Dios de toda consolación

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Donde pondremos nuestra confianza

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1.Nuestras aflicciones.2 Corintios 1:3–4 (RVR60)

1:3 Dios de toda consolación. La palabra griega para consolación (gr. paráklesis) se encuentra con frecuencia en esta carta y Pablo la usa más que cualquier otro escritor del N.T. (cp. 2:8; 5:20; 6:1; 8:4, 17; 9:5). Pablo, al ser consolado por Dios durante tiempos de aflicción, fue capacitado para consolar a otros (vers. 4). 1:5 los sufrimientos de Cristo son nuestros. Tal vez Pablo encontró en la figura del Siervo Sufriente de Is 49–53 el ejemplo para su propio ministerio (cp. 4:7–15; Hch 9:15–16). 1:6 salvación. Pablo no se refiere a la salvación eterna del creyente, sino a la salud espiritual de la iglesia de Corinto (cp. Hch 27:34; Fil 2:12). 1:9 Dios que resucita a los muertos. Esta expresión está basada en la confianza de Pablo en el Dios que pudo levantar de entre los muertos al Jesús crucificado (cp. Ro 4:17; 2 Co 4:14).
Eduardo A. Hernández, Lockman Foundation, Biblia de estudio: LBLA. (La Habra, CA: Editorial Funacion, Casa Editoral para La Fundacion Biblica Lockman, 2003), 2 Co 1:3–9.
GRACIAS POR LOS CREYENTES (1:4–6) 1. Por la gracia de Dios, su salvación (4). 2. Por la abundancia que les ha sido dada (5). 3. Por el testimonio que se da de ellos (6).
Arnoldo Canclini, Comentario bı́blico del continente nuevo: 1 Corintios (Miami, FL: Editorial Unilit, 1995), 24.
Consolar: Aliviar la pena o dolor de alguien.

En lugar de la acostumbrada acción de gracias por cualidades de los hermanos a quienes escribe (ver 1Co 1:4; Fil 1:3), aquí Pablo alaba a Dios por las circunstancias que lo rodean (1:3–4). Describe a Dios como Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo (ver Ef 1:3; 1P 1:3) y Padre misericordioso (lit. “de misericordias”) y Dios de toda consolación (1:3). “Consolación” y “consolar” son palabras claves en el libro (en conjunto, aparecen veintinueve veces). Dios es la fuente de la verdadera consolación; gestada en su misericordia, ha sustentado a Pablo en medio de sus aflicciones para que él, a su vez, consuele a otros que también experimentan aflicción. En la carta ofrece ejemplos concretos del tipo de aflicciones que ha experimentado (4:8–11; 6:4–10; 11:23–29). En 1:5–7 establece la relación entre sufrimiento y consuelo. Describe sus aflicciones como los sufrimientos de Cristo (1:5), frase que podría significar tanto los sufrimientos que Cristo experimenta (ver 1P 1:11) como los sufrimientos que experimenta el apóstol por causa de Cristo. Es probable que ambas ideas estén incluidas, ya que Cristo sufre a través del sufrimiento de sus siervos (ver Col 1:24). Así como los sufrimientos abundan a través de Cristo, también abunda el consuelo divino (1:5). Quizás en respuesta a un cuestionamiento de la validez de su ministerio en vista de los sufrimientos que padece, Pablo quiera ayudarlos a ver que ellos reciben un beneficio directo del sufrimiento y el consuelo que él experimenta, les permite soportar sus propias aflicciones (1:6) y disfrutar el consuelo divino.

Su experiencia en Asia (hoy parte occidental de Turquía) es ejemplo de esas circunstancias (1:8–11). No sabemos concretamente lo que Pablo vivió en Asia, pero los corintios sí deben haber sabido. El apóstol les muestra cómo esta situación extrema les permitió a él y a su equipo experimentar liberación y una profunda confianza en Dios, que resucita a los muertos (1:9). Los anima a que oren de modo que muchos más puedan dar gracias a Dios por el don concedido en respuesta a tantas oraciones: rescate (1:11).

Esta sección nos desafía a reevaluar cómo miramos los sufrimientos ministeriales. Son una oportunidad de experimentar consuelo y liberación divinos. Los sufrimientos de Cristo nos capacitan para consolar a otros y son una clara oportunidad de multiplicar las acciones de gracias a Dios por su respuesta a las oraciones intercesoras.

3Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, 4el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios.

