Cuando el vino se acaba
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Introducción
Introducción
Todos hemos estado alguna vez en una fiesta; la emoción es palpable, las risas son contagiosas, pero cuando todo termina, queda un sentimiento de soledad que puede ser abrumador. Las luces del salón se encienden, la música se apaga y comienza el sinsabor de la despedida y la vuelta a la realidad de la vida cotidiana.
Hace un mes estábamos preparando la celebración de nuestras festividades, la ciudades se vistieron de luces, el 24 de diciembre cayó la nieve y tuvimos el espectáculo de una blanca navidad, nuestras casas también estaban decoradas con adornos, luces, nacimientos, La iglesia estaba vestida de fiesta con las poinsettias, la corona de adviento, el nacimiento y los moños navideños, algunas personas toman días de vacaciones y muchas empresas también tienen un espíritu festivo durante ese tiempo.
Sin embargo, los días festivos terminaron y todas las personas han vuelto a la cotidianidad de la vida, parece que lo mágico de la temporada se va esfumando y de repente nos vemos inmersos en el año nuevo que se va convirtiendo en el año con todas sus rutinas.
Pensar en esa transición nos puede llevar a reflexionar en lo que sucedió en las bodas de Caná de Galilea y relacionarlo con nuestra vida reconociendo momentos en los que el vino se nos puede acabar.
1. Una mirada a lo que sucedió
1. Una mirada a lo que sucedió
Al tercer día se celebró una boda en Caná de Galilea y la madre de Jesús se encontraba allí. También habían sido invitados a la boda Jesús y sus discípulos. Cuando el vino se acabó, la madre de Jesús le dijo:
—Ya no tienen vino.
Después del encuentro con Natanael (Jn 1:43-51) Jesús fue invitado a una boda con algunos de sus discípulos, es posible que fuera la boda de algún familiar de Jesús toda vez que allí se encontraba María (Juan 2:1–3), también existe la posibilidad de que María tuviera algo que ver con la dirección de algunas de las actividades asociadas a la fiesta, razón por la que informó a Jesús sobre el problema (Platt, A. 1995).
Lo que María le informa a Jesús es la falta de vino, al parecer, el vino que se había comprado no alcanzó para toda la fiesta y esto representaba una vergüenza para el novio. “Dejar agotar el vino durante la celebración de varios días constituía una grave falta de hospitalidad por parte del novio” (Sendek. 2019. p. 1342). María le cuenta a Jesús porque es su hijo, pero él no tenía los medios humanos para solucionar el problema, él era un invitado a la fiesta y un visitante de la región, quizás María hubiera acertado comentando la situación a alguno de los criados o de los amigos, pero ella prefirió contarlo a Jesús.
La respuesta de Jesús contiene un elemento que es importante destacar; la expresión: “Todavía no ha llegado mi hora” (Jn 2:4), que se relaciona con el momento de la glorificación pero que en nuestra interpretación se asociará con el lugar de Jesús en la fiesta, es preciso recordar que Jesús era un invitado y que el anfitrión era el novio, se sigue deduciendo el afecto de María por la nueva familia queriendo evitar un alto costo económico y social pues la familia podía incluso ser multada, además de la vergüenza social ya mencionada.
En ese contexto, Jesús decide cooperar y cuando lo hace pasa de ser invitado a ser anfitrión, ve las tinajas de piedra que se usaban para la ceremonia de la purificación, da instrucciones y ocurre el milagro (Jn2:5-10).
Su madre dijo a los sirvientes:
—Hagan lo que él les ordene.
Había allí seis tinajas de piedra, de las que usan los judíos en sus ceremonias de purificación. En cada una cabían unos cien litros.
Jesús dijo a los sirvientes:
—Llenen de agua las tinajas.
Y los sirvientes las llenaron hasta el borde.
—Ahora saquen un poco y llévenlo al encargado del banquete —dijo Jesús.
