SALMO 42
Introducción
¿Por qué te abates, oh alma mía,
Y te turbas dentro de mí?
Espera en Dios; porque aún he de alabarle,
Salvación mía y Dios mío (
La repetición de estas palabras no nos deja ninguna duda respecto al tema de los dos salmos. El que los escribe está desanimado. Lo está pasando mal. Se encuentra como sin vida, y desesperadamente necesitado de agua de los manantiales del Dios vivo (v. 2); se siente lejos, y Dios parece distante tanto en cuanto al espacio como en cuanto al tiempo. El salmista no sabe ni dónde ni cuándo estará de nuevo en la presencia de Dios. Está desesperadamente sediento.
El salmista se siente como un ciervo visiblemente sediento, que vaga desorientado buscando alivio. No lo encuentra en los sitios donde normalmente hay agua para beber; esos sitios se han secado. Se le van las fuerzas; brama, cada vez más agotado. En este momento su único interés en la vida consiste en saciar su terrible sed.
NUESTRO ESTADO ESPIRITUAL
Espera en Dios; porque aún he de alabarle,
Salvación mía y Dios mío.
¿Qué hace el médico para hacer su diagnóstico?
María dijo que su “alma” engrandecía al Señor, y que su “espíritu” se regocijaba en Dios su Salvador
No obstante, es posible para un creyente estar buscando caminar con Dios, vivir en fidelidad a Él, y aun así sentir que Dios está muy lejos, y estar decaído en su espíritu.
Los
Debemos aprender esto de la manera como el salmista se dirige a su propia alma. Nuestro Señor Jesucristo utilizó un lenguaje parecido en los Evangelios. Escúchale: “Ahora está turbada mi alma; ¿y qué diré?” (
Describe los síntomas de diferentes maneras: “Ando enlutado” (
LA PRIVACIÓN ESPIRITUAL
¡Cuán importante es para nuestro bienestar la comunión de la Iglesia!
AMBIENTE HOSTIL
Me dicen todos los días: ¿Dónde está tu Dios?… mis enemigos me afrentan (
UN PAPEL PERDIDO
“Yo fui con la multitud, y la conduje hasta la casa de Dios” (
