ESTÁ BIEN ESTAR TRISTE
Está Bien NO estar Bien • Sermon • Submitted • Presented
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INTRODUCCIÓN:
INTRODUCCIÓN:
Damos gracias al Señor por este tiempo en el que me permite estar nuevamente con ustedes dando está enseñanza. El Señor es fiel y para siempre es Su misericordia. Es nueva cada mañana y hoy no ha sido la excepción. Así que esto es un enorme motivo para estar agradecidos, más allá de la condición en la que nos encontremos hoy.
Como recordaran, hoy voy a compartir la segunda enseñanza sobre la serie que empecé el mes pasado llamada… ¿recuerdan cómo se llama? ¡ESTÁ BIEN NO ESTAR BIEN! Muy bien, varios de ustedes la recuerdan. La vez pasada hablamos sobre el primer tema, ¿que le puse por nombre?: Está bien estar deprimido/desanimado. ¿Recuerdan? Bien, ahora este segundo tema tiene por nombre: «ESTÁ BIEN ESTAR TRISTE».
Ahora, una cosa que quiero mencionar, y que olvidé decirlo la vez pasada, es que estos temas Dios me ha puesto hablarlos aquí en la congregación, como consecuencia de un libro que he estado leyendo sobre estos mismos temas que estamos tratando. El libro tiene el mismo nombre de la serie, y el autor es Federico Villanueva. Algunas citas que muestro en la presentación son del libro, y otras son mías. Lo importante es que estos temas nos ayuden a profundizar más en la Palabra de Dios a través de mi relación con Él en oración, como también, nos preparen mejor cuando tengas que enfrentar situaciones como las que he estado tratando en cada enseñanza.
Bueno, ahora, a modo de introducción, quiero que consideremos la siguiente escena en las imágenes que vamos a ver a continuación:
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Como notaron, estas imágenes nos deja ver, a manera de metáfora la similitud que tiene la vida de un ser humano, en el transcurrir del tiempo en este mundo temporal, con la de un barco que navega en el mar. En el transitar de nuestra vida, como la de un barco en Altamar, tenemos al menos tres momentos o temporadas, que son:
Temporada de Normalidad: con aguas tranquilas.
Una Época de Tormenta: donde nos sentimos desorientados.
Una Época de vuelta a la normalidad: donde hay una nueva orientación.
Para empezar con la primera, tenemos temporadas o mares por los que pasamos, que son muy tranquilos[1], donde todo ocurre con normalidad, el día es soleado, el cielo esta despejado, vemos hermosos paisajes a nuestro alrededor y las cosas parecen estar muy bien. Aquí nuestra vida es estable, gozamos de buena salud, tenemos un empleo estable, las cosas en nuestro matrimonio van muy bien, la relación con los hijos es armoniosa, tenemos la posibilidad de viajar, compartir en familia. Las cosas en la iglesia son estables, el ministerio va bien, la relación con mis hermanos es amena.
Aunque nos encantaría que así fuera toda nuestra vida, lamentablemente no ocurre así. El mar por el que transitamos nuestro barco, no siempre tiene aguas tranquilas, hay épocas, así como vimos en el vídeo, que entramos a unas tormentas donde perdemos todo sentido de orientación de lo que consideramos una vida normal o tranquila. El cielo se nubla, las nubes disipan toda luz radiante del sol, las olas empiezan a embrabecerse golpeando nuestro barco con furor al punto en que pensamos que vamos a morir allí.
Desaparece todo sentido de la normalidad. Buscamos los lugares ordinarios que conocemos, pero ya no están ahí. Estamos perdidos. Buscamos en lo más profundo de nosotros mismos alguna guía para surcar el mar embravecido, en vano. Lo único que nos queda es nuestro barco, que puede estar hundiéndose. La muerte de un ser querido, un accidente, la pérdida del trabajo o un divorcio pueden provocar una temporada de tormenta[2] en nuestras vidas.
Pero, por más fuerte que sea una tormenta, ésta tiene su fin. Puede que no sepamos cuando, pero llegará a un final. Y justo cuando pensábamos que nuestro barco se hundiría, el viento se detuvo y las olas se calmaron. Y es aquí donde llega la tercera época de vuelta a la normalidad[3].
Justo cuando pensabas que era el final de todo, la vida irrumpió, trayendo un nuevo significado y esperanza, cosas que nunca esperaste que aún fueran posibles. Justo cuando pensábamos que nuestro sufrimiento no acabaría nunca, nos damos cuenta de que la pesada nube se ha levantado, así de fácil.
