AVANZANDO Y PREVALECIENDO

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ORADOR HISTORIADOR
Hechos 19:20 "Así crecía y prevalecía poderosamente la palabra del Señor.” 
Así crecía y prevalecía poderosamente la palabra del Señor.
Hechos 19:1-7
1 Aconteció que entre tanto que Apolos estaba en Corinto, Pablo, después de recorrer las regiones superiores, vino a Éfeso, y hallando a ciertos discípulos,
Efeso, capital administrativa de la provincia romana de Asia, era una ciudad rica y superpoblada; era una de las ciudades más importantes del mundo en aquel entonces, igual que Corinto, Antioquía y Alejandría.
El famoso templo de Artemisa (Diana en latín) estaba ubicado cerca de Efeso, y era conocido como una de las siete maravillas del mundo. Este templo,,, un verdadero centro de peregrinaciones, atraía a muchos visitantes a la región. 
En medio de esta increíble ciudad, un hombre decidido y lleno de fervor se acerca: ¡Pablo de Tarso!
¡Sí! Pablo, el mismo que antes persiguió a los cristianos, ahora es un ferviente defensor del evangelio de Jesucristo. Había estado viajando por varias regiones, y en su jornada, llega a Éfeso. 
Allí, se encuentra con un grupo de discípulos, hombres que habían sido enseñados por Juan el Bautista. Pero había algo que faltaba en su vida espiritual.
Pablo, con su mirada penetrante, se acerca a ellos y les pregunta: 
"¿Recibieron ustedes el Espíritu Santo cuando se hicieron creyentes?" ¡Una pregunta poderosa! 
Pero la respuesta de estos hombres es desconcertante: 
"Ni siquiera hemos oído si hay Espíritu Santo." 
Imaginemos la confusión en sus rostros. Habían aprendido sobre el arrepentimiento y la venida del Mesías, pero el Espíritu Santo, el prometido Consolador, era un misterio para ellos.
Pablo, les dice: “ Entonces, ¿Qué bautismo recibieron ustedes?" 
Y ellos responden: "El bautismo de Juan." Ahí está el problema. 
Juan había bautizado con un bautismo de arrepentimiento, preparando el camino para el Mesías Salvador, pero no los había dirigido a la plenitud de la fe en Cristo, especialmente aquellos que estuvieron con Juan el Bautista un poco de tiempo, pero después se movieron a otras regiones.
Pablo, con la sabiduría que le otorgó el Espíritu, les explica: "Juan bautizó con un bautismo de arrepentimiento, diciendo al pueblo que creyeran en Aquel que vendría después de él, esto es, en Jesús el Cristo." 
Así que Pablo les explica el evangelio.
En ese momento, sus corazones comienzan a arder mientras comienzan a  comprender que el cumplimiento de sus esperanzas está frente a ellos.
Y cuando escucharon esto, su respuesta fue inmediata. 
Pidieron ser bautizados en agua y en el nombre del Señor Jesús, simbolizando su nueva vida en Cristo y su identificación con Él. 
¡Era un nuevo comienzo!
Pero eso no es todo. Pablo, en un acto lleno de fe, impone las manos sobre ellos. Y en ese instante, el poder del Espíritu Santo desciende! Ellos comienzan a hablar en lenguas y a profetizar, llenos de la presencia de Dios. 
En esos días del comienzo de la iglesia, recibir tangiblemente el Espíritu Santo era fundamental para los primeros creyentes. 
El Espíritu Santo es visto como el sello de la salvación, la fuente de poder para vivir la vida cristiana y el que guía a los creyentes en toda verdad. 
Este pasaje ilustra que es posible tener una fe que es genuina pero incompleta. Estos hombres eran sinceros en su búsqueda de Dios, pero su comprensión del plan de salvación a través de Cristo era insuficiente. 
