Señales de que el enemigo se ha sentado a tu mesa
No le des al enemigo un sitio en tu mesa • Sermon • Submitted • Presented
1 rating
· 56 viewsNotes
Transcript
Los cristianos hablamos del diablo y la lucha espiritual. Es algo que debemos considerar, porque estamos involucrados en una lucha espiritual a gran nivel que nos afecta y que no podemos evitar.
Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar; al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo.
Sí, tu enemigo espiritual anda alrededor, y busca a quien devorar, a quién destruir.
Salmos 23
Salmo de David.
1Jehová es mi pastor; nada me faltará.
En lugares de delicados pastos me hará descansar;
Junto a aguas de reposo me pastoreará.
Confortará mi alma;
Me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre.
Aunque ande en valle de sombra de muerte,
No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo;
Tu vara y tu cayado me infundirán aliento.
Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores;
Unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando.
Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida,
Y en la casa de Jehová moraré por largos días.
Recuerda lo que enseñaba el Maestro:
El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.
Si puede, te va a destruir, a ti y a tu familia. Si puede, te va a robar. Si puede va a matar lo mejor de ti y te va a arrebatar de lo que Dios tiene para ti.
La semana pasada estuvimos leyendo en Salmos 23, y recibimos una advertencia
Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores;
Unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando.
Salmos 37:3-4
Confía en Jehová, y haz el bien;
Y habitarás en la tierra, y te apacentarás de la verdad.
Deléitate asimismo en Jehová,
Y él te concederá las peticiones de tu corazón.
El Señor nos ha invitado a su mesa, ha preparado un momento de intimidad y comunión preparado para nuestro disfrute, nuestro crecimiento, nuestro desarrollo espiritual a la imagen de nuestro Creador. Pero, ¿por qué no disfrutamos plenamente esa comunión y ese crecimiento? Porque con frecuencia le permitimos al enemigo espiritual ocupar un lugar a nuestra mesa.
Pero la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho; la cual dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto? Y la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los árboles del huerto podemos comer; pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis. Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal. Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella. Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales.
Eso fue lo que hizo Satanás en el huerto del Edén. Dios había preparado para Adán y Eva el banquete de vivir con Él, quien se paseaba libremente al aire del huerto e interactuaba libremente con ellos. ¿Qué pasó? El enemigo, encarnado en la serpiente, se infiltró para interferir en la relación entre las personas y Dios. Sí, lo hechó todo a perder. Sí, los humanos cometimos el error de esucharle en aquella ocasión. El problema es que volvemos a caer en el mismo error, una y otra vez hasta el día de hoy. ¿Solamente le sucede a las personas sin Cristo? No, justamente a ese problema queremos referirnos: el enemigo quiere detener la obra de Dios en nuestras vidas, y así como lo hizo con Adán y Eva, se sienta a nuestra mesa sin ser invitado y se dedica a hurtar, matar y destruir, como siempre.
Eso le ha sucedido a tanta gente, pero, ¿a ti también? Pues…
Consideremos algunos síntomas de que nuestro enemigo espiritual se ha sentado a nuestra mesa:
1. Empiezas a considerar la idea de que estarías mejor en alguna otra mesa.
1. Empiezas a considerar la idea de que estarías mejor en alguna otra mesa.
Volvamos a recordar lo que dijo Jesús:
El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.
El enemigo (y su ejército) van a querer venir para echar a perder el plan de Dios para ti, así como lo hizo en las vidas de Adán y Eva, y de todos nosotros como consecuencia.
Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo.Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre. Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan. El respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.
El enemigo te va a querer convencer de que caminar con Dios no es el mejor camino, no es la mejor situación. “Ahí en la iglesia te quieren saturar de compromisos y responsabilidades con los que no tendrías que lidiar. “¿Las ofrendas? ¡Uf! ¡Pura estafa! ¿Las reuniones? ¡Oye! ¡Tienes cosas más importantes e interesantes que hacer! ¿Tiempo con Dios? ¡Hay tantas cosas interesantes a las que prestar atención, tan divertidas e interesantes!”.
Tú has escuchado esa voz.
