El Jesús orante
Tiempo de Epifanía • Sermon • Submitted • Presented
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Introducción
Introducción
El evangelio propuesto por el leccionario para el día del Bautismo del Señor en el año C, (Lc 3:15-17; 3:21-22), hace la transición del relato del ministerio de Juan el Bautista al de Jesús de Nazareth, es importante recordar que Lucas describe el ministerio Juan de manera más detallada que los otros evangelistas reforzando la idea de quien prepara el camino del Señor. En evangelio de Lucas también ha dado importancia al aspecto social de la vida espiritual poniendo el listón ético en aspectos como la generosidad, la honestidad y el buen desarrollo del trabajo, aspectos sobre los que se reflexionó en el tiempo de adviento.
Un aspecto importante para destacar de Juan el Bautista tiene que ver con su forma de vida y el impacto que esta tenía sobre la sociedad del momento, desarrolló una enseñanza sobre el arrepentimiento que estaba sustentada en las obras de misericordia, en otras palabras, conducía su enseñanza al que hacer practico de la comunidad.
Entre los relatos de Juan el Bautista y Jesús está la gente (Lc 3:15). La gente se refiere al pueblo, a las personas que han estado escuchando la predicación de Juan y que están esperando el cumplimiento de la llegada del Mesías. El carácter social de la predicación de Juan el Bautista lleva al pueblo a una expectativa política, ¿Será Juan el Bautista el Cristo?
La palabra Cristo hace referencia al Mesías, es decir “el ungido”, por lo que el significado de esta palabra ha variado en nuestra realidad contextual, en el A.T. la palabra ungido se usó para describir a reyes, profetas o sacerdotes. El pueblo de Israel esperaba un rey que sería el liberador, el Cristo tendría que ser una persona que liderara al pueblo hacia su liberación y la predicación de justicia y caridad unida al deseo de publicanos y paganos (romanos) estaría muy cerca de un discurso muy prometedor.
La expectativa del pueblo, entonces, es poco espiritual, responde a la necesidad de ser liberados de la opresión de Roma y poder desarrollar su sistema de vida política y religiosa en absoluta libertad.
Juan el Bautista, por su parte, comienza preparando el camino del Señor mediante la predicación del arrepentimiento y termina preparando el camino del Señor con la predicación de otro bautismo, el del Espíritu Santo y fuego, es posible que estas palabras solo se logren comprender más adelante, cuando Jesús hace la lectura de los rollos en la sinagoga (Lucas 4:16-20) , pero deja ver que Juan el Bautista no es el Cristo y recuerda al lector que el Mesías nació del Espíritu Santo y su misión nace del mismo Espíritu.
Está es la manera como Lucas va a introducir a Jesús en su relato, es importante notar que el relato del bautismo en este Evangelio no menciona a Juan el Bautista, no hay dialogo entre él y Jesús, solamente presenta a Jesús siendo bautizado y posteriormente la teofanía del Espíritu Santo que desciende como Paloma.
Ahora el evangelio se centra en la persona de Jesús y lo introduce como el Jesús orante, es decir el Jesús que ora, el ministerio de Jesús en el evangelio de Lucas está sustentado en la oración, un continuo dialogo con el Padre. No obstante, cuando se piensa en la oración se puede caer en el error de sobrescribir en nuestras mentes formulas conceptuales: Gratitud, petición, salud, necesidades generales, consuelo, etc. Pero olvidamos que la oración es un proceso de vida que nos permite acercarnos a Dios y es lo que Jesús nos enseña desde este inicio de su vida pública.
1. La oración comienza con un sentido de solidaridad (Lc 3:21a)
1. La oración comienza con un sentido de solidaridad (Lc 3:21a)
Lucas está interesado por dejar saber que las personas siguen acudiendo a bautizarse, el bautismo representaba el testimonio de la decisión que las personas tomaban por hacer un cambio de dirección en sus vidas. El hecho de que las personas acudan a bautizarse da muestra de la necesidad que tenían de experimentar un cambio, de renovar sus vidas.
La respuesta a la pregunta ¿Qué haremos? (Lc 3:10-14) redunda en la acción del bautismo, el arrepentimiento se testifica en las aguas por la comprensión de la exhortación y la intención para construir una sociedad más justa y caritativa. El bautismo es la evidencia de la comprensión de una nueva conceptualización ética basada en el amor.
No obstante, Lucas pone la atención en “el pueblo” y en Jesús, no en Juan, la versión original no menciona a Juan en este versículo, se asume que Juan estaba y la NVI lo especifica, pero la fuerza de la narración está en las personas que van a bautizarse, como ya se ha dicho, van las personas arrepentidas, aquellas que necesitan recibir el perdón y que han entendido el mensaje del Bautista, pero entre todas esas personas, en la línea hay una persona que no debería estar allí. Alguien que no tenía pecado, que encarnaba la justicia y la caridad en todo su esplendor.
Jesús de Nazareth, el Jesús orante, hizo la línea y fue bautizado. Allí comienza la oración, con un sentido de solidaridad. La encarnación de Jesús empieza a tomar forma misional porque no se puede emprender la misión de salvar a la humanidad sino hay una plena identificación con ella. Jesús tenía que estar allí; con el carpintero, el pescador, el publicano, el romano, la viuda y el huérfano.
