COMO RECIBIR LA PALABRA DE DIOS | SANTIAGO 1:21

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- Proposición:

Aprendamos cómo debemos disponernos para oír la voz de Dios.
- Vamos a invertir el orden del pasaje.
- INTRODUCCIÓN: Escuchar o recibir la Palabra de Dios es algo que nos genera expectativa. A menudo los cristianos le piden a Dios que les deje oír su voz, que les revele Su Palabra; que les permita apreciarlo. Alguien escribió una canción que dice algo como:
si notas … que solo dependo de mí. Corrígeme y hazme ver, hazme saber que no estoy bien. Háblame no me dejes continuar, háblame que es por mi bien, háblame y hazme saber que yo estoy mal. Háblame por favor corrígeme y aunque duela hazme volver al camino donde un día camine. Dios háblame.
También ahora que inicia un nuevo año, muchos creyentes se trazan metas espirituales. Se proponen crecer en la Gracia. Y con mucha sinceridad hay ahora hijos de Dios que están convencidos que anhelan caminar más cerca de Dios este año. Están ahora pidiéndole al señor que les permita oír, recibir y obedecer Su Palabra para crecer en virtud.
Hoy veremos en Santiago 2:1 cómo entonces podemos recibir la palabra de Dios. Esta carta escrita a creyentes judíos dispersados y en ella, Santiago intenta mostrarles cómo luce la verdadera fe. En este segmento vemos puntualmente que un hijo de Dios vive conforme a la Palabra. Y hoy aprenderemos entonces, como disponernos para oírle.
- “Por lo cual”.
- “Alude a las verdades expresadas. Primeramente que la Palabra de Dios tiene poder para Regenerar al hombre y convertirlo en una nueva criatura, de hecho Santiago les dice a los creyentes dispersados que ellos fueron primicia de sus criaturas (1:18). .
- A partir de aquí, Santiago hace una transición en su enfoque. Una vez que él estableció que los creyentes hemos experimentado el poder transformador del Señor y hemos sido hechos Nuevas criaturas, ahora dice él, debemos someternos a Su Palabra para continúe perfeccionándonos.
- Nota como en esta sección del pasaje Santiago habla de:
a. La Palabra de Verdad, 18.
b. La Palabra implantada, 21.
c. La Palabra, 22 y 23
d. La perfecta ley, la de la libertad, 25.
La Biblia no solo se les da a los hombres para salvación, sino que también es “inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (2 Ti. 3:16–17). Por el escuchar continuo y fiel de la Palabra, que da y sustenta la vida, nuestro corazón, que es morada de Dios, se siente estimulado a obedecer la Palabra con una entrega voluntaria a sus enseñanzas y verdades. Exclamamos al igual que David que “la ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma; el testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo. Los mandamientos de Jehová son rectos, que alegran el corazón; el precepto de Jehová es puro, que alumbra los ojos” (Sal. 19:7–8). “Por heredad he tomado tus testimonios para siempre”, escribe otro salmista, “porque son el gozo de mi corazón” (Sal. 119:111)

