Eclesiastés 7

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Eclesiastés 3.1-8

Eclesiastés 3:1–8 (NTV)
1 Hay una temporada para todo, un tiempo para cada actividad bajo el cielo.
2 Un tiempo para nacer y un tiempo para morir. Un tiempo para sembrar y un tiempo para cosechar.
3 Un tiempo para matar y un tiempo para sanar. Un tiempo para derribar y un tiempo para construir.
4 Un tiempo para llorar y un tiempo para reír. Un tiempo para entristecerse y un tiempo para bailar.
5 Un tiempo para esparcir piedras y un tiempo para juntar piedras. Un tiempo para abrazarse y un tiempo para apartarse.
6 Un tiempo para buscar y un tiempo para dejar de buscar. Un tiempo para guardar y un tiempo para botar.
7 Un tiempo para rasgar y un tiempo para remendar. Un tiempo para callar y un tiempo para hablar.
8 Un tiempo para amar y un tiempo para odiar. Un tiempo para la guerra y un tiempo para la paz.
Eclesiastés 3:9–15 (NTV)
9 ¿Qué es lo que en verdad gana la gente a cambio de tanto trabajo? 10 He visto la carga que Dios puso sobre nuestros hombros.
11 Sin embargo, Dios lo hizo todo hermoso para el momento apropiado. Él sembró la eternidad en el corazón humano, pero aun así el ser humano no puede comprender todo el alcance de lo que Dios ha hecho desde el principio hasta el fin.
12 Así que llegué a la conclusión de que no hay nada mejor que alegrarse y disfrutar de la vida mientras podamos. 13 Además, la gente debería comer, beber y aprovechar el fruto de su trabajo, porque son regalos de Dios.
14 También sé que todo lo que Dios hace es definitivo. No se le puede agregar ni quitar nada. El propósito de Dios es que el ser humano le tema.
15 Los sucesos del presente ya ocurrieron en el pasado, y lo que sucederá en el futuro ya ocurrió antes, porque Dios hace que las mismas cosas se repitan una y otra vez.
INTRO
La vida del hombre tiene penas y alegrías, triunfos y fracasos, trabajos y descansos. Así es la vida. Tener triunfos sin fracasos harían del hombre un pequeño dios. Fracasar sin triunfos, la vida sería una miseria infinita.
que caracteriza el trabajo del hombre es un continuo hacer y deshacer lo hecho, cada cosa a su tiempo. Como esos tiempos los fija Dios, para el Predicador la sabiduría del hombre consiste en ponerse en sintonía con Dios para saber qué hacer en cada caso. Dios lo ha dispuesto todo, lo bueno y lo malo, el hacer esto y el hacer aquello, cada tarea tiene su tiempo propicio, cada experiencia humana su razón de ser. El hombre, como ser relativo, se encuentra también ante tareas relativas; ningún momento es absoluto, absoluto es solamente Dios. Esto es lo que nos dice el Predicador. Veamos un poco más adelante: En el día del bien, goza del bien; y en el día del mal, considera que Dios hizo tanto lo uno como lo otro… (7:14). Hoy es tiempo de reír, río con gratitud a Dios; mañana, si es tiempo de llorar, lloraré con esperanza en Dios. El apóstol Pablo se encontró con este problema en su vida y lo solucionó comprendiendo que las “revelaciones” y los “aguijones en la carne” servían ambos al propósito de Dios en su vida y en su ministerio (2 Cor. 12:7–9). Hay dos maneras de enfrentarnos con esta realidad de la vida que el Predicador nos presenta: con fe o sin ella. Lo que la vida nos diga dependerá de ese imponderable que llamamos “fe”. Todo tiene su tiempo (v. 1). Lógicamente es el tiempo fijado por Dios. No es temor a la fatalidad, la voz de la fe dice: Pero yo he confiado en ti, oh Jehovah. He dicho: “Tú eres mi Dios; en tus manos están mis tiempos” (Sal. 31:14, 15a). Tiempo de nacer y tiempo de morir (v. 2), abarca los dos extremos de la vida humana y los que están más lejos de su voluntad. Entre ellos podemos incluir todas las experiencias de la vida. Tiempo de esparcir piedras: Con una ligera variante en el texto hebreo algunos leen “tiempo de prodigar agasajos y tiempo de guardarlos” (J. J. Serrano); otros, sin recurrir a ningún cambio, lo interpretan como un eufemismo por el trato marital (Comentario Bíblico San Jerónimo). Generalmente se ha interpretado con referencia a esparcir piedras en el campo enemigo para hacerlo improductivo. A esa acción del enemigo co- rresponde sin lugar a dudas la acción de recoger las piedras para permitir el cultivo del campo. Esto sucedía en las guerras (2 Rey. 3:19, 25). De todas maneras la intención es clara, se refiere a acciones diametralmente opuestas. Tiempo de romper:, podría referirse a un acto de duelo. Hay evidencias en la literatura posterior judía de que se acostumbraba aconsejar el rasgar la ropa moderadamente de modo que pudiera remendarse y usarse de nuevo. ¿Qué provecho…? es una pregunta retórica; la respuesta es evidente: Ningún provecho, ya que lo que hoy se hace mañana se deshace.

