Lo mejor de una pesca...

Tiempo de Epifanía  •  Sermon  •  Submitted   •  Presented
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Introducción

¿Alguna vez ha tenido que dejar todo para alcanzar un objetivo o una meta?
Es posible que en ocasiones de nuestra vida hayamos sacrificado muchas cosas para lograr nuestros objetivos. Hay historias de amor en la que la pareja ha tenido que dejar a su familia para vivir el amor porque las convicciones familiares impedían la relación.
Otras personas han tenido que dejar las comodidades en casa por un proyecto laboral que les permitiría alcanzar importantes logros en su ámbito. Seguramente, cuando hizo sus estudios sacrificó horas de sueño, de fiesta, de vida familiar para alcanzar el grado anhelado.
En estos y otros ámbitos podemos decir que hemos dejado muchas cosas atrás para construir nuestro propio camino, sin embargo, ¿Qué tanto hemos dejado o estamos dispuestos a dejar por Dios?
¿Si Jesús estuviera delante de nosotros y nos pidiera dejarlo todo lo haríamos? ¿Cuál sería nuestra decisión? ¿Qué sería lo más difícil de soltar para seguir a Dios? ¿La familia, la estabilidad económica, los amigos, algunos hábitos, el miedo, etc.?
En alguna ocasión una joven decidió dejar su vida cómoda y segura para ir a servir misiones en un país necesitado. A pesar del miedo y la incertidumbre, reconoció a Jesús como su verdadero propósito. A través de su sacrificio, experimentó un profundo sentido de paz y realización al saber que estaba en el camino correcto al dejarlo todo por Él.
Dejar todo por Jesús implica, de otro lado, dar lo mejor de sí mismos. Un lema Scout es "Un Scout siempre da lo mejor de sí", ahora bien, la capacidad que el Scout tiene de dar lo mejor de sí la encuentra en la fe que tiene en Dios, "El Scout tiene fe en Dios", porque finalmente el llamado de Dios es ha hacer lo bueno y el escultismo enseña a sus miembros a hacer el bien.
El llamado de Dios en la iglesia para la humanidad ha sido justamente hacer el bien, todo cristiano debería ser un Scout en la práctica y todo Scout debería llevar una experiencia de fe en su caminar por el escultismo.
La lectura del evangelio de hoy nos presenta personas que necesitan recibir el mensaje de Dios y personas que lo dejan todo para compartir ese mensaje, el milagro de la pesca es el método pedagógico o pretexto que Jesús usa para liberar del temor a las personas que necesitan de Dios y conducirlas a una nueva vocación, es decir, para darle un nuevo sentido a su experiencia de vida.
En ese orden de ideas, hoy vamos a reflexionar desde nuestra realidad en torno a nuestra misión en la vida, todos tenemos un llamado a servir y a amar cuando decidimos dejarlo todo para seguir a Jesús, sin embargo, dejarlo todo implica pasar de la superficie o de lo superficial de la vida a lo profundo de nuestro ser, el Texto nos deja ver justamente dos tipos de personas que escuchan el mensaje de Dios.

