échalo de ti; te es mejor entrar en la vida manco o cojo, que teniendo dos manos y dos pies, ser echado en el fuego eterno. Y si tu ojo te es ocasión de pecar, arráncatelo y échalo de ti. Te es mejor entrar en la vida con un solo ojo, que teniendo dos ojos, ser echado en el infierno de fuego.”
Eliminen lo que lleva al pecado. Puedes analizar cómo Jesús nos insta a eliminar todo obstáculo que nos aleje de la pureza infantil y la devoción en nuestra relación con Él. Aquí, el reino valora la pureza y nos desafía a ser implacables en la búsqueda de la santidad.
5. Quinto, Valora lo Pequeño
5. Quinto, Valora lo Pequeño
Matthew 18:10 “Mirad que no despreciéis a uno de estos pequeñitos, porque os digo que sus ángeles en los cielos contemplan siempre el rostro de mi Padre que está en los cielos.”
Amada Iglesia miren el valor de los pequeños a los ojos de Dios. Deberían recordar que los ángeles que los representan siempre ven el rostro de Dios, una afirmación del inmenso valor que estas "pequeños" tienen en el cielo. Nuestra misión es reconocer y reflejar este valor en cómo tratamos a los demás.
La humildad es una virtud que se manifiesta en nuestras relaciones con Dios y con los demás. A menudo, se considera que la humildad es debilidad, pero en realidad, es una fortaleza que nos permite reconocer nuestra dependencia de Dios y valorar a los demás por encima de nosotros mismos.
La humildad tiene su culminación en la vida y enseñanzas de Jesucristo, quien se humilló a sí mismo y se convirtió en un siervo por amor a la humanidad. A través de Su ejemplo, entendemos que la verdadera grandeza en el Reino de Dios se encuentra en servir y en abnegarnos a nosotros mismos.
La humildad es la clave para una vida plena y satisfactoria en Dios, al permitirnos crecer y servir en amor auténtico.
1. Comienza Con Carencia
1. Comienza Con Carencia
Matthew 5:3 “Bienaventurados los pobres en espíritu, pues de ellos es el reino de los cielos.”
La bienaventuranza de los pobres en espíritu nos enseña que el primer paso hacia la grandeza en el reino de los cielos es admitir nuestras propias limitaciones y dependencia total de Dios. Al adoptar una actitud humilde de sumisión a Él, encontramos consuelo y verdadera satisfacción espiritual. Tal vez este reconocimiento inicial de humildad sea el impulso necesario para abrir nuestros corazones a Su gracia abundante y a la comunión auténtica con los demás.
2. Ora Con Poca Presunción
2. Ora Con Poca Presunción
Luke 18:9–14 “Refirió también esta parábola a unos que confiaban en sí mismos como justos, y despreciaban a los demás: Dos hombres subieron al templo a orar; uno era fariseo y el otro recaudador de impuestos. El fariseo puesto en pie, oraba para sí de esta manera: «Dios, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: estafadores, injustos, adúlteros; ni aun como este recaudador de impuestos. »Yo ayuno dos veces por semana; doy el diezmo de todo lo que gano». Pero el recaudador de impuestos, de pie y a cierta distancia, no quería ni siquiera alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: «Dios, ten piedad de mí, pecador». Os digo que este descendió a su casa justificado pero aquel no; porque todo el que se ensalza será humillado, pero el que se humilla será ensalzado.”
A través de esta historia, tal vez notes cómo la autogloria nos ciega y nos aleja de Dios, mientras que la declaración humilde de nuestra insuficiencia nos acerca más. Al igual que el publicano, podríamos inclinarnos con un corazón humilde y encontrar la verdadera exaltación en el reconocimiento de nuestra necesidad de la misericordia de Dios. Esta humildad genuina en oración podría llevarte a una relación más cercana y sincera con Él y con los demás.
3. Imita Increíble Inspiración
3. Imita Increíble Inspiración
Philippians 2:5–8 “Haya, pues, en vosotros esta actitud que hubo también en Cristo Jesús, el cual, aunque existía en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse, sino que se despojó a sí mismo tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres. Y hallándose en forma de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.”
Él, siendo Dios, no consideró un saqueo el ser igual a Dios, sino que se despojó de sí mismo, tomando forma de siervo. Esta idea de sumisión total y servicio podría inspirarte a reflejar ese mismo sacrificio en tu vida diaria. Al imitar la humildad de Cristo, podrías descubrir que la verdadera grandeza y el propósito se encuentran en el servicio a los demás y en la entrega total a la voluntad de Dios.
4. Sométete y Sé Satisfecho
4. Sométete y Sé Satisfecho
James 4:10 “Humillaos en la presencia del Señor y Él os exaltará.”
Esta dinámica presente en Santiago 4:10 nos anima a someternos bajo la poderosa mano de Dios para ser exaltados en el debido tiempo. Tal vez al practicar la humildad, encuentres que Dios eleva tus circunstancias y te da una perspectiva de vida más plena y significativa, precisamente porque has decidido humillarte y confiar en Su soberanía. Podría ser el catalizador para un cambio personal y una esperanza renovada.
Mt 18:15–22
Mt 18:15–22
“Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndelo estando tú y él solos; si te oye, has ganado a tu hermano.”
Si alguien te hace algo malo, Jesús dice que lo mejor es hablar directamente con esa persona, pero de forma privada. El objetivo no es pelear, sino ayudar a la persona a darse cuenta de su error y arreglar la relación. Si esa persona escucha y entiende, habrás restaurado la paz entre ustedes.