1.1Nos consuela en todas nuestras aflicciones.

1.2 Para que podamos ayudar a consolar a otros.
2. Nuestras tribulaciones.

2.1 Si somos atribulados es, para nuestra consolasión.

EL TESTIMONIO DE CRISTO (1:6–7) 1. Dado por la predicación a los incrédulos. 2. Confirmado por la aceptación de Jesucristo. 3. Completado con todos los dones (7a). 4. Culminará en la misma “manifestación de Jesucristo” (7b).
Arnoldo Canclini, Comentario bı́blico del continente nuevo: 1 Corintios (Miami, FL: Editorial Unilit, 1995), 25.

2.2 Somos atribulados para nuetra salvasión.

EL CRISTO QUE SE MANIFIESTA (1:4–9) 1. Quien nos salvó por su gracia (4). 2. Quien nos enriqueció con abundancia (5). 3. El tema de nuestro testimonio (6). 4. Quien se manifiesta: se muestra y mostrará (7, 8). 5. Quien nos confirma hasta el fin (8). 6. Aquel con quien tenemos comunión (9).

3.Dios de toda misericordia.

LOS CREYENTES (1:4–5, 8–9) 1. Han recibido la gracia de Dios (4). 2. Han sido enriquecidos en todo (5). 3. Serán confirmados hasta que Cristo vuelva (8). 4. Tienen comunión con el Señor (9).

3.1 No confiemos en nosotros mismos.

LA FIDELIDAD DE DIOS (1:9a) 1. Debemos recordar que él es fiel (Dt. 7:9; Sal. 19:7; 2 Co. 1:18). 2. El también nos llamó a ser fieles. 3. Estamos en comunión con Cristo: su fidelidad nos mantiene en ella.

3.2 Nuestra confianza esta en Dios.

EL CRISTO QUE NOS UNE EN COMUNIÓN (1:9b) 1. Es Hijo de Dios como desde el principio (Jn. 1:1). 2. Es Jesús, el hijo de María, el hombre de Nazaret. 3. Es Cristo, el Mesías prometido, el que salvará y honrará. 4. Es el Señor, lo que nos anticipa su gloria eterna. 5. Es nuestro Señor, de la iglesia y de cada vida.
En el v. 9 aparece la palabra griega KOINONIA, traducida “comunión”. Es una expresión que tiene mucho auge actualmente y además es un concepto neotestamentario básico. En griego dice literalmente “comunión de su Hijo Jesucristo”. Es lo que se conoce como genitivo, y que en primer término da la idea de propiedad. Esa comunión es algo que Jesucristo nos da, antes que nada para que estemos unidos a él—“teniendo el mismo sentir” (Fil. 2)—, y en consecuencia para que estemos unidos unos a otros. Detrás del concepto de “comunión” del término KOINONIA, hay más de lo que imaginamos en castellano. La unión es profunda pues procede del hecho de que ahora todos tenemos el mismo Espíritu, pensamos lo mismo, actuamos de la misma manera, nos reunimos en un mismo lugar (o nos sentimos identificados con los que se reúnen en otros), lloramos cuando los demás lloran y nos gozamos cuando ellos se gozan. Es en el fondo la base de la subsistencia y progreso del cuerpo de Cristo, el espíritu que mueve ese cuerpo. Lo categórico de esta expresión al comienzo de la carta podría parafrasearse como si su autor dijera: “Hermanos, todos los problemas de que vamos a hablar desaparecerían si en su corazón ustedes tuvieran hacia Jesucristo y hacia los demás de la iglesia, ese espíritu que él puso en nosotros.”
Arnoldo Canclini, Comentario bı́blico del continente nuevo: 1 Corintios (Miami, FL: Editorial Unilit, 1995), 27.

3.3 El nos libra incluso de la muerte.

3.4 Todos en un solo cuerpo en oracion

Cortar los vínculos con la oscuridad: 2 Corintios CAPÍTULO 3: UN DIOS QUE NOS CONSUELA EN TODA AFLICCIÓN (2 CORINTIOS 1:3–11)

UN DIOS QUE NOS CONSUELA EN TODA AFLICCIÓN

2 Corintios 1:3–11

Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de las misericordias y Dios de todo consuelo, que nos consuela en toda nuestra aflicción, para que podamos consolar a los que están en toda aflicción con el consuelo con que nosotros mismos somos consolados por Dios (2 Co 1:3–4).