Ahora bien, con esta metáfora, a modo de introducción, es que quiero adentrarme en la enseñanza de hoy.
I. ¿ SÓLO HAY UNA RESPUESTA ACEPTABLE?:
I. ¿ SÓLO HAY UNA RESPUESTA ACEPTABLE?:
Se nos ha enseñado que en todas las situaciones debemos responder positivamente.
La respuesta habitual que tenemos para todas las situaciones es "En todo momento-¡Agradece a Dios, sin importar cuál sea tu situación!".
No quiero rechazar ese tipo de respuesta. Creo que en cierto modo es loable. Y hay situaciones en las que quienes han pronunciado tales palabras lo han hecho de corazón. Pero es preocupante cuando se convierte en la única respuesta que conocemos, como si la única respuesta que glorificara a Dios fuera la positiva.
Del mismo modo, no está mal que la iglesia sea un lugar de celebración. Hay muchas razones por las que la Iglesia debe celebrar. Es cuando la iglesia está celebrando todo el tiempo, día tras día, que se convierte en un problema. Porque si la Iglesia no aprende a vivir con "tristeza, quebrantamiento y cuestionamiento", no aprenderá a responder cuando ocurran acontecimientos trágicos. Lo que tenemos que aprender es que está bien estar tristes, rotos y solos cuando pasamos por situaciones difíciles.
Ahora, la vida, como les decía al comienzo, esta llena de temporadas o estaciones o tiempos. Tenemos diferentes tiempos en los que cada uno nos encontramos, incluso hoy mismo. Pensemos por ejemplo en estos dos tiempos que les quiero compartir, y que son los que la mayoría de personas reconocemos en la vida.
II. TIEMPOS ACEPTABLES DE LA VIDA:
II. TIEMPOS ACEPTABLES DE LA VIDA:
El primero es:
1. Tiempo de Celebración:
1. Tiempo de Celebración:
Cuando vivimos momentos en los que Dios ha obrado o respondido oraciones incesantes de nuestra parte, hacía un milagro de sanación, de conversión o de regreso de una persona que amamos, nos ponemos muy felices. Estamos agradecidos con Dios por la forma poderosa que obra. Y decimos cosas como que Dios es bueno todo el tiempo, nuestro corazón se hincha y nos sentimos agradecidos con Dios por ello.
Un breve ejemplo de esto, lo podemos observar en el Salmo 116. Vamos a leer algunos pasajes. Miremos:
1 Amo al Señor, porque oye Mi voz y mis súplicas. 2 Porque a mí ha inclinado Su oído; Por tanto le invocaré mientras yo viva.
Y al final del salmo miremos lo que dice el autor:
17 Te ofreceré sacrificio de acción de gracias, E invocaré el nombre del Señor. 18 Al Señor cumpliré mis votos, Sí, en presencia de todo Su pueblo, 19 En los atrios de la casa del Señor, En medio de ti, oh Jerusalén. ¡Aleluya!
Los israelitas cuando sus oraciones eran escuchadas, los israelitas iban al templo y daban una ofrenda de acción de gracias, conocida como todah. El oferente lo celebraba con sus seres queridos. Lo bueno de la todah es que el animal ofrecido se devolvía al que lo había traído, el oferente. Éste cocinaba la carne (entonces la gente no solía comer carne) e invitaba a su familia y amigos a participar en el festín. Juntos celebrarían la bondad del Señor.
Ahora miremos el segundo tiempo aceptable…
2. Tiempo de luto o perdida:
2. Tiempo de luto o perdida:
Es un tiempo inevitable de la vida. En esos momentos la vida se vuelve oscura, estamos pasando por la tormenta, como les decía en la introducción. El corazón se encoge, nuestra alegría desaparece y la oscuridad empieza a nublar nuestro corazón y nuestros ojos. Algo similar le ocurría al pueblo de Dios. Ellos no siempre se regocijaban, bailaban y cantaban canciones alegres. Cuando llegaba una época de desorientación, como la derrota en una guerra o las plagas que destruían las cosechas, la gente acudía al templo y, como comunidad, se lamentaba ante Dios.
Este tipo de oración se conoce como lamento comunitario. Miremos un ejemplo de esto en el salmo 44:
1 Oh Dios, con nuestros oídos hemos oído, Nuestros padres nos han contado La obra que hiciste en sus días, En los tiempos antiguos: 2 Tú con Tu mano echaste fuera las naciones, Pero a ellos los plantaste. Afligiste a los pueblos, Pero a ellos los hiciste crecer. 3 Pues no fue por su espada que tomaron posesión de la tierra, Ni fue su brazo el que los salvó, Sino Tu diestra y Tu brazo, y la luz de Tu presencia, Porque te complaciste en ellos. 4 Tú eres mi Rey, oh Dios; Manda victorias a Jacob.
