La intervención de Dios en nuestra hisotria
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La intervención de Dios en la hisotria
La intervención de Dios en la hisotria
Creemos en Dios, quien no solo conoce el desarrollo de la historia sino que tiene el completo control sobre ella. Las cosas que ocurren son el cumplimiento del perfecto plan de Dios, y nosotros somos parte de ello.
Hemos encontrado en la Palabra que Dios estableció un plan para la salvación desde el principio (Génesis 3:15). Dios no ha dejado de intervenir en la historia y el desarrollo de los acontecimientos de los humanos, y lo hace hasta el día de hoy. Sí, lo hace aquí y ahora, en tu vida y la mía, en nuestras circunstancias habituales. A veces podríamos llegar a pensar que eso solo sucede con “ciertas personas especiales” o “en posiciones estratégicas, y la Palabra nos enseña que no, que sucede con los simples, los “normales”, personas comunes y corrientes como tú y yo.
Al sexto mes el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret,a una virgen desposada con un varón que se llamaba José, de la casa de David; y el nombre de la virgen era María.Y entrando el ángel en donde ella estaba, dijo: ¡Salve, muy favorecida! El Señor es contigo; bendita tú entre las mujeres.Mas ella, cuando le vio, se turbó por sus palabras, y pensaba qué salutación sería esta.Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios.Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS.Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre;y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo será esto? pues no conozco varón.Respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios.Y he aquí tu parienta Elisabet, ella también ha concebido hijo en su vejez; y este es el sexto mes para ella, la que llamaban estéril;porque nada hay imposible para Dios.Entonces María dijo: He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra. Y el ángel se fue de su presencia.
1. Dios recuerda sus promesas y las cumple a su perfecto tiempo.
1. Dios recuerda sus promesas y las cumple a su perfecto tiempo.
Al sexto mes el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret,a una virgen desposada con un varón que se llamaba José, de la casa de David; y el nombre de la virgen era María.
Estos versículos se refieren a la visita que hará un ángel a una mujer (“fue enviado”). ¿Era ella especial? ¿En qué sentido lo era? Ella era tan especial como lo eres tú, tan semejante a los demás, y al mismo tiempo tan especial y diferente como tú lo eres.
Sí, estoy diciendo que Dios puede enviar un ángele a revelarte algo que quiere que hagas, en lo que quiere que participes.
¿Por qué se aparecería aquel ángel a María? Simplemente porque Dios lo envió, no porque ella fuera diferente o especial.
María era una de las muchas personas que coincidían con el perfil trazado por el propio Dios para la venida de su Hijo al mundo.
¿De quién había hablado Dios?
De una virgen, como María.
Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel.
Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz. Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto.
El Salvador no llegaría volando, de la nada, ni siquiera “ya crecido”. Pasaría por el proceso normal para cada uno de nosotros, siendo un niño. Jesús, el Hijo de Dios, también fue un niño, incluso un bebé, como tú y yo. Eso implicaba la participación de una mujer, una virgen, que recibiría el poderoso milagro del nacimiento del Hijo de Dios.
Ahora, entendamos bien lo que esto implica. Aquella pareja, José y María, tenían un futuro planificado. Se habían conocido, sus familias se habían conocido, y habían tomado la decisión de unirse en matrimonio, lo que todavía no se había concretado.
Pero imagina a María, que debía ser bastante joven, que miraba a su futuro y soñaba con los días que vendrían como esposa de José. Todo ya debía estar bastante planificado, la ceremonia nupcial, los familiares que los acompañarían en ese momento, donde vivirían, su esposo ya tenía un oficio, así que sabían cuál sería su fuente de ingresos.
Pero fue enviado un ángel.
Saldrá una vara del tronco de Isaí, y un vástago retoñará de sus raíces.Y reposará sobre él el Espíritu de Jehová; espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová.
El Hijo de Dios surgiría de la descendencia del rey David.
Dios anuncia y cumple con lo anunciado. Dios promete y cumple con sus promesas. Dios hace lo que dijo que haría.
¿Te das cuenta cómo se diferencia de nosotros? ¡Tenemos tanto que aprender de Él!
¿Que te ha prometido Dios? ¿Qué te ha dicho? ¿Qué has leído en su Palabra y reconoces como una de sus promesas?
Así como lo hizo en aquel momento, Dios sigue haciendo lo que dijo, cumpliendo sus promesas, realizando lo anunciado.