1. DEBEMOS RECIBIR LA PALABRA DE DIOS.

- Recibid. (Decomai. Verbo, aoristo medio, el sujeto realiza y recibe la acción, imperativo).
- “Recibir mediante una recepción deliberada y bien dispuesta… “ –VINE.
- “Recibir, aceptar, acoger” CNT
- “Reaccionar favorablemente a algo y así tener en cuenta lo que es correcto y adecuado” – Sentidos LOGOS.
- “Recibid… Palabra implantada”
- Santiago dice a sus lectores que reciban la Palabra que fue plantada en ellos. Esta Palabra no es nueva para estos lectores, es a cristianos a quienes Santiago exhorta en este texto.
- Sin embargo, aunque ya está en nosotros, debemos recibirla continuamente, en el sentido de permitirle controlar nuestra vida. De eso es que se habla en Hch 17:11 cuando se dice que los judíos de Berea “recibieron la Palabra con toda solicitud, escudriñando las escrituras…”
- Esa Palabra ya echó raíces, como una planta. Esta ilustración nos hace pensar en el cuidado que debemos dar a la Palabra de Dios que escuchamos cada semana y que hemos creído.
- Si te regalan una planta nueva y la colocas en tu casa pero nunca la cuidas, pronto morirá. El creyente que no presta atención a la Voz de Dios, no se alimenta de sus Palabras, morirá de hambre espiritual.
- El salmista dijo:
“¡Cuan dulces son a mi paladar tus palabras!
Más que la miel a mi boca” Sal. 119:103
Ezequiel relató:
“y me dijo: hijo de hombre, alimenta tu vientre y llena tus entrañas con este rollo que yo te doy. Y lo comí, y fue en mi boca dulce como la miel” Ezequiel 3:3
Jeremías también contó su experiencia:
“Fueron halladas tus palabras, y yo las comí; y tu palabra me fue por gozo y por alegría de mi corazón, porque tu nombre se invocó sobre mí, oh Jehová Dios de los ejércitos” Jeremías 15:16
- Entonces, Santiago nos alienta a vivir esa experiencia de gozo y deleite en Dios y su Voz. Pero nos dice que debemos estar libres de ira, malicia o amargura.

1.1 CON ACTITUD DE MANSEDUMBRE.

- Esto es, un espíritu obediente y manso, Sin orgullo ni resentimiento. Esto es lo que debe caracterizar a un verdadero creyente,
- No recibe la Palabra como los mandatos egoístas de un tirano; sino como la dulce voz y consejo de su mejor amigo.

1.2 PARA ESO DEBEMOS QUITARNOS LA INMUNDICIA.

- Antes que la Palabra de Dios pueda producir su justicia en nosotros, debemos desechar el pecado de nuestras vidas. Ese pecado se vuelve un obstáculo entre tú y la rectitud que la palabra de Dios puede crear. Por eso es necesario abandonarlo. Quitárnoslo de encima. Tirarlo como una camisa enlodada que ya no deseamos vestir. De eso se trata “desechar”.
- Desechando:(apotíthemi. Voz media, implica participación activa del sujeto en la acción). “Sacarse de encima”; “Quitarse la ropa”.
- Detener un estado = quitarse “detenerse a sí mismo de estar en un estado o condición; concebido como desvestirse de una prenda” – Sentidos LOGOS.
- Pablo emplea esta figura varias veces en el NT.
- A los creyentes de Éfeso les dijo: Efesios 4:22-24
- También a los hermanos de Colosas: Colosenses 3:8-10
- De la misma manera el misterioso escritor de Hebreos dijo: Hebreos 12:1
- También Pedro escribió: 1 Pedro 2:1-2.
- Hoy entonces él nos dice que nos saquemos de encima la inmundicia.
- Inmundicia: (Rhyparía. Sustantivo, acusativo, es decir el objeto directo de la acción).
- Conducta indecorosa, impureza moral.
- “Estado de descrédito debido a una impureza moral” – Sentidos LOGOS.
- Se deriva de rypos; y cuando rypos se usa en un contexto médico quiere decir el cerumen de los oídos. Es posible que tenga aquí ese sentido; y entonces sería que Santiago está diciendo a sus lectores que se limpien de todo lo que les cierre los oídos a la verdadera Palabra de Dios. Cuando se acumula la cera en los oídos puede dejarle a uno sordo; y los pecados pueden hacer que una persona sea insensible a la voz de Dios.[1]
- La inmundicia es, en un sentido figurado, como una cera de oídos que impide que escuches con claridad la Palabra de Dios, la Voz de Dios, el consejo de Dios, el susurro de Dios, los mandatos de Dios; la Voluntad de Dios. Por eso debes quitártela.
- Pero notemos que Santiago nos deja claro lo que debemos hacer con ella: ¡Quitarla! Sacarla de nosotros. Porque de poco sirve ignorar nuestra malicia. Es hasta que la desechemos de nosotros que dejará de estorbarnos para oír la voz de Dios.
- Es tu propia inmundicia la que te impide oír a Dios con claridad. Y lo que necesitas no es ocultar; sino eliminarla de tu vida.

