ESPADA O FE

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ENTRE LA ESPADA Y LA FE
¿Alguna vez te has encontrado en una situación en la que debías elegir entre confiar en tus propias habilidades o recursos o en algo más grande que tú, la fe en Dios? ¿Qué elegiste y cuál fue el resultado?
Es muy importante mantener la fe en Dios, incluso cuando la tentación de depender de lo tangible es fuerte. ¿Prefieres una espada grande o una fe grande?
Algunos de los días más negros de David vinieron antes de que fuera promovido oficialmente al trono de Israel. Los capítulos 21 a 23 nos relatan esos tiempos de prueba. Dios lo estaba preparando para una tarea inmensa, y usaba esas situaciones para convertir a su siervo en un hombre de madurez y fuerza interior. La próxima vez que las pruebas aparezcan en tu vida, considera que Dios las puede estar usando con el propósito de prepararte para que cumplas con algún servicio especial de la obra de él. 
1 Samuel 21 relata la huida de David tras enterarse de la intención de Saúl de matarlo. En su huida, David había buscado a Samuel en el capítulo 19 y a Jonatán en el capítulo 20, y ahora acude al sumo sacerdote Ahimelec, quien se sorprendió que David viajara solo, aunque en realidad tenía unos pocos compañeros que lo esperaban en otro lugar. David está hambriento, asustado y cansado, así que le pide a Ahimelec que le dé pan. 
Ahimelec le ofrece el pan sagrado que había quitado del altar para reemplazarlo por pan más fresco, este pan estaban destinado solo para los sacerdotes. Sin embargo se lo dio a David.
Mientras están en Nob, David también solicita armas porque ha dejado todo atrás en su huida. Ahimelec le proporciona la espada de Goliat, la cual había sido guardada en el santuario, simbolizando el triunfo de David sobre el gigante. Después de este encuentro, David se entera de que Doeg, un siervo de Saúl, estaba presente en Nob y había visto a David hablar con Ahimelec. Esta información se convierte en un punto crítico, ya que más tarde Doeg informa a Saúl sobre la ayuda que recibió David, lo que tendrá graves consecuencias para el sacerdote y los habitantes de Nob. 
David continuó su fuga y llegó a Gat, tierra natal de Goliat, el gigante filisteo a quien él había matado. Cuando Aquis rey de Gat lo reconoció, David se fingió estar loco. Al fingir locura Aquis y los filisteos, podrían haber interpretado su comportamiento como una señal de que estaba bajo el control de fuerzas sobrenaturales.  En muchas culturas antiguas, la locura se asociaba a menudo con la influencia de dioses o espíritus, y las personas creían que quienes estaban "poseídos" o eran considerados dementes podían ser intocables por los demás. Se creía que eran invisibles a los castigos humanos debido a su estado. Esta creencia puede haber proporcionado a David un escudo protector en su situación vulnerable.
Es muy lamentable ver el miedo y la desesperación de este hombre de Dios, destinado para ser el rey de Israel, pero en un nivel muy bajo en este momento. 
Aquel, cuya fe lo elevó a alturas extraordinarias, como lo fue el encuentro de David con Goliat, ahora cae a un nivel donde recurre a mentiras y engaños para protegerse. 
David, en su momento de gloria, se enfrentó al gigante con una tremenda confianza en Dios, una fe que no se basaba en engaños, sino en la certeza de que Dios estaba de su lado. 
Cuando David recibe la espada de Goliat, se siente orgulloso de tener en su poder una arma tan formidable. Este objeto no es solo una herramienta de guerra; es un símbolo de la victoria que obtuvo a través de su fe y valentía. 
A medida que sostiene la espada, seguramente recuerda cómo la ganó: no mediante mentiras ni medias verdades, sino con una fe inquebrantable en Dios, que le permitió derrotar al gigante. 
David puede tener la espada de Goliat en su arsenal, pero estaría mejor equipado si tuviera la fe que mató a Goliat. ¿Está ahora David confiando más en una espada filistea que en las herramientas sencillas de un pastor? 
Esta transición representa una pérdida significativa en su vida espiritual. 
David va a la casa de Dios en busca de consuelo, ayuda y guía, pero se encuentra con una batalla dentro de su alma. Llega al lugar correcto, pero con una actitud incorrecta. 
Esta lucha interna refleja su confusión y el conflicto entre su fe pasada y su situación actual. Ahora está Entrela espada y la pared, o mejor dicho, entre la espada y la fe. 
En lugar de reconocer su verdad ante el único que podía ayudarlo y confesar sus mentiras, decide huir nuevamente. Este acto de huida es una manifestación de su desesperación y su incapacidad para enfrentar la realidad de su situación. 
La espada puede ofrecerle una sensación temporal de seguridad, pero sin la fe, está desprovisto de la verdadera fortaleza que proviene de una relación con Dios. La fe es lo que proporciona dirección y propósito, incluso en tiempos de incertidumbre.
La falta de fe puede llevar a la locura. Literalmente David se veía como un loco. Aunque lo aparentaba voluntariamente, simbolizaba su descenso por quitar la mirada en Dios y dirigirla a su circunstancia, y es que la la desesperación puede llevar a decisiones irracionales que, aunque puedan parecer soluciones temporales, en realidad nos alejan de nuestra verdadera identidad y propósito. 
Al final, la fe es nuestro ancla en medio de la tormenta, y volver a ella puede restaurar nuestra claridad y sentido de dirección. 
Esta es una lección valiosa para todos nosotros: en momentos de incertidumbre, debemos buscar primero la dirección y la provisión de Dios, en lugar de depender de nuestras propias estrategias. 
En Juan 15:5- y 7 dice Jesús: “Separados de mí nada podéis hacer. Si permanecen en mí, y mis palabras permanecen en ustedes, pidan todo lo que quieran, y será hecho.”
David, el ungido de Dios, fue un hombre con muchas fallas.
El hecho que podemos verlas significa que La Biblia es transparente y nunca oculta las debilidades, fracasos, y pecados de sus protagonistas, incluso aquellos que son considerados "conforme al corazón de Dios", como David. 
Esto se debe a que el verdadero Autor, el Espíritu Santo, busca presentar una narrativa auténtica que refleje la realidad de la condición humana. 
La inclusión de los fracasos de David, como su miedo, mentiras y decisiones cuestionables, muestra que incluso los hombres y mujeres escogidos por Dios son imperfectos. 
Esta autenticidad permite a los lectores ver que la fe no es la ausencia de errores, sino un viaje continuo de crecimiento y redención. 
Las fallas en la vida de David también resaltan la gracia de Dios. A pesar de sus errores, Dios sigue fiel a Su promesa y a Su pacto con David. Esto refleja la naturaleza misericordiosa y redentora de Dios, que busca restaurar a Su pueblo. 
Eso nos debe mover a ser honestos sobre nuestras propias luchas y a confiar en la gracia y la redención que se encuentran únicamente en Jesucristo.
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