2. Dios nos valora como muy especiales, aunque nosotros nos sintamos “comunes y corrientes”.
2. Dios nos valora como muy especiales, aunque nosotros nos sintamos “comunes y corrientes”.
Y entrando el ángel en donde ella estaba, dijo: ¡Salve, muy favorecida! El Señor es contigo; bendita tú entre las mujeres.Mas ella, cuando le vio, se turbó por sus palabras, y pensaba qué salutación sería esta.
El ángel entra donde está María y la saluda.
Resulta interesante considerar que María no se sobresalta por la presencia de aquel ser junto a ella sino por la manera de saludarle. A lo largo de la historia, los ángeles muchas veces han sido enviados por Dios. De hecho el propio Gabriel, que trató con María, había sido enviado al profeta Daniel a llevarle un mensaje de parte de Dios. En general, cuando los ángeles se han presentado lo han hecho con apariencia humana, sin los “efectos especiales” que a veces imaginaríamos. Los pintores, escultores y otros artistas de otras épocas, alimentaron la imagen de los ángeles basada en pasajes como el de Isaías 6, y los presentan siempre con alas y brillando. Sin embargo, la realidad es que se han presentado y se presentan con apariencia humana.
Algo semejante a lo que le sucedió a María le ocurrió a Gedeón cuando el ángel lo saludó como “varón esforzado y valiente” (Jueces 6:12) mientras él se escondía de los enemigos y no se sentía ni esforzado ni valiente.
Es posible que Dios quiera que entendamos esto antes de recibir el detalle de lo que Él está a punto de hacer en nuetras vidas. Por diferentes razones y circunstancias, muchas veces dejamos de valorarnos, nos sentimos fracasados, incapaces, inútiles y podríamos agregar otros adjetivos que suelen aparecer entre nuestros pensamientos y palabras. Dios quiere que sepamos que Él tiene otro concepto de nosotros, que nos valora de otra manera.
María no se sentía especial ni superior, sino normal y simple. Pero Dios le envía un emisario que la reconoce como “¡…muy favorecida! El Señor es contigo; bendita tú entre las mujeres.
¿Cómo? ¿Así de especial? Sí, así y más. Dios quería que María supiera lo especial e importante que era para Él. De la misma manera, el Señor quiere que sepas que tú también eres importante y especial.
Ahora, así dice Jehová, Creador tuyo, oh Jacob, y Formador tuyo, oh Israel: No temas, porque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú. Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti. Porque yo Jehová, Dios tuyo, el Santo de Israel, soy tu Salvador; a Egipto he dado por tu rescate, a Etiopía y a Seba por ti. Porque a mis ojos fuiste de gran estima, fuiste honorable, y yo te amé; daré, pues, hombres por ti, y naciones por tu vida. No temas, porque yo estoy contigo; del oriente traeré tu generación, y del occidente te recogeré.
Sí, esto quiere Dios que sepas, que eres honorable, de gran estima, amado. ¿Necesitas que venga un ángel a decírtelo? Dios puede hacerlo uno de estos días.
Aquellas palabras hicieron impacto en María, así como las hacen en cada uno de nosotros al sentir la valoración de Dios por nuestras vidas. Pocas personas a nuestro alrededor estarían dispuestas a pagar nuestro almuerzo, y mucho menos a perder de su sagrado tiempo para ayudarnos o escucharnos. Sin embargo, el Creador del universo estuvo dispuesto a entregar a su propio Hijo por nosotros, para verlo desangrarse en aquella cruz y exhalar sus últimos suspiros mientras los soberbios se burlaban de Él. ¿Te das cuenta cuanto vales para Dios?
María tuvo que pensar en ello aquel día.
3. Dios tiene un plan del que quiere que seamos parte, y nos lo va a revelar.
3. Dios tiene un plan del que quiere que seamos parte, y nos lo va a revelar.
Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios.Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS.Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre;y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.
Aquel saludo tan halagador había sido solamente el principio de la maravilla y la sorpresa. El ángel había sido enviado a anunciarle a María el plan de Dios y los detalles en los que quería que participara.
Dios se había propuesto que la humanidad, aunque sea una parte de ella, se salvara, y para eso elaboró el plan de enviar a su Hijo como Cordero de Dios sin mancha ni defecto para que muriera por nosotros. Eso implicaba que se encarnara, que adquiriera la condición de hombre y que viviera entre los hombres la vida perfecta que ningún ser humano ha sido capaz de vivir. Para eso, tenía que nacer, y Dios había elegido a María para que fuera su instrumento para el cumplimiento de esa parte del plan.