Este salmo comienza con un recuerdo de lo que Dios ha hecho en el pasado: cómo derrotó a los enemigos de su pueblo, cómo lo salvó y le concedió la victoria. Pero en medio del salmo, la gente derrama su corazón a Dios. Le dicen en los versículos 9 al 11:
9 Sin embargo, Tú nos has rechazado y nos has confundido, Y no sales con nuestros ejércitos. 10 Nos haces retroceder ante el adversario, Y los que nos aborrecen tomaron botín para sí. 11 Nos entregas como ovejas para ser devorados, Y nos has esparcido entre las naciones.
Podemos ver lo diferente que era la respuesta del pueblo de Dios cuando un desastre o una calamidad golpeaba a su comunidad. No se sentían obligados a dar gracias ni a celebrar. No, la respuesta de los israelitas no se limitaba a eso. El pueblo de Dios sabía lamentarse. Incluso tenían rituales para acompañar sus lamentos. Si en acción de gracias tenían la ofrenda todah, en tiempos de lamento se ponían ceniza en la cabeza, se vestían de cilicio, ayunaban, lloraban e incluso se arrancaban el pelo (véase Esdras 9:3).
El problema de nuestra respuesta hoy es que ni siquiera sabemos cómo lamentarnos, y mucho menos tenemos rituales que acompañen nuestro duelo. O pregunto:
¿Tenemos una forma, tanto como iglesia/comunidad o individualmente en la que afrontamos el duelo, la perdida, el sufrimiento o la calamidad?
Veamos ahora un ejemplo con nuestro Señor Jesús, y es el otro punto de nuestro sermón…
III. EL HIJO DE DIOS ESTABA TRISTE:
III. EL HIJO DE DIOS ESTABA TRISTE:
Jesús sabía lo que significa estar lleno de alegría. Miremos Lucas 10:21
Lucas 10:21 (NBLA)
21 En aquella misma hora Jesús se regocijó mucho en el Espíritu Santo, y dijo: «Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque ocultaste estas cosas a sabios y a inteligentes, y las revelaste a niños. Sí, Padre, porque así fue de Tu agrado.
También tuvo momentos en los que estaba triste. Podemos decir que conocía la tristeza que experimenta la persona más triste del mundo. Conocía profundamente lo que significa estar triste y angustiado:
Mateo 26:37–38 (NBLA)
37 Y tomando con Él a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a entristecerse y a angustiarse. 38 Entonces les dijo*: «Mi alma está muy afligida, hasta el punto de la muerte; quédense aquí y velen junto a Mí».
Los psicólogos nos dicen que las personas sanas tienen una amplia gama de emociones. Tienen la capacidad de sentirse alegres, tristes, enfadadas o furiosas, deprimidas o temerosas. Pero no se quedan estancadas en una sola emoción. Si miras a Jesús, verás a alguien cuyas emociones son tan amplias como la vida misma.
Derramo lagrimas (Lucas 19:41)
Lucas 19:41 (NBLA)
41 Cuando Jesús se acercó, al ver la ciudad, lloró sobre ella,
Se enfadó (Marcos 3:5)
Marcos 3:5 (NBLA)
5 Y mirando con enojo a los que lo rodeaban, y entristecido por la dureza de sus corazones, le dijo* al hombre: «Extiende tu mano». Y él la extendió, y su mano quedó sana.
Se frustró (Mateo 17:17; Marcos 8:21)
17 Jesús respondió: «¡Oh generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo estaré con ustedes? ¿Hasta cuándo tendré que soportarlos? Tráiganmelo acá».
21 Entonces les dijo: «¿Aún no entienden?».
Sintió compasión (Lucas 7:13)
13 Al verla, el Señor tuvo compasión de ella, y le dijo: «No llores».
Mostró asombro y admiración (Marcos 6:6; Lucas 7:9)
6 Estaba maravillado de la incredulidad de ellos. Y recorría las aldeas de alrededor enseñando.
9 Al oír esto, Jesús se maravilló de él, y volviéndose, dijo a la multitud que lo seguía: «Les digo que ni aun en Israel he hallado una fe tan grande».
