La Autoridad en el Reino de Dios

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La Autoridad en el Reino de Dios

 

INTRODUCCIÓN:

En la actualidad la autoridad es uno de los valores que sufren un mayor deterioro en nuestra sociedad.  Por una parte, las generaciones más jóvenes ya no se rebelan contra ella, simplemente la ignoran. Por otro lado, se ha afianzado fuertemente en las mentes de personas de todas las generaciones, el concepto de que esta, la autoridad, emana del conjunto de los ciudadanos y, consecuentemente, ha de ser designada a través de elecciones en las cuales las mayorías, o coaliciones que las alcancen, sean las que la ostenten.
Este es uno de los conceptos que se están infiltrando en el modo de pensar de muchos creyentes, y que algunos pretenden trasladar al gobierno del Reino de Dios.
El objetivo de este pequeño estudio es afirmar lo que la Palabra de Dios nos enseña acerca de la autoridad en el Reino de Dios, a fin de que nos mantengamos firmes y fieles a la enseñanza de las Sagradas Escrituras.

DEFINICIÓN:

La autoridad es el poder, delegado por Dios a sus siervos, para gobernar, enseñar y corregir a su pueblo.

ORIGEN:

La autoridad no se obtiene o se gana, es otorgada por otro.
Lucas 19:12–15 RVR60
12 Dijo, pues: Un hombre noble se fue a un país lejano, para recibir un reino y volver.13 Y llamando a diez siervos suyos, les dio diez minas, y les dijo: Negociad entre tanto que vengo.14 Pero sus conciudadanos le aborrecían, y enviaron tras él una embajada, diciendo: No queremos que éste reine sobre nosotros.15 Aconteció que vuelto él, después de recibir el reino, mandó llamar ante él a aquellos siervos a los cuales había dado el dinero, para saber lo que había negociado cada uno.
En este pasaje encontramos al Señor Jesús enseñando, entre otras cosas, como la autoridad es necesario recibirla de otro.
Cuando nos habla de "recibir un reino" se está refiriendo a recibir la autoridad para reinar.
El noble que aparece en la historia, no solamente no es elegido por sus conciudadanos para gobernar (dice que estos le odiaban), sino que necesita ir a donde hay alguien con una autoridad superior para recibirla de este y poder así gobernar.
Por tanto, según las enseñanzas del mismo Señor Jesús, el origen de la autoridad está en que alguien superior la otorga, de ninguna manera, para que sea genuina, se gana o se obtiene por otros medios.
La idea de que la autoridad emana desde el pueblo (o la asamblea), procede de los griegos. Esta idea toma forma en una obra de Platón llamada "La República", donde lo que más llama la atención es el grado de subordinación del individuo al interés general de la "polis" (el pueblo); quedando de manifiesto que para Platón la sociedad ideal impone el renunciamiento del individuo a su libertad en aras del bien común. Es por tanto imprescindible para mantener ese interés general, que sea el pueblo quién otorgue la autoridad para gobernar a aquel o aquellos que mejor crean que van a velar por dicho interés general.
En este argumento se observa claramente la ausencia de un Dios Sabio y Todopoderoso que ama a su pueblo y otorga autoridad a sus siervos para que lo gobiernen, enseñen y corrijan.
Por el contrario, entre el pueblo de Dios, el interés por su Reino, y por la implantación de sus leyes, es lo nos indica el verdadero origen de la autoridad y la única razón por la que el individuo puede verse desafiado a "negarse a sí mismo".
Mientras el pensamiento griego (humanista) nos conduce a la idea anteriormente expresada, la Palabra de Dios afirma que la autoridad procede de Él.
Romanos 13:1 RVR60
1 Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas.
Queda claro en este pasaje que toda autoridad legítima procede de parte de Dios, y por Él ha sido establecida.
De manera que cualquiera que ostente autoridad, y que está no le haya sido dada por Dios, lo está haciendo aparte del orden de Dios.
En la Palabra de Dios encontramos varios casos en los que Dios confiere autoridad a hombres para que gobiernen, enseñen y corrijan a su pueblo. Vamos a señalar dos de ellos:

Dios designa a Moisés:

Éxodo 3:10 RVR60
10 Ven, por tanto, ahora, y te enviaré a Faraón, para que saques de Egipto a mi pueblo, los hijos de Israel.
Éxodo 4:17 RVR60
17 Y tomarás en tu mano esta vara, con la cual harás las señales.
En este pasaje encontramos a Moisés viviendo como pastor en el desierto. Los días que pasó como príncipe en Egipto quedaban lejos. El intento humano de ser para su pueblo un libertador y juez habían fracasado. Pero ahora es Dios quién le llama y le revela que Él le ha escogido para serlo.
A pesar de las muchas excusas que Moisés pone a Dios, la afirmación del versículo 3:10 es concluyente: Dios le ha investido de autoridad para que liberte a Su pueblo de manos de Faraón, y es él quién debe hacerlo.
En el versículo 4:17 Dios señala a Moisés el símbolo de dicha autoridad: una vara que servirá para mostrar el poder de Dios y que autentifica la autoridad que ostenta. Durante siglos, y abarcando diversas culturas, la vara en la mano derecha ha sido el símbolo de la persona que ostentaba la autoridad.

Dios designa a Saúl:

17Después Samuel convocó al pueblo delante de Jehová en Mizpa, 18y dijo a los hijos de Israel: Así ha dicho Jehová el Dios de Israel: Yo saqué a Israel de Egipto, y os libré de mano de los egipcios, y de mano de todos los reinos que os afligieron. 19Pero vosotros habéis desechado hoy a vuestro Dios, que os guarda de todas vuestras aflicciones y angustias, y habéis dicho: No, sino pon rey sobre nosotros. Ahora, pues, presentaos delante de Jehová por vuestras tribus y por vuestros millares.
1º Samuel 10:17–24 RVR60
17 Después Samuel convocó al pueblo delante de Jehová en Mizpa, 18 y dijo a los hijos de Israel: Así ha dicho Jehová el Dios de Israel: Yo saqué a Israel de Egipto, y os libré de mano de los egipcios, y de mano de todos los reinos que os afligieron. 19 Pero vosotros habéis desechado hoy a vuestro Dios, que os guarda de todas vuestras aflicciones y angustias, y habéis dicho: No, sino pon rey sobre nosotros. Ahora, pues, presentaos delante de Jehová por vuestras tribus y por vuestros millares. 20 Y haciendo Samuel que se acercasen todas las tribus de Israel, fue tomada la tribu de Benjamín. 21 E hizo llegar la tribu de Benjamín por sus familias, y fue tomada la familia de Matri; y de ella fue tomado Saúl hijo de Cis. Y le buscaron, pero no fue hallado. 22 Preguntaron, pues, otra vez a Jehová si aún no había venido allí aquel varón. Y respondió Jehová: He aquí que él está escondido entre el bagaje. 23 Entonces corrieron y lo trajeron de allí; y puesto en medio del pueblo, desde los hombros arriba era más alto que todo el pueblo. 24 Y Samuel dijo a todo el pueblo: ¿Habéis visto al que ha elegido Jehová, que no hay semejante a él en todo el pueblo? Entonces el pueblo clamó con alegría, diciendo: ¡Viva el rey!
En este pasaje vemos un caso de investidura de autoridad muy particular. La perfecta voluntad de Dios no era que Israel tuviese un rey, sino que Dios mismo era Rey sobre su pueblo. Sin embargo Dios accedió a la petición que le dirigen y le dice a Samuel que nombre a Saúl como rey sobre Israel.
A pesar de que Saúl no es un rey que emane de la perfecta voluntad de Dios, sino que lo hace de la voluntad permisiva de Dios, este necesita ser investido de autoridad de acuerdo al orden de Dios.
Es Dios quién elige a la persona de Saúl y es el profeta de Dios quien lo unge a la manera de Dios. Una vez más vemos como la autoridad, para ser legítima y poder ser ejercida en el orden de Dios, ha de ser impartida por Él.

