Muerte que transforma

Marcos   •  Sermon  •  Submitted   •  Presented
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Explorando alternativas

¿Qué pasa en la muerte del Señor Jesús? ¿Es solamente una transacción entre el Padre y el Hijo? Quizá esta sea la postura mas común que haya escuchado respecto a la muerte de Cristo. Habia necesidad de pagar una deuda de muerte, el Padre manda al Hijo, muere y la deuda es resuelta, sin embargo una pregunta válida en este esquema de razonamiento sería ¿A quién había que pagarle la deuda? Por otra parte, tenemos un cambio de roles. El ser humano está siendo perseguido por Dios y su ira, se encuentran frente a frente sin embargo el Señor Jesús se interpone en medio nuestro y a través de algún mecanismo de sustitución ahora el Padre nos mira diferente porque nos mira a través del Hijo.
Sin embargo, aunque estas posturas tienen sus versiculos que lo sustentan tambien nos hacen pensar un poco en que no concuerda mucho con la relación que Jesús describe con su Padre. Tomemos un momento para revisar esta cita Juan 14:10
John 14:10 NVI
¿Acaso no crees que yo estoy en el Padre, y que el Padre está en mí? Las palabras que yo les comunico, no las hablo como cosa mía, sino que es el Padre, que está en mí, el que realiza sus obras.
o Juan 14:31
John 14:31 NVI
pero el mundo tiene que saber que amo al Padre, y que hago exactamente lo que él me ha ordenado que haga. »¡Levántense, vámonos de aquí!
y finalmente Juan 17:24-25
John 17:24–25 NVI
»Padre, quiero que los que me has dado estén conmigo donde yo estoy. Que vean mi gloria, la gloria que me has dado porque me amaste desde antes de la creación del mundo. »Padre justo, aunque el mundo no te conoce, yo sí te conozco, y éstos reconocen que tú me enviaste.
Estos 3 textos no parecen satisfacer las 2 teorías previas respecto a la muerte del Señor Jesús. En primer lugar, Jesús declara que por amor al Padre hace exactamente lo que Él ordenó. En este caso no tendría caso que el Señor tenga que interponerse entre el Padre y nosotros para que Él nos vea con agrado puesto que el amor del Padre (con que siempre nos ha amado) es el motor de arranque para la obra salvifica de Cristo. En segundo lugar vemos a Jesús anhelando que nosotros estemos con el Padre para poder ver la gloria de Jesús, no parece haber una especie de deuda que pagar sino mas bien un deseo de formar una comunidad como desde antes de la creación del mundo deseaban.
Dicho esto, entonces podriamos explorar algunas posibilidades, la primera la tenemos en la carta de Colosenses 2:15
Colossians 2:15 NVI
Desarmó a los poderes y a las potestades, y por medio de Cristo los humilló en público al exhibirlos en su desfile triunfal.
y la otra está en Efesios 4:8-10
Ephesians 4:8–10 NVI
Por esto dice: «Cuando ascendió a lo alto, se llevó consigo a los cautivos y dio dones a los hombres.» (¿Qué quiere decir eso de que «ascendió», sino que también descendió a las partes bajas, o sea, a la tierra? El que descendió es el mismo que ascendió por encima de todos los cielos, para llenarlo todo.)
¿Qué nos dicen estos textos? Que en la muerte de Cristo hay un triunfo total y definitivo. El pecado ha perdido fuerza sobre sus cautivos y ahora este nuevo Rey lo llena todo. Estos enemigos espirituales han sido humillados publicamente en la muerte de Jesús según lo expresa Pablo en Colosenses. Asi que estamos viendo a un Cristo Vencedor.