CAPITULO 3

Las ocupaciones terrenales son sin duda lícitas en su debido orden y tiempo (vv. 1–8), pero sin provecho, de lo contrario, cuando por ejemplo, se las tiene por el bien único y principal (vv. 9, 10); mientras que Dios hace hermosas todas las cosas en su oportunidad lo que el hombre imperfectamente comprende (v. 11). Dios permite al hombre que goce con moderación y virtuosamente los dones terrenos que le concede (vv. 12, 13). Lo que nos consuela en medio de la inestabilidad de las bendiciones terrenales, es que los consejos de Dios son inmutables (v. 14). 1. El hombre tiene su ciclo señalado de estaciones y de vicisitudes, como el sol, viento, y agua (cap. 1:5–7). lo que se quiere—o se propone, todo “propósito:” como hay una “sazón” fija en los “propósitos” de Dios (por eje., ha fijado él tiempos cuando nazca, y cuando muera uno. v. 2), así hay también un “tiempo” (plazo) lícito para que el hombre lleve a cabo sus “propósitos” e inclinaciones. Dios no condena el “uso” de las bendiciones terrenales, sino que lo aprueba (v. 12); lo que condena es el “abuso” de las mismas, el hacer de ellas el fin principal (

CAPITULO 3

Las ocupaciones terrenales son sin duda lícitas en su debido orden y tiempo (vv. 1–8), pero sin provecho, de lo contrario, cuando por ejemplo, se las tiene por el bien único y principal (vv. 9, 10); mientras que Dios hace hermosas todas las cosas en su oportunidad lo que el hombre imperfectamente comprende (v. 11). Dios permite al hombre que goce con moderación y virtuosamente los dones terrenos que le concede (vv. 12, 13). Lo que nos consuela en medio de la inestabilidad de las bendiciones terrenales, es que los consejos de Dios son inmutables (v. 14). 1. El hombre tiene su ciclo señalado de estaciones y de vicisitudes, como el sol, viento, y agua (cap. 1:5–7). lo que se quiere—o se propone, todo “propósito:” como hay una “sazón” fija en los “propósitos” de Dios (por eje., ha fijado él tiempos cuando nazca, y cuando muera uno. v. 2), así hay también un “tiempo” (plazo) lícito para que el hombre lleve a cabo sus “propósitos” e inclinaciones. Dios no condena el “uso” de las bendiciones terrenales, sino que lo aprueba (v. 12); lo que condena es el “abuso” de las mismas, el hacer de ellas el fin principal (

