EL CAMINO DE LA NAVIDAD
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ORACIÓN
INTRODUCCIÓN
Buenas tardes hermanos, y amigos que hoy nos visitan.
Hoy es un domingo muy especial, porque es el domingo previo a la celebración del nacimiento de nuestro Señor y Salvador Jesús. Estamos a solo unos días de celebrar la Navidad.
Sí, es cierto, con muchas restricciones, con muchas reglas, y un toque de queda que a lo mejor no nos permitirá celebrar de la manera que nos gustaría. Algunos, incluso pensarán que no hay motivos para celebrar. Después de todo, ha sido un año para el olvido.
Quizás la falta de trabajo por la pandemia, o el sufrimiento de haber tenido el COVID o haber perdido a algún familiar sean motivos para no celebrar. Ahora, no quiero ser insensible ni minimizar estos sentimientos que pueden ser bastante válidos.
Pero si quiero decirles, hermanos, y sobre todo a los amigos que hoy nos visitan, que a pesar de todo lo que ha ocurrido este año, hay un motivo muy grande por el cual podemos y debemos celebrar.
Cuando hablamos de la Navidad muchas cosas se nos vienen a la mente. Sin embargo, contrario a lo que piensan muchos, en la navidad no nos celebramos a nosotros mismo, no celebramos el tiempo familia, no celebramos la paz mundial, ni celebramos las obras de caridad a las que somos movidos por la época. No celebramos lo que la humanidad puede hacer o tener.
En Navidad celebramos un acontecimiento mucho mayor, mayor que el COVID y mayor que nosotros mismos.
Hoy será una predicación diferente porque no tendré un texto base, sino que pretendo caminar junto a ustedes por toda la Biblia para que encontremos el camino de la Navidad, y el verdadero motivo por el cual podemos y debemos celebrar.
I. EL INICIO DE ESTA HISTORIA - Génesis 1-2
I. EL INICIO DE ESTA HISTORIA - Génesis 1-2
Ahora bien, dicho esto, es cierto que la Navidad no tiene en el centro de su celebración al ser humano sino a Dios, pero también es cierto que el hombre juega un papel fundamental en la historia de la Navidad. Cuando pensamos en esta festividad, y en la narrativa bíblica lo más común es ir al evangelio de Lucas o de Mateo en el Nuevo Testamento. Pero la historia verdaderamente no comienza ahí.
Si queremos comenzar bien esta ruta de la Navidad, debemos ir precisamente al inicio de toda la historia, al libro de Génesis.
Cuando Dios creó los cielos y la tierra, diseñó todo de manera perfecta y armoniosa. Creó todo en un perfecto balance, en el que todas las leyes naturales establecidas por el creador funcionaban perfectamente. Y en el centro de su creación, Dios puso al hombre y a la mujer a quienes creó a su imagen y semejanza para trabajar y producir fruto en la tierra. El ser humano fue creado con el propósito de reflejar la gloria de Dios y el dominio de Dios sobre la creación.
El ser humano tenía acceso a toda la creación y la libertad de disfrutar de todo lo que Dios le había dado. Solo tenía un mandamiento, no comer del árbol de la ciencia del bien y del mal. Ahora, muchas preguntas nos podrían surgir acerca de esto, pero sea suficiente decir por ahora, que el este mandamiento y este árbol eran como un recordatorio de que el ser humano, aunque creado por Dios para gobernar la tierra, estaba sujeto a un Rey Mayor, a Dios.
Era como un semáforo, que le recordaba al hombre que su libertad y su dominio sobre la tierra estaban aún sujetos a un Rey Superior, al único y soberano Dios.
Pero el ser humano, engañado, pensando que así le iría mejor en la vida, decidió no tener ningún rey por encima de él, sino que quiso convertirse en el soberano sobre su vida. No le gustó la idea de estar sometido a un Rey, sino que quiso ser como Dios. Engañado, estafado por la serpiente desobedeció y Ésta es la historia que encontramos en Génesis 1 y 2.