Así lo hicieron. El encargado del banquete probó el agua convertida en vino sin saber de dónde había salido, aunque sí lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua. Entonces llamó aparte al novio y le dijo:
—Todos sirven primero el mejor vino y, cuando los invitados ya han bebido mucho, entonces sirven el más barato; pero tú has guardado el mejor vino hasta ahora.
Cuando el vino se les acabó Jesús transformó el agua en el mejor de los vinos, el encargado del banquete certificó la calidad del vino y el evangelio certifica de está forma el primer milagro de Jesús, más allá de la transformación del agua en vino el milagro logró un propósito; que los discípulos creyeran a Jesús. (Jn 2:11).
Esta primera señal milagrosa la hizo Jesús en Caná de Galilea. Así reveló su gloria y sus discípulos creyeron en él.
2. Cuando el vino se nos acaba a nosotros...
2. Cuando el vino se nos acaba a nosotros...
La historia de las bodas de Caná tiene mucha relación con nuestra vida. La vida es como una serie de fiestas, cuando termina hay nostalgia y el sentimiento de vacío, pero siempre hay nuevas invitaciones, desde luego la mejor invitación la recibimos de Jesús quien es capaz de convertir el agua en vino.
La vida es una fiesta que animamos con las experiencias de la vida y con el propósito que tenemos de la misma.
El vino es todo aquello que puede brindarnos felicidad. Es un símbolo de celebración, alegría y unión. Puede estar representado en la juventud, la belleza y la salud, el trabajo estable y el éxito profesional, la familia, los logros económicos, la comunión y el posicionamiento en la comunidad de fe.
Estos aspectos de la vida pueden hacer que el ser humano se sienta bien y tranquilo, no obstante, en la cotidianidad de la vida se presentan momentos que recuerdan que se debe trabajar en diversos aspectos para mantener la calidad de la fiesta, es decir, la calidad de vida. Como en las fiestas hay que cuidar cuando a alguien se le derrama el vino o cuando se acaban los canapés para que los invitados no se sientan mal atendidos, en la vida se debe cuidar de pequeños detalles que pueden importunar el camino. Una discusión con alguien, la paciencia y constancia en el ahorro, el tráfico, etc. son cosas que se presentan y aprendemos a sortear para seguir viviendo la fiesta de la vida.
Sin embargo, hay otros momentos en los que el vino se acaba y parece que la fiesta ya no va a continuar. Esos momentos confrontan nuestra vida, fe y esperanza. En esos momentos es cuando nos damos cuenta apropósito de donde están nuestras bases y cimientos.
Cuando se acaba el vino de la juventud, la belleza y la salud, cuando nos miramos al espejo y nos damos cuenta de como hemos cambiado, el cuerpo ha cambiado, la mirada ha cambiado, las fuerzas han cambiado, los cabellos negros o amarillos se han convertido en hilos de plata o han desaparecido, los cuerpos esbeltos han pasado a tener otras formas menos atléticas y empezamos a darnos cuenta de que somos más lentos y algunas acciones ya no las podemos hacer, poco a poco, dejamos de ser auto suficientes y volvemos a depender de otras personas.
En otras ocasiones el vino de la estabilidad laboral y económica se acaba, la compañía a la la que le hemos dado todo decide hacer reestructuración y prescindir de nuestros servicios, ellos no sabían de la hipoteca, la deuda del carro y la universidad de los hijos, es ese momento en el que sentíamos que estábamos pisando firme y de un día para otro nos quedamos sin piso, creyendo que la vida se iba a acabar encontrándonos con una cuenta en ceros y muchos saldos en rojo.
El vino se acaba cuando se fracasa en el matrimonio y nos enfrentamos a una separación o cuando los hijos toman caminos errados, la sensación de fracaso, de angustia y dolor nos llevan a pensar que la vida se acabó, cuando los hijos toman malas elecciones dándonos la espalda y cerrando sus oídos a nuestro consejo quizás nos sentamos en el sillón, nos rascamos la cabeza y dejamos correr las lágrimas por las mejillas preguntándonos el por qué de esa situación.