CAPITULO 3

Las ocupaciones terrenales son sin duda lícitas en su debido orden y tiempo (vv. 1–8), pero sin provecho, de lo contrario, cuando por ejemplo, se las tiene por el bien único y principal (vv. 9, 10); mientras que Dios hace hermosas todas las cosas en su oportunidad lo que el hombre imperfectamente comprende (v. 11). Dios permite al hombre que goce con moderación y virtuosamente los dones terrenos que le concede (vv. 12, 13). Lo que nos consuela en medio de la inestabilidad de las bendiciones terrenales, es que los consejos de Dios son inmutables (v. 14). 1. El hombre tiene su ciclo señalado de estaciones y de vicisitudes, como el sol, viento, y agua (cap. 1:5–7). lo que se quiere—o se propone, todo “propósito:” como hay una “sazón” fija en los “propósitos” de Dios (por eje., ha fijado él tiempos cuando nazca, y cuando muera uno. v. 2), así hay también un “tiempo” (plazo) lícito para que el hombre lleve a cabo sus “propósitos” e inclinaciones. Dios no condena el “uso” de las bendiciones terrenales, sino que lo aprueba (v. 12); lo que condena es el “abuso” de las mismas, el hacer de ellas el fin principal (

Eclesiastés, Cantar de los Cantares Un tiempo para todo (3:1–22)

3:1–8 Estos versículos forman parte de una de las porciones más famosas del libro de Eclesiastés. Salomón, en cortas líneas poéticas, retoma la verdad que establece en el primer versículo: “Todo tiene su tiempo”.

Los versículos 2–8 consisten en catorce pares de palabras opuestas (“nacer…morir”, etc.). El uso del número siete o de sus múltiplos es común en el Antiguo Testamento, como lo encontramos en otras partes en Eclesiastés y en el Cantar de los Cantares. Siete significa plenitud, aquí Salomón lo utiliza para incluir todas las actividades humanas.

Cada par de palabras parece reflejar el pensamiento del par cercano dentro del mismo versículo. Por ejemplo, en el versículo 4 “llorar…reír” está en paralelo con “endechar…bailar.” O en el versículo 8: “amar…aborrecer” está en paralelo con “guerra…paz”.

Aunque aquí la mayoría de los pensamientos de Salomón se explican por ellos mismos, caben unos pocos comentarios.

Algunos ven las referencias a: arrancar, curar, y edificar, en los versículos 2 y 3, como alusiones al trato de Dios con su pueblo escogido. Por ejemplo, el

a. Tesis: todo tiene su tiempo (3:1–8)

(1) Presentación de la tesis. 3:1. Salomón dice: Todo tiene su tiempo … todo lo que se quiere debajo del cielo (cf. 8:6). Al usar las palabras “lo que se quiere” se refiere a todos los actos deliberados y voluntarios de la gente. La frase hebr. “lo que se quiere” siempre se usa para hablar de la gente, y lit. significa “desea”; por medio de la metonimia significa “lo que uno desea” (cf.

Eclesiastés: Sabiduría para vivir LECCIÓN 05: LOS TIEMPOS Y LAS DIFICULTADES DE LA VIDA (Eclesiastés 3:1–8)

OS TIEMPOS Y LAS DIFICULTADES DE LA VIDA

Proverbios y Eclesiastés La tiranía del tiempo (Eclesiastés 3:1–15)

La tiranía del tiempo

16. Los cambios de la realeza.

Versículos 1—3. Apena a Salomón ver que la fuerza prevalece contra el derecho. Donde quiera nos volvamos vemos pruebas tristes de la maldad y miseria de la humanidad que trata de crear problemas para sí mismos y unos a otros. —Siendo así duramente tratados, los hombres se tientan a odiar y despreciar la vida. Pero el hombre bueno, aunque en mala condición mientras está en este mundo, no puede tener causa para desear no haber nacido nunca, puesto que él está glorificando al Señor, aun en el fuego de las tribulaciones, y al final será feliz, por siempre feliz. Los impíos tienen mucha razón para desear la continuación de la vida con todas sus aflicciones, porque los espera un estado mucho más desgraciado si mueren en sus pecados. —Si las cosas humanas y mundanas fueran nuestro sumo bien, no existir sería preferible a la vida, considerando las diversas opresiones que hay aquí abajo.