De acuerdo a la enseñanza del Nuevo Testamento, cuando una persona se convierte a Jesús, recibe el Espíritu Santo en ese mismo momento. La conversión se llama “regeneración”, es “nacer de nuevo” y convertirse en un hijo de Dios. 
Algunas tradiciones cristianas enseñan la idea de una "segunda bendición" o "bautismo del Espíritu Santo", que es una experiencia separada y posterior a la conversión. 
Y que debe seguir el patrón de hablar en lenguas. 
Pero lo cierto es que el Espíritu Santo viene a habitar en el creyente desde el momento de la conversión y no es necesario buscar una segunda experiencia. 
No es correcto pedir el bautismo del Espíritu Santo; ¿por qué pedir algo que ya el Señor nos dio?
Romanos 8:9 dice: “Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él.” Cuando recibimos a Cristo recibimos el Espíritu Santo. 
Estos doce hombres, igual que Pablo y Apolos antes que ellos, ilustran lo que estaba sucediendo en la  transición del libro de los Hechos. 
La iglesia, que había aceptado a judíos, gentiles y samaritanos, ahora reunía a este último grupo: Y se presentaron las mismas señales milagrosas, para que todos supieran lo que se dijo de los gentiles en Hechos 11:17–18: —¡Así que también a los no judíos ha concedido Dios el arrepentimiento para vida! 
Tenía que haber esas señales sobrenaturales como evidencia del Espíritu Santo. 
Hoy, esas señales no son necesarias, la iglesia ya ha sido formada y establecida y la Palabra de dios está completa tanto en el Antiguo como el Nuevo Testamento.
La pregunta hoy no debe ser ¿Recibiste el bautismo del Espíritu Santo? 
Más bien la pregunta debe ser ¿Estás viviendo conforme al Espíritu Santo? 
Si ya recibiste a Cristo en tu ser, obviamente has recibido al Espíritu Santo, eso es recibir a Cristo. Entonces, ¿puedes dar evidencia de tener a Cristo en tu vida? 
¿Cuál es la evidencia? Numero uno es darle gloria a Jesús. Juan 16:14 dice: “Él me glorificará.” Es necesario vivir una vida que glorifique a Cristo.
Numero dos, es vencer el pecado en nuestras vidas. Romanos 8:13 dice: “Por el Espíritu hagan morir las obras de la carne.” El Espíritu Santo nos par poder para vencer el pecado.
Numero tres es mostrar el fruto en tu vida: Gálatas 5:22-23 “El fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, 23 humildad y dominio propio.” 
Así que estos 12 discípulos, discípulos de Juan el Bautista, comprendieron el evangelio y recibieron a Cristo y la llenura del Espíritu Santo
¡Eran solo doce hombres, pero el impacto de este momento resonaría en toda la ciudad de Éfeso y más allá! 
De esa forma crecía y prevalecía poderosamente la palabra del Señor.
Así crecía y prevalecía poderosamente la palabra del Señor.
 2- PREDICACIÓN EN LA SINAGOGA
Hechos 19:8-10
Pero Pablo no se detuvo! Su corazón ardía por compartir la verdad del evangelio. Así que, con determinación, se dirigió a la sinagoga de Éfeso, un lugar donde los judíos se reunían para escuchar las Escrituras y aprender sobre Dios. 
Y entrando Pablo en la sinagoga, habló con denuedo por espacio de tres meses, discutiendo y persuadiendo acerca del reino de Dios.
Allí, en la sinagoga, comenzó a hablar con toda confianza. 
¡Imagina la escena! Durante tres meses, Pablo predicó el mensaje del reino de Dios. ¡Tres meses! 
No era solo una charla ocasional; estaba discutiendo y persuadiendo a todos los que escuchaban sobre las maravillas del reino de Dios y la obra redentora de Jesucristo. 
Les mostraba con las escrituras y les explicaba el evangelio.
Inicialmente, Pablo aprovechó su buena relación con los judíos efesios y predicó en la sinagoga durante tres meses, un periodo inusualmente largo para él. 