La pregunta intermitente

¿Por qué sufrimos? ¿Por qué a los buenos les pasan cosas malas? Philip Yancey un escritor y periodista norteamericano escribió un libro muy interesante llamado ¿Donde está Dios cuando duele? parte de sus motivaciones tienen que ver con la muerte prematura de su padre en su infancia. Dice Philip que los hermanos de su congregación no daban crédito que un hombre tan bueno fuera a morir y por esto lo retiraron del pulmón artificial al que estaba conectado todo para que a las 3 semanas finalmente muriera. En el libro de Philip hay algunas frases que él ha esuchado en su interminable trabajo de investigación. Entre ellas resaltan: Dios no puede querer que sufras. Dios te está castigando. Es Satanas quien te está castigando. Es para probar tu fe. Es para probar tu amor. etc. Como podemos ver estas respuestas mas que clarificar, confunden.
Jesús está en la cruz, hay oscuridad desde el mediodia hasta la media tarde. No hay mejor manera de ilustrar el sufrimiento que una oscuridad que se cierne sobre nosotros. Pero en esta oscuridad Jesús grita: Padre, ¿por qué me has abandonado? y en esta frase está encerrada todo el sufrimiento del mundo. Porque cuando sufrimos expresamos esta paradoja que el Señor expresa utilizando el Salmo 22.
De acuerdo con Mercedes Navarro en su comentario sobre Marcos el orante del salmo 22 por una parte percibe el abandono de Dios pero por otra parte pone toda su confianza en Él.
Asi mismo el Señor, en esta hora obscura, mientras es expuesto a la mayor de las violencias: fisica, emocional e incluso espiritual es cuando clama a viva voz este Salmo. Una relación tan perfecta con el Padre tal y como la describe el Señor en el evangelio de Juan no nos permite imaginar al Padre abandonando al Hijo en esta circustancia adversa. Decir que el Padre no puede ver el pecado y por eso aparta la vista del Hijo es contradecir a Juan 4:31 “hago lo que el Padre me mandó”. La saña de los sacerdotes y la gente al pie de la cruz solo eleva la tensión en torno a Jesús y su dolor. Aunque el Salmo 22 inicia como una pregunta y un reclamo en realidad durante todo el salmo hay una tensión entre sentirse abandonado pero luchar por reconocer que Dios siempre está a nuestro lado aún en circustancias adversas. Al igual que en el Salmo 22, fuertes toros de Basan se pasean alrededor de la cruz, por un momento podemos imaginar como en sus planes Jesús está derrotado. Lo que todos estamos esperando es oir nuevamente la voz del cielo que confirme al Señor como el Hijo de Dios.

La respuesta del Padre

En medio de este sufrimiento el Señor nos demuestra que nada de lo que está padeciendo es inventado. A través de un fuerto grito, expira. Esta palabra es un poco rara para referise al acto de morir y seguramente Marcos lo está utilizando a proposito para decir que ha entregado el Espiritu, mismo que habia posado sobre Él al inicio de su ministerio, asi mismo la palabra que se usa para describir “rasgar” en la oración “la cortina del santuario del templo se rasgó en dos” es la misma que usa en Marcos 1:10 para decir que los cielos se abrian y que el Espiritu bajaba a él. Llama la atención que el Espiritu desciende desde arriba y ahora asciende desde abajo.
Posterior a esto vemos al centurión romano expresar “Este hombre era hijo de Dios”. Pablo nos dice en 1 Corintios 12:3
1 Corinthians 12:3 NVI
Por eso les advierto que nadie que esté hablando por el Espíritu de Dios puede maldecir a Jesús; ni nadie puede decir: «Jesús es el Señor» sino por el Espíritu Santo.
de esta manera, Dios, por medio del Espiritu ha confirmado por última vez en la vida de Jesús que el verdaderamente es Hijo de Dios. El Padre no le ha abandonado. El Padre ha transitado con el Hijo todo este camino y lo ha acompañado hasta el final. Talvez no se ha oido la voz del bautismo ni la voz de la transfiguración pero una vez mas el Padre vuelve a expresar “este es mi Hijo amado”.
Finalmente en el horizonte vemos que en realidad no siempre estuvo tan solo como Marcos nos ha ido describiendo. Aparecen unas mujeres, que miran desde lejos. No están viendo como indiferentes, sino que están mirando como inmersos en la escena. Marcos nos hará ver que estas mujeres eran sus seguidoras pero también le habían servido. Estas mujeres son verdaderas discipulas pues de los varones no se nos dice que hayan servido a nadie.
Jesús en la cruz se ha llevado cautiva a la cautividad. Al miedo, al dolor y a la muerte. No es que ya no existan, sino que a los que creen en su nombre les es posible enfrentarlos confiados en la mano de Dios. José de Arimatea quien antes ha sido un timido seguidor de Jesús pero que ha esperado el Reino, ahora ve en la muerte del Señor el cumplimiento de este Reino. Se decide a entrar decididamente ante Pilato a pedirle el cuerpo de su Señor. José de Arimatea está en el lugar en donde deberían estar los 12, es decir honrando a quien en vida fue su maestro, sin embargo, una vez mas Marcos nos muestra que las cosas en el Reino de Dios funcionan con una lógica diferente.
La pregunta seguirá estando en el aire: ¿dónde está Dios cuando duele? Hoy a la luz de este lado podemos decir: Dios está a nuestro lado. Gracias al sacrificio de Jesús y a su solidaridad con el ser humano es que hoy podemos confiadamente entrar ante el trono de la gracia para alcanzar el oportuno socorro. Tras su victoria en la cruz de calvario y exhibir a estos poderes que nos tenian dominados y llevarse cautivo a la cautividad es que nosotros podemos confiadamente esperar hasta el final como las mujeres. La muerte de Jesucristo no es transaccional sino transformadora. No fue una deuda que urgía pagar, fue un comienzo para anidar el Reino de Dios en medio de los que Él llamó (y amó).
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