Ojalá esa poesía brotara de nuestros labios con cada nuevo día! Sin embargo, pensamos fácilmente: “¿Cómo puedo alabar a Dios en medio de este dolor, esta pena y esta lucha?” También pensamos en nuestros muchos pecados contra Dios y contra los demás —y en los pecados que otros han cometido contra nosotros— hasta que toda nuestra perspectiva se tiñe de oscuridad. Y es toda esta oscuridad la que nos impide alabar al Dios que nos ama. Es esta visión del mundo de las tinieblas la que Pablo pretende desarmar en 2 Corintios. Desea situarnos mental, emocional y espiritualmente donde él mismo está: totalmente centrados en Jesús que salva.

Para Pablo, alabar a Dios en medio de la aflicción no es un ideal elevado. Conoce muy bien el sufrimiento y el dolor. Habla a los corintios de la carga que experimentó mientras difundía el evangelio en la provincia de Asia (la actual Turquía). Pablo dice que él y Timoteo estaban “abrumados sobremanera más allá de nuestras fuerzas, de tal modo que aun perdimos la esperanza de conservar la vida” (2 Co 1:8).

Pero en medio de su desesperación, Pablo y Timoteo estaban lejos de estar solos, como nos dice la alabanza inicial de 2 Corintios. Dios estaba con ellos.

Pablo nos muestra dónde encuentran él y Timoteo su determinación, cuando dice: “Pero nosotros mismos tuvimos la sentencia de muerte, para que no pusiéramos la confianza en nosotros mismos, sino en el Dios que resucita a los muertos” (2 Co 1:9). Sea cual sea la situación a la que nos enfrentemos, podemos poner nuestra esperanza en el Dios que resucita a los muertos. La esperanza en la resurrección es el modus operandi de los cristianos. Actuamos sobre la base de un Dios que salva y resucita, un Dios que todo lo puede.

SUPERAR LA DEPRESIÓN CON ALEGRÍA

Al igual que Pablo, sé que puedo tener confianza en Dios por mis propias experiencias. Con mis propios ojos, he visto a Dios actuar en la vida de otros. Y sé que Dios es fiel a su palabra por el propio estado de mi corazón. Pero para entender el estado de mi corazón ahora frente al estado de cómo solía ser, necesito contarte una historia.

Cuando tenía 16 años, mi novia de toda la vida, con la que pensaba casarme algún día, vino a mi casa y rompió nuestra relación. Me dijo que “necesitaba encontrarse a sí misma” y que no podría hacerlo si yo formaba parte de la ecuación. Mientras la acompañaba a su coche, empezó a llover. Miré al cielo y dije: “Siempre llueve”. Me vino a la mente el dicho “cuando llueve, llueve a cántaros”, lo cual es gracioso, en retrospectiva, ya que vivo en el noroeste del Pacífico, donde siempre llueve.

Ahora, antes de que descartes esta historia como un tonto romance de instituto, dame un momento para explicarte. La ruptura de mi novia me llevó a una espiral descendente, una espiral que se sentía como la letra de Trent Reznor: “Llevo esta corona de espinas sobre mi silla de mentiroso/Llena de pensamientos rotos que no puedo reparar/Bajo las manchas del tiempo, los sentimientos desaparecen/Tú eres otra persona, yo sigo aquí”. En las palabras de este letrista, cuya música ya no puedo escuchar, encontré mi canción de agonía, mi lamento. Entonces escribí algunas de las palabras más oscuras de mi vida, mientras daba rienda suelta a mis propios demonios de la oscuridad. A medida que me hundía más en la espiral, me perdía a mí mismo.5 Idealicé a una mujer que nunca existió, preguntándome por qué me había dejado; e idealicé a una persona que solía ser —también una persona que nunca existió. La depresión me engañó, poniéndome en contra de mí mismo y de casi todos los demás en mi vida. Mis propias palabras me mintieron al leerlas en la noche.

Durante un largo periodo de asesoramiento, descubrí que todo esto empezó mucho antes que la novia. En realidad no se trataba de ella, sino de mis propios problemas y de las dificultades de la infancia. Las cosas fueron duras para mí, por no decir otra cosa. Me vi obligado a madurar a los 10 años, en cuestión de minutos, mientras veía cómo se desmoronaba toda mi vida familiar. Y no volví a enfrentarme a esa realidad hasta siete años después, tras la ruptura. Había creído erróneamente que mi novia podía hacer desaparecer mi dolor, y ahora se había ido.

