Esperanza y amor

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Problemas de ira

Tenemos problemas con la ira porque la consideramos como algo indigno. En la iglesia occidental no es un concpeto popular sin embargo en el A.T hay 580 referencias a este concepto. Marcos Baker tiene un libro titulado “¿Es Dios un Dios de ira o de amor?” y en este libro plantea esta disyuntiva que la iglesia ha tenido que resolver. Por una parte algunos se sienten comodos hablando de un Dios airado y listo para castigar mientras que otros quieren ver a Dios como un ser que nos ve con ojos alegres y nos dice “ustedes son tan bueno”. Ambas posturas son érroneas porque crean una distorsión sobre la figura del Señor. Separar el amor y la ira de Dios solo traerá como resultado una percepción anomala de cada uno de estos conceptos. Algunas herejías se han cruzado en la historia de la iglesia precisamente por negar la ira de Dios. Marcion quería que se quitara el A.T de la Biblia porque solo hablaba de un dios sanguinario y bélico mientras que C.H Dodd propuso considerar la ira de Dios como algo “inevitable, una causa y efecto en el universo” argumentaba además que en el N.T la ira de Dios desaparece y su amor y misericordia lo abarcan todo. Una y otra vez la iglesia ha tenido que disputar estas ideas para preservar la fe.
¿Cómo deberiamos ver los cristianos la ira y el amor de Dios? ¿Qué equilibrio hay entre estas 2 actitudes del Señor?
En primer lugar creo que deberiamos dejar de colocar a estos 2 como opuestos o en categorias antagonicas. Recordemos lo que nos dice el profeta Habacuc en la cita de Habacuc 3:2
Habakkuk 3:2 NVI
Señor, he sabido de tu fama; tus obras, Señor, me dejan pasmado. Realízalas de nuevo en nuestros días, dalas a conocer en nuestro tiempo; en tu ira, ten presente tu misericordia.
Para Abraham Heschel la fuente de la ira del Señor es su preocupación. Puesto que el Señor está interesado en el hombre su enojo puede encenderse contra él. La ira y el amor no son opuestos sino complementarios.