¿Dios quiere alentarte a mejorar las relaciones con tu familia y en tu matrimonio? El enemigo te va a señalar en otra dirección.
¿Dios quiere enseñarte a administrar tu tiempo y tus recursos para honrarle, ser generoso y confiar en Él? El enemigo va a proponerte otras ideas.
Cuando escuches esas voces, sabrás que el enemigo está ocupando un lugar en tu mesa.
2. Empiezas a considerar que no lo vas a logar.
2. Empiezas a considerar que no lo vas a logar.
La vida puede ser dura. Enfrentamos problemas en muchas ocasiones, y nos sentimos desafiados y amenazados por ellos.
Sí, enfrentamos la enfermedad, el problema económico, las promesas que no se cumplen, las relaciones que se destruyen, y más.
Pero recordemos el pasaje del Salmo 23:
Aunque ande en valle de sombra de muerte,
No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo;
Tu vara y tu cayado me infundirán aliento.
Dios no dice que los problemas, desafíos y dificultades no vayan a existir. Pero David sabía, y Dios quiere que nosotros sepamos, que aunque tengamos que enfrentar las dificultades tan severas como el valle de sombra de muerte podemos salir adelante sin temor. Pero, ¿cuál es nuestra realidad? El temor nos vuelve a afectar y envolver una y otra vez, y escuchamos esta voz diciendo: “Esto no está bien; no lo vas a lograr”. ¿Has escuchado esa voz? “Vas a perder a tu familia”; “Vas a perder el trabajo”; “No vas a lograr pagar”; “No podras terminar lo que estás emprendiendo”. Sí, asume diferentes formas y se refiere a diferentes contenidos de tu vida.
Salmos 46:1-3
1Dios es nuestro amparo y fortaleza,
Nuestro pronto auxilio en las tribulaciones.
Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida,
Y se traspasen los montes al corazón del mar;
Aunque bramen y se turben sus aguas,
Y tiemblen los montes a causa de su braveza.
Selah
¿Cuántas veces esos pensamientos vienen a nuestra mente y nosotros los adoptamos como “nuestra verdad”? Alguien nos pregunta cómo estamos y empezamos a decir que no nos va también, nos referimos a nuestras luchas y a la posibilidad de que todo termine mal. ¿Dónde quedó el “no temeré” del Salmo? Hemos permitido que el enemigo se siente a nuestra mesa, y sus ideas están afectando la manera en que vemos las cosas.
¿De dónde sacamos ese sentir de derrota? No lo sacamos de Dios, que nos está diciendo que aunque atravesemos el valle no tenemos por qué temer. No nos lo dice el Buen Pastor, que afirma que sus ovejas oyen su voz y le siguen, y que Él las protege.
El Señor no nos traza un camino por encima de las dificultades sino a través de ellas, no edifica un puente sobre el Mar Rojo, sino abre un camino donde no existía.
3. Empiezas a considerar alguna versión del concepto de que no eres lo suficientemente bueno
3. Empiezas a considerar alguna versión del concepto de que no eres lo suficientemente bueno
Es algo completamente sutil.
¿Fallaste en algo?
¿Recibiste una crítica?
¿Algo no salió tan bien como esperabas?
Vas a empezar a considerar que es todo tu culpa, que algo no está bien en ti, que te falta capacidad, que simplemente eres un fracaso.
¿Sabes de quién es la voz que te lo dice? Sí, otra vez, la serpiente.
¿Cuántas veces estás en la reunión alabando a Dios pero por dentro estás sintiendo que no calificas, que no lo estás haciendo lo suficientemente bien, que todo está mal en tu vida?
Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas.
Sí, gracias a Dios tenemos al Buen Pastor. Pero cuando Jesús se presentó así, nos está señalando la realidad de que el mal pastor también existe, aquel que nos quiere guiar para alejarnos del buen camino.
La mesa a la que has sido invitado es la más cara de la historia. Le costó a Jesús todo, su vida, su sangre, su muerte en la cruz. No es una invitación casual a la alternativa más barata donde comer: es el banquete más caro de la historia.