Comencé a enfrentarme a mis demonios uno por uno, durante un período de seis meses. Los expulsé —o al menos los aparté— mediante la oración y el estudio de la Biblia. Leí el libro de Job y trabajé en los ciclos de dolor. Al mismo tiempo, leía toda la Biblia.

A medida que iba superando cada etapa de mi pasado, empecé a entregárselo a Dios, a poner mis cargas sobre los fuertes hombros de Jesús. La Biblia me ayudó a comprender mi dolor pasado, a enfrentarme a mi dolor presente y a encontrar un nuevo futuro sin mi novia. En las páginas de las Escrituras encontré algo verdaderamente transformador. Siempre me había gustado la Biblia, pero ahora era fascinante y conmovedora. Mientras Satanás luchaba por mi alma —utilizando la depresión, la ansiedad, el dolor y otras cosas— Dios luchaba por ella a través de su Palabra.

Me recuperé gracias a Jesús. Casi al final de mi depresión, decidí que necesitaba un cambio importante en mi vida, así que solicité un programa de estudios en el extranjero en Londres. A pesar de que se me había pasado el plazo, de alguna manera lo conseguí; y aunque no tenía un pasaporte vigente, de alguna manera me las arreglé para conseguir uno en dos semanas. Cuando mis pies tocaron el suelo en Londres, supe que lo había conseguido. Estaba en el otro lado, y algo se despertó en mi alma. La canción que representa este momento no se me ocurrió hasta más tarde (probablemente ni siquiera estaba escrita aún), pero dice así “Qué voluble es mi corazón y qué aturdidos mis ojos / Lucho por encontrar alguna verdad en tus mentiras / Y ahora mi corazón tropieza con cosas que no conozco / Mi debilidad siento que debo mostrar por fin… Despierta mi alma, despierta mi alma”.

A través de la obra de Cristo, Dios escribió una nueva canción en mi vida. No es que todo se solucionara una vez que llegué a Londres, o que ya no luchara con la depresión (porque sí lo hice). Pero cada vez que me apoyaba en Jesús, mi alma era totalmente libre, y esa conciencia nunca me ha abandonado.

VIVIR EN EL TEMOR DEL DIOS QUE SALVA

El proceso de Dios trabajando en nosotros es el proceso de aprender lo que significa ser verdaderamente humano. No es que nos opongamos a la idea de ser criaturas terrenales —que sienten dolor y se lamentan— sino que aprendemos a entender nuestro camino desde la perspectiva de Dios. Durante mi época de depresión, el Salmo 25 —un salmo de profunda tristeza y dolor— me sirvió de gran consuelo. Este salmo, junto con muchos otros, muestra que la Biblia afronta las dificultades y el sufrimiento con realismo. Pero al hacerlo, nos llama a conversar con el Dios vivo, que puede resucitarnos de entre los muertos (2 Co 1:9). Dios se preocupa por nuestra angustia y siente el dolor con nosotros (compárese con Isaías 53; Salmo 22). En el proceso de superar el dolor —y de cortar los vínculos con las tinieblas que nos atenazan innecesariamente— encontramos lo que significa vivir como personas que llevan la imagen de Dios.

Como alguien que intenta vivir a la imagen de Dios, el centro de atención de Pablo no son las pruebas que está soportando, sino el Dios que triunfa sobre ellas, un Dios que se ve claramente en la persona de Jesús. Es Jesús quien “libró” a Pablo y a Timoteo del riesgo de “muerte”, mientras estaban en Asia, y es Jesús quien los “librará” de nuevo de cualquier otra cosa que se les presente (2 Co 1:10). Por eso ponen su “esperanza” en Jesús: porque Jesús es suficientemente poderoso para salvar de verdad.

Para Pablo, poner la esperanza y la confianza en Jesús significa pasar a la acción, demostrando una obediencia fiel a Dios y a sus promesas, incluso ante las dificultades. Cuando Dios se mueve, Pablo también lo hace. Sin embargo, ¿por qué nos resulta tan difícil movernos con Dios? ¿Podría ser que en el fondo, debajo de todo, no creemos realmente en el Dios en el que decimos creer? Si nuestro Dios es realmente tan fuerte como decimos que es, ¿por qué tenemos tanto miedo de dirigirnos a él con nuestro dolor?

