Crucifixión y Muerte de Jesús
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Introducción
Introducción
Los relatos de los evangelios sobre la crucifixión de Jesús son algunos de los pasajes mas impresionantes y desgarradores de la Biblia.
La semana pasada estudiamos sobre Jesús como el siervo sufriente profetizado en las Escrituras sagradas. Hoy veremos el relato de su padecimiento tal como sucedió.
Hemos visto la narrativa sobre su nacimiento milagroso y el ministerio compasivo de Jesús para luego ver como un amigo cercano lo traiciono.
Y de ahí seguimos observando lo injusto de su juicio y su agonía física y espiritual en la cruz.
Encontramos entonces uno de los momentos mas críticos y desafiantes de su vida cuando desde la cruz El clama: Mateo 27.46
46 Cerca de la hora novena, Jesús clamó a gran voz, diciendo: Elí, Elí, ¿lama sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?
¿Alguna vez te has sentido completamente solo (a) en un momento de crisis?
¿Como manejo esos sentimientos?
Muchas veces, cuando estamos pasando momentos difíciles, podríamos sentirnos tentados a hacer preguntas.
Lo bueno es que Jesús entiende ese dolor pues El mismo lo vivió. Y gracias a su sacrificio, nunca estamos solos Las siguientes fueron Sus Palabras antes de volver al cielo:
20 enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.
¿Desamparado por el Padre?
1 Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? ¿Por qué estás tan lejos de mi salvación, y de las palabras de mi clamor?
2 Dios mío, clamo de día, y no respondes; Y de noche, y no hay para mí reposo.
3 Pero tú eres santo, Tú que habitas entre las alabanzas de Israel.
Un pequeño análisis aquí.
Esta ubicado entre el Salmo 21 (una celebración de victoria).
Y el Salmo 23 (una celebración de la provisión).
El Salmo 22 tiene un tono sombrío. Comienza con las palabras que dijo Jesús desde la cruz: Dios mio, Dios mio, ¿porque me has desamparado?
Estas palabras de David pueden resonar en quienes sufren dificultades, pero siguen fieles y dedicados a Dios.
El grito de angustia de David reconoce su compromiso con Dios (“Dios mio”).
Al mismo tiempo que lamenta sus circunstancias.
Parecía que la realidad estaba contradiciendo lo que se había aprendido sobre el carácter de Dios.
David sabia que Dios prometió estar cerca de su pueblo (34.18). Pero, lo sentía lejos.
El sabia que Dios responde a quienes lo invocan (4.3). Pero, parecía estar en silencio.
David sabia que Dios nunca abandonaría a los justos (37.25). Pero, se preguntaba ¿donde estaba El?
En 22.2 David pregunta por que Dios estaba tan lejos y por que parecía no escuchar su clamor.
El había pedido socorro constantemente, pero Dios no había respondido.
No tenemos un contexto especifico para lo que el rey David expresa aquí, por lo tanto no tenemos claro cual era el sufrimiento de David cuando escribió estas palabras.
Pero algo que David nos enseña a través de sus salmos es llevar nuestro dolor a Dios.
En 22.3 David deja claro algo. En medio de su dolor y sentido de abandono (de parte de Dios), la fe de el rey en el carácter de Dios no flaqueo. (Leerlo)
¿Acaso no intervendría Dios otra vez?
Jesús se sintió desamparado.
45 Y desde la hora sexta hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena.
46 Cerca de la hora novena, Jesús clamó a gran voz, diciendo: Elí, Elí, ¿lama sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?
47 Algunos de los que estaban allí decían, al oírlo: A Elías llama éste.
Jesús triunfo sobre la muerte y la tumba pero primero tendría que sufrir.
Los detalles de su crucifixión nos hace pensar la intensa emoción de El mientras sufría la agonía física y espiritual.
La oscuridad durante el día se consideraba una señal de juicio de Dios en el AT (Ex 10.21-22; Amos 8.9-10)
Aquí, el juicio no solo caía sobre los que rechazaron a Jesús, sino sobre el mismo Señor.
Su propósito al venir a la tierra era ocuparse del pecado que había creado una barrera entre el ser humano y Dios (Mt 1.21; Ro 3.25).
Para lograr esto, El llevo nuestro pecado (2 Cor 5.21) y nuestra maldición (Ga 3.13) a la cruz.
Jamas algún ser humano podrá comprender a plenitud la transacción que tuvo lugar en la cruz del Calvario.
Pero hasta cierto punto podemos comprender la emoción y angustia detrás de las palabras cuando la oscuridad llego a su fin: Dios mio, Dios mio, ¿porque me has abandonado?
El Hijo de Dios, sin pecado, sintió el peso del mismo y, como consecuencia, la separación del Padre.
Las palabras de Jesús fueron intencionales para transmitir el mensaje mas amplio del Salmo 22.