Vv. 4—6. Salomón toma nota de la fuente de problemas peculiares a los bienhechores e incluye a todos los que trabajan con diligencia y cuyos esfuerzos son coronados con éxito. A menudo llegan a ser grandes y prósperos, pero esto despierta envidia y oposición. Otros, viendo las aflicciones de una vida activa, esperan neciamente más satisfacción de la pereza y del ocio. Pero el ocio es pecado que, en sí mismo, es su castigo. —Por medio de una actividad honesta tomemos un puñado, para que no nos falte lo necesario, pero no tomemos a manos llenas, porque eso sólo crearía aflicción de espíritu. Los dolores y las ganancias moderadas son lo mejor.

Vv. 7, 8. Mientras más tienen los hombres, suelen desear más, y en esto ponen tanto esfuerzo que no disfrutan lo que ya tienen. El egoísmo es la causa de este mal. El hombre egoísta no se interesa en nadie; no hay de quien cuidar, sino de sí mismo, pero escasamente se permite el reposo necesario para sí y para la gente que emplea. Nunca piensa que tiene suficiente. Tiene suficiente para sus compromisos, para su familia, pero no tiene suficiente según su criterio. Muchos están tan metidos en el mundo que, por ir en pos de éste, se privan a sí mismos, no sólo del favor de Dios y de la vida eterna, sino de los placeres de esta vida. Los parientes lejanos o los extraños que heredan la riqueza de un hombre así, nunca le agradecen. La codicia adquiere fuerzas con el tiempo y la costumbre; los hombres que hacen equilibrios al borde de la tumba, se ponen más ambiciosos y avaros. ¡Sí, cuán a menudo vemos hombres que profesan ser seguidores de Aquel que, “aunque era rico por nosotros se hizo pobre”, y juntan ansiosamente dinero y lo guardan muy bien, disculpándose con las excusas comunes que hablan de la necesidad de cuidarse, y del peligro de la extravagancia!

Vv. 9—12. Seguro que tiene más satisfacción en la vida el que trabaja duro para mantener a los que ama, que el avaro en su trabajo. —En todas las cosas la unión tiende al éxito y a la seguridad, pero por sobretodo, la unión de los cristianos. Ellos se asisten unos a otros exhortándose o reprendiéndose amistosamente. Dan calor a los corazones uno al otro, mientras juntos hablan del amor de Cristo, o se unen para cantar sus alabanzas. Entonces, mejoremos nuestras oportunidades de comunión cristiana. En estas cosas no todo es vanidad aunque habrá algo de eso en la medida que estemos bajo el sol. Donde haya dos estrechamente unidos en santo amor y comunión, Cristo vendrá a ellos por su Espíritu; entonces, hay un cordón triple.

Vv. 13—16. La gente nunca está cómoda y satisfecha por largo tiempo; son aficionados al cambio. Esto no es novedad. Los príncipes se ven tratados a la ligera por aquellos a quienes habían pensado obligar haciéndoles favores; esto es vanidad y aflicción de espíritu. Pero los siervos dispuestos del Señor Jesús, nuestro Rey, se regocijan solo en Él, y le amarán más y más por toda la eternidad.

En 3:2–8, el Predicador enumera veintiocho actividades y afirma que cada una tiene su tiempo. Esto significa no sólo que todas ellas suceden en cierto tiempo, sino también que hay tiempos oportunos para cada una. Las veintiocho actividades están agrupadas en catorce pares de polos opuestos. Es decir, dentro de cada par, la segunda actividad es lo contrario de la primera. Por ejemplo:

3:2a

3:2b

3:3a

3:3b

Etcétera

Nacer

Plantar

Matar

Destruir

________

es lo contrario de

es lo contrario de

es lo contrario de

es lo contrario de

es lo contrario de

morir

arrancar

curar

edificar

________

Los polos opuestos de 3:2–8 ilustran la verdad expresada en el v. 1: “todo tiene su tiempo”. Hay un tiempo oportuno para todo, aun para actividades totalmente opuestas. Por ejemplo, hay tiempos convenientes para plantar, y tiempos ideales para lo contrario, arrancar lo plantado (3:2).