Antiguo Testamento

Tiempo de la Ley.
La obligación de cumplir las ordenanzas referentes a la autoridad era un asunto fuera de toda discusión. Dios había establecido que la autoridad estuviese sobre determinada persona y para los que se rebelaban contra dicha autoridad el juicio de Dios era inmediato y evidente.

Rebelión de Aarón y Maria contra la autoridad:

Números 12 RVR60
1 María y Aarón hablaron contra Moisés a causa de la mujer cusita que había tomado; porque él había tomado mujer cusita. 2 Y dijeron: ¿Solamente por Moisés ha hablado Jehová? ¿No ha hablado también por nosotros? Y lo oyó Jehová. 3 Y aquel varón Moisés era muy manso, más que todos los hombres que había sobre la tierra. 4 Luego dijo Jehová a Moisés, a Aarón y a María: Salid vosotros tres al tabernáculo de reunión. Y salieron ellos tres. 5 Entonces Jehová descendió en la columna de la nube, y se puso a la puerta del tabernáculo, y llamó a Aarón y a María; y salieron ambos. 6 Y él les dijo: Oíd ahora mis palabras. Cuando haya entre vosotros profeta de Jehová, le apareceré en visión, en sueños hablaré con él. 7 No así a mi siervo Moisés, que es fiel en toda mi casa. 8 Cara a cara hablaré con él, y claramente, y no por figuras; y verá la apariencia de Jehová. ¿Por qué, pues, no tuvisteis temor de hablar contra mi siervo Moisés? 9 Entonces la ira de Jehová se encendió contra ellos; y se fue. 10 Y la nube se apartó del tabernáculo, y he aquí que María estaba leprosa como la nieve; y miró Aarón a María, y he aquí que estaba leprosa. 11 Y dijo Aarón a Moisés: ¡Ah! señor mío, no pongas ahora sobre nosotros este pecado; porque locamente hemos actuado, y hemos pecado. 12 No quede ella ahora como el que nace muerto, que al salir del vientre de su madre, tiene ya medio consumida su carne. 13 Entonces Moisés clamó a Jehová, diciendo: Te ruego, oh Dios, que la sanes ahora. 14 Respondió Jehová a Moisés: Pues si su padre hubiera escupido en su rostro, ¿no se avergonzaría por siete días? Sea echada fuera del campamento por siete días, y después volverá a la congregación. 15 Así María fue echada del campamento siete días; y el pueblo no pasó adelante hasta que se reunió María con ellos. 16 Después el pueblo partió de Hazerot, y acamparon en el desierto de Parán.
En este pasaje vemos como los hermanos de Moisés, que a su vez eran líderes en la congregación de Israel, motivados por asuntos personales se levantan contra la autoridad directamente otorgada por Dios a Moisés.
El siervo de Dios no había hecho nada malo, solamente algo que no había gustado a sus hermanos, y como estos no podían decir nada contra lo que había hecho, optaron por poner en duda la autoridad que este ostentaba, con la intención de desacreditarlo.
La respuesta de Dios ante este desafío a la autoridad que Él había establecido no se hizo esperar. El juicio fue inmediato.
Asimismo el juicio de Dios sobre Aarón y Maria fue evidente y visible: la lepra. Dios los podía haber disciplinado en lo secreto, pero esta manera visible de hacerlo nos habla de cuanto desagrada a Dios la rebelión contra la autoridad por Él establecida.
También observamos en este caso como la congregación es afectada por la rebelión de los líderes. Durante el tiempo de disciplina de Maria, el pueblo no pudo avanzar, recibiendo así un perjuicio por causa de dicha rebelión.

