la confecion de la iglesia
Ya los primeros apóstoles se vieron en la necesidad de expresar claramente aquello en lo que creían para diferenciarlo de las creencias de otros. En el Nuevo Testamento encontramos estas ‘confesiones de fe’ inmersas en las epístolas, como faros doctrinales que iluminaban a los nuevos creyentes.
Pero con el paso de los años, herejías como el gnosticismo, el docetismo o el arrianismo, hicieron más evidente la necesidad de recopilar las creencias básicas del cristianismo de manera concreta. Así surgió el Credo Niceno (325) y la Definición de Calcedonia (451). Ambos escritos recogieron los principios ideológicos del cristianismo, las afirmaciones que resumían los fundamentos de la fe cristiana. De esta forma, los cristianos definían su fe en relación a Dios (defendiendo la Trinidad), en relación a Cristo (defendiendo su humanidad y divinidad absolutas, su preexistencia y su resurrección), en relación a la salvación, al bautismo, la esperanza de vida eterna, etc.
El credo se convirtió en un recurso que permitía a los creyentes resumir de forma sencilla y fácil de memorizar los principios de la fe cristiana y, a la vez, les permitía detectar doctrinas falsas o heréticas por discrepancia con aquellos.
Aplicación:
Creencias: El cristiano debe tener claro aquello en lo que cree y debe saberlo diferenciar de doctrinas que sean contrarias a la Palabra de Dios.
Credo: No viene mal tener un pequeño resumen memorizable de los principios básicos del cristianismo, para poder explicar de forma clara y breve aquello que creemos.
Confesión de fe: El cristiano que alega no tener confesión aparte de la Biblia, suena espiritual pero es insensato. Sectas como los testigos de Jehová y los mormones afirman la Biblia, pero su credo es muy diferente. Así como el Apóstol Pablo sistematizó mucho de las enseñanzas del A.T. para escribir doctrina, también nosotros debemos tener un sistema que resuma las verdades fundamentales que creemos de la Escritura.
