La Batalla Frustrada: Satanás Contra el Plan de Navidad
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El plan frustrado en detener la Navidad
Texto base: Génesis 3:15; Lucas 2:1-20
Introducción:
La Navidad representa más que el nacimiento de Jesús; es la culminación de una batalla espiritual que comenzó en el huerto del Edén. Satanás ha intentado frustrar el plan redentor de Dios desde el principio, pero una y otra vez vemos que sus intentos fracasan porque el plan de Dios es inmutable. Hoy exploraremos cómo se ha desarrollado esta lucha a lo largo de la historia y cómo la Navidad simboliza la victoria definitiva.
I. El engaño en el Edén
I. El engaño en el Edén
Pasaje clave: Génesis 3:1-6, 15:
La serpiente era más astuta que cualquiera de los animales del campo que el Señor Dios había hecho. Y dijo a la mujer: «¿Conque Dios les ha dicho: “No comerán de ningún árbol del huerto”?». La mujer respondió a la serpiente: «Del fruto de los árboles del huerto podemos comer; pero del fruto del árbol que está en medio del huerto, Dios ha dicho: “No comerán de él, ni lo tocarán, para que no mueran”». Y la serpiente dijo a la mujer: «Ciertamente no morirán. »Pues Dios sabe que el día que de él coman, se les abrirán los ojos y ustedes serán como Dios, conociendo el bien y el mal». Cuando la mujer vio que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y que el árbol era deseable para alcanzar sabiduría, tomó de su fruto y comió. También dio a su marido que estaba con ella, y él comió.
»Pondré enemistad Entre tú y la mujer, Y entre tu simiente y su simiente; él te herirá en la cabeza, Y tú lo herirás en el talón».
El enemigo engaña a Adán y Eva, pero Dios proclama la primera promesa del evangelio.
Satanás introduce el pecado en el mundo al engañar a la humanidad, buscando destruir la comunión entre Dios y el hombre.
Aunque el pecado entra en el mundo a través de la desobediencia de Adán y Eva, Dios no deja de mostrar Su plan de redención. En el mismo momento de la caída, cuando Adán y Eva intentan esconderse de Dios (Génesis 3:8), Dios da la primera promesa de salvación, conocida como el Protoevangelio. En Génesis 3:15, Dios dice a la serpiente: "Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar."
Esta promesa es significativa por varias razones:
La simiente de la mujer: A pesar de la caída, Dios promete que habrá un descendiente de Eva que derrotará a la serpiente (Satanás). Este es el primer anuncio de la venida del Mesías, Jesucristo, quien nacería de una mujer (María) y sería el Salvador de la humanidad.
La derrota de Satanás: Aunque Satanás parece haber ganado la batalla en ese momento, Dios declara que será derrotado de manera definitiva por la simiente de la mujer. Esta derrota, aunque aún no visible, se llevaría a cabo en la cruz, donde Jesús vencería a Satanás, el pecado y la muerte.
La victoria futura: El golpe en la cabeza que se le da a la serpiente es un símbolo de la victoria final de Cristo. La cruz, aunque un instrumento de sufrimiento, sería el medio por el cual Cristo vencería al mal.
Ilustración: Imagina a un autor que, desde el primer capítulo de su libro, revela el desenlace triunfante de la historia. Así, Dios establece desde el principio cómo vencerá al enemigo.
II. El peligro para el pueblo
II. El peligro para el pueblo
Pasaje clave: Ester 3:6-11: El complot de Amán para destruir a los judíos, el pueblo elegido de Dios.
Y él no se contentó con echar mano solo a Mardoqueo, pues le habían informado cuál era el pueblo de Mardoqueo. Por tanto, Amán procuró destruir a todos los judíos, el pueblo de Mardoqueo, que estaban por todo el reino de Asuero. En el mes primero, que es el mes de Nisán, el año doce del rey Asuero, se echó el Pur, es decir la suerte, delante de Amán para cada día y cada mes hasta el mes doce, que es el mes de Adar. Y Amán dijo al rey Asuero: «Hay un pueblo esparcido y diseminado entre los pueblos en todas las provincias de su reino; sus leyes son diferentes de las de todos los demás pueblos, y no guardan las leyes del rey, así que no conviene al rey dejarlos vivos. »Si al rey le parece bien, que se decrete que sean destruidos, y yo pagaré 340 toneladas de plata en manos de los que manejan los negocios del rey, para que los pongan en los tesoros del rey». El rey tomó de su mano el anillo de sellar y se lo dio a Amán, hijo de Hamedata el agagueo, enemigo de los judíos. Le dijo el rey a Amán: «Quédate con la plata y también con el pueblo, para que hagas con él lo que te parezca bien».
A través de la historia, el enemigo ha intentado frenar el plan redentor de Dios atacando y destruyendo a Israel, el pueblo elegido. En el libro de Ester, se presenta uno de los intentos más explícitos de Satanás para aniquilar a la nación de Israel y, con ello, frustrar el cumplimiento de las promesas mesiánicas. Sin embargo, Dios, en su soberanía, interviene para proteger a Su pueblo y preservar el camino hacia la venida del Salvador.