Trasgresión de Saúl acerca de la autoridad espiritual:

1º Samuel 13:8–14 RVR60
8 Y él esperó siete días, conforme al plazo que Samuel había dicho; pero Samuel no venía a Gilgal, y el pueblo se le desertaba. 9 Entonces dijo Saúl: Traedme holocausto y ofrendas de paz. Y ofreció el holocausto. 10 Y cuando él acababa de ofrecer el holocausto, he aquí Samuel que venía; y Saúl salió a recibirle, para saludarle. 11 Entonces Samuel dijo: ¿Qué has hecho? Y Saúl respondió: Porque vi que el pueblo se me desertaba, y que tú no venías dentro del plazo señalado, y que los filisteos estaban reunidos en Micmas, 12 me dije: Ahora descenderán los filisteos contra mí a Gilgal, y yo no he implorado el favor de Jehová. Me esforcé, pues, y ofrecí holocausto. 13 Entonces Samuel dijo a Saúl: Locamente has hecho; no guardaste el mandamiento de Jehová tu Dios que él te había ordenado; pues ahora Jehová hubiera confirmado tu reino sobre Israel para siempre. 14 Mas ahora tu reino no será duradero. Jehová se ha buscado un varón conforme a su corazón, al cual Jehová ha designado para que sea príncipe sobre su pueblo, por cuanto tú no has guardado lo que Jehová te mandó.
Dios había dado ordenanzas acerca de la autoridad que correspondía a cada uno. De la misma manera que en la actualidad los estados están compuestos de autoridades distintas (legislativa, judicial y ejecutiva), en el Israel de la antigüedad Dios había establecido una separación entre la autoridad para los asuntos de la administración del pueblo y la autoridad para los asuntos religioso-espirituales.
En este pasaje vemos como Saúl, la persona que ostenta la autoridad para regir al pueblo, suplanta a Samuel, el hombre que Dios había colocado en autoridad sobre los asuntos espirituales.
Saúl, pensando que la victoria sobre sus enemigos dependía de sus fuerzas, de lo grande de su ejercito, y viendo como estas menguaban con el paso de los días, tuvo en poco el mandamiento acerca de que solo sacerdote, en este caso el profeta, podía ofrecer el holocausto y decidió ofrecerlo él mismo.
Esta transgresión de la autoridad ordenada por Dios fue inmediatamente juzgada por Dios. Curiosamente el profeta llegó “cuando él acababa de ofrecer el holocausto” y de inmediato emitió el juicio de parte de Dios.

Nuevo Testamento

Tiempo de la Gracia.
Actualmente vivimos en lo que conocemos el “tiempo o la dispensación de la gracia”. Esto significa que ya no vivimos en una dispensación espiritual marcada por la obligatoriedad del cumplimiento de la Ley, sino que ahora, los que hemos recibido la salvación por la fe, vivimos en una dispensación espiritual marcada por la gracia de Dios sobre nuestras vidas y por nuestra libre elección acerca de los asuntos espirituales.
Ahora pues, nadie nos obliga a aceptar el sistema de autoridad de Dios, sino que cada uno de nosotros somos libres de elegir si obedecemos o no a la voluntad de Dios.
Este estado de gracia no significa que podamos hacer lo que queramos y todo da igual, no pasa nada… sino simplemente que podemos elegir con libertad. Evidentemente nuestras decisiones tendrán como fruto unas consecuencias.
En el tema que estamos tratando podríamos pues preguntarnos: ¿Ha cambiado Dios de idea referente a la autoridad? ¿Siguen vigentes los principios del Eterno acerca de este asunto?
Vamos a ver como los principios de autoridad siguen aún, en el tiempo de la gracia, vigentes para el pueblo de Dios.

Toda autoridad en la iglesia proviene de Cristo y es ejercida en su Nombre y por su Espíritu.

Gálatas 1:1 RVR60
1 Pablo, apóstol (no de hombres ni por hombre, sino por Jesucristo y por Dios el Padre que lo resucitó de los muertos),
2 Corintios 10:8 RVR60
8 Porque aunque me gloríe algo más todavía de nuestra autoridad, la cual el Señor nos dio para edificación y no para vuestra destrucción, no me avergonzaré;
En estos pasajes se observa sin ninguna dificultad la asociación directa que Dios establece en Su Palabra entre la autoridad espiritual y el hecho de que es Él quién la otorga.
Es interesante observar el énfasis de:
Gálatas 1:1 RVR60
1 Pablo, apóstol (no de hombres ni por hombre, sino por Jesucristo y por Dios el Padre que lo resucitó de los muertos),
El hecho de que dicha autoridad no proviene de los hombres. Esto es debido a que, ya desde el origen de la iglesia y como algo común en la naturaleza humana, existe una inclinación a creer que los hombres podemos otorgar o arrogarnos dicha autoridad, posiblemente para eludir así la responsabilidad que conlleva el reconocimiento de que tal autoridad solo puede proceder de Él.

