Ganemos la batalla de nuestra mente
No le des al enemigo un sitio en tu mesa • Sermon • Submitted • Presented
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Vivimos en medio de una guerra espiritual. Más allá de lo que se ve, los seres espirituales se enfrentan en duros enfrentamientos, y nosotros somos sus instrumentos de lucha y su botín.
Pero, ¿cómo y dónde se produce esta guerra? ¿De qué manera te afecta personalmente? ¿Es verdad o pura fantasía e imaginación?
¿Luego lo que es bueno, vino a ser muerte para mí? En ninguna manera; sino que el pecado, para mostrarse pecado, produjo en mí la muerte por medio de lo que es bueno, a fin de que por el mandamiento el pecado llegase a ser sobremanera pecaminoso. Porque sabemos que la ley es espiritual; mas yo soy carnal, vendido al pecado. Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago. Y si lo que no quiero, esto hago, apruebo que la ley es buena. De manera que ya no soy yo quien hace aquello, sino el pecado que mora en mí. Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo. Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí.
Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí. Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros. ¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte? Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, mas con la carne a la ley del pecado.
La guerra espiritual es absolutamente real, y nos afecta a cada uno de nosotros. Sí, incluyendo a los que venimos a la iglesia.
¿Dónde se produce la guerra? ¿Cuando en la Biblia dice que tiene lugar en los lugares celestiales quiere decir que ocurre a miles de millas de distancia de nosotros?
No exactamente.
Pero la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho; la cual dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto? Y la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los árboles del huerto podemos comer; pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis. Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal. Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella. Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales.
Sí, ocurre en nuestro jardín delantero. También allí donde trabajamos, donde vamos a comer, en nuestro hogar y sí, también en la iglesia.
¿Nos da la Biblia alguna sugerencia de cómo debemos participar de este conflicto?
El primer paso para solucionar un problema es reconocer que lo tenemos. Mientras vivamos negándolo, no solucionaremos nada. Lo primero que tenemos que reconocer que nos dice es que no debemos ignorar el conflicto, sino reconocerlo.
Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza.Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo.Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.
La Palabra habla claramente del conficto espiritual, sin sutilezas, sin evitar el tema o teorizarlo.
Participemos activamente del conflicto espiritual, que nos afecta. No dejemos que el ladrón nos mate, nos destruya o nos robe (Juan 10:10).
Uno de los campos de batalla favorito de las fuerzas espirituales es nuestra mente, el área de nuestros pensamientos. Actuamos, decidimos y nos relacionamos de acuerdo a lo que pensamos, así que es radicalmente importante ganar la batalla de nuestra mente.
Las siguientes serían algunas de las maneras en que podemos prepararnos para participar del conflicto espiritual, defendiéndonos con las armas de Dios y quedando listos para servirle.
1. Pongamos un filtro a nuestros pensamientos
1. Pongamos un filtro a nuestros pensamientos
Necesitamos empezar a cuestionarnos: ¿por qué hago esto así? ¿Por qué tengo que hacer esto o aquello, y por qué lo hago de esta manera?
Hemos aprendido. Hemos sido influenciados. Seguimos siendo influenciados. Necesitamos aprender a diferenciar nuestras influencias y a elegir las que realmente nos convienen.
Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan.
Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.
Necesitamos preguntarnos por qué pensamos lo que pensamos, y de dónde viene lo que pensamos. Generalmente solo dejamos que suceda. Nos exponemos a muchos contenidos, sugerencias y manipulaciones, pero no cuestionamos. Si lo dijo un doctor en la Internet, así debe ser (aunque nunca podamos confirmar o demostrar que aquella persona realmente es un doctor). Si lo dijo el pastor, así será. Pues no, debemos filtrar todo, ser cuidadosos con lo que determina nuestros pensamientos, porque ellos son los que determinan nuestras decisiones.
2. Digámosle que no — en el nombre de Jesús —a los pensamientos que nos hacen mal.
2. Digámosle que no — en el nombre de Jesús —a los pensamientos que nos hacen mal.
Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne; porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo, y estando prontos para castigar toda desobediencia, cuando vuestra obediencia sea perfecta.
Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar; al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo.
a. Reconozcamos de donde proceden los pensamientos. ¿Quién lo dice?
a. Reconozcamos de donde proceden los pensamientos. ¿Quién lo dice?
¿Alguna vez has escuchado a un demonio? “¿Cómo? ¡Por supuesto que no! ¡Y jamás le haría caso!”. Pues, te sorprendería la cantidad de ocasiones en las que los demonios te han sugerido lo que finalmente has creído y lo que determinó tus decisiones. Fue lo que le ocurrió a Eva y a Adán, y el enemigo, por supuesto, no se presentó como tal.
Ya no te dejes engañar. Cuestiónate de quién viene lo que estás escuchando, y rechaza los mensajes de procedencia oscura.
b. Comparemos los pensamientos con la Palabra de Dios. ¿La Palabra confirma el pensamiento o no?
b. Comparemos los pensamientos con la Palabra de Dios. ¿La Palabra confirma el pensamiento o no?
Nuestra referencia por excelencia es la Palabra de Dios. Es nuestro alimento y lo que limpia nuestro corazón y mente.
En mi corazón he guardado tus dichos,
Para no pecar contra ti.
Aquí tienes otra razón para conocer la Palabra, estudiarla, meditarla, recordarla y profundizar en ella.
3. Aprendamos qué dice la Palabra de Dios al respecto.
3. Aprendamos qué dice la Palabra de Dios al respecto.
Recordemos de qué manera resistió y rechazó el Maestro a Satanás:
El respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.
La Palabra es nuestro alimento, y de ella dependemos.
Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios;
Es interesante que Pablo haya mencionado estas dos armas juntas. El yelmo cubría la cabeza, de hecho los pensamientos. Es importantísimo que asumamos nuestra identidad en Cristo, sabiendo que nos compró por su sangre y que somos diferentes a la mayoría, y eso hace que nos rijamos por otros principios y valores. La espada del Espíritu, la Palabra de Dios, es la única arma ofensiva y a la vez defensiva de la armadura. Y es la única que requiere destreza y práctica para usarla bien.
4. Pongamos en práctica la verdad de Dios.
4. Pongamos en práctica la verdad de Dios.
No se trata solo de saber, sino de poner en práctica, y es allí donde surgen nuestras luchas y fracasos, donde se concreta la desesperación de nuestra lucha (Romanos 7:13-25).
El Maestro enseñó:
No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.
Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca. Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena; y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina.
¿Qué tipo de construcción es la tuya? Seguramente quieres que tu casa permanezca, en lugar de caer hecha pedazos. Para eso, tienes que poner en práctica la Palabra.
¿En qué áreas de tu vida necesitas cambiar para poner en práctica lo que dice la Palabra?
1. Pongamos un filtro a nuestros pensamientos
1. Pongamos un filtro a nuestros pensamientos
2. Digámosle que no — en el nombre de Jesús —a los pensamientos que nos hacen mal.
2. Digámosle que no — en el nombre de Jesús —a los pensamientos que nos hacen mal.
3. Aprendamos qué dice la Palabra de Dios al respecto.
3. Aprendamos qué dice la Palabra de Dios al respecto.
4. Pongamos en práctica la verdad de Dios.
4. Pongamos en práctica la verdad de Dios.
