La Luz vino al mundo

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En el mes de diciembre todos debemos preguntarnos: ¿Qué es lo que celebramos cuando festejamos la Navidad? ¿Es nada más que un tiempo de fiesta, compras y regalos? ¿Es nada más que un tiempo para consentirnos unos a otros regalándonos lo que estábamos deseando?
No, los discípulos de Jesús aprovechamos este tiempo de año para celeberar la grandeza del amor de Dios, quien nos amó y envió su Hijo para redimirnos, perdonando nuestros pecados.
Juan 3:16 RVR60
Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.
Dios nos amó, y motivado por ese amor envió a su Hijo para que recibamos la salvación creyendo en Él.
Los detalles en que se concretó ese envío, el “cómo” de esta provisión de Dios, están llenos de una historia sorprendente que repetimos cada año.

1. José

Consideremos la historia de la Navidad desde el punto de vista de José.
Mateo 1:18–25 RVR60
El nacimiento de Jesucristo fue así: Estando desposada María su madre con José, antes que se juntasen, se halló que había concebido del Espíritu Santo. José su marido, como era justo, y no quería infamarla, quiso dejarla secretamente. Y pensando él en esto, he aquí un ángel del Señor le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es. Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados. Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, cuando dijo: He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, Y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros. Y despertando José del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado, y recibió a su mujer. Pero no la conoció hasta que dio a luz a su hijo primogénito; y le puso por nombre JESÚS.
El relato del nacimiento de Jesús aparece en dos de los cuatro evangelios (el evangelio de Juan se refiere a su venida refiriéndose al Verbo, el Hijo de Dios preexistente), Mateo y Lucas. Al considerar ambos relatos, podemos observar que contienen diferentes detalles, o que presentan el evento de una manera diferente. ¿Por qué? Es el típico caso de los diferentes testigos. Para casi cada evento que acontece, diferentes testigos se referirán a diferentes detalles, conforme a lo que más les llamó la atención o les impactó. Las historias a las que nos referimos en Mateo y Lucas proceden de sus diferentes protagonistas: Mateo cuenta la historia desde el punto de vista de José, mientras que Lucas evidentemente entrevistó a María y relata lo que ella le dijo.
Mateo 1:18–19 RVR60
El nacimiento de Jesucristo fue así: Estando desposada María su madre con José, antes que se juntasen, se halló que había concebido del Espíritu Santo. José su marido, como era justo, y no quería infamarla, quiso dejarla secretamente.
Aquí es donde corresponde recordar algunas diferencias entre hombres y mujeres. José, como típico hombre, cuenta la historia concreta, obviando muchos detalles, yendo a lo concreto. El relato de María es más extenso, contiene muchos detalles y se extiende a acontecimientos exactamente posteriores al nacimiento. Típicos.
Aquí en Mateo tenemos, entonces, el relato según José. Si prestamos atención e imaginamos un poco, podríamos casi escuchar la voz de José mientras lo cuenta en primera persona: “María y yo estábamos desposados (comprometidos) pero todavía no vivíamos juntos, y nos enteramos que estaba esperando un bebé”.
A ver, un poco de perspectiva masculina. ¿Qué es lo primero que concluye alguien en esta situación? Sí, que María había caído en un desliz con alguien con quien no estaba comprometida, es decir, que había caído en adulterio. El relato anuncia directamente que María “había concebido del Espíritu Santo”, adelantándose así un poco al resto de lo relatado.
José era un hombre bueno. Debió sentirse confundido, traicionado, su corazón debió estar muy quebrantado. ¿Te imaginas? Esperaba compartir su vida con su linda esposa y anhelaba el momento de la boda, anticipando la vida juntos. Pero esto se interpuso, y si otros supieron debieron empezar a surgir los rumores (el chisme).
Es posible que José haya dicho en algún momento: “Quise dejarla secretamente, sin avergonzarla, sin hacer un escándalo. Que la gente pensara lo que quisiera, que tal vez el hijo era mío”. Su prometida estaba esperando un bebé que no era suyo. Podríamos considerar que a lo largo de la historia muchos hombres se han apartado por esta misma razón.
¿Qué pasa cuando utilizas tu lógica para tomar decisiones? Pues, haces lo que la mayoría, sigues la corriente, te comportas normalmente. Otros, al considerar lo que ocurrió, dirían: “Sí, me imaginé que haría eso”.