La elección de Dios para otorgar autoridad es soberana.

10Y no sólo esto, sino también cuando Rebeca concibió de uno, de Isaac nuestro padre 11(pues no habían aún nacido, ni habían hecho aún ni bien ni mal, para que el propósito de Dios conforme a la elección permaneciese, no por las obras sino por el que llama), 12se le dijo: El mayor servirá al menor.
Romanos 9:10–12 RVR60
10 Y no sólo esto, sino también cuando Rebeca concibió de uno, de Isaac nuestro padre 11 (pues no habían aún nacido, ni habían hecho aún ni bien ni mal, para que el propósito de Dios conforme a la elección permaneciese, no por las obras sino por el que llama), 12 se le dijo: El mayor servirá al menor.
Durante la defensa que el apóstol Pablo hace sobre los motivos de la elección divina de Israel, encontramos este versículo que, como un faro en una noche de tormenta, arroja gran luz acerca de los motivos de la elección que hace Dios de un pueblo o una persona: “por el que llama”, esto es, por Su Soberana voluntad. Solo Dios conoce la plenitud de sus designios, y en este conocimiento, ha trazado Su plan sin que lleguemos a entenderlo en su totalidad. Por esto es que Dios elige al que quiere y lo inviste de autoridad para hacer Su obra de manera soberana.
Cabe destacar asimismo en este versículo, el énfasis que hace en que este llamado no responde al esfuerzo del que es llamado, ni a su perfección moral, ni tampoco a sus capacidades personales a priori; sino que el que llama también capacita para el llamado, y, de la misma forma, introduce a la persona llamada en un proceso de trato personal cuyo objetivo es producir el carácter necesario en la persona elegida.
Por tanto no vale acercarse a Dios con nuestro “currículo”, ni con razones piadosas que justifican nuestra elección, sino solo responder al llamado que Dios nos haga y someternos en fe a las personas que Él ha puesto como autoridad sobre nosotros.
Como apunte final sobre este versículo, decir que ha sido usado por algunos para establecer la predestinación acerca de la salvación. De ninguna manera se puede utilizar este texto para tal fin, pues es sacarlo de contexto y atribuirle un sentido que no tiene y que hace violencia al argumento que se está desarrollando en el contexto. Sería como decir que todos los descendientes de Jacob son salvos por el simple hecho de que Dios escogió a este para levantar de su linaje al Salvador

Siempre es impartida de arriba abajo.

Hechos de los Apóstoles 14:21–23 RVR60
21 Y después de anunciar el evangelio a aquella ciudad y de hacer muchos discípulos, volvieron a Listra, a Iconio y a Antioquía, 22 confirmando los ánimos de los discípulos, exhortándoles a que permaneciesen en la fe, y diciéndoles: Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios. 23 Y constituyeron ancianos en cada iglesia, y habiendo orado con ayunos, los encomendaron al Señor en quien habían creído.
En el pasaje de Hechos vemos como Pablo y Bernabé, apóstoles establecidos por Dios, constituyen ancianos en las iglesias.
Tito 1:5 RVR60
5 Por esta causa te dejé en Creta, para que corrigieses lo deficiente, y establecieses ancianos en cada ciudad, así como yo te mandé;
El apóstol Pablo le está recordando a Tito la razón por la que lo estableció como autoridad de parte de Dios en Creta.
En los dos casos se observa con claridad que las personas que son establecidas en autoridad, lo son por otros que están en eminencia sobre ellos, en ningún caso encontramos en la Palabra personas que hayan sido erigidas como autoridad sobre el pueblo de Dios de forma inversa, es decir, como resultado de una elección popular o democrática, ni por haber obtenido el apoyo de otros que están en el mismo nivel de autoridad.