El complot de Amán contra los judíos
En el libro de Ester, Amán, un alto funcionario del rey Asuero, conspira para exterminar a todos los judíos del imperio persa. Este complot es motivado por su odio hacia Mardoqueo, un judío que se negaba a inclinarse ante él. La ira de Amán no se limita a Mardoqueo, sino que decide destruir a todo el pueblo judío. En Ester 3:6, dice: "Amán se complació en destruir a todos los judíos que había en todo el reino de Asuero, el pueblo de Mardoqueo." Esto no es solo una cuestión personal, sino un intento de Satanás de erradicar la línea que daría origen al Mesías.
La amenaza era real. En un decreto real, se ordenó que todos los judíos fueran exterminados en el día 13 del mes de Adar. Este decreto representaba un intento directo de Satanás para frenar la descendencia de David, de la cual nacería Jesús. Si este plan hubiera tenido éxito, la promesa mesiánica habría quedado en peligro.
2. Dios levanta a Ester como instrumento de salvación
Aunque el plan de Amán parecía imparable, Dios ya tenía preparado un medio para salvar a Su pueblo. Ester, una joven judía que se había convertido en reina del imperio persa, fue colocada en una posición estratégica para intervenir. Su valentía y obediencia a Dios jugarían un papel crucial en frustrar el complot de Amán.
A través de la intercesión de Ester, Mardoqueo y todos los judíos de Persia fueron salvados. En Ester 4:14, Mardoqueo le recuerda a Ester: "Y quién sabe si para esta hora has llegado al reino, para que seas un instrumento de salvación para el pueblo." Este es un claro ejemplo de cómo Dios levanta a sus siervos en momentos cruciales para proteger Su plan redentor.
Dios utiliza a Ester, una mujer aparentemente insignificante en un reino pagano, para frustrar los planes de destrucción del enemigo. Esto nos recuerda que, aunque Satanás trama destruir la obra de Dios, siempre hay una intervención divina que asegura la preservación de Su pueblo y Su propósito. En el caso de Ester, la intervención de Dios no solo salva a Su pueblo, sino que garantiza que la línea mesiánica se mantenga intacta.
Conexión con la Navidad: La preservación de Israel aseguró el cumplimiento de las profecías mesiánicas. Dios protege Su plan a través de intervenciones divinas.
Ilustración: Como un rey que siempre guarda un as bajo la manga, Dios tiene un plan perfecto para frustrar los intentos del enemigo.
III. El intento de eliminar al Salvador
Pasaje clave: Mateo 2:16: Herodes ordena la matanza de los niños menores de dos años en Belén.
Después de haberse marchado ellos, un ángel del Señor se apareció* a José en sueños, diciendo: «Levántate, toma al Niño y a Su madre y huye a Egipto, y quédate allí hasta que yo te diga; porque Herodes quiere buscar y matar al Niño». Y levantándose José, tomó de noche al Niño y a Su madre, y se trasladó a Egipto; estuvo allá hasta la muerte de Herodes, para que se cumpliera lo que el Señor habló por medio del profeta, diciendo: «De Egipto llamé a Mi Hijo».
Herodes, al verse burlado por los sabios, se enfureció en gran manera, y mandó matar a todos los niños que había en Belén y en todos sus alrededores, de dos años para abajo, según el tiempo que había averiguado de los sabios.
1. Herodes como instrumento del mal
Herodes el Grande, un rey conocido por su crueldad y paranoia, se sintió amenazado al escuchar de los magos que había nacido el "Rey de los judíos". Aunque fingió interés por adorar al niño Jesús (Mateo 2:8), en realidad planeaba eliminarlo. Este acto no fue simplemente político; fue un ataque espiritual. Satanás, consciente de la promesa mesiánica, utilizó el poder y la maldad de Herodes para intentar impedir que Jesús cumpliera su misión.
El decreto de Herodes (Mateo 2:16) para matar a todos los niños menores de dos años en Belén y sus alrededores refleja la desesperación de Satanás por detener el plan de salvación. Este evento no solo causó un gran dolor en la región, sino que demuestra cómo el enemigo emplea tácticas crueles y destructivas para frustrar el propósito de Dios.
Ilustración: Piensa en un villano de una historia que utiliza todos los medios posibles para evitar que el héroe alcance su destino. Herodes, aunque un hombre poderoso, era solo una herramienta en las manos de un enemigo mayor: Satanás.
2. La intervención divina
A pesar de los esfuerzos de Satanás, Dios protege Su plan con precisión. Antes de que Herodes pudiera ejecutar su plan, Dios envió un ángel en sueños a José, advirtiéndole que huyera a Egipto con María y el niño Jesús (Mateo 2:13-14). Este movimiento no solo salvó la vida de Jesús, sino que también cumplió la profecía de Oseas 11:1: “De Egipto llamé a mi hijo.”
Esta intervención divina subraya que, aunque Satanás intente frustrar el plan de Dios, el Señor tiene absoluto control sobre los acontecimientos. Incluso en medio del caos, Dios guía a Sus siervos y protege Su propósito eterno.
Conclusión:
La historia de la Navidad es la historia de un Dios que siempre cumple Su palabra. Desde el Edén hasta Belén, cada intento de Satanás de frustrar el plan divino ha sido derrotado. Hoy celebramos que Jesús nació, venciendo las tinieblas y asegurando nuestra salvación. Al reflexionar sobre esto, recordemos que nuestra fe está en un Dios soberano cuya victoria es eterna.