El sentido de solidaridad le permitiría a Jesús comprender las necesidades de las personas. La solidaridad es un acto de amor. No se puede ver al egoísta, al tacaño, al violento, incluso al opresor únicamente con la mirada enjuiciadora, es necesario hacer la fila y sentarse a la mesa con ellos para comprender su dolor y participarles de la vida eterna tal como Jesús lo ha hecho sumergiéndose también a las aguas.
2. La oración es un toque a la puerta de Dios (Lc 3:21b)
2. La oración es un toque a la puerta de Dios (Lc 3:21b)
La solidaridad debió haber llevado a Jesús a la oración, no tenemos certeza sobre los motivos de oración de Jesús, pero sabemos que Jesús estaba en medio del pueblo, que estaba observando las necesidades, la expectativa, la curiosidad y el deseo por una mejor vida de todas las personas, puede ser que bajar a las aguas con tantas personas le haya dado una sensibilidad especial, la sensibilidad que todos nosotros necesitamos, para comprender la realidad de la gente. Lucas muestra a Jesús, nuestro maestro, como un hombre de oración. Jesús es el gran orante.
Esta escena de oración es la primera de varias ocasiones en las que Lucas nos mostrará a Jesús orando, Anslem Grün (2003) dice que para Jesús “la oración es ante todo un camino para superar los apuros de la vida” (p. 63) y en este texto Jesús se encuentra frente a la necesidad de todo un pueblo, se ha identificado con ellos y sabe que es lo que debe pedir.
La oración tiene fuerza, la Biblia dice que mientras Jesús oraba el cielo se abrió. Sin duda, cuando comprendemos las necesidades propias y de nuestro contexto y oramos las puertas del cielo se abren y encontramos respuestas. Esta comunidad ha sido testigo del poder de la oración, nos hemos beneficiado con las puertas abiertas y hemos visto como el Espíritu Santo se mueve en medio de nosotros. Esta es una comunidad que ha visto la acción de Dios sanando y haciendo milagros, liberando personas en la corte, proveyendo recursos para sus hijos, sanando a nuestros seres queridos. No obstante, todavía necesitamos identificarnos con el que sufre afuera de las puertas de nuestro templo por la falta de Dios, sentarnos a la mesa con ellos y llevarles el mensaje de salvación que tiene Dios para la humanidad.
No nos acercamos a Dios en oración porque sea una obligación sino porque somos conscientes de que cuando lo hacemos los cielos se abren. La iglesia está llamada vida constante de oración, de la oración que fluye desde la solidaridad y que tiene la fuerza para abrir los cielos y encontrar más que respuestas abundancia de vida y paz.
3. La oración consolida nuestra relación con Dios (Lc 3:22)
3. La oración consolida nuestra relación con Dios (Lc 3:22)
Finalmente, el resultado de la solidaridad y de la acción de la oración que abre el cielo da lugar a una teofanía, una aparición divina, podemos ponerlo al nivel del bautismo del Espíritu Santo que desciende para aprobar la obra que hizo el Jesús orante.
Si alguien llega a tener alguna duda apropósito de que si lo que Jesús hizo estaba bien o mal tendrá respuesta en este versículo. Para Lucas la presencia del Espíritu de Dios tiene un lugar muy importante, en el siguiente capítulo Lucas relata que Jesús estaba lleno del Espíritu Santo cuando fue llevado al desierto y a su regreso el rollo que leerá en la sinagoga (Is 61:1-2) es el testimonio de que el Espíritu Santo está sobre él (Lc 4:14-21). El Jesús orante es una persona llena del Espíritu Santo, es tan lleno de Dios que solo puede emanar amor de su presencia.
En el amor de Jesús esta la complacencia del Padre, en otras palabras, la solidaridad al identificarse con el pueblo, hacer la línea y pasar por el mismo bautismo, la compasión para ser llevado en oración es lo que al Padre le alegra. La capacidad que logramos de humanizarnos cuando comprendemos las necesidades de las otras personas; paz, perdón, amor, esperanza, aceptación, restauración, etc. Es lo que complace a Dios y es la marca de la misión redentora hacia la humanidad.
La iglesia debe aprender de Jesús la solidaridad y la oración como actos de amor que redundan en la llenura del Espíritu Santo, la complacencia de Dios está en la práctica de nuestra fe y en el amor con el que participamos a la humanidad la buena noticia de la vida en Dios.
Conclusión
Conclusión
La vida de Jesús es enseñanza para todos nosotros, el Jesús orante, es el llamado de Dios para que nosotros seamos la iglesia orante, y cada uno de nosotros seamos personas orantes. La gente aún está en el mundo necesitada de escuchar la predicación del arrepentimiento para la vida.
La gente sigue esperando un salvador, un Mesías que les libere de sus ataduras y opresiones; del maltrato, del dolor, de la carencia por definirse como personas humanas, del miedo a ser reemplazados por las maquinas, de la angustia por darlo todo y no ser correspondidos. La gente espera al Mesías y nosotros, la iglesia, estamos acá en este mundo, en este momento y lugar para proclamar la verdad de Dios en Cristo Jesús.
Nos corresponde a nosotros predicar y bautizar en agua para que Dios lo haga con su Espíritu, pero también nos corresponde orar desde la solidaridad con aquellos que necesitan a Dios hasta la intimidad con Él quien abre los cielos para que decirnos que se complace en nosotros.
Referencia
Referencia
Grün, A. Jesús, imagen de los hombres. 2003. Editorial Verbo Divino