Pero el vino se acaba también cuando los hijos se van de la casa y el nido queda vacío, algunos de ellos vuelvan de visita, otros vuelven por que también a ellos se les acabó el vino, lo cierto es que ese nido vacío siempre mantiene la nostalgia esperando la visita de los hijos y de los nietos, cuando los hijos se van y la casa queda vacía a muchas personas las envuelve la tristeza y muchas parejas se dan cuenta de que los hijos ocuparon todo su proyecto de vida.
Para muchas personas el vino se ha acabado con la muerte de un ser querido, un hijo, los padres o la pareja, quienes pierden un hijo viven un dolor permanente porque generalmente se piensa que son los hijos los que enterrarán a sus padres, ningún padre está preparado para enterrar a su hijo, quizás ese dolor sea aun más profundo que el del hijo que toma malas decisiones. Cuando la pareja muere se va una parte importante de la vida del ser humano, el vínculo que se ha construido con los años, con las pruebas y con la decisión de amar se rompe dejando un enorme vacío en el corazón que no es fácil de superar. El ser humano se acostumbra a vivir en pareja, a la convivencia y al amor.
Muchas personas que han venido a este país en busca de mejores oportunidades y posibilidades económicas se les ha acabado el vino cuando un ser querido se enferma o muere en su país de origen y sabe que no puede viajar para acompañar los procesos y vivir el duelo, hay en medio de nosotros personas que han dejado en el camino familia y no han tenido la oportunidad de despedirse. A otras personas se les acaba el vino cuando son deportados y queda acá la ilusión de haber construido un mejor futuro en la cobija del “sueño americano”.
En las iglesias a las personas se les acaba el vino cuando se dan cuenta de que ya no son tan influyentes como antes y han perdido sus posiciones, cuando el pecado arrastra con la vida de los creyentes y creen que ya no merecen hacer parte de la familia de Dios, cuando debemos reconocer que es hora de entregar el legado de Cristo y su iglesia a las nuevas generaciones y pensamos que ellos no lograran hacerlo bien.
El vino se acaba en la vida de las personas cuando llega el desencanto, cuando se mira por todas partes y no se encuentra alguna solución para el bienestar de nuestras vidas. Es importante notar que cuando se acaban los vinos que se mencionaron arriba, la vergüenza y la culpa llegan para terminar la obra alarmante del fracaso.
El novio, que apenas comenzaba su camino, sintió el terror del fracaso, la deshonra y la vergüenza, los mismos sentimientos que experimentamos cuando el vino se nos acaba y dejamos de ser los dueños y anfitriones de la fiesta de la vida, en ese momento podemos terminar la fiesta o buscar ayuda en quien puede darnos el mejor de los vinos, Jesús de Nazareth,
3. Encontrando ayuda en Jesús
3. Encontrando ayuda en Jesús
El comentario de María no es indiferente a Jesús, una familia está en riesgo y la dignidad de una persona está siendo amenazada a causa de la falta de vino. Parece que las tristezas no llegan solas, una tristeza añade tristeza a otra convirtiéndose en una carga insoportable. Jesús ha sido enseñado por María, aunque ella esperara un milagro, su acción es una acción de confianza en el hijo. “Hagan lo que él les ordene” son las palabras de María (Jn 2:5) quien sabe que en Jesús está la fuente de felicidad.
Jesús no iba a salir a comprar vino, el iba a proveer vino de si mismo, es preciso recordar que de Jesús emana la vida, que el es la la fuente de la alegría, de la felicidad y de la abundancia, María no pudo dejar en mejores manos la situación.