Hay más pasajes que podemos tratar sobre las emociones que el Señor Jesús expreso mientras fue peregrino en la tierra con el Dios-Hombre. Esto deja ver que su humanidad era plena, total, sin ningún tipo de duda.
¿Podemos identificarnos con alguna de estas emociones del Señor Jesús?
Para ir entrando a la recta final hermanos, vamos a mirar un punto más y las conclusiones y aplicaciones de nuestra enseñanza de hoy…
IV. ¿CÓMO REACCIONAMOS CUANDO LA TRISTEZA GOLPEA?:
IV. ¿CÓMO REACCIONAMOS CUANDO LA TRISTEZA GOLPEA?:
En tiempos de tristeza, David no se avergonzaba de confesar lo que dice en el Sal 31:10 .
10 La vida se me va en angustias, y los años en lamentos; la tristeza está acabando con mis fuerzas, y mis huesos se van debilitando.
En medio de su tristeza, David clamaba lo que expresa en el Sal 13:2
2 ¿Hasta cuándo he de estar angustiado y he de sufrir cada día en mi corazón? ¿Hasta cuándo el enemigo me seguirá dominando?
Recuerdo haber experimentado una tristeza similar, profunda e incesante, cuando estaba lejos de mi hogar, viviendo aquí en Bogotá los primeros años.
El salmista también conoce momentos de soledad Sal 102:7
7 No logro conciliar el sueño; parezco ave solitaria sobre el tejado.
Piensa un momento en esa imagen. ¿Te ves a veces como ese pájaro?
Las personas mayores pueden identificarse con esa imagen. Los sociólogos nos dicen que el número de ancianos seguirá aumentando debido al incremento de la esperanza de vida. Por desgracia, sin embargo, "las personas mayores no tienen un lugar real en la familia moderna". Los dejamos muchas veces solos en ancianatos o en sus propias casas o así vivan en nuestras casas, viven muy aislados de nuestro día a día.
Si eres una persona mayor (o una persona joven que se siente mayor) y te sientes así, hay alguien que puede identificarse con tu soledad y tu tristeza. Tómate a pecho la oración del Salmo 71:9
9 No me rechaces cuando llegue a viejo; no me abandones cuando me falten las fuerzas.
Y es en estos momentos hermanos que entonces podemos y debemos expresar más de una respuesta…
¡Hay Más de una respuesta!:
¡Hay Más de una respuesta!:
Los creyentes de antaño respondían de un modo que se ajustaba a los extremos de la vida: desorientación [tormenta] y nueva orientación [vuelta a la calma], sufrimiento y celebración. Entre estas épocas de la vida, cuando la vida era normal (es decir, durante las épocas de orientación), también respondían en consecuencia. Tenían sus propias canciones y declaraciones, reconociendo que la vida es "normal" porque es Dios quien actúa.
Así, vemos que a medida que los israelitas pasaban por las diferentes estaciones de la vida, también tenían sus diferentes conjuntos de respuestas. La nueva orientación [vuelta a la calma] los llevó a celebrar y dar gracias. La desorientación [la tormenta] les hacía lamentarse y llorar.
Debemos aprender del ejemplo del pueblo de Dios, de cómo ellos expresaban sus emociones en cada momento de la vida, e incluso cuando estamos tristes, debemos entender que «ESTÁ BIEN ESTAR TRISTES» hermanos.
¡Está bien estar tristes!:
¡Está bien estar tristes!:
La principal diferencia con nosotros hoy es que sólo tenemos una respuesta para todas las estaciones de la vida. Es la respuesta positiva. No sabemos muy bien cómo expresar nuestra tristeza. No tenemos espacio para nuestras experiencias negativas en la iglesia. Tendemos a pensar que debemos llevar la misma máscara para todas las ocasiones. Tememos que si respondemos de forma negativa, nos estaremos alejando de Dios.
Pero está bien que nuestras respuestas cambien a medida que cambian las estaciones de nuestra vida. Porque sabemos que hay Alguien que permanece constante a lo largo de nuestras estaciones cambiantes. A Él podemos acudir no sólo en tiempos de acción de gracias y estabilidad, sino también en tiempos de lamento.
Es importante subrayar esta verdad: nuestras estaciones cambian, al igual que nuestras respuestas, pero Dios sigue siendo nuestro Dios. Él es nuestro Dios no sólo cuando estamos bien, sino también cuando no estamos bien. No debemos temer que nuestra respuesta no glorifique a Dios. En una época de desorientación [tormenta], está bien estar triste.
