MI ALMA PROCLAMA LA GRANDEZA DEL SEÑOR (LUCAS 1:39-56)
HACIA LA VENIDA • Sermon • Submitted • Presented
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1 EL ENCUENTRO DE DOS MILAGROS. (39-45)
2 MARÍA ADORA AL SEÑOR (46-56)
Intro
Seguimos con la serie de Hacia la Venida, donde recordamos y meditamos sobre la encarnación del Verbo, la primera venida de nuetro Señor, pero mientras miramos y caminamos a al segunda Venida.
La semana pasada vimos en evento de la anunciación, de como vivió María este hecho milagroso, y como debemos ver nosotros a María, como la sierva del Señor, y no como la señora, sino como aquella que se entrego docilmente y plenamente a la voluntad de DIos. Un gran ejemplo.
Por otro lado, ahora, vamos a ver otro hecho importántisimo, que suele pasar muy desapercibido en las iglesias evangélicas. Es el hecho de la visitación. Del encuentro de María con Elisabet. Hay varias claves que ver aquí.
También com fruto de este encuentro, pasan algunas cosas importantes, una de ella es la oración de María conocida como el Magnificat, pero, ¿esta oración ensalza a María como muchos creen? o ¿Realmente nos muestra un caracter ejemplar de María de sumisión y adoración a Dios?
Vamos a ello:
1. EL ENCUENTO DE DOS MILAGROS (39-45)
1. EL ENCUENTO DE DOS MILAGROS (39-45)
39 En aquellos días María se puso en camino y se dirigió apresuradamente a una ciudad de la región montañosa de Judá. 40 Entró en casa de Zacarías y saludó a Elisabet. 41 Y sucedió que cuando Elisabet oyó el saludo de María, la criatura saltó en su vientre. Elisabet, llena del Espíritu Santo, 42 exclamó a gran voz: —Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre. 43 ¿Cómo es posible que la madre de mi Señor venga a visitarme? 44 Tan pronto como llegó la voz de tu saludo a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. 45 ¡Dichosa tú, porque has creído que el Señor cumplirá las promesas que te ha hecho!
a) María y Elisabet (39-40)
39 En aquellos días María se puso en camino y se dirigió apresuradamente a una ciudad de la región montañosa de Judá. 40 Entró en casa de Zacarías y saludó a Elisabet.
Un encuentro milagroso, pues dos mujeres que quedaron embarazada por un milagro y para un propósisto. Todo lo que DIos nos concede tiene ese propósito, su gloria.
Hay que prestar atención a los nombres.
ZACARÍAS
Heb. 2148 Zekhareyah, זְכַרְיָה (1 Cro. 5:7; 15:18, 24; 24:25; 26:2, 1, 14; 27:21; 2 Cro. 20:14; 21:2; 26:5; 29:13; 35:8), y en forma extensa Zekhareyahu, זְכַרְיָהוּ = «Dios recuerda.. O Dios se acordó de su pacto.
ELISABET
Heb. 472 Elishebá, אֵלִישֶׁבַע, «Dios del juramento», o Dios de pacto.
JUAN
Gr. 2491 Ioannes, Ἰωάννης, del heb. Yojanán = «Dios ha hecho gracia». Dios es favorable.
MARÍA
Don de DIos, amada, pero por otro lado amargada.
En los nombres ya tenemos mucho significado teológico.
b) El hijo de Elisabet saltó con el saludo de María.
Santa Biblia Reina Valera 2020 Capítulo 1
41 Y sucedió que cuando Elisabet oyó el saludo de María, la criatura saltó en su vientre.
Es una señal de gozo de Juan al sentir que El Señor estaba cerca.
Como dice el salmo 139
13 Tú formaste mis entrañas; me hiciste en el vientre de mi madre. 14 Te alabaré, porque formidables y maravillosas son tus obras; estoy maravillado y mi alma lo sabe muy bien. 15 No fue encubierto de ti mi cuerpo, aunque en oculto fui formado y entretejido en lo más profundo de la tierra. 16 Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar ni una de ellas.
En este milagro, Juan desde el vientre se inclinó ante su salvador.
Y esto también fue un mensaje del hijo a su madre que el Señor viene a nosotros.
¿Qué criatura puede ser iniderente ante la gloria del creador?
Esa sublime majestad.
c) Saludo de Elisabet lleno del ES (41)
Santa Biblia Reina Valera 2020 Capítulo 1
Elisabet, llena del Espíritu Santo, 42 exclamó a gran voz:
—Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre. 43 ¿Cómo es posible que la madre de mi Señor venga a visitarme? 44 Tan pronto como llegó la voz de tu saludo a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. 45 ¡Dichosa tú, porque has creído que el Señor cumplirá las promesas que te ha hecho!