Durante este tiempo, discutió y persuadió acerca del reino de Dios, enfrentando preguntas y argumentos con valentía, sin temor al rechazo.
Pero, como es común cuando la verdad se presenta, algunos comenzaron a endurecer sus corazones. 
La incredulidad se apoderó de ellos. 
En lugar de aceptar el mensaje de Pablo, algunos empezaron a maldecir el Camino. El Camino era un término usado para describir a los primeros cristianos.
Estos incrédulos desecharon la enseñanza que Pablo proclamaba. 
¡Qué doloroso debe haber sido para Pablo ver cómo unos rechazaban la verdad!
Pero Pablo, en lugar de desanimarse, tomó una decisión valiente. 
Se apartó de ellos y, con la firmeza que lo caracterizaba, llevó a los discípulos que habían creído en Cristo a un nuevo lugar de enseñanza. Rentó un local para seguir con sus clases. 
Pablo se trasladó al aula de un hombre llamado Tirano, donde continuó su ministerio. Su enseñanza fue tan efectiva que la Palabra de Dios se extendió por toda Asia Menor, alcanzando a judíos y griegos. 
El profesor Tiranno, conocido por su apodo (Tirano) porque quizá reflejaba su estricta disciplina, era dueño de un edificio donde impartía clases. 
Pablo aprovechó este lugar para enseñar desde las 11:00am hasta las 4:00pm, coincidiendo con el descanso del mediodía cuando Tiranno no impartía clases. 
Las ciudades de esa región solían estar inactivas durante las horas de mediodía. 
Pablo, después de su trabajo en la mañana fabricando carpas, dedicaba este tiempo caluroso a su misión principal. Enseñar la Biblia.
Su pasión y energía inspiraban a sus oyentes a sacrificar su siesta para escucharlo. 
Pablo seguramente pagaba una cuota para rentar este local en ese tiempo disponible.
Después de las sesiones en la escuela, Pablo continuaba su labor hasta tarde por la noche, enseñando de casa en casa. Este intensivo programa lo mantuvo durante dos años.
De esa forma, La palabra del Señor comenzó a resonar con fuerza en Éfeso, y no solo en la ciudad, sino en toda Asia. ¡Sí! Todos los que habitaban en la región oyeron el mensaje de Jesús, tanto judíos como griegos.
Así crecía y prevalecía poderosamente la palabra del Señor.
Pablo mostró una dedicación inquebrantable a su misión, trabajando largas horas y persistiendo a pesar de las dificultades y la oposición. 
Su compromiso nos enseña la importancia de la perseverancia en nuestras propias misiones y objetivos. 
Además, Pablo fue flexible y estratégico, utilizando diferentes lugares y horarios para ser efectivo en su impacto. 
Esto nos recuerda la importancia de ser creativos y adaptarnos a las circunstancias para alcanzar nuestras metas. 
A pesar de las posibles críticas y rechazos, Pablo no dudó en proclamar el evangelio con valentía. 
Su ejemplo nos anima a defender nuestras FE, incluso cuando enfrentamos oposición. 
Pablo equilibró su oficio como fabricante de carpas con su misión de predicar, mostrando que es posible integrar nuestras responsabilidades diarias con nuestros propósitos mayores. 
Pablo mantuvo un programa exigente durante dos años, demostrando que los compromisos a largo plazo,,, aunque desafiantes, pueden dar frutos significativos. 
El texto dice que enseñaba CADA DÍA. Su enfoque en la enseñanza diaria subraya el valor de la educación continua y el aprendizaje como herramientas para el crecimiento y la capacitación Bíblica y espiritual.
Su dedicación y valentía llevaron a la expansión del evangelio, mostrando que, aunque haya resistencia, la verdad de Dios siempre prevalecerá.
Así crecía y prevalecía poderosamente 
la palabra del Señor.