CONCLUSIONES Y APLICACIONES:
CONCLUSIONES Y APLICACIONES:
En este punto puede ser útil repasar las tres estaciones de la vida que hemos visto antes. De hecho, hay un salmo en el que están presentes las tres estaciones: el Salmo 30.
Primero la etapa de Normalidad:
Primero la etapa de Normalidad:
Miremos lo que dice los versículos 6 y 7a:
Salmo 30:6–7 (NBLA)
6 En cuanto a mí, en mi prosperidad dije: «Jamás seré conmovido». 7 Oh Señor, con Tu favor has hecho que mi monte permanezca fuerte;
Segundo la etapa de Tormenta:
Segundo la etapa de Tormenta:
Salmo 30:7–10 (NBLA)
7 Tú escondiste Tu rostro, fui conturbado. 8 A Ti, oh Señor, clamé, Y al Señor dirigí mi súplica: 9 «¿Qué provecho hay en mi sangre si desciendo al sepulcro? ¿Acaso te alabará el polvo? ¿Anunciará Tu fidelidad? 10 »Escucha, oh Señor, y ten piedad de mí; Oh Señor, sé Tú mi ayuda».
Tercero la etapa de Vuelta a la Normalidad:
Tercero la etapa de Vuelta a la Normalidad:
11 Tú has cambiado mi lamento en danza; Has desatado mi ropa de luto y me has ceñido de alegría;
Observa las diferentes experiencias en cada una de las tres etapas o estaciones, y las diferentes respuestas. En la estación de la orientación [normalidad], hay una sensación de estabilidad debido a la bondad del Señor. Esto se rompe de repente con la experiencia de desorientación [tormenta] del versículo 7b. Obsérvese que el paso de la orientación a la desorientación se produce en sólo medio verso. El salmista clama ahora al Señor al sentirse cerca de la tumba. Pero luego viene la alegría que trae la estación de la nueva orientación [vuelta a la calma].
Observando estas tres estaciones, haz una pausa y pregúntate: "¿En qué estación me encuentro hoy?". ¿Es la etapa de la normalidad, de la vuelta a la calma o de la tormenta?
Si te encuentras en un momento de [tormenta], quiero animarte. Si te sientes triste, date permiso para estar triste ahora. Cuando estamos pasando por un sufrimiento, algunos de nosotros tendemos a apresurarnos a estar bien, a negar lo que realmente estamos sintiendo o pasando. Cuando pasamos por las diferentes estaciones de nuestra vida, es importante que tengamos presentes donde estamos para que podamos recibir cualquier regalo que nuestra experiencia pueda traernos.
Por último, las aplicaciones a nuestra enseñanza de hoy:
Aplicaciones Prácticas:
Aplicaciones Prácticas:
Si la tristeza entra en tu hogar, establece una rutina familiar de oración donde cada miembro comparta sus cargas. Incluye un pasaje del día y una oración por cada necesidad.
El versículo de Filipenses 4:6-7 que dice que debemos llevar todo a Dios en oración podemos usarlo como guía. Esto no solo aumentará la unidad familiar, sino también ayudará a cada uno a sentirse respaldado en su dolor.
Si atraviesas un luto dentro de tu comunidad de fe, no te aísles. Busca la ayuda de un líder de la iglesia y participa en un grupo de duelo donde otros puedan compartir sus experiencias.
Hebreos 10:24-25 nos recuerda la importancia de reunirse. Participa en estudios bíblicos que aborden el dolor y la tristeza, y permítete recibir consuelo y apoyo.
En la iglesia, es común sentir que uno tiene que tener todo bajo control. Si experimentas tristeza o depresión, únete a un grupo pequeño de apoyo o un ministerio que sea de interés personal. La comunidad te brindará un espacio seguro para compartir tus luchas, mientras que el compañerismo te recordará que no estás solo en tus batallas.
También considera compartir tu testimonio cuando te sientas listo; al escuchar cómo Dios ha trabajado en tu vida, ayudarás a otros a que también tengan Fe en tiempos difíciles.
Cuando sientas tristeza o soledad en casa, intenta establecer una rutina diaria de oración y meditaciones bíblicas. Dedica al menos 15 minutos cada día a leer salmos que hablen sobre el consuelo puede proporcionarte una perspectiva nueva sobre tus dificultades. Además, escribe un diario espiritual donde registras tus emociones y las respuestas de Dios a tus oraciones. Esto te ayudará a externalizar tus sentimientos y ver cómo Dios trabaja en medio de tus luchas.