II. LA PROMESA DE UNA SIMIENTE VICTORIOSA - Génesis 3:15
II. LA PROMESA DE UNA SIMIENTE VICTORIOSA - Génesis 3:15
Y es a partir de la caída del ser humano, que todo comenzaría a desviarse de su propósito inicial. El hombre ya no refleja la imagen de Dios, sino que refleja su propio egoísmo y maldad. La creación ya no reflejaba el reino de Dios, sino el reino del pecado y la maldad, representados en la serpiente y la desobediencia humana.
Es aquí, cuando encontramos nuestra primera parada en esta ruta. La primera vez que se nos habla de la Navidad en la Biblia es en Genesis 3:15.
Esta primera parada, se llama la promesa de una simiente victoriosa. Génesis 3:14-15 "Y Jehová Dios dijo a la serpiente: Por cuanto hiciste esto, maldita serás entre todas las bestias y entre todos los animales del campo; sobre tu pecho andarás, y polvo comerás todos los días de tu vida. Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar"
Justo después de la rebelión humana y de la serpiente, Dios prometió que vendría una simiente humana, es decir, un descendiente humano que haría una herida mortal a la serpiente y su reino. Ésta es la promesa de un hombre victorioso, que nacería de la mujer y vendría a poner fin a lo que la serpiente comenzó en el Edén.
De modo que, aunque ahora eran echados fuera del paraíso, el hombre y la mujer no fueron dejados sin esperanza. Dios prometió que vendría uno que sí podría cumplir con el propósito por el cual Dios creó al hombre, reinar perfectamente reflejando para siempre la gloria de Dios.
Sin embargo, en el libro de Génesis se nos sigue narrando como la humanidad fue en decadencia. A tal punto, que se nos dice en Génesis 6:5 "Y vió Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal".
III. UNA BENDICIÓN PARA TODAS LAS FAMILIAS DE LA TIERRA - Génesis 12:1-3
III. UNA BENDICIÓN PARA TODAS LAS FAMILIAS DE LA TIERRA - Génesis 12:1-3
A pesar de esto, Dios en su palabra seguía recordándonos que su promesa de que un día una simiente victoriosa vencería a la serpiente para siempre seguí vigente. Esto no lleva a la segunda parada en nuestra ruta. Es la promesa de una bendición para todas las familias de la tierra.
En Génesis 12 encontramos la historia de Abram, a quien Dios escogió para hacer de él la nación por medio de la cual, ésa simiente prometida en Génesis 3:15 vendría a este mundo. Por eso le dice lo siguiente Génesis 12:1-3 "Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que yo te mostraré. Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás de bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra"
Dios escogió a un hombre por medio del cual cumpliría su propósito de enviar a este mundo una simiente que reinaría para siempre y reflejaría la gloria de Dios. Una simiente humana perfecta. Abram no era esa simiente; sino que de su descendencia saldría aquel hombre.
En Gálatas 3:16"Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice: Y a las simientes, como si hablase de muchos, sino como de uno: Y a tu simiente, la cual es Cristo"
De modo que, esta promesa que recibió Abraham en la que sería de bendición para todas las familias de la tierra, nos habla en realidad de aquel que nacería de la familia de Abraham y bendeciría a todas las familias de la tierra.
De Abraham nace el pueblo de Israel. Pueblo que debía ser diferente a todas las naciones. Dios los escogió cuando esocogió a Abraham su padre para que fuesen de bendición. Pero el pueblo de Israel rápidamente mostró que también estaba lleno de la misma rebelión y maldad que se nos describe en Génesis 6.
III. LA NECESIDAD DE UN GUÍA - Jueces 21:25
III. LA NECESIDAD DE UN GUÍA - Jueces 21:25
Los descendientes de Abraham tampoco querían reconocer el reinado de Dios sobre sus vidas, y rápidamente se apartaron de Él. Comenzaron a imitar la conducta de las otras naciones, y en vez de ser luz en medio de la tinieblas, reflejaron la oscuridad que había en sus propios corazones.