Milagros y predicación del evangelio
Hechos 19:11-20
11 Y hacía Dios milagros extraordinarios por mano de Pablo, 12 de tal manera que aun se llevaban a los enfermos los paños o delantales de su cuerpo, y las enfermedades se iban de ellos, y los espíritus malos salían.
A medida que Pablo continuaba su ministerio en Éfeso, algo extraordinario comenzó a suceder. 
¡Dios comenzó a realizar maravillas con milagros extraordinarios a través de las manos de Pablo! ¡Sí, milagros que desafiaban la lógica y la comprensión humana!  
¡Imaginen la escena! La gente se agolpaba, llenos de esperanza, buscando la sanidad y la liberación que solo el poder de Dios podía ofrecer. El nombre de Jesús estaba resonando en cada rincón de Éfeso.
Dios utilizó milagros extraordinarios realizados a través del apóstol Pablo para autenticar el mensaje del evangelio en tiempos donde el Nuevo Testamento aún no estaba escrito. 
Este tipo de confirmación era común en la predicación apostólica, sirviendo como evidencia irrefutable de la verdad del mensaje. 
En Éfeso, los habitantes, inmersos en supersticiones, creían que objetos personales de Pablo, como paños y delantales, podían transmitir poder sanador. 
Aunque este método no es prescriptivo, muestra cómo Dios se adaptó a la mentalidad de la época para demostrar que Pablo era su mensajero. 
Los milagros sirvieron para abrir los corazones de los efesios, preparando el terreno para que aceptaran el mensaje de salvación que Pablo compartía.
Hoy no necesitamos ese tipo de señales, porque nuestro mensaje es autenticado por la Palabra de Dios; la Biblia.
Pero no todos estaban contentos con esto. Algunos judíos exorcistas vagaban por la ciudad, intentando invocar el nombre de Jesús sobre aquellos que tenían espíritus malignos. 
Con una mezcla de curiosidad y ambición, dijeron: "¡Os conjuro por Jesús, el que Pablo predica!" 
Estos creían que podían usar el nombre de Jesús como un hechizo, como si fuera una fórmula mágica.
 
Estos exorcistas, conocidos como los hijos de Esceva, no tenían una relación verdadera con Jesús ni el poder delegado por Dios, y su intento de invocar el nombre de Jesús fue confrontado por un espíritu maligno.
Pero, oh, lo que sucedió fue asombroso. Un espíritu maligno, que estaba en un hombre, respondió con una voz profunda y resonante: "A Jesús conozco, y sé quién es Pablo; pero vosotros, ¿quiénes sois?" ¡Qué momento de terror! 
Imagina sus rostros, llenos de pánico, cuando el espíritu maligno los confronta. 
La historia subraya el peligro de entrar en el reino sobrenatural sin autoridad legítima y muestra cómo los intentos de competir con el poder de Dios pueden ser frustrados.
Y en un giro impactante, el hombre poseído saltó sobre ellos, los dominó y los hizo huir de la casa desnudos y heridos. 
¡Era un espectáculo que nadie podría olvidar! 
Aquellos que intentaron usar el nombre de Jesús sin conocerlo se encontraron en una situación humillante, demostrando que el poder de Dios no se puede manipular.
Pero, a pesar de este conflicto, lo que siguió fue un poderoso testimonio. Este incidente se conoció en toda Éfeso, y la gente empezó a tener un temor reverente hacia el nombre del Señor Jesús. 
Muchos de los que habían creído comenzaron a confesar y declarar sus obras. ¡Era un momento de transformación! 
El versículo 18 dice que  Muchos de los que habían creído en Jesús confesaban su arrepentimiento.
Y lo más impactante: muchos de aquellos que practicaban la brujería, al ver la realidad del poder de Dios, trajeron sus libros de hechicería y magia y los quemaron públicamente. 
¡Un acto de renuncia a lo que una vez habían valorado! Hicieron un cálculo del precio de esos libros, y el valor era asombroso, ¡cincuenta mil piezas de plata!