- Bendita tú entre las mujeres
Esto concuerda con el mensaje del ángel. Y contrata con la maldición de DIos a la serpiente.
La mujer escogida por DIos para encarnarse el verbo, la presencia de Dios que muestra a la humanidad, es bendecida por encima de todos. Pues alberga…
El bendito fruto en su vientre.
El mesías prometido, el Señor salvador, en el vientre de la joven y virgen María, que es la madre del Señor.
Santa Biblia Reina Valera 2020 Capítulo 1
43 ¿Cómo es posible que la madre de mi Señor venga a visitarme?
Wao! Tremenda declaración de Elisabeth.
El gozo, reconociendo que María es la madre del Señor, por lo tanto del Dios encarnado, esta pregunta retórica de Elisabeth, tiene mucha profundidad teológica.
Pues lo especial de María, es lo que lleva en el vientre, nada más y nada menos, que al Señor ˜CON MAYUSCULAS», el Dios encarnado, por lo tanto es DIos. Esto da la razón a los conciliares del siglo V, que en contra de la herejía del nestorianismo, María es la madre de DIos, del DIos encarnado, porque decir lo contrario, es bajar el rango de deidad de Cristo a criatura meramente.
Esto ensalza a Cristo, no a María.
María se convierte en la sierva del Señor, tal como ella dijo, en ser protadora del Dios que se hace visible, del Emanuel, del Dios con nosotros. POr lo tanto, si Cristo es Dios y María es la madre de Cristo. Se puede decir, que es la madre de nuestro Señor, la madre de Dios, la madre de la segunda persona de la trinidad.
De ahí la razón de todo lo que viene después.
44 Tan pronto como llegó la voz de tu saludo a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. 45 ¡Dichosa tú, porque has creído que el Señor cumplirá las promesas que te ha hecho!
Su hijo se regocijó.
POr eso María es bendecida, y damos gracias junto con Elisabet por su vida, pues ella creyó y se sometió (tal como DIos predestinó) en que el Señor cumplirá la promesa que resuena desde la caída.
2. MARÍA ADORA AL SEÑOR (46-56)
2. MARÍA ADORA AL SEÑOR (46-56)
46 Entonces María respondió: —Mi alma engrandece al Señor 47 y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador. 48 Porque ha mirado la bajeza de su sierva. Desde ahora me llamarán dichosa por todas las generaciones; 49 porque el Poderoso me ha hecho grandes cosas. ¡Santo es su nombre 50 y su misericordia permanece de generación en generación para los que le temen! 51 Hizo proezas con su brazo. A los engreídos les desbarató el pensamiento de sus corazones. 52 Derribó de los tronos a los poderosos y exaltó a los humildes. 53 A los hambrientos colmó de bienes y a los ricos envió con las manos vacías. 54 Socorrió a Israel, su siervo, y se acordó de su misericordia, 55 de la cual habló con nuestros padres, con Abrahán y con toda su descendencia para siempre. 56 María se quedó unos tres meses con ella y luego se volvió a su casa.
a) Mi alma engrandece al Señor (46)
45 ¡Dichosa tú, porque has creído que el Señor cumplirá las promesas que te ha hecho!
Lo que María hace con esa oración, es precisamente declarar la grandeza del Señor, el trato de favor y gracia con su vida, y a la vez con su pueblo.
Esto, es precisamente, no es una exaltación a María, sino un reconocimiento claro, de quien es Dios, y quien debe ser el único en ser adorado y venerado, el Señor.
4. El Magnificat se puede dividir en cuatro párrafos o estrofas.74 El arreglo es lógico, y por lo tanto fácil de recordar.
En la primera estrofa (vv. 46–48) María alaba a Dios por lo que él ha hecho por ella, una muchacha de humilde nacimiento
En la segunda (vv. 49–50), su acción de gracias y alabanza, habiendo alcanzado un clímax (“Santo es su nombre”), comienza—por decirlo así—abarcar más territorio. Su horizonte espiritual se amplía. Del modo en que Dios la favoreció a ella con su misericordia, ahora asciende a la contemplación de la misericordia divina según se ha revelado “de generación en generación a los que le temen”.
Como se indica en la tercera estrofa (vv. 51–53), esta misericordia se ve mucho más claramente cuando se pone en contraste con la severidad de Dios hacia los que no le temen.