La siguiente parada de esta ruta nos lleva a considerar la necesidad de un guía, un rey que nos dirija hacia el camino correcto.
Dada la maldad del hombre, la humanidad se encuentra perdida, sin dirección, sin rumbo, sin saber qué hace ni porqué. Donde el propósito de la vida lo define cada uno, donde los valores morales son juzgados de manera individual y dependiendo de la persona. Donde la verdad no existe, sino que cada uno puede forjarse su propia verdad y vivir hasta las últimas consecuencias de ella, sin importar cuánto daño cause a otros.
La maldad del hombre le llevó a rechazar la guía de Dios para hacerse a si mismo brújulas rotas que intentan regresar al camino.
He escuchado a algunos autores que estamos en la época de la posmodernidad, donde la verdad ya no existe, la moralidad es subjetiva, y el propósito de la vida es hacer cualquier cosa que me haga feliz o me traiga placer. Tengo libertad para hacer cuánto me de la gana y nadie me puede juzgar mas que yo mismo. Y es cierto, vivimos en esos tiempos, en los que estamos perdidos buscando el rumbo de la vida, sin saber realmente adónde vamos.
La humanidad está perdida sin guía, y sin posibilidad alguna de encontrar el camino correcto por si misma.
Lo mismo le pasó a los descendientes de Abraham, aquel país por medio del cual la simiente prometida en Génesis vendría a este mundo para ser de bendición a todas las familias de la tierra, se encontraba ahora perdida y sin rumbo al igual que nosotros en nuestros tiempos.
En Jueces 21:25 "En estos días no había rey en Israel; cada uno hacía lo que bien le parecía"
No había un concepto claro de lo que era bueno o malo, no sabían exactamente qué debían hacer y porqué, sino que cada uno seguía sus propios deseos egoístas y malos sin importar las consecuencias que eso trajera para su propia vida y la de los que les rodeaban. Es por eso que este concepto de posmodernidad no es en realidad nada nuevo. La posmodernidad no es el resultado de haber experimentado la era moderna y rechazar sus valores, no, la posmodernidad ha existido desde antes de la modernidad, porque la posmodernidad es simplemente la expresión del mismo rechazo a Dios que vimos en Génesis 3, y que vemos en el libro de los Jueces, donde vemos un pueblo sin Rey. Un pueblo en el que cada uno era su propio rey. No había guía ni nadie que marcara el camino correcto.
IV. NO CUALQUIER REY - 1 Samuel 8:7
IV. NO CUALQUIER REY - 1 Samuel 8:7
Ahora, el pueblo de Israel se dio cuenta de su necesidad de tener un rey que los guiará por el camino correcto, que les hablara la verdad y que juzgara justamente sobre ellos. Habían experimentado la post-modernidad, y los cierto es que no les resultó tan bien como esperaban.
El problema, es que buscaron la solución en el lugar incorrecto. Pensaron que necesitaban un rey y listo. Pensaron que con cualquier rey bastaría. Pensaron que un sistema monárquico solucionaría sus problemas del corazón.
En 1 Samuel 8:5-7 "Y le dijeron: He aquí tú has envejecido, y tus hijos no andan en tus caminos; por tanto, constitúyenos ahora un rey que nos juzgue, como tienen todas las naciones... v.7 Y dijo Jehová a Samuel: Oye la voz del pueblo en todo lo que te digan; porque no te han desechado a ti, sino a mí me han desechado, para que no reine sobre ellos"
El pueblo quería un rey, cualquier rey, siempre que no fuera Dios. Es exactamente lo mismo que ocurre en nuestros días. El clima político que vivimos es de locos, no solo en España, en Estados Unidos y en cualquier otro país del mundo, las personas tiende a poner su esperanza en un presidente, un rey, un líder humano, un político que pueda solucionar todos nuestros problemas, cuando el verdadero problema no es el sistema, sino el corazón del hombre.
