El sermón de las bienaventuranzas

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Texto base

Mateo 5:1–2 (RVR60)
Viendo la multitud, subió al monte; y sentándose, vinieron a él sus discípulos. Y abriendo su boca les enseñaba, diciendo:

Introducción

El sermón del monte, es uno de los sermones más impactantes y trascendentales de toda la historia de la humanidad y de toda la historia de los sermones , ¿por qué?, porque fue predicado por el predicador más trascendental de la historia del mundo y de los predicadores, Jesús de Nazaret, el más grande orador de todos los tiempos.
Con ello, es uno de los sermones con una de las introducciones más hermosas, que el día de hoy nos sirve como objeto de predicación. Cuando hablamos del sermón del monte, hablamos de las enseñanzas del reino de los cielos, por ello su introducción nos habla sobre ¿Quienes son parte del reino de Dios? o como lo conocemos, las bienaventuranzas.
Las bienaventuranzas son la introducción del sermón del monte y se componen de ocho bienaventuranzas, de las cuales quisiera que extrajéramos las lecciones para aplicarlas hoy a nuestra vida Cristiana.

¿Qué es una bienaventuranza?

Bienaventurado se puede traducir como dichoso o feliz en un grado superlativo y en el contexto griego se usaba la palabra MAKARIOS para referirse a un estado de felicidad, más allá de esta vida; Pero, en contra posición las bienaventuranzas del reino de Jesús inician en esta tierra.
Ahora bien, los griegos pensaban que no se podía tener realmente una felicidad en este mundo por las mismas circunstancias de este mundo, no se puede realmente ser feliz con la pobreza o la injusticia, pero nuevamente en contra posición Jesús denota la felicidad de los bienaventurados no por sus circunstancias o contextos externos, sino por su experiencia interior y espiritual con Dios. Es decir, que el gozo del cristiano no depende de la experiencia en este mundo, sino de la experiencia con Cristo en este mundo.
Es por ello que los ocho grupos de personas que Jesús contempla como dichosos no son los grupos que usted esperaría o que en ese tiempo se esperaría.
Haga una lista usted, de qué grupo de personas considera usted felices, una lista podría ser esta:
- Las personas con buena autoestima.
- Las personas con dinero.
- Las personas que no tienen de que lamentarse.
- Las personas que son libres.
- Las personas que están saciadas...
Pues ese grupo de personas no son felices por su condición en este mundo, sino por su relación con Cristo y de esos grupos de personas, Jesús, escogió para su reino, así que, seguramente usted se encuentra en uno o más de esos grupos, que nos recuerdan, cuál es la actitud que debe tener mi vida, para que entre el reino de Dios y su justicia.

Desarrollo

1. Los pobres en espíritu.

Mateo 5:3 RVR60
Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.
Algunos podrían pensar que se refiere a los pobres económicamente, pero el reino de los cielos no se compone de los necesitados en la esfera monetaria (Aunque algunos lo han querido convertir así, como el evangelio de la prosperidad) el texto nos deja ver más allá.
Esta pobreza esta trasladada a la esfera espiritual, más tampoco se refiere a los carentes de energía, entusiasmo o a los pasivos o con falta de entendimiento, juicio o intelecto.
Más bien se refiere a aquellos cuyos corazones no están llenos de altivez, soberbia, orgullo o vanidad, es decir, a los que no se hacen sabios en su propia opinión o se jactan de su mismo, es decir, los humildes en las cuestiones espirituales que reconocen que nada son y nada pueden y nada valen sin Dios.
—> En consecuencia, son los que deben todo a Dios y dependen absolutamente de la providencia divina, en otras palabras, los que están consientes de que son necesitados, los débiles en los que se fortalece el poder de Dios.
2 Corintios 12:9–10 RVR60
Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo. Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.
Esto como Cristianos de la actualidad nos lleva a recordar algunos principios:
Sal 51:17 = Que los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado y el corazón contrito y humillado.
Is 66:2 = Que Dios mira al pobre y humilde de espíritu.
Lc 18:9-14 = Que no debemos confiar en nosotros mismos, sino que como el publicano, debemos ser siempre necesitados de Cristo.
Is 57:15 = Que Jesús fue quebrantado y humilde de espíritu para vivificar-nos en medio de nuestro espíritu quebrantado y humilde

El mundo de la autosuficiencia

Hoy día existe un mundo en dónde la felicidad no se basa en la necesidad sino en la autosuficiencia, cuanto más personalmente estemos realizados, más estaremos en la cúspide de la felicidad; En medio del ego, muchos no sienten necesidad de Dios, no sienten necesidad de salvación y no sienten necesidad de ayuda, en su orgullo no hay Dios y en su necedad no necesitan nada de Dios, para ellos no es el reino de Dios ni las bienaventuranzas.
Más para los humildes, los pequeños que reconocen de la necesidad del creador, a ellos, por más pobres que los vea este mundo, esta abierto el reino de los cielos.
Cuando usted reconoce que Dios le dio la fuerza para trabajar, que le abrió las puertas de la oportunidad, y le dio la salud y la vida, usted es pobre en espíritu porque sabe, que sin Dios nada tendría; Ahora bien algunos comienzan siendo pobres en espíritu, pero caen en el error de caer en la autosuficiencia, olvidando que lo que que puede y tiene es por Dios y ponen su confianza no en Cristo, sino en las bendiciones de la que Cristo les permite gozar y trabajar con sus fuerzas.
Ahora bien, Salomón por Dios fue bendecido con su sabiduría, pero Salomón no necesitaba de sabiduría, solo de Dios, con el pasar del tiempo Salomón puso su confianza en su sabiduría y con todo ello, termino errando y adorando a otros dioses, porque se olvido que su mayor necesidad y lo digo de la siguiente manera para que se entienda: su mayor necesidad no era la sabiduría o su trabajo, negocio, familia, salud, dinero, posición, oportunidades, estudios, o sus proyectos sino Dios, su reino y su justicia.

El Cristiano auto-suficiente

Ahora bien en esta linea del cristiano auto-suficiente podríamos decir que el Cristiano humilde y pobre en espíritu es:
El que sabe que todavía tiene necesidad del culto.
El que sabe que todavía tiene necesidad de la oración.
El que sabe que todavía tiene necesidad de una iglesia y un pastor.
El que sabe que todavía tiene la necesidad de saber más de la palabra.
El que sabe que todavía tiene la necesidad de pedir perdón y perdonar.
El que sabe que todavía tiene necesidad de quebrantar su corazón
El que sabe que todavía tiene necesidad de pasar a un altar.
El que sabe que todavía tiene la necesidad de la oración de sus hermanos.
EL que sabe que todavía tiene necesidad de un consejo de la palabra.
EL que sabe que todavía tiene la necesidad el Espíritu Santo.
El que sabe que todavía tiene la necesidad de humillarse y menguar para que Jesús crezca.
Todos, todos, todos, los que aún reconocen diariamente su necesidad de Dios tienen abiertas de extremo a extremo las puertas de los cielos, sean felices en medio de esa humildad, que aunque simples necesitados para muchos, bienaventurados para el reino de los cielos, pues se nos abren las puertas de todo lo que necesitamos, el Reino del Rey supremo, donde no hay necesidad de sol, o agua, ni nada, porque todo lo llena ÉL.
Más ay de los altivos, los que no creen necesitar de Dios, los que cambian a Jesús por el beneficio, los que se sienten fuertes y sus días pasan sin sentir necesidad de cualquiera de estas cosas que sentiría un pobre en espíritu, ay de ellos, porque las puertas del cielo le serán cerradas.

Conclusión

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