Versículo 16
“Mas si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra.”
Si la persona no te escucha cuando hablas a solas, Jesús aconseja llevar a uno o dos testigos. Esto no es para acusar, sino para confirmar lo que se dice y asegurar que todo sea justo. Los testigos pueden ayudar a que la persona reflexione.
Versículo 17
“Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia; y si no oyere a la iglesia, tenlo por gentil y publicano.”
Si la persona sigue sin escuchar, Jesús dice que se debe informar a la comunidad de creyentes (la iglesia). Si aun así no cambia, entonces hay que tratarla como alguien que no pertenece al grupo (como un “gentil” o un “publicano”). Esto significa que, aunque se le debe seguir amando, la relación no puede ser la misma porque no está actuando como parte de la comunidad.
Versículo 18
“De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra será atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra será desatado en el cielo.”
Jesús le da autoridad a sus seguidores para tomar decisiones importantes en asuntos espirituales y comunitarios. Esto significa que lo que ellos decidan con justicia y en armonía con la voluntad de Dios, será respaldado en el cielo.
Versículo 19
“Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquier cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos.”
Jesús subraya el poder de la unidad y la oración en comunidad. Si dos o más personas están de acuerdo en algo y lo piden a Dios con fe, Él responderá porque valora la armonía entre sus hijos.
Versículo 20
“Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.”
Jesús promete estar presente siempre que sus seguidores se reúnan en su nombre, incluso si son pocos. Esto nos recuerda que no se necesita un gran número de personas para sentir la presencia de Dios, sino que lo importante es reunirse con sinceridad y fe.
Versículo 21
“Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete?”
Pedro le pregunta a Jesús cuántas veces debería perdonar a alguien que le hace daño. Él sugiere el número siete, que en esa cultura representaba algo completo o perfecto, pensando que era suficiente.
Versículo 22
“Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete.”
Jesús responde que no hay un límite para perdonar. “Setenta veces siete” no es un número literal (490), sino una manera de decir que debemos perdonar siempre. Jesús enseña que el perdón debe ser continuo, sin llevar cuentas.
Jesús enseña sobre cómo tratar a un hermano que peca contra nosotros, enfatizando la importancia del perdón y la reconciliación. Nos muestra que el perdón no es solo un acto, sino una actitud continua hacia los demás.
El mensaje central es que el perdón es esencial para nuestra vida cristiana y relaciones interpersonales. Al igual que Dios nos perdona, estamos llamados a perdonar a los demás, fomentando así la paz y la unidad en la comunidad.
Este pasaje refleja la esencia del ministerio de Cristo, quien vino a perdonar nuestros pecados y enseñarnos a vivir en gracia y amor mutuo. Su sacrificio en la cruz es el ejemplo supremo de perdón que debemos imitar en nuestras vidas diarias.
El perdón es un acto liberador que refleja la gracia de Dios en nuestras vidas, y debemos practicarlo continuamente para vivir en paz y unidad con los demás.
1. Primero, Procura la Reconciliación
1. Primero, Procura la Reconciliación
Matthew 18:15–17 “Y si tu hermano peca, ve y repréndelo a solas; si te escucha, has ganado a tu hermano. Pero si no te escucha, lleva contigo a uno o a dos más, para que toda palabra sea confirmada por boca de dos o tres testigos. Y si rehúsa escucharlos, dilo a la iglesia; y si también rehúsa escuchar a la iglesia, sea para ti como el gentil y el recaudador de impuesto.”
Este punto podemos practicarlo al buscar la reconciliación directamente con aquellos que nos han ofendido. Al seguir este proceso, no solo promovemos la paz, sino que también mostramos la gracia de Dios hacia nosotros mismos al tratar de restaurar la relación. Este enfoque puede cambiar completamente la manera en que experimentamos y respondemos a las ofensas, convirtiéndolas en oportunidades para reflejar el carácter de Cristo.
2. Segundo, Surge la Unidad
2. Segundo, Surge la Unidad
Matthew 18:18–20 “En verdad os digo: todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo. Además os digo, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo sobre cualquier cosa que pidan aquí en la tierra, les será hecho por mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.”
Jesús nos recuerda que cuando la iglesia se une para perdonar y restaurar, su presencia está allí para guiarnos. Este punto resalta la importancia del perdón en comunidad, recordándonos que no estamos solos en este camino y que el respaldo espiritual de la comunidad fortalece nuestras relaciones. La unidad y la oración juegan un papel clave para mantener la paz y la armonía.
3. Tercero, Practica el Perdón
3. Tercero, Practica el Perdón
Matthew 18:21–22 “Entonces se le acercó Pedro, y le dijo: Señor, ¿cuántas veces pecará mi hermano contra mí que yo haya de perdonarlo? ¿Hasta siete veces? Jesús le dijo*: No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.”
Aquí, Jesús nos confronta con la realidad de la gracia ilimitada de Dios que debemos emular. Instalando en nuestros corazones este hábito puede transformar nuestro ambiente personal y comunitario, liberándonos de las cadenas del resentimiento. Un compromiso serio con el perdón puede abrir la puerta a una vida llena de paz y reconciliación, tal como Jesús nos muestra.
Amada Iglesia recordemos que todos los puntos que hablamos en esta noche se tratan del amor a nuestro projimo. Como hemos mensionado muchas veces es facil amar a lo que nos aman pero cuan dificil es amar a los que nos han hecho dano.