La humanidad no necesita un rey que nos guíe a un sistema político-económico correcto, sino un rey que guíe nuestro corazones de la oscuridad a la luz.
El pueblo de Israel, quienes habían sido escogidos para que la simiente de Génesis 3 naciera, y fuese de bendición a todas las familias de la tierra habían experimentado la post-modernidad, habían jugado con la subjetividad moral y la subjetividad de la verdad, y probaron las consecuencias terribles de esto. Pero pensaron que un rey cualquier los ayudaría. Quería un rey, cualquier rey, pero que no sea Dios.
¿Cuál fue la consecuencia? Solo tiene que leer el libro de 1 y 2 de Reyes, los reyes humanos que reinaron sobre Israel fueron en su mayoría corruptos, y los que de alguna manera fueron temeroso del Señor no podían solucionar el verdadero mal del pueblo. Por eso esta parada en nuestra en el camino de la Navidad se llama no cualquier rey.
Y nos aceramos cada vez más al clímax de esta historia. Hemos visto hasta ahora, el inicio de la historia, hemos escuchado sobre la promesa de una simiente victoriosa que sería de bendición a todas las familias de la tierra, pero también hemos visto la necesidad de un rey-guía, pero que no puede ser cualquiera.
V. EL REY ANHELADO- 2 Samuel 7:12-14, Isaías 9:1-7, Isaías 11:1-10
V. EL REY ANHELADO- 2 Samuel 7:12-14, Isaías 9:1-7, Isaías 11:1-10
Llegamos a una parada fundamental en la historia, porque vemos que esta simiente prometida en Génesis 3:15, vendría a guiar y reinar sobre su pueblo.
Vemos nuevamente a esta simiente en 2 Samuel 7:12-14 "Y cuando tus días sean cumplidos, y duermas con tus padres, yo levantaré después de ti a uno de tu linaje, el cual procederá de tus entrañas, y afirmaré su reino. Él edificará casa a mi nombre, y yo afirmaré para siempre el trono de su reino. Yo seré a él por padre, y él me será a mí por hijo"
Esto es lo que se conoce como el pacto Davídico, un pacto que Dios hizo con el rey David, en el que le prometió que la simiente de Génesis 3, que bendeciría a todas las familias de la tierra como se nos dice en Génesis 12, y que cumpliría el papel de REY-Guía del pueblo, cuyo reino sería para siempre, esta simiente saldría de su descendencia. De la descendencia de David vendría esa simiente.
El profeta Isaías nos da una imagen de la grandeza de esta simiente que sería rey y guía de los perdidos.
Isaías 9:2-7 "El pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz; los que moraban en tierra de sombra de muerte, luz resplandeció sobre ellos. Multiplicaste la gente, y aumentaste la alegría.Se alegrarán delante de ti como se alegran en la siega, como se gozan cuando reparten despojos. Porque tú quebraste su pesado yugo, y la vara de su hombre, y el cetro de su opresor, como en el día de Madián. Porque todo calzado que lleva el guerrero en el tu tumulto de la batalla, y todo mando revolcado en sangre, serán quemados, pasto del fuego. Porque niños nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre sus hombres; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz. Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, diponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto".
Este niño prometido, este hijo que se nos dio, sería el Rey-Guía de los perdidos. Esta simiente de la mujer, simiente de Abraham y simiente de David, sería el gozo y la luz de las naciones.
Es aquel tan esperado, como nos dice el profeta Hageo "el deseado de todas las naciones", que sería luz a todos los que andan en tinieblas, gozo para todos los que están en angustia, será nada más y nada menos que el Admirable, Consejero, Dios mismo encarnado. Dios, Creador, Soberano, Rey, Dios Fuerte, Padre Eterno encarnado en un niño indefenso para venir a este mundo a salvar a su pueblo y reinar sobre ellos.