Ahora bien, obviamente esos tiempos no son lo mismo. La época para arrancar lo sembrado generalmente no es buena para la siembra también. Así, dentro de cada par un momento puede ser apropiado para una de las actividades, pero no para ambas. Por ejemplo:

3:4a

3:4b

3:5a

Etcétera

El tiempo de llorar

El tiempo de endechar

El tiempo de ________

No es tiempo de reír

No es tiempo de bailar

No es tiempo de ________

Allí está la dificultad. ¿Cómo saber cuándo debemos hacer las cosas? Es un problema importante, porque si acertamos, los resultados pueden ser favorables, pero si escogenos el tiempo inadecuado para una actividad, las consecuencias pueden ser nefastas.

Lamentablemente, nadie, ni siquiera el más sabio, siempre escoge bien. Aun el agricultor más experimentado puede plantar demasiado temprano, o demasiado tarde, y pagará caro su error (3:2). ¿Quién no lucha con el problema de saber cuándo callarse y cuándo hablar (3:7)? En la ola de secuestros que azota a América Latina, algunas personas han sido traicionadas y entregadas a los criminales por sus supuestos amigos. Es trágico que las víctimas hayan confiado en individuos a quienes debían haber tratado como enemigos (esto es lo que “aborrecer” significa en 3:8). No supieron el tiempo de “aborrecer”. En verdad puede ser difícil saber cuándo abrazar, y cuándo no hacerlo (3:5), cuándo pelear, y cuándo hacer las paces (3:8).

El único que siempre sabe los tiempos correctos es Dios. De hecho, él ha establecido el tiempo perfecto para todo, y lo que se realiza en su tiempo apropiado resulta hermoso (3:11a). Además, el Creador “ha puesto eternidad en el corazón” de los seres humanos (3:11a). Es decir, nos ha permitido entender que los “tiempos” que vivimos son parte de un plan que el Soberano está llevando a cabo, desde la eternidad pasada hasta la eternidad futura (3:14–15).

Sin embargo, no alcanzamos a entender más que una mínima parte del plan que Dios está desarrollando en la historia (3:11b). Por mucho que el hombre se esfuerce por entenderlo, no lo logra (3:10). Por tanto, no siempre sabemos cómo trabajar en amionía con ese plan. Puesto que no podemos discernir el tiempo oportuno para cada actividad, es posible que nuestro trabajo arduo no nos rinda provecho ni ventaja sobre la persona que se ha esforzado menos (3:9).

¿QUIÉN CONOCE EL TIEMPO OPORTUNO?

DIOS SIEMPRE LO SABE;

LOS HOMBRES NO SIEMPRE LO SABEMOS.

Así las cosas, el Predicador razonó que no era prudente emprender grandes proyectos. Iniciar un nuevo negocio, buscar un empleo mejor, tratar de cambiar el mundo para bien—tales aventuras son demasiado peligrosas. Todo el esfuerzo podría resultar en vano. Entonces, lo mejor era contentarse egoístamente con la comida, la bebida y el trabajo moderado (3:12–13). En este contexto, “hacer bien en su vida” (3:12) no significa “ser justo”, sino “hacer lo agradable”, o, como dice el v. 13, “gozar el bien”. Los placeres sencillos son el mejor don de Dios que se puede esperar en la vida (3:13).

Esta conclusión es chocante. No nos costa pensar que nuestra vida no tiene más propósito que gozar la comida, bebida y algunos ratos alegres en el trabajo. Recordemos que el Predicador describe la vida desde la perspectiva de que no hay juicio después de la muerte. En el tribunal de Cristo la labor realizada para el Señor será recompensada, aun cuando no haya fructificado aquí. “debajo el sol”. Pero si no hay tal juicio, dice el Predicador, es más seguro pasar la vida esforzándose poco.