Dios sabe que los seres humanos nos llenamos de ansiedad cuando nos suceden cosas que no podemos controlar, así que el ángel le transmitió a María esta poderosa frase (que aparece 365 ocasiones en la Biblia, una para cada día del año): “No temas”.
Era difícil que ella no temiera con la aparición, el saludo y las noticias que estaba recibiendo, pero el Señor quería animarla.
Así como se lo dijo a María, Dios quiere que sepas que puedes confiar en Él. Él también tiene poderosos planes para tu vida, no el de llevar en tu vientre a su Hijo, pero sí el de ser parte de su plan para la salvación de otros, lo cual es tremendamente importante. Y te va a animar para que no temas, que confíes, que estés en paz. Si bien las cosas se escapan de nuestro control, Él tiene el control y sabe lo que está haciendo, lo cual es para nuestro bien y el de otros.
Otra palabra de afirmación que María recibió fue: “has hallado gracia delante de Dios”. Dios la había mirado y la había elegido para llevar a cabo una tarea muy especial dentro de su plan eterno. Había hallado gracia, había sido mirada con agrado.
Otra vez, con demasiada frecuencia nos sentimos tan poco, tan despreciables, tan indignos. Sin embargo, cuando encontramos en Jesús nuestra reconciliación con Dios pasamos a ser especiales, amados y honorables.
Cuando el Hijo de Dios fue bautizado por Juan el Bautista, se escuchó una voz del cielo que decía: “Este es mi hijo amado, en quien tengo complacencia” (Mateo 3:17). ¡Qué tremendo! ¡Dios estaba señalando la singularidad de su Hijo, Jesús!
La verdad es que cuando creemos en Jesús pasamos a estar en Él, y cuando eso sucede empezamos a recibir la mirada orgulloda de nuestro Padre celestial que se deleita en nosotros, se siente orgulloso de nosotros (sí, de ti), y se complace con nosotros.
Así de amado y valioso eres ante Dios.
Pero aquello era solamente el principio para María. Ahora venía la descripción de su participación en el plan de Dios.
Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS.Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre;y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.
¿Eso nada más?
¡Qué tremendo! ¡Dios iba a hacer algo inédito, poderoso y especial!
Todos sabemos que un test de embarazo positivo provoca un impacto poderosísimo en la vida de cualquier persona, en especial en la mujer. Considera a María, bien joven, comprometida con José y con sus planes de casarse, y recibiendo la noticia de que su vida ya no sería la misma, que venía un niño, y que sería el más especial de todos.
María no solo recibe la noticia de que quedaría embarazada sino de que el niño que nacería sería nada menos que el Mesías, el cumplimiento de las promesas de Dios, el descendiente de David prometido, el que reinaría para siempre.
Así como tú y yo, María no se consideraba diferente, especial ni superior a nadie. No, no se consideraba digna de ser la madre del Mesías.
Considera, por favor, que Dios quiere hacer cosas en tu vida para las que tú tampoco te consideras digno. Hay milagros y maravillas que Dios quiere hacer usándote, que superan nuestra capacidad y alcance. ¿Eres digno de eso? Solamente en Cristo Jesús, nuestro Salvador. Eso es lo que ha hecho y está haciendo Dios en las vidas de aquellos que creen en Jesús.
Considera que aquel día María supo que su vida ya no sería la misma, que tendría que enfrentar otros desafíos, que asumiría la tremenda responsabilidad de cuidar y educar al Hijo de Dios, que toda su vida sería sacudida por aquel evento. ¿Qué pensarían los demás? ¿Qué iba a suceder con aquel niño especial? ¿Cómo sería todo aquello?
De la misma manera, Dios cambia nuestras vidas, las interrumpe, viene a distorcionar el desarrollo lógico de nuestra existencia para llevarnos por sus caminos, conforme a su plan.
Observa que Dios ya tenía el nombre para el niño (Jesús significa “Salvador”), algo que ni María ni José tendrían que decidir.
Dios está obrando, y quiere obrar más en tu vida. Prepárate.