Pablo conocía a un Dios que podía hacer cualquier cosa. Creía en un Dios que podía actuar en su favor y en un Dios que quería actuar en favor de una comunidad. Pablo vio la esperanza cuando otros no veían ninguna. Yo conozco al mismo Dios que conoció Pablo. Conozco a un Dios que puede sacarme del pozo, del barro cenagoso (Sal 40). Conozco a un Dios que puede ayudarme a cantar una nueva canción, una de alabanza y maravilla. Conozco a un Dios que puede acabar con la desesperación, que puede sanar el corazón más deprimido.

Gran parte de nuestro dolor proviene de relaciones rotas. Algunas de estas relaciones son las que hemos puesto erróneamente en un pedestal. Las hemos sostenido y estimado; les hemos dado un lugar que solo Dios merece. Y al hacerlo, las hemos convertido en una especie de ídolo; hemos sustituido una parte de nuestro corazón, a veces incluso todo nuestro corazón, por personas en lugar de por Dios (compárese con Mateo 22:37). En 2 Corintios, Pablo nos muestra que las personas no pueden ocupar el lugar de Dios. Las personas nos decepcionarán. Dios no lo hará. Debemos abrazar el reino de Dios, centrando nuestras vidas totalmente en Cristo (2 Co 6:15–16; 7:1).

Pablo se admira del Dios que consuela, del Dios que resucita a los muertos, del Dios que libera (2 Co 1:3, 9–10). Pide a los corintios que se unan a él en la alabanza, para que, cuando se den las gracias por la liberación de Dios, sean muchos los que las den (2 Co 1:11). El dolor no está destinado a ser soportado en solitario, y menos aún por causa del Evangelio. Por el contrario, el dolor es comunitario. Nos apoyamos unos a otros en él. Este es el camino claramente cristiano; todo lo que no sea así no cumple con las intenciones de Dios. Cuando el dolor triunfa, todos podemos alabar a Dios juntos. Las victorias de Dios son las victorias de todos nosotros.

El triunfo sobre el dolor y la desesperación es exactamente lo que Dios quiere para nuestras vidas. Él cree que podemos vencer; de hecho, nos permite hacerlo a través del poder de Cristo. Dios cree tanto en ti que envió a su único Hijo a morir por ti (Juan 3:16–17). ¿Quién cree en ti más que eso? Ese es un Dios en el que puedo creer: uno que cree que puedo ser más que mi dolor. Ese es un Dios en el que tú también puedes creer; es un Dios en el que puedes poner tu esperanza y tu confianza (compara 2 Co 1:9–10).

No digo estas palabras de forma ideal, sino como alguien que entiende lo que significa herir. Sé lo que es llevar heridas profundas —heridas tan profundas que, en cierto modo, siempre te acompañarán. Pero también conozco al Dios que puede utilizar las espinas de nuestra carne para hacer grandes cosas (2 Co 12:7–10). Sé que Dios puede utilizar cualquier cosa para su máxima gloria, y Pablo también lo sabía.

Entonces, ¿qué sabes en tu corazón que es verdad? ¿Qué vínculos con la oscuridad necesitas cortar?

Lecturas sugeridas

• 2 Corintios 1:3–11

• Salmo 25

• Salmo 40

REFLEXIÓN

¿Permites que las personas en tu vida ocupen el lugar de Dios? ¿A quién? ¿Y cómo puedes cambiar los patrones de pensamiento que te llevan a esta confianza equivocada?

¿Qué heridas del pasado has experimentado que necesitas entregar a Dios? A menudo ayuda escribirlas.

¿Qué dificultades has visto superar a Cristo en tu vida? ¿De qué manera estos triunfos te dan esperanza para el futuro?

Comentario Bíblico Mundo Hispano Tomo 20: 1 y 2 Corintios 2. Las aflicciones de Pablo en Asia, 1:8-11