CAPÍTULO 3

Después de mostrar la vanidad de las investigaciones eruditas, de los placeres epicúreos y del afán por acumular tesoros, etc., que se han de dejar a otros, y que no hay mejor cosa, debajo del sol, que disfrutar de la vida como un don de Dios, Salomón pasa ahora a demostrar la tesis expuesta en los últimos vv. del cap. precedente, y muestra: I. La mutabilidad de todos los asuntos humanos (vv. 1–10); II. La inmutabilidad de los decretos divinos (vv. 11–15); III. La vanidad de los honores y poderes mundanos (v. 16). Como reproche a los orgullosos opresores y para mostrar cuán vanos son, les recuerda: 1. Que tendrán que dar cuenta a Dios (v. 17); 2. Que su condición, en lo que respecta a este mundo, no es mejor que la de los brutos animales (vv. 18–21).

Versículos 1–10

Vivimos en un mundo siempre cambiante. Los sucesos de cada día, así como las condiciones de la vida humana, difieren grandemente y estamos constantemente pasando y volviendo a pasar de un estado a otro. En la rueda de la naturaleza o curso de la existencia de que habla Santiago (

3:5. Esparcir piedras y juntar piedras. Se quitaban las piedras del campo para que el agricultor pudiera usarlo (ver

Antiguo Testamento A. DISCERNIR ADECUADAMENTE EL TIEMPO EN EL MISTERIO DE LA OBRA DE DIOS (3:1–11)

3:1 Dios es el dador soberano que dispensa tanto las tareas como la alegría a las mujeres y a los hombres (2:24–26). Dios es también el obrero soberano que ha determinado un tiempo apropiado para cada ocasión y actividad (3:1–15), esto implica que los seres humanos no determinan las estaciones de la vida; simplemente responden a ellas adecuadamente con sabiduría. Los acontecimientos de la vida son ordenados en última instancia por un Dios compasivo, bondadoso, amoroso y fiel. La soberanía de Dios es claramente el fundamento del que surge su providencia. Sus planes se ajustan a los designios divinos y no dependen de la aprobación humana (

El Antiguo Testamento: Un Comentario Sobre Su Historia y Literatura, Tomos I–V 1. Lo Oportuno de Las Actividades de La Vida, Y La Sabiduría Para Conocer Esto. 3:1–8

1. Lo oportuno de las actividades de la vida, y la sabiduría para conocer esto. 3:1–8

Toda cosa de la naturaleza y de la vida humana tiene su tiempo: nacer y morir, plantar y cosechar, matar y curar, etc. La sabiduría es reconocer las sazones y los tiempos para hacer lo que corresponde en cada uno.

2. La falta de provecho del hombre en su obra por no entender al mundo. 3:9–11

Aunque el mundo está hecho de una manera ordenada, como lo indica el párrafo anterior, el hombre no tiene provecho en su trabajo porque no reconoce debidamente los tiempos, ni entiende la creación, para saber usarla como corresponde.

3. El uso correcto y dirigido de los goces de la vida. 3:12–14

Los placeres sencillos de la vida están hechos para que el hombre goce de ellos, con templanza, y este arreglo de las cosas es permanente, y estos goces están hechos con el fin de que el hombre, al participar en ellos, tenga una reverencia apropiada para el Dios que los ofrece.

3:8 «Tiempo de amar, y tiempo de aborrecer». Este capítulo resume de forma acertada cómo pasamos la mayor parte de nuestra vida. Llevamos una vida ajetreada. No permanecemos mucho tiempo en un estado, y cambiamos rápidamente de una situación a otra; a veces, para mejor, pero otras, para peor. Sin embargo, no olvidemos nunca aquel eterno concilio donde Cristo se ofreció para ser nuestra seguridad y sustituto, y llegado el tiempo, se entregó para morir por nosotros. Para Cristo, fue «tiempo de amar». Dejemos ahora que nuestros pensamientos vuelen hacia adelante, a ese período cuando vino el cumplimiento del tiempo y nació Cristo. ¿Dejará Cristo Su trono, la casa de Su Padre, la compañía de los santos ángeles y de «los espíritus de los justos hechos perfectos» (