4. Dios conoce nuestro corazón y está preparado para tratar con nuestras dudas. Dios edifica nuestra fe.
4. Dios conoce nuestro corazón y está preparado para tratar con nuestras dudas. Dios edifica nuestra fe.
Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo será esto? pues no conozco varón.Respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios.Y he aquí tu parienta Elisabet, ella también ha concebido hijo en su vejez; y este es el sexto mes para ella, la que llamaban estéril;porque nada hay imposible para Dios.
Digámoslo de esta manera: lo que Dios hace no tiene sentido. La lógica de Dios es muy diferente a la nuestra.
Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos.
Los planes de Dios, esos en los que nos incluye, no se adaptan a la lógica humana. Dios hace cosas que nosotros no entendemos.
Truena Dios maravillosamente con su voz;
El hace grandes cosas, que nosotros no entendemos.
Así como lo hizo con María, Dios te va a sacar de los caminos normales y formales y va a hacer en ti lo inesperado, lo increíble, lo sorprendente.
Y está bien dudar.
¿Te das cuenta de que María dudó?
Dios le estaba revelando su plan, le estaba comunicando lo que estaba por hacer, incluyéndola. Mientras escuchaba al ángel, la mente de María no paraba, tratando de entender bien lo que se decía.
¿Cómo? ¿Esperar un bebé? María sería joven pero ya había entendido claramente que para que venga un bebé tiene que producirse la relación entre un hombre y una mujer. Y eso no había sucedido todavía entre ella y José.
Observa que María se aventura a hablar de estos aspectos tan personales e íntimos con el ángel de Dios.
María no fue la única en la historia que dudó de la revelación de Dios que rompe la lógica de su vida. Gedeón necesitó varias confirmaciones antes de aventurarse a ser el general del pueblo de Israel que le traería una épica victoria enfrentando un ejército de treinta y cinco mil con trescientos soldados armados de vasijas y antorchas.
El ángel le explica a María que, efetivamente, aquel niño nacería sin la intervención de un hombre, pero con la intervención del Espíritu Santo (“…el Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra”). Ciertamente Dios le estaba anunciando el poderoso milagro que iba a suceder. El que venía era el Hijo de Dios, no de José, aunque él oficiaría como su padre.
El ángel menciona lo que Dios ya está haciendo en la vida de Elizabeth, que también estaba esperando un bebé (Juan el Bautista) ya fuera de la edad para la concepción. Esto es lo que podemos llamar un promotor de fe. Dios utilizó lo que ya estaba haciendo para alimentar la fe de María. Si podía hacer aquello en la vida de Elizabeth también podría hacer lo que le estaba anunciando a María.
De la misma manera, Dios quiere alimentar nuestra fe. Hoy lo está haciendo al revelarnos lo que hizo con María, y lo que hizo con ella nos deja evidencia que cualquier cosa que se proponga hacer en nuestras vidas lo puede hacer sin obstáculos.
¿Cuál es la enseñanza? Que nada hay imposible para Dios.
Este es el Dios con el que tratamos, Aquel a quien llamamos Padre en nuestras oraciones, el que nos escucha cada día y el que habla (ahora mismo) a nuestros corazones. Para Él no hay nada imposible.
Conclusión:
Conclusión:
Respondámosle al Señor de la manera adecuada:
Entonces María dijo: He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra. Y el ángel se fue de su presencia.
Creo que la mayoría de nosotros nos imaginamos a María inclinándose al hacer esta afirmación.
Esta es la respuesta adecuada. Lo que dijo María es algo así como: “Aquí estoy, dispuesta a dejar que hagas en mi vida lo que estás diciendo”.
¿Estás dispuesto a dejar que Dios haga en tu vida lo que Él quiere?
No de trata de lo que tú quieras, sino lo que Él quiere. No se trata de tus sueños. ¿Te parece que María haya soñado ser la madre del Mesías? ¡Ni siquiera se le había ocurrido pensar de qué manera llegaría el prometido de Dios!
Dios quiere obrar en nuestras vidas, así como lo hizo en la vida de María, así como lo hizo en las vidas de Gedeón, Elizabeth y Zacarías, Abraham, los apóstoles y sus hijos a lo largo de la historia.
Hoy nos corresponde a nosotros.
Dios sigue obrando, y en este caso nos quiere utilizar a nosotros como sus siervos, sus herramientas, aquellos en cuyas vidas va a ocurrir lo sorprendente e imposible.
Preséntate ante Dios con aquella disposición que tuvo la madre de nuestro Salvador.
¡Dios hará grandes cosas!