Pero entonces sucedió algo más:
Mateo 1:20–21 RVR60
Y pensando él en esto, he aquí un ángel del Señor le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es. Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.
Lo imagino a José confundido y estresado por toda la situación, llevándose la preocupación y la desilusión a la hora de acostarse. Entonces ocurrió algo inesperado: tuvo un sueño.
El relato no dice que “un ángel del Señor le apareció en sueños”. Todos recordamos que el ángel enviado a María (estando despierta) se llamaba Gabriel. Aquí no se menciona el nombre, y el ángel no se aparece materialmente, durante el día, “en persona”, sino en sueños. Literalmente, aquella noche José se acostó contrariado, angustiado por toda aquella situación, y tuvo un sueño inquietante en el que se le presentaba un ángel (¿has notado que en los sueños a veces sabemos quienes son las personas o qué posición ocupan aunque no nos lo digan?).
El ángel lo conocía, lo llamó por su nombre y honroso apellido (“José, hijo de David”). No solamente lo conocía sino que sabía lo que estaba pensando, que estaba considerando dejar a María, que estaba por tomar la decisión de alejarse de ella permanentemente. ¿Qué es lo que ha influído para que tú te acerques o alejes a las personas con las que te relacionas?
¿Has observado cómo llamó el ángel a la prometida de José? Dijo María, tu mujer. Aunque aún no vivían juntos, desde el punto de vista del cielo María y José ya eran una unidad, se pertenecían uno al otro, y entre todas las mujeres del mundo, María era la que a José le había tocado.
El ángel se refiere al problema que tanto inquietaba a José. Es interesante notar que tanto María como José escucharon aquella poderosa frase “No temas” , esa que Dios tiene preparada para aliviar las inquietudes de cada uno de nosotros. Pero no le dijo solamente que no temiera, sino “sno temas recibir a María tu mujer”. En otras palabras, no había dejado de ser su mujer, y Dios le está enviando un mensaje para evitar que la dejara. Había en aquella situación algo que José no estaba viendo. Es evidente que no había conversado todavía con María y no conocía su experiencia con el ángel Gabriel.
El ángel del sueño tenía una explicación para lo que estaba sucediendo con María: “…lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es”. ¡Wow! ¡Esto era muy fuerte! José está recibiendo una explicación que no correspondía a la lógica. ¿Cómo que el Espíritu Santo? ¿Hacía eso el Espíritu de Dios? ¿Por qué haría eso?
Aquello no terminaría allí. El ángel anuncia que aquel embarazo concretaría el nacimiento de un hijo, y allí José estaría todavía involucrado: “Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesú, porque él salvará a su pueblo de sus pecados”. Perdón, ¿quién lo llamaría así? Sí, el propio José, actuando como si fuera materialmente su padre. Su nombre, cuyo significado es “Salvador”, corresponde al anuncio de cuán especial sería aquel niño, “salvará a su pueblo de sus pecados”, conforme al plan anunciado por Dios para el advenimiento del Mesías. Entre todos los hombres de la historia, José sería el guardian del Salvador prometido por los siglos.
Dios había preparado esto con mucha anticipacion.
Mateo 1:22–23 RVR60
Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, cuando dijo: He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, Y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros.
Mateo no nos aclara si la cita bíblica de Isaías 7:14 es un comentario suyo o fue mencionada por el ángel, pero la referencia es tremendamente clara. Aquel nacimiento era el anunciado desde la antigüedad, anticipado por los profetas, el vientre de una virgen trayendo un niño especial por la voluntad de Dios.
A la cita bíblica de Isaías se añade la traducción de su nombre, Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros. Solamente el que naciera de aquella virgen podría terminar con la ruptura relacional entre Dios y los hombres por causa del pecado. Esto apunta ya no al nacimiento sino a la muerte de Jesús en la cruz, evento por el cual los que creemos en Él recibimos la salvación y el perdón de nuestros pecados.
¿Qué harías tú si tuvieras un sueño así? Sabemos lo que hizo José.
Mateo 1:24–25 RVR60
Y despertando José del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado, y recibió a su mujer. Pero no la conoció hasta que dio a luz a su hijo primogénito; y le puso por nombre JESÚS.
Fe y obediencia. José se despertó sabiendo que Dios le había hablado. Puedo imaginar aquella conversación con María en la que se contaron sus experiencias espirituales y se abrazaron con toda la fuerza por un largo rato renovando y confirmando su compromiso. No, José no la dejaría, María era su mujer y lo seguiría siendo. Y aquel niño era un regalo de Dios, una bendición.