Literatura Poética y Sapiencial (Tomo 3) A. Poema de un Mundo Ordenado (3:1–8)

A. POEMA DE UN MUNDO ORDENADO, 3:1–8

En la poesía de este pasaje el Predicador expone su texto: Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora (1). Hay intérpretes que ven en este pasaje sólo un fatalismo absoluto (1–8), al cual el hombre se rinde involuntariamente (9–15). Otros ven un reconocimiento de la soberanía de Dios, complementado por la libertad y capacidad del hombre para ajustar su vida a los requisitos divinos. Atkins escribe: “Este pasaje tiene una restringida majestad de movimiento, como si el río de la vida consistiera en dos corrientes que fluyeran entre las mismas orillas. Hay una corriente de permiso, por así decirlo, y una corriente de prohibición. Es parte de la sabiduría de la vida saber dónde abordar la marea creciente y no gastar esperanza y esfuerzo en lo que no puede hacerse—al menos por el momento.” “Dios ha ordenado el orden, a nosotros nos toca observarlo” (Berk., note de pie, loc. cit.).

Estos versículos se ocupan de las aciones humanas más bien que con aspectos de la naturaleza del mundo. La mayor parte de su mensaje es claro, aunque no debiera esperarse hallar siempre un significado literal en palabras empleadas poéticamente. Tiempo de arrancar (2) probablemente signifique cosechar o tal vez arrancar, es decir, trasplantar, como se hace con las plantas de tomate. Tiempo de matar (3) puede referirse a las ejecuciones judiciales o a la guerra. En vista del versículo 5, sin embargo, puede significar más generalmente destruir. Tiempo de desechar (6) probablemente signifique tiempo de compartir con otros. Tiempo de amar (8) sugiere expresar nuestro amor a Dios y a nuestro semejante. Tiempo de aborrecer sería aborrecer el mal y oponerse a la injusticia.

Es muy claro que la vida del hombre no es simple. Es un complejo de fuerzas interactivas y cambiantes que requieren una respuesta ahora y otra respuesta diferente bajo distintas circunstancias. No siempre nos agrada la cambiante escena de la vida, pero la sabiduría exige que nos ajustemos a ella. Mirando hacia atrás, bien podemos decir que Dios lo ha planeado así.

B. FRUSTRACION Y FE, 3:9–15

El hombre que vive solamente para este mundo nunca está lejos de la frustración. El escritor lanza otra vez la pregunta de 2:22: ¿Qué provecho tiene el que trabaja, de aquello en que se afana? (9). En el versículo 10 Koheleth declara: Yo he visto el trabajo que Dios ha dado a los hijos de los hombres, pero en él halla elementos de valor. Todo lo hizo hermoso en su tiempo (11; cf.

La temporalidad (3:1–15)

El Maestro resume aquí la vida humana en un poema de quince estrofas sobre el tema del tiempo. La primera estrofa es una declaración general: Todo tiene su momento oportuno; hay un tiempo para todo lo que se hace bajo el cielo (3:1). Las otras catorce estrofas presenta pares antitéticos que representan el devenir humano: todo comienza al nacer y termina al morir (3:2). La lista no es exhaustiva, pero sí representa el paso del ser humano por la vida. El Maestro enfatiza la temporalidad y la monotonía de nuestra realidad. El tiempo es el eje de la rueda de la vida que gira inexorablemente. Estamos atados al tiempo mientras la obra de Dios es perpetua y eterna. A esta lista de tiempos el autor no aplica su conclusión del absurdo. Parece reflejar aquí un elemento diferente. Por un lado, Dios controla los tiempos; por otro lado, la experiencia presente debe dar paso a otra nueva más tarde. En 3:9 se recuerda la pregunta directriz de su búsqueda: Aunque el ser humano ha recibido de Dios la capacidad de trascender lo temporal, eso no le alcanza para comprender la obra de Dios (3:11).

La calificación de todo lo creado como hermoso (3:11) tiene resonancia con

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