Dios de toda consolación(4)
Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación,
Bendición (1:3–11)
En lugar de la acostumbrada acción de gracias por cualidades de los hermanos a quienes escribe (ver 1Co 1:4; Fil 1:3), aquí Pablo alaba a Dios por las circunstancias que lo rodean (1:3–4). Describe a Dios como Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo (ver Ef 1:3; 1P 1:3) y Padre misericordioso (lit. “de misericordias”) y Dios de toda consolación (1:3). “Consolación” y “consolar” son palabras claves en el libro (en conjunto, aparecen veintinueve veces). Dios es la fuente de la verdadera consolación; gestada en su misericordia, ha sustentado a Pablo en medio de sus aflicciones para que él, a su vez, consuele a otros que también experimentan aflicción. En la carta ofrece ejemplos concretos del tipo de aflicciones que ha experimentado (4:8–11; 6:4–10; 11:23–29). En 1:5–7 establece la relación entre sufrimiento y consuelo. Describe sus aflicciones como los sufrimientos de Cristo (1:5), frase que podría significar tanto los sufrimientos que Cristo experimenta (ver 1P 1:11) como los sufrimientos que experimenta el apóstol por causa de Cristo. Es probable que ambas ideas estén incluidas, ya que Cristo sufre a través del sufrimiento de sus siervos (ver Col 1:24). Así como los sufrimientos abundan a través de Cristo, también abunda el consuelo divino (1:5). Quizás en respuesta a un cuestionamiento de la validez de su ministerio en vista de los sufrimientos que padece, Pablo quiera ayudarlos a ver que ellos reciben un beneficio directo del sufrimiento y el consuelo que él experimenta, les permite soportar sus propias aflicciones (1:6) y disfrutar el consuelo divino.
Su experiencia en Asia (hoy parte occidental de Turquía) es ejemplo de esas circunstancias (1:8–11). No sabemos concretamente lo que Pablo vivió en Asia, pero los corintios sí deben haber sabido. El apóstol les muestra cómo esta situación extrema les permitió a él y a su equipo experimentar liberación y una profunda confianza en Dios, que resucita a los muertos (1:9). Los anima a que oren de modo que muchos más puedan dar gracias a Dios por el don concedido en respuesta a tantas oraciones: rescate (1:11).
Esta sección nos desafía a reevaluar cómo miramos los sufrimientos ministeriales. Son una oportunidad de experimentar consuelo y liberación divinos. Los sufrimientos de Cristo nos capacitan para consolar a otros y son una clara oportunidad de multiplicar las acciones de gracias a Dios por su respuesta a las oraciones intercesoras.