2. Las aflicciones de Pablo en Asia, 1:8-11

Después de hablar del consuelo divino en tiempos difíciles, el Apóstol pasa a mencionar su caso particular: “…la tribulación que nos sobrevino en Asia” (v. 8a). No se sabe cuál fue la experiencia tan amenazante que abatió su vida, pero suponemos que era lo que ocurrió en la ciudad de Éfeso. Pablo invirtió más tiempo y energía en esa ciudad que en cualquier otra de Asia. Los detalles del alboroto que se armó allí (ver Hech. 19:23–41) y el comentario de Pablo que “se me ha abierto una puerta grande… y hay muchos adversarios” (1 Cor. 16:9) reflejan un ambiente inflamado por sus enemigos. Además, su declaración: “batallé en Éfeso contra las fieras” (1 Cor. 15:32) debe considerarse en este punto. ¿Sería posible echar a las fieras a un ciudadano romano como Pablo, hasta que perdiera la esperanza de conservar la vida, como se sugiere en el v. 8? Se considera como dudoso que Pablo hubiera entrado literalmente a pelear contra animales (como después muchos mártires cristianos tuvieron que hacerlo). Si lo hubiera hecho, seguramente el evento se habría registrado en el libro de Los Hechos. Sin embargo, lo ocurrido en Éfeso fue de tanta trascendencia que Pablo lo señaló como una experiencia horrible y amenazante. “Las fieras” (1 Cor. 15:32) sería un uso metafórico con el que se refiere a sus enemigos humanos, contra quienes batallaba “hasta la muerte”. Otro antecedente es la frase: “confiáramos… en Dios que levanta a los muertos” (v. 9b). Su referencia a “las fieras” se hizo en el contexto de la afirmación de la resurrección, la cual funciona siempre como piedra angular de su teología y cristología.

Semillero homilético

El respaldo de la iglesia

1:8–14

Introducción: Una actitud muy común entre los ministros es enfrentar las tribulaciones en soledad. Sobresale el hecho de que el apóstol Pablo, intencionalmente, dé a conocer a la iglesia de Corinto la tribulación que tuvieron en Asia. En forma resumida les dice que: hay quien quiere estorbar en el ministerio, hay también quien los va a librar, pero en medio de esto, les hace notar una verdad significativa: que el respaldo de la iglesia es importante.

Pablo menciona varias acciones de la iglesia a su favor, que son importantes para todo ministro.

I. La iglesia oró por él (v. 11).

1. La oración de la iglesia a favor de los ministros indica la necesidad de que Dios obre.

(1) Por la magnitud de la tarea.

(2) Por las limitaciones personales.

(3) Por las circunstancias adversas.

2. La oración de la iglesia a favor de los ministros indica el aprecio por el ministerio.

(1) Indica la aceptación de esta función.

(2) Indica el respaldo de la congregación para que esa función sea efectiva.

3. La oración de la iglesia a favor de sus ministros es un respaldo importante especialmenteen medio de las dificultades.

II. La iglesia dio gracias a Dios por su vida (v. 11).

1. Muchos darían gracias.

(1) No se trata del respaldo de un grupo pequeño, dice muchos.

(2) Indica un respaldo del que Pablo estaba seguro.

2. La acción de gracias demuestra que la iglesia valoraba su vida.

(1) Debió haber una relación muy fuerte entre Pablo y la iglesia.

(2) Debió haber una valoración grande a Pablo como ministro.

3. La valoración al ministro como persona es un respaldo importante en medio de las dificultades.

III. La iglesia lo consideró como su gloria (v. 14).

1. “En parte” habla de un proceso.

(1) Se evidencia una preocupación intencional por llegar al fin del proceso.

(2) La iglesia de Corinto estaba en buen camino.

2. Los ministros son gloria de la iglesia.

3. El orgullo de la iglesia por la clase de ministros que tiene.

4. El orgullo de los ministros por la iglesia.

5. El reconocimiento del aporte del ministro a la iglesia es un respaldo importante en mediode las dificultades.

Conclusión: Hay una diferencia significativa en el ministerio si logramos el respaldo de la iglesia. Esta es una de las motivaciones mayores para continuar en medio de cualquier circunstancia difícil.

Con el trasfondo de su experiencia en Asia (la más penosa de su vida), Pablo expresa en el v. 11 su deseo de poder contar con el apoyo espiritual de los corintios por medio de la oración. Aunque la sintaxis de este versículo es un poco complicada, parece que la idea central es promover la oración intercesora entre los corintios y entre los creyentes de otras partes también. La oración intercesora es una estrategia cristiana para prevenir que los problemas y las pruebas que vengan hagan daños irreparables. La fe, el compañerismo, el consuelo y el servicio que Pablo menciona se hacen posibles solo por la gracia y el poder de Dios, y la cadena de oración es el medio para asegurar que las bendiciones de Dios se derramen sobre el pueblo de Dios (en este caso, los corintios).

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