Las heridas en las manos de quien te sirve a esa mesa te demuestran que nadie puede levantarse a decirte que no eres lo suficientemente bueno.
Porque yo Jehová, Dios tuyo, el Santo de Israel, soy tu Salvador; a Egipto he dado por tu rescate, a Etiopía y a Seba por ti. Porque a mis ojos fuiste de gran estima, fuiste honorable, y yo te amé; daré, pues, hombres por ti, y naciones por tu vida.
¿De quién dice Dios esto? ¿De unos pocos personajes especiales y diferentes? Lo dice de ti: tú eres la persona de gran estima, el o la honorable, por quién el Padre está dispuesto a pagar un alto precio.
4. Empiezas a creer que todos están en tu contra.
4. Empiezas a creer que todos están en tu contra.
Podríamos llamar a este “el espíritu de paranoia”. Miras alrededor y te parece que no les caes bien a los compañeros de trabajo, los vecinos, los hermanos en la iglesia, ¡todos!
Es posible que sí, que haya algunas personas en nuestra vida que no quieran lo mejor para nosotros, pero es una reverenda mentira que todos se nos oponen. Si estás considerando esos pensamientos, ten claro que has permitido que el enemigo ocupe un lugar a tu mesa, esa que el Señor preparó para ti y quiere que disfrutes solamente con Él.
El enemigo trata de provocar que tú y yo nos pongamos a la defensiva, considerando que tenemos que considerar que cada persona que se nos acerca es una amenaza. No, no es así.
En Jesús tenemos el ejemplo de quien no estuvo a la defensiva, sino que lo entregó todo y estuvo dispuesto a pagar el precio. Sus brazos siempre estuvieron abiertos, en lugar de prepararse para defenderse o golpear.
No temas, porque yo estoy contigo; del oriente traeré tu generación, y del occidente te recogeré. Diré al norte: Da acá; y al sur: No detengas; trae de lejos mis hijos, y mis hijas de los confines de la tierra, todos los llamados de mi nombre; para gloria mía los he creado, los formé y los hice.
¿Quién nos dice que nos libremos de esa sensción de persecución? ¡El Señor! Somos invitados a una confianza permanente en Él, quien está dispuesto a pagar el precio, a intervenir en las vidas de las personas a nuestro alrededor y aún en los que están lejos, para bendecirnos.
El Señor nos ha invitado a su mesa para que sepamos cuánto valemos para Él, que a Él le importamos, que ha preparado para nosotros la mejor experiencia, aunque alrededor se sigan sucitando los problemas.
Ahora, así dice Jehová, Creador tuyo, oh Jacob, y Formador tuyo, oh Israel: No temas, porque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú. Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti. Porque yo Jehová, Dios tuyo, el Santo de Israel, soy tu Salvador; a Egipto he dado por tu rescate, a Etiopía y a Seba por ti.
Aun si hubiera personas en nuestra contra, podemos ser libres del temor, podemos seguir confiando, por lo que nuestro Dios ha hecho y está haciendo en nuestras vidas.
El enemigo nos quiere guiar a interpretar todo lo que ocurre como un síntima de rechazo o ataque en nuestra contra. No es así.
En lugar de vivir a la defensiva como la mayoría de las personas, podemos tener vidas diferentes, que abrazan a los otros, los invitan a disfrutar del banquete que ha sido dispuesto para nosotros.
Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores;
Unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando.
El Señor nos revela cuán importantes y especiales somos para Él.
Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar;
El enemigo sigue andando alrededor, procurando devorar, pero nosotros tenemos la autoridad para impedirle sentarse a nuestra mesa. No, Dios ha preparado la mesa para nosotros, y quiere que nada impida que disfrutemos de la comunión con Él.
Necesitamos aprender a mantener nuestra vista ya no en el mundo o en la lucha a nuestro alrededor, sino en nuestro Salvador.
Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.
Necesitamos volver a escuchar la voz de nuestro Señor. Necesitamos creer más a lo que Él nos dice que a lo que el enemigo o el mundo nos dicen.
Y lo que Él dice de nosotros y a nosotros es bueno, muy bueno.
El respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.