¿Te das cuenta de que Dios puede intervenir también en tu vida haciendo algo completamente nuevo e inesperado?
José respetó a María y no tuvo relaciones con ella mientras duró su embarazo. La Palabra nos enseña que ella no fue siempre virgen, y que tuvo otros hijos además de Jesús.
Tenemos que aprender de José, quien obedeció a pesar de que la lógica señalaba otro camino.
¿En qué quiere Dios que le obedezas en este tiempo?
Deja que Dios te hable, como Él quiera hacerlo.
Dios les habló a José y a María de maneras diferentes, pero les habló a los dos. Todos somos diferentes, y Dios nos habla y obra en nuestras vidas conforme a lo que necesitamos. Dios te va a hablar (y te está hablando) de la manera en que necesitas. Cuando Dios nos habla, la reacción necesaria y correcta es la obediencia.
Obedece.
Prepárate para hacer lo inesperado conforme a la guía de Dios.
¡A Dios sea la gloria!

2. María

El evento que transformó la historia, que partió en dos el calendario, es relatado aquí con toda sencillez.
Lucas 2:1–20 RVR60
Aconteció en aquellos días, que se promulgó un edicto de parte de Augusto César, que todo el mundo fuese empadronado. Este primer censo se hizo siendo Cirenio gobernador de Siria. E iban todos para ser empadronados, cada uno a su ciudad. Y José subió de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por cuanto era de la casa y familia de David; para ser empadronado con María su mujer, desposada con él, la cual estaba encinta. Y aconteció que estando ellos allí, se cumplieron los días de su alumbramiento. Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón. Había pastores en la misma región, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño.Y he aquí, se les presentó un ángel del Señor, y la gloria del Señor los rodeó de resplandor; y tuvieron gran temor.Pero el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo:que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor.Esto os servirá de señal: Hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre.Y repentinamente apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios, y decían: ¡Gloria a Dios en las alturas, Y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres! Sucedió que cuando los ángeles se fueron de ellos al cielo, los pastores se dijeron unos a otros: Pasemos, pues, hasta Belén, y veamos esto que ha sucedido, y que el Señor nos ha manifestado. Vinieron, pues, apresuradamente, y hallaron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Y al verlo, dieron a conocer lo que se les había dicho acerca del niño. Y todos los que oyeron, se maravillaron de lo que los pastores les decían. Pero María guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. Y volvieron los pastores glorificando y alabando a Dios por todas las cosas que habían oído y visto, como se les había dicho.
Lucas tiene la sensibilidad de presentarnos el marco histórico cronológico correspondiente a los acontecimientos que relata, y por eso nos informa que esto está asociado al edicto de empadronamiento proveniente de Roma, del emperador Augusto César. ¿Observas los detalles? Menciona también quién era el gobernador de Siria en aquel momento, Cirenio.
Cada uno tenía que ser censado en su propia ciudad de origen. Yo me imagino volviendo a mi ciudad para ser empadronado. Así lo hicieron todos, incluyendo a José, desposado con María. Lucas no lo señala aquí, pero estaba escrito que el Mesías nacería en Belén. ¿Puedes percibir la manera en que Dios opera en las cosas que suceden, movilizando gobiernos, ejércitos, órdenes, circunstancias que afectan lo social, lo cultural, lo político, para llevar a cabo su plan? El emperador de Roma no tenía idea de que al promulgar su edicto de que la población fuera empadronada estaba siendo usado para que se diera cumplimiento a la profecía.
José y María viajaron desde Nazaret, en Galilea, hasta “la ciudad de David”, Belén de Judea. Debe haber sido un viaje largo y agobiante, en especial por el embarazo de María.
Luego, simplemente, Lucas lo dice:
“Y aconteció que estando ellos allí, se cumplieron los días de su alumbramiento. Y dio a luz a su hijo primogénito...”.
Así sucedió el nacimiento del Hijo de Dios. ¿Cómo? Pues, como nos sucedió a todos (o a muchos), cuando se cumplió el plazo natural para un embarazo a término, cuando llegó el momento en que María supo que el bebé nacería. Nació como naciste tú, como nací yo. Salió del vientre, vio la luz, lloró, fue sostenido por su padre. Fue envuelto en pañales, totalmente normal.