Esta parada, llamada el Rey Anhelado, el Rey que tanto esperamos, es fundamental para la historia de la Navidad, porque como leía esta mañana, "de nada sirve la navidad y sus historia si la desligamos de Dios y su gloria. Inútiles son las palabras "paz en la tierra" sin la venida de Cristo en aquella era".
VI. EL NACIMIENTO DEL REY - Lucas 2:8-20
VI. EL NACIMIENTO DEL REY - Lucas 2:8-20
Esto es precisamente lo que celebramos, no que un niño nació, sino que ése niño es nada más y nada menos que el Rey Admirable, Dios Eterno.
Toda la majestad, poder, gloria, grandeza y santidad encarnadas en un pequeño niño indefenso, pero que reinaría con justicia. Esto es lo que celebramos, y es lo que nos lleva a nuestra siguiente parada en Lucas 2:8-20, donde se nos anuncia precisamente el nacimiento de este REY ANHELADO, y el gozo que fue para estos pastores que seguramente sabían de las profecías, de la simiente prometida, de la necesidad de un rey-guía, y de el rey prometido y que esperaban con ansias.
Lucas 2:8-15 "Habían pastores en la misma región, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño. Y he aquí, se les presentó un ángel del Señor, y la gloria del Señor los rodeó de resplandor; y tuvieron gran temor. Pero el ángel les dijo: No temáis, porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor. Esto os serña por señal: Hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre. Y repentinamente apareció con el ángel una multitud de huestes celestiales, que alababan a Dios, y decían: ¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres". Sucedió que cuando los ángeles se fueron de ellos al cielo, los pastores se dijeron unos a otros: Pasemos, pues, a Belén, y veamos esto que ha sucedido, y que el Señor nos ha manifestado"
En el versículo 20, se nos dice que después de ver al niño "volvieron los pastores glorificando y alabando a Dios por todas las cosas que habían oído y visto, como se les había dicho"
El gozo, la alegría de ver la promesa de Dios cumplida en el nacimiento del niño rey es lo que da sentido a la historia de la navidad.
Porque "de nada sirve la navidad y sus historia si la desligamos de Dios y su gloria, e inútiles son las palabras "paz en la tierra" sin la venida de Cristo en aquella era"
Este rey tan esperado vino a esta tierra, y como nos dice Juan el Evangelista en Juan 1:4 "en Él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres". Este deseado, niño admirable, luz y gozo de todas las naciones había llegado a este mundo para guiarnos a la verdad, a la vida y a luz.
VI. EL MENSAJE Y LA OBRA DEL REY - Marcos 1:15, Marcos 10:45
VI. EL MENSAJE Y LA OBRA DEL REY - Marcos 1:15, Marcos 10:45
Este rey vino anunciando su reino con un mensaje muy claro.
Este Rey nos anuncia la verdad que todo ser humano debe escuchar y obedecer. En Marcos 1:15 "El tiempo se ha cumplido [el tiempo en el que llegaría aquella simiente de Génesis 3:15], y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio"
Como dije al principio, la historia de la Navidad no gira entorno a nosotros, sino a Dios, pero es una historia también acerca del hombre y de su rebelión. La llegada de este niño tan esperado era la llegada de ese reino que fue rechazado en Génesis por Adán y Eva. Es la restaruación de lo que Satanás comenzó en el Edén por medio de la serpiente.
Este rey llegó anunciando el reino de Dios establecido por siempre y para siempre. Hiriendo de forma letal a la serpiente y destruyendo su dominio para siempre.
Un rey diferente, un rey como ningún otro. Su mensaje era de arrepentimiento y fe, y su obra de amor sacrificial.
Un rey que libraría a su pueblo no con espada, sino poniendo su propia vida para pagar por el precio del pecado y dando su vida por nosotros.