Pronunciando estas palabras de su antepasado el rey David, Jesús estaba proclamando que su propio sufrimiento, injusto como fue, terminaría en la salvación - no solo para los judíos, sino para todo el mundo (gentiles— no judíos).
27 Se acordarán, y se volverán a Jehová todos los confines de la tierra, Y todas las familias de las naciones adorarán delante de ti.
Jesús sufrió por nosotros- ¿Como podemos expresar nuestra gratitud a Jesucristo por su sacrificio vicario en nuestro favor?
Jesús es escarnecido- Sus vestiduras son repartidas.
¿Alguna vez te han dicho que alguna tragedia personal fue un castigo de Dios?
Puede ser doloroso si uno ama a Dios.
David y Jesús experimentaron ese dolor directamente.
Mateo 27:31–43 (RVR60)
31 Después de haberle escarnecido, le quitaron el manto, le pusieron sus vestidos, y le llevaron para crucificarle.
32 Cuando salían, hallaron a un hombre de Cirene que se llamaba Simón; a éste obligaron a que llevase la cruz.
33 Y cuando llegaron a un lugar llamado Gólgota, que significa: Lugar de la Calavera,
34 le dieron a beber vinagre mezclado con hiel; pero después de haberlo probado, no quiso beberlo.
35 Cuando le hubieron crucificado, repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes, para que se cumpliese lo dicho por el profeta: Partieron entre sí mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes.
36 Y sentados le guardaban allí.
37 Y pusieron sobre su cabeza su causa escrita: ESTE ES JESÚS, EL REY DE LOS JUDÍOS.
38 Entonces crucificaron con él a dos ladrones, uno a la derecha, y otro a la izquierda.
39 Y los que pasaban le injuriaban, meneando la cabeza,
40 y diciendo: Tú que derribas el templo, y en tres días lo reedificas, sálvate a ti mismo; si eres Hijo de Dios, desciende de la cruz.
41 De esta manera también los principales sacerdotes, escarneciéndole con los escribas y los fariseos y los ancianos, decían:
42 A otros salvó, a sí mismo no se puede salvar; si es el Rey de Israel, descienda ahora de la cruz, y creeremos en él.
43 Confió en Dios; líbrele ahora si le quiere; porque ha dicho: Soy Hijo de Dios.
Ir a la pagina 167 del expositor y leer sobre la crucifixión romana, la que sufrió Jesús.
Repetidamente los burladores de Jesús lo desafiaron a descender de la cruz (Mt 27.40; Lucas 23.35-39).
Satanás estaba usando a estas personas a sembrar la duda en Jesús y hacerle claudicar o cancelar su misión redentora.
Pero El no cedió en nada - Heb 12.2
2 puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.
Parecía que estaban interpretando teatralmente el Salmo 22.6-8; 17-18)
Si bien este salmo tiene un cumplimiento profético en Jesús y su sufrimiento no debemos dejar a un lado que representa también el sufrimiento del rey David, cualquiera haya sido la situación que estaba pasando en ese momento.
3. Manos y pies atravesados
En Salmos 22.11-16 el rey David enumera una serie de detalles de la situación que estaba pasando.
Si bien parece haber sido una situación personal que atravesaba podemos ver también como profetizo la agonía y los detalles de como Cristo fue crucificado.
Salmos 22.16 tuvo cumplimiento en la crucifixión de Jesús.
35 Cuando le hubieron crucificado, repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes, para que se cumpliese lo dicho por el profeta: Partieron entre sí mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes.
24 Cuando le hubieron crucificado, repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes sobre ellos para ver qué se llevaría cada uno.
33 Y cuando llegaron al lugar llamado de la Calavera, le crucificaron allí, y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda.
18 y allí le crucificaron, y con él a otros dos, uno a cada lado, y Jesús en medio.
24 Pero Tomás, uno de los doce, llamado Dídimo, no estaba con ellos cuando Jesús vino.
25 Le dijeron, pues, los otros discípulos: Al Señor hemos visto. El les dijo: Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré.
26 Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro, y con ellos Tomás. Llegó Jesús, estando las puertas cerradas, y se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros.
27 Luego dijo a Tomás: Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.
28 Entonces Tomás respondió y le dijo: ¡Señor mío, y Dios mío!
29 Jesús le dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron.
Ver y creer.
Este evento que narra Juan aquí nos habla de Jesús apareciéndose a sus discípulos después de haber resucitado.
Aquí no se encontraba Tomas (el gemelo o dídimo).
Este no creyó a lo que los otros discípulos le contaron sobre Jesús y puso la condición de “ver y creer.”
algunos días después este iba a creer pues Jesús se vuelve a aparecer y Tomas lo puede ver.
Jesús responde a Tomas diciendo que otras personas iban a creer aunque no habían visto. Y estos eran mas que bendecidos por creer al testimonio de los creyentes en El.