Canciones de alegría

Con lo anterior en nuestras cabezas podemos empezar a tratar el tema de hoy. Dice el v. 1 de este capitulo “en aquél día tú dirás”. Tendriamos que remontarnos a unos pasajes atrás para comprender de que está hablando el profeta. El cap. 10 inicia con el Señor lanzando quejas contra “los que emiten decretos inicuos y publican edictos opresivos”, les pregunta ¿qué haran cuando deban rendir cuentas?, finalmente les da su setencia “no les quedará mas remedio que humillarse o morir”. Sin embargo llama la atención que el v. 4 del cap. 10 nos diga “A pesar de esto la ira de Dios no se ha aplacado”. Si volvemos al cap. 12 vemos que el profeta dice habrá alabanza al Señor, la alabanza será porque el Señor nos dará consuelo y aunque se haya enojado con nosotros, su ira se ha calmado. Aunque el Señor había afirmado que su ira no se aplacaría lo cierto es que el v. 25 del cap. 11 nos dice “su indignación llegará a su fin y con esa misma ira destruirá a sus enemigos”.
¿Qué pasa en el corazón de nuestro Dios? ¿Por qué dice una cosa y luego parece que dijera otra? Si vemos al Señor a la luz de nuestro entendimiento diremos que se complace en hacer sufrir a los seres humanos. El Salmo 145:8-9
Psalm 145:8–9 NVI
El Señor es clemente y compasivo, lento para la ira y grande en amor. El Señor es bueno con todos; él se compadece de toda su creación.
nos permite ver que la ira de Dios nace de su amor y su preocupación para con los humanos. Para Marcos Baker muchos ven al pecado de explotación al pobre o al extranjero como un delito menor pero para el Señor ¡esto es un desastre! ¿Es cruel el Señor porque el abuso a estas personas despierte su ira? El amor y la ira del Señor están intimamente ligados. Podemos observar esta porción de Jeremías 18:11
Jeremiah 18:11 NVI
Y ahora habla con los habitantes de Judá y de Jerusalén, y adviérteles que así dice el Señor: “Estoy preparando una calamidad contra ustedes, y elaborando un plan en su contra. ¡Vuélvanse ya de su mal camino; enmienden su conducta y sus acciones!”
Isaías conoce el corazón de Dios. Sabe que podemos cantar y alabarlo porque nos ha dado consuelo. Para el profeta el Señor nos ha salvado, podemos confiar seguros en Él. Una y otra vez dirá el profeta que el Señor es nuestra salvación. El verso 3 nos dice que con “alegría” sacaremos aguas de la fuente de salvación.
Para un pueblo acostumbrado a estar en el desierto la figura de las fuentes de las aguas debio haber sido muy reconfortante. Aunque el profeta ha usado palabras como cólera, ira, enojarse, aún asi sabe que el Señor no les condicionará la salvación ni hará un intercambio con ellos. La salvación como una fuente inagotable puede evocar a la roca en el desierto pero también tiene conexiones con Jeremías 2:13 “»Dos son los pecados que ha cometido mi pueblo: Me han abandonado a mí, fuente de agua viva, y han cavado sus propias cisternas, cisternas rotas que no retienen agua.” y por supuesto que nosotros podemos decir que tiene resonancia con Juan 4:14 “pero el que beba del agua que yo le daré, no volverá a tener sed jamás, sino que dentro de él esa agua se convertirá en un manantial del que brotará vida eterna.”
¿Cómo no alabar al Señor? En medio de nuestra miseria y dolor el Señor nos muestra su amor y nos ofrece salvación. Algunos han pasado por situaciones dificiles que talvez los han hecho cuestionarse de si en verdad Dios los odia. Otros mas han escuchado un silencio incomodo en medio del dolor. Pero lo que todos podemos testificar es que una vida lejos de Dios se ha sentido como caminar en un desierto. La misma sensación que nos daría la experiencia de caminar dias y dias y no poder calmar nuestra sed, de sentir fatigados y no tener donde descansar y por fin llegar a un oasis y poder tomar toda el agua que queramos sin ningún esfuerzo y deternos a descansar es la misma sensación que experimentamos al sentir la poderosa mano del Señor interviniendo en nuestra vida.

Misericordia que se comunica

Dios no solo nos perdona. No es como nosotros después de una pelea. No deja un ambiente tenso en el aire. La alegría por habernos salvados nos lleva a alabarlo todo el tiempo, a invocar su nombre, a dar a conocer entre los pueblos su obras y a proclamar el grandioso nombre del Señor. La iglesia es la comunidad de los salvados y no puede callar ante la misericordia de Dios. Al igual que los profetas la iglesia está llamada a tener un corazón como el de Dios, un corazón que se frusta y se enoja por los abusos productos de una sociedad pecaminosa pero que arde de amor y que desea que el mundo acceda a este manantial de vida que es Cristo Jesús.
Hermanos, que nuestras reuniones en los tiempos de culto en verdad puedan verse como lo dice el v. 6 de esta lectura ¡Canta y grita de alegría! ¡Realmente es grande en medio de ti el Santo de Israel! Que nuestra alabanza haga retumbar no solo las paredes del templo sino también de nuestras vidas. No olvidemos que en su gran amor Dios proveyó salvación para nosotros por medio de su Hijo Jesucristo y ahora estamos llamados a llevar estas buenas nuevas a quienes nos rodean.
Dios de la esperanza, Nos llamas a casa desde el exilio de la opresión egoísta. a la libertad de justicia, el bálsamo de la curación, y la alegría de compartir. Haznos fuertes para unirnos a ti en tu santa obra, como amigos de extraños y víctimas, compañeros de aquellos a quienes otros evitan, y como la felicidad de aquellos cuyos corazones están destrozados. Hacemos nuestra oración por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
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