A diferencia del A.T., las consecuencias de desobedecer el orden de autoridad establecido por Dios, pueden no ser ni inmediatas ni evidentes, incluso pueden no recibirse en este tiempo.

1 Timoteo 5:24 RVR60
24 Los pecados de algunos hombres se hacen patentes antes que ellos vengan a juicio, mas a otros se les descubren después.
Parece desconcertante encontrarse con casos en los que ha habido rebelión contra la autoridad establecida por Dios y en los que los rebeldes parecen burlar el juicio de Dios, e incluso en algunas ocasiones pareciera que estos son bendecidos y que obtienen el deseo que los llevó la rebelión.
Este versículo de 1 Timoteo nos advierte sobre la posibilidad de que nuestros sentidos no perciban en alguna ocasión la realidad espiritual de que Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará (Ga 6:7). De manera que, aunque aparentemente no sea así, debemos ser conscientes de que, aún en el tiempo de la gracia, las decisiones que tomemos tendrán su fruto, y si estas están enfrentadas con la voluntad de Dios, estaremos desafiándole e Él.
Aún en el A.T. encontramos casos en los que el juicio de Dios no se manifestó inmediatamente, como en el caso de Saúl, que desde desobedeció hasta que murió, reinó durante muchos años; pero ya había sido desechado por Dios.
El A.T. nos sirve como una forma visible de lo que ahora pasa en el ámbito espiritual, y aunque parezca que algunos escapan del juicio de Dios, las cosas que han sido establecidas en el mundo espiritual son las más reales, y finalmente las que importan.

De la misma forma que en el A.T., no se puede murmurar o levantar dudas contra la autoridad que Dios ha establecido..

1 Timoteo 5:19 RVR60
19 Contra un anciano no admitas acusación sino con dos o tres testigos.
Este versículo no establece la inmunidad para aquellos que están en autoridad, pero si nos advierte de que jamás se puede acusar falsamente a una persona en autoridad, aún si la acusación fuera verdad, tampoco se puede hacer sin pruebas.
Es, por tanto, responsabilidad de los creyentes con un mínimo de madurez, atajar de raíz todo comentario que genere duda o murmuración dentro de la iglesia, especialmente si estas van dirigidas hacia las personas en autoridad.

Someternos a la autoridad nos protege ante los errores.

Cuando estamos bajo autoridad y obedecemos en fe a las personas que ostentan dicha autoridad, siempre que esto no contradiga la Palabra de Dios, estaremos actuando correctamente, muchas veces en fe, y hallaremos gracia delante de Dios, pues Él conoce el corazón de todos y pesa con justicia mayormente el de los que le obedecen.

Someternos a la autoridad nos conduce a andar en la guía del Espíritu.

Pues Dios obra y dirige a Su pueblo de maneras que no siempre vamos a entender, pero sabemos que obedeciendo a las autoridades que Él ha establecido no nos equivocamos.

 La obediencia al principio de autoridad es una de las piedras preciosas para edificar en el Reino de Dios, según el llamado de cada uno.

1 Corintios 3:12–15 RVR60
12 Y si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca, 13 la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará. 14 Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa. 15 Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego.
Si alguno ha sido llamado a Edificar para el Reino de Dios, y toma como un material de construcción, de la obra que Dios le ha encomendado, este principio de obediencia a la autoridad, puede estar seguro que cuando su obra sea probada por fuego, lo que edificó con dicho material permanecerá.
El ser llamados por Dios, y equipados con dones, para la obra del ministerio no nos convierte en estrellas independientes, sino en siervos del Rey de Reyes.
Tengamos, pues, en gran estima el haber sido llamados a servirle, pero esforcémonos en hacerlo fundamentados sobre los preceptos de la sana doctrina, y no dejándonos contaminar por los principios de este mundo y sus filosofías.
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