Dicho así, no parece un evento sobrenatural, pero considera sus efectos. Hubo un antes y un después de este evento, a nivel global, para todas las generaciones. Nada volvió a ser lo mismo, literalmente.
Claro que las vidas de María y José no volvieron a ser iguales. Pero, ¿no es esto lo que ha sucedido a lo largo de la historia? ¡Un hijo lo cambia todo! Y, al mismo tiempo, ¡todos los hijos son especiales! Aquel embarazo inesperado les cambió la vida a María y José, así como tantas veces ocurre en las vidas de las personas. Los eventos de Dios nos cambian, cambian nuestros planes, cambian nuestra perspectiva, y nuestra manera de enfrentar las nuevas circunstancias.
Pero aquel nacimiento tendría repercusiones para todos, no solamente para José y María. Hoy en día le he hablado al que nació aquel día. Él transformó, ¿qué digo “transformó”?, más bien, revolucionó mi vida y seré eternamente diferente por haberlo encontrado. Y no soy el único. ¿Tú también lo eres? Y considera cuán distantes, geográfica y cronológicamente, nos encontramos tú y yo de aquel evento. Y, ¿cuántos más han sido alcanzados por la onda expansiva de este “pequeño” evento? Millones. Muchos. La mayor revolución en toda la historia de la humanidad.
No se nos puede escapar el detalle que aparece en el versículo 7, al final de este relato: “no había lugar para ellos en el mesón”. El nacimiento fue normal, comparable al de la mayoría de los humanos, a no ser por el hecho de que aquellos fueron desterrados, rechazados, indignos de la consideración de los demás. El bebé tuvo que nacer en un establo, porque “no había lugar para ellos”. Claro, habrían demorado más que los otros en el viaje. Sí, las habitaciones estaban llenas y había mucha agitación en el pueblo.
Juan 1:11 RVR60
A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron.
No había lugar para Jesús. El mundo parecía no darle la bienvenida. Jesús no le pertenecía al mundo, y no venía con la marca de la caída, esa que todos llevamos impresa en todo nuestro ser. Nació como nosotros, pero no era “del mundo”; al contrario, el mundo era suyo, todo era suyo. Pero, como dice Juan (Juan 1.11), “los suyos no le recibieron”. Fue cierto en su nacimiento, fue cierto en el desarrollo de su ministerio, fue cierto en su muerte.
Este capítulo de Lucas nos señala que algunos sí lo recibieron:
José y María.
Los pastores.
Los magos de oriente.
Y hoy en día nosotros. El mundo le sigue dando la espalda, sin encontrar lugar para Él, en hogares y corazones. Pero todavía hay un grupo minoritario que le reconoce la importancia y la honra que merece, y que lo recibe.
Aquel evento no fue “un nacimiento más”, “uno más entre tantos”. Deja que Jesús sea la persona y la situación que revolucione tu vida.

3. La Luz

El λόγος
Hablemos de Dios.
Cuando hablamos de Dios sabemos que nos referiremos a Aquel que no cabe en nuestras descripciones y que supera lo que nosotros somos capaces de comprender. ¡Dios es tan grande, tan poderoso!
Será por eso que la Biblia comienza por donde tiene que comenzar, diciendo:
En el principio Dios…
Antes que nada de lo que conocemos existiera, ya existe Dios, el Autor de todo, Aquel que es desde la eternidad y hasta la eternidad.
Juan 1:1–5 RVR60
En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella.
Estableciendo una maravillosa conexión con esa revelación, Juan da comienzo a su evangelio utilizando la misma frase con una sola variación:
En el principio el λόγος…
¿De qué está hablando?
Está hablando de Dios. Habla del Todopoderoso cuya esencia supera todo lo que nosotros seríamos capaces de explicar o imaginar.
Resuena todavía la voz que dijo:
Hagamos al hombre…
Sí, lo dijo en primera persona del plural, refiriéndose a nosotros, nuestro Dios que es Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Lo que está tratando de comunicar aquí Juan es su experiencia de conocer al que es desde el principio y para quien no hay final.
Al dar inicio al relato de sus experiencias con Jesús, Juan comienza por su identidad, expresando con toda claridad que Aquel a quien durante su ministerio llamaron “Maestro” es mucho más que eso. Si bien lo conocieron encarnado, visible y tangible como los demás de nosotros, Juan quiere dejar muy claro que Él es el eterno.
Él era con Dios.
Dios es Él.