La conclusión del Magnificat (cuarta estrofa, vv. 54, 55) es grandiosa. Expresa un pensamiento que hoy en día se descuida mucho aun en los círculos conservadores, a saber, que la manifestación de la misericordia de Dios es el cumplimiento de la promesa del pacto hecha por Dios a los padres, promesa de valor supremo aun en la actualidad para los creyentes y sus descendientes (Gá. 3:9, 29)
b) Su espíritu se regocija por haber elegido a una mujer pecadora, Dios lo hace dichoso. (47-49)
Lucas 1:47–49 (RV 2020)
47 y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador. 48 Porque ha mirado la bajeza de su sierva. Desde ahora me llamarán dichosa por todas las generaciones; 49 porque el Poderoso me ha hecho grandes cosas.
A la sierva, no a la señora, María es un ejemplo de humildad. Reconociendo su pequeñez.
María no dice que todas las generaciones la van a considerar mediadora, y como tal un objeto legítimo de hiperdulía (veneración de la virgen María como la más santa de las criaturas). Lo que quiere decir es que todas las generaciones van a alabar a Dios por el modo maravilloso en que la ha honrado.
María nunca se pone en el objeto de la adoración o veneración, esto solo puede ser el Dios trino.
También dice:
Me llamaran dichosa, bienaventurada, pero no quiere decir, me invocaran en oración para bendición.
Esto también es una oración que reconoce el pacto…
d) Reconociendo el pacto, Cristo es el centro del pacto (54-56)
¡Santo es su nombre
50 y su misericordia permanece de generación en generación
para los que le temen!
51 Hizo proezas con su brazo.
A los engreídos les desbarató el pensamiento de sus corazones.
52 Derribó de los tronos a los poderosos
y exaltó a los humildes.
53 A los hambrientos colmó de bienes
y a los ricos envió con las manos vacías.
54 Socorrió a Israel, su siervo, y se acordó de su misericordia,
55 de la cual habló con nuestros padres, con Abrahán y con toda su descendencia para siempre.
56 María se quedó unos tres meses con ella y luego se volvió a su casa.
Vv. 50, 54, 55 “De generación en generación … a Abraham y a su descendencia para siempre”. Aunque la salvación es personal, es también un asunto familiar: como norma, Dios perpetúa su pacto en la línea de las generaciones. Esta verdad está definitivamente arraigada en las Escrituras (Gn. 18:19; Sal. 105:6–10; Pr. 22:6; Hch. 2:38, 39; 2 Ti. 1:5).
Por eso, nuestros hijos, también son bendecidos con estas bendiciones.
Reconoce el poder de Dios.
El valor de la humildad que pone en el centro a Dios.
11 Pone en alto a los humildes, y a los enlutados da seguridad.
Dios no ha olvidado su pacto (como vemos en el versiculo 54.55
54 Socorrió a Israel, su siervo, y se acordó de su misericordia, 55 de la cual habló con nuestros padres, con Abrahán y con toda su descendencia para siempre.
3 Se ha acordado de su misericordia y de su verdad en favor de la casa de Israel; todos los términos de la tierra han visto la salvación de nuestro Dios.
Es el únco auxiliador.
1 Alzaré mis ojos a los montes. ¿De dónde vendrá mi socorro? 2 Mi socorro viene del Señor, que hizo los cielos y la tierra. 3 No dará tu pie al resbaladero ni se dormirá el que te guarda. 4 Ciertamente, no se adormecerá ni dormirá el que guarda a Israel. 5 El Señor es tu guardador, El Señor es tu sombra a tu mano derecha. 6 El sol no te fatigará de día ni la luna de noche. 7 El Señor te guardará de todo mal, él guardará tu alma. 8 El Señor guardará tu salida y tu entrada desde ahora y para siempre.
CONCLUSIÓN
Sin duda, este cántico ensalza a Dios, coloca a María como ejemplo de la gracia y el poder de Dios, pero nunca como obejto de adoración y veneración.
En esta oración de María se ve de esta manera, una humilde sierva, alabando y aodrando a Dios.
Aquella que entendió cual era el propósito de Dios con su vida, ser la madre de nuestro Señor.
Damos gracias a Dios porque en estas lineas nos muestra:
su poder,
su soberanía,
su providencia y
su misericordia.
ORACIÓN FINAL
Señor Padre Santo, te pedimos tu bendición para que podamos vivir como hizo María, levantando cánticos de acción de gracias a tu nombre, también siendo sabios para reconocer el propósito de tu llamado a nosotros y que así, podamos vivir en en concordancia con él. Te lo pedimos en el nombre de tu Hijo Jesucristo, que vive y reina por los siglos de los siglos, amén.
Que al gracia del Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del espíritu Santo esté con todos vosotros.