Así crecía y prevalecía poderosamente la palabra del Señor.
Conflictos y Disturbios en Efeso 
Hechos 19:21-41
Después de que el poder del evangelio se manifestó en Éfeso, y la palabra del Señor creció poderosamente, Pablo, impulsado por el Espíritu, decide que es hora de expandir su ministerio aún más. 
Con un ardor en su corazón, propone en su espíritu ir a Jerusalén, pero no sin antes pasar por Macedonia y Acaya. ¡Incluso menciona a Roma! Su visión era grande, y su determinación, inquebrantable.
Pero mientras Pablo planeaba su viaje, algo inquietante comenzaba a gestarse en la ciudad. 
Un platero llamado Demetrio, que hacía templos de plata para la gran diosa Diana, se sintió amenazado. 
Su negocio, que era su fuente de riqueza, estaba en peligro debido al poderoso mensaje de Pablo. 
Así que, en lugar de permanecer en silencio, decidió convocar a los artesanos y trabajadores del metal.
En los Versículos 25-27 leemos:
“Varones, sabéis que de este oficio obtenemos nuestra riqueza; pero veis y oís que este Pablo, no solamente en Éfeso, sino en casi toda Asia, ha apartado a muchas gentes con persuasión, diciendo que no son dioses los que se hacen con las manos. Y no solamente hay peligro de que este nuestro negocio venga a desacreditarse, sino también que el templo de la gran diosa Diana sea estimado en nada” 
El clamor de la multitud creció, y la ira se encendió. “¡Grandiosa es Diana de los efesios!” gritaron, llenos de fervor descontrolado.
La ciudad pronto se llenó de confusión. Los efesios, encendidos de furia, se lanzaron al teatro, llevando consigo a Gayo y Aristarco, los compañeros de Pablo. 
Imagina la escena: un tumulto de voces, un torbellino de emociones, donde la fe y la economía chocaban. 
La multitud no sabía realmente por qué estaban allí, pero la energía del momento los unía en una sola voz. Donde hay ruido la gente se junta
Mientras tanto, Pablo, siempre valiente, deseaba entrar al teatro para defender su causa, pero sus discípulos, preocupados por su seguridad, no lo dejaron. 
Y algunos amigos suyos, le enviaron mensajes advirtiéndole que no se aventurara a entrar. ¡Era un momento tenso!
Dentro del teatro, la confusión reinaba. Algunos gritaban una cosa, otros otra; el caos era palpable. 
En medio de esto, sacaron a uno llamado Alejandro, quien intentó hablar en defensa. Pero cuando la multitud se dio cuenta de que era judío, comenzaron a gritar aún más fuerte: 
“¡Gran Diana de los efesios!” ¡Casi dos horas gritando sin cesar! ¡Era un espectáculo de desorden y resistencia!
Finalmente, el secretario, un oficial de la ciudad, un hombre de autoridad, logró calmar a la multitud. 
Con voz firme, les dijo: “Varones efesios, ¿qué hombre hay que no sepa que la ciudad de los efesios es guardiana del templo de la gran Diana y de la imagen que cayó de Júpiter?” 
Su intervención fue crucial, recordando a todos que tenían un sistema legal y que si alguien tenía una queja, debían presentarla en los tribunales.
Con esto, el oficial disolvió la asamblea, y el tumulto llegó a su fin. Aunque la oposición había sido feroz, el evangelio no se había detenido. 
La historia de Pablo en Éfeso se convirtió en un testimonio de perseverancia, mostrando que, aunque haya resistencia y tumultos, la verdad de Dios siempre encuentra su camino.
Así, en medio de la agitación y la resistencia, el poder del evangelio continuó avanzando, y las palabras de Pablo resonaron en el corazón de la ciudad. 
El nombre de Jesús siempre prevalecerá, desafiando las estructuras de este mundo. ¡Amén!
Así crecía y prevalecía poderosamente la palabra del Señor.
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