1.3 TAMBIÉN DEBEMOS QUITARNOS LA MALDAD.

- Malicia. (Kakía. Sustantivo, genitivo, indica posesión. También relación con el sustantivo anterior).
- Maldad, sentimiento de odio.
- Actuar con malicia es actuar de manera perversa, contraria a los valores y principios morales. Es actuar con fines malvados.
- La maldad también nos impide recibir la Palabra de Dios. Hagamos algunas observaciones:
a. Hablamos de la maldad como algo abstracto o como un espíritu que anda recorriendo las calles del mundo. “En las ciudades abunda la maldad”.
b. Hablamos de la maldad como algo que pertenece a los peores hombres.
c. Pero aquí, Santiago no quiere que pienses en la maldad como espíritu libre o como una cualidad de un asesino; sino como algo que hay en ti.
d. “Malicia” aquí se traduce de “kakía”, escrito en modo genitivo, indicando que se posee esa “maldad”. También podemos ver que en este texto se nos dice que la inmundicia y malicia están estrechamente relacionadas.
- Lo que necesitas para oír y recibir la Palabra no es que fulano o fulana cambie. No es la maldad del mundo o de una persona en específico la que debe desaparecer para que tus oídos estén abiertos a la voz de Dios. Es tu propia malicia la que te tapa. Ese “resto” de malicia que aún no ha sido quitado de ti, quizás no es tanto como antes de venir al Señor. Pero sigue habiendo.
- Necesitas dejar ir esa malicia que el pecado ha generado en tu corazón y tu mente,

1.4 LO NECESITAMOS PARA SER SALVOS.

- La Palabra de Dios fielmente proclamada y escuchada con atención puede salvar a quien la oye. Dicha Palabra tiene el poder de transformar vidas porque es viva y activa (Heb. 4:12).
- La palabra salvar tiene en la Escritura un significado mucho más profundo del que habitualmente le otorgamos. El verbo salvar implica no solamente la salvación del alma sino la restauración de la vida.
- Por ejemplo, cuando Jesús sanó a la mujer que había sufrido de un flujo de sangre durante doce años, le dijo: “Hija, tu fe te ha sanado” (Mr. 5:34). En realidad, el griego dice: “Tu fe te ha salvado”. Por consiguiente, salvar significa hacer que la persona se vuelva íntegra y completa en todo.
- Y eso es lo que la Palabra de Dios puede hacer por el creyente. El evangelio es el poder de Dios que obra en todo aquel que cree (Ro. 1:16). ¡El evangelio salva!
- Es el poder divino que respalda la verdad de la Biblia el que puede comenzar la salvación, mantenerla viva y creciendo, y a la postre llevarla a la gloria final, completa y perfecta. Hemos sido salvos (justificados) por el poder de la Palabra de Dios; nos mantiene salvos (santificados) el poder de la Palabra; y seremos definitiva, completa y eternamente salvos (glorificados) por el poder de la Palabra.

- APLICACIONES:

1. Escuchar la voz de Dios, recibir su Palabra no es algo que ocurre místicamente mientras estamos en el templo; es una disposición de nuestros corazones. ¿Estás ya dispuesto para recibir Su Palabra? ¿está tu corazón anhelando ser alimentado por la dulce Palabra del Señor? ¿Es ese uno de tus propósitos este año?
2. ¿Tienes aun inmundicia y malicia que no has desechado de tu vida? Ocultarla no sirve de nada. ¿Hay pecado con el que has estado luchando este año? Creo que estamos a tiempo para despojarnos e ir en pos de la dulce voz del Rey de reyes.
3. ¿Estás esperando que otro cambie para entonces tú poder recibir la Palabra de Dios? Ya hemos visto que eso es un engaño. Esta es una cuenta pendiente, una tarea personal. Sin ignorar las injusticias que podamos recibir, la Biblia nos ha enseñado que es nuestro propio pecado y maldad lo que nos impide oír su voz.
4. Entrega todo a él hoy.
[1] William Barclay, Comentario Al Nuevo Testamento(Viladecavalls (Barcelona), España: Editorial CLIE, 2006), 948.
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