La Biblia dice que en el lugar había unas tinajas de piedra que estaban destinadas a las ceremonias de purificación, es posible que estuvieran allí para los lavados de manos y demás ritos de purificación. Para la religión judía las categorías de puro e impuro son muy importantes en el desarrollo de su teología, ninguna persona podía acercarse a Dios si estaba contaminada; animales inmundos, cuerpos muertos, enfermedades de la piel, secreciones del cuerpo asociadas con la reproducción y adoración a los ídolos (Lawhead, A. 2009).
En el escenario de la angustia Jesús llama a las personas a volver a la relación con Dios y lo hace poniendo como principio la purificación porque cuando el vino se acaba en el afán y la angustia aparecen también la culpa, el miedo y reacciones que pueden dañar nuestra espiritualidad. Por eso la mirada a la purificación se convierte en la invitación de Jesús a mirar introspectivamente y dejar que el agua de su presencia limpie, refresque y de vida a nuestra alma, el agua en la tinaja es también un espejo que permite mirarnos y reconocer a Dios en nuestras vidas, sin embargo, las tinajas por si solas no habrían hecho nada, lograron transformar el ambiente cuando cumplieron su propósito, el de la purificación.
Matthew Henry (2003) refiere que “cuando hablamos a Cristo debemos exponer con humildad nuestro caso ante Él y, luego, encomendarnos a Él para que haga como le plazca” (P. 806). A Jesús le plació convertir simple e insípida agua en el mejor de los vinos, de la misma manera el Señor transforma la vejez, la enfermedad, la inestabilidad laboral, el duelo por la pérdida de un ser querido o la separación, el agotamiento ministerial y todo lo demás que comprendemos como vino que se nos acaba en algo mejor.
Dios desea hacer algo nuevo en cada persona que le permita dar testimonio de la autentica felicidad que nos da Cristo. Sin embargo, es necesario volver a Jesús y querer entregarle nuestra necesidad dejando que el llene nuestras tinajas de agua y transforme no solo las situaciones sino la vida misma. El resultado de este milagro fue que los discípulos creyeron, el resultado de la transformación del Señor en nuestra vida es que toda vez que nosotros hemos creído otros creen con nosotros porque solo en el Señor encontramos sentido a la vida y con el sentido a la vida, la felicidad.
Conclusión
Conclusión
Jesús ha venido para darnos de su vino, un vino nuevo, abundante y excelente, cuando el nuestro se ha acabado. ¿En qué áreas de nuestra vida el “vino” se ha acabado y necesitamos la intervención de Dios? ¿Cuál es el “vino” que esta representando la alegría en este momento de nuestras vidas? ¿En realidad, creemos que Jesús puede transformar los momentos difíciles en bendiciones?
Es tiempo de dejar a Dios actuar en nuestras vidas, de acercarnos a Él, hablarle del vino que se nos ha agotado y permitir que Él actúe en nuestras vidas transformando nuestra mente y corazón. Cuando Él actúa en nuestra vida todas las demás situaciones cambian porque somos capaces de afrontarlas con valor cristiano.
Referencias
Referencias
Alberto T. Platt, Estudios Bı́blicos ELA: Para que creáis (Juan) (Puebla, Pue., México: Ediciones Las Américas, A. C., 1995).
Alvin S. Lawhead, «PURIFICACIÓN CEREMONIAL», ed. Richard S. Taylor et al., trans. Eduardo Aparicio, José Pacheco, y Christian Sarmiento, Diccionario Teológico Beacon (Lenexa, KS: Casa Nazarena de Publicaciones, 2009).
Elizabeth Sendek, «JUAN», en Comentario Bíblico Contemporáneo: Estudio de toda la Biblia desde América Latina, ed. C. René Padilla, Milton Acosta Benítez, y Rosalee Velloso Ewell, Primera edición. (La Paz, Bolivia; Barcelona, España; Buenos Aires; Lima: Certeza Unida; Andamio; Ediciones Puma; Ediciones Kairos; Certeza Argentina; Editorial Lampara, 2019), 1342.”
Matthew Henry, Comentario de la Biblia Matthew Henry en un tomo (Miami: Editorial Unilit, 2003).