¿Puedes aunque sea intentar imaginarte un trato personal en la carne con el Creador del universo?
Sí, resulta difícil, pero justamente eso es lo que Juan estará presentando a lo largo de su evangelio. Va a hablar de Jesús, de sus experiencias con Él, de sus enseñanzas, sus milagros. Pero estará hablando de Dios, del Todopoderoso, el Eterno.
Al mismo tiempo, lo que aquí se nos enseña es que hay también una conexión indivisible entre Dios, el λόγος, y la vida de los seres humanos. Él nos creó y es la luz de los hombres. Sin Él caemos en la más profunda oscuridad, pero cuando lo tenemos no existe sombra que pueda eclipsarlo.
Así de importante es Aquel que vino en carne para revelarnos el amor que nos redime.
La luz
Los seres humanos sabemos que no podemos sobrevivir sin aire, sin agua, sin alimento. Hay determinadas cosas que son esenciales para nuestra existencia, y cada uno de nosotros lo sabe. Al mismo tiempo, a veces podemos dar algunas cosas por sentado, siendo que también son esenciales pero como “siempre están allí” simplemente no las añadimos a la lista.
La luz también es esencial.
¿Qué tipo de existencia tendríamos sin ella?
En este pasaje bíblico se hace referencia a la luz. Lo que tenemos que entender es que se refiere a ella a manera de ejemplo de algo tan esencial como ella, pero va todavía más allá.
La Palabra se refiere a la esencia de la vida de los seres humanos.
Juan 1:6–13 RVR60
Hubo un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan. Este vino por testimonio, para que diese testimonio de la luz, a fin de que todos creyesen por él. No era él la luz, sino para que diese testimonio de la luz. Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo. En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció. A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.
Este pasaje habla de algo todavía más indispensable que la luz para nosotros. Está refiriéndose a la esencia de la vida.
¿Cuál es la esencia de la vida humana? ¿Nuestra genética? ¿Nuestros órganos funcionando en perfecta coordinación? ¿El aire que respiramos? ¿El agua que bebemos?
No, tú y yo fuimos creados, y la esencia de la vida estuvo de pie en carne y hueso a los ojos de toda la humanidad en la persona de Jesucristo.
Juan el Bautista, aquel hombre enviado por Dios lo había anunciado, y se refirió a Él. La propia esencia de la vida de las personas, el aliento de vida soplado por Dios y que dio origen a nuestras vidas, se presentó en persona, y lo hizo para salvarnos.
Todo fue hecho por Él. Pisó su propio suelo, tocó sus animales, interactuó con sus personas. ¿Y cómo fue recibido? ¡Todo era suyo y los suyos no le recibieron! ¡Qué vergüenza! ¡Qué dolor! ¡Cómo pudimos, como humanidad, menospreciar la presencia de nuestro Hacedor! Pero lo hicimos…
La humanidad como tal rechazó y trató con indiferencia a su Creador, pero hubo una minoría—en aquel momento histórico y a lo largo de la historia, hasta ahora—que sí lo recibió, que sí se dejó asombrar por Él, que sí reconoce su grandeza y le rinde toda adoración.
A esa minoría, Dios le llama su familia. Son los suyos, los que fueron devueltos a la senda antigua, los que recuperan la oportunidad de vivir conforme al plan original al momento de nuestra creación.
He aquí la decisión más radical y determinante de la vida de cualquier persona, más importante que la persona con la que uno decide casarse, más importante que la carrera educativa o laboral que uno decide desarrollar, más importante que el lugar donde uno decide vivir… ¡todos decidimos si recibir o no al Hijo de Dios!
Y esa decisión lo cambia todo.
¿Qué has decidido tú?
Debes saber que si de verdad has estado dispuesto a romper el mandato cultural (si has decidido hacer las cosas de una manera diferente a lo que hace la gran mayoría) eso ha representado un cambio explosivo que ha trasladado tu vida a otro nivel, el nivel de Dios para ti.
La luz verdadera vino a este mundo, y yo la quise rechazar ni he sido indiferente a ella. Esa luz es mi luz, y mi vida depende de ella.
¿Y tú? ¿Le has recibido o eres todavía indiferente a Él?
La encarnación
Juan 1:14–18 RVR60
Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad. Juan dio testimonio de él, y clamó diciendo: Este es de quien yo decía: El que viene después de mí, es antes de mí; porque era primero que yo. Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia. Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer.
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