1. Personas que necesitan el mensaje de Dios

Luke 5:1–3 NVI
1 Un día estaba Jesús a orillas del lago de Genesaret y la gente lo apretujaba para escuchar el mensaje de Dios. 2 Entonces vio dos barcas que los pescadores habían dejado en la playa mientras lavaban las redes. 3 Subió a una de las barcas, que pertenecía a Simón, y le pidió que la alejara un poco de la playa. Luego se sentó, y enseñaba a la gente desde la barca.
Después de la primera predicación de Jesús en la sinagoga de Nazareth y del rechazo que experimenta, Lucas relata que Jesús se movió hacia Capernaúm. Jesús se dedica a enseñar, su enseñanza, es decir su mensaje o Palabra es sanadora y liberadora, en Capernaúm la gente estaba asombrada porque Jesús enseñaba con autoridad (Lc 4:31), en armonía con su primer predicación (Lc 4:14-21) la Palabra de Jesús era liberadora, sanadora y esperanzadora.
La Palabra de Jesús fue suficiente para liberar al hombre en la sinagoga y sanar a la suegra de Simón , a diferencia del relato de Marcos, Jesús no tocó a la mujer, simplemente reprendió a la fiebre y ella se fue (Lc 4:31-39). Jesús sanó a muchas personas en esta escena y enseñó en las sinagogas de Galilea (Lc 4:44).
Es importante anotar que el relato bíblico nos pone en medio de un montón de personas que quieren escuchar el mensaje de Jesús, de personas que le andaban buscando porque encontraron en él un mensaje liberador (Lc 4:42), es la misma escena que nos encontramos en la lectura de hoy, cuando Jesús llega a la orilla del lago de Genesaret la gente se agolpaba para oírle.
Hoy en día, aun cuando hemos afirmado que Dios es el gran desconocido de nuestros días, la gente está a la expectativa de un nuevo mensaje, un mensaje alentador y esperanzador. nuestro contexto esta inmerso en el temor, además de la situación política que lleva un discurso de odio, discriminación y racismo, cada persona debe enfrentarse a sus propios miedos.
Aspectos como la belleza, la vida saludable, el bienestar y la prosperidad se han convertido en discursos del sistema de consumo que producen frustración en muchas personas. El mensaje que se recibe de los medios de comunicación y del mundo digital es poco alentador y roba la paz porque invitan a retener en lugar de dejar.
En el mundo de hoy las personas están dejando de vivir haciéndose esclavas del consumo, de los colores políticos y de filosofías de vida que poco o nada ayudan al desarrollo de la dignidad del ser. La vida se ha vuelto vanidosa y superficial, la era de la influencia digital, de los “influencers” está creando seres humanos sin criterio o con poco criterio para afrontar la vida. La sociedad liquida, es decir una sociedad volátil y cambiante, cambia la escala de valores a la conveniencia individual olvidando el bien común como principio ético. La aporofobia; es decir, el rechazo, aversión o miedo a los pobres quiebra el sentido del amor evangélico y categoriza a los seres humanos aun dentro de las comunidades; ricos-pobres, legales-ilegales, estudiados-ignorantes, nuevos-antiguos.
En la superficie del pensamiento del ser humano no hay cabida más que para sí mismo. La superficie es limitada, por eso ahí nace el egoísmo, la arrogancia, el deprecio por el otro, la necesidad de mostrar y aparentar, en la superficie lo plástico adquiere valor porque se puede moldear.
Una mirada concienzuda a nuestra realidad nos dejará ver personas que se amontonan en la superficie y que necesitan el mensaje del amor de Dios. Sin duda, las personas quieren un mundo mejor, una sociedad más justa y el avance en el desarrollo integral del ser pero para que esto sea posible se necesita conocer a Dios.
Jesús está enseñando desde la barca con el mismo amor y la misma compasión, sin embargo, toma distancia de la gente para poder enseñar los valores del Reino de Dios, para poder liberar a los oprimidos, dar vista a los ciegos y liberar a los prisioneros. Él mismo ha dejado su espacio para enseñar a la humanidad un nuevo camino. Tomar distancia nos permite ver de una mejor manera al mundo sufriente y sus necesidades, tomar distancia le permitió a Jesús identificar las necesidades de aquellos que lo iban a dejar todo para seguirlo.

2. Personas que encuentran en Jesús un nuevo significado de vida

Luke 5:4–7 NVI
4 Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: —Lleva la barca hacia aguas más profundas y echen allí las redes para pescar. 5 —Maestro, hemos estado trabajando duro toda la noche y no hemos pescado nada —contestó Simón—. Pero, como tú me lo mandas, echaré las redes. 6 Así lo hicieron y recogieron una cantidad tan grande de peces que las redes se les rompían. 7 Entonces llamaron por señas a sus compañeros de la otra barca para que los ayudaran. Ellos se acercaron y llenaron tanto las dos barcas que comenzaron a hundirse.
Tomar distancia le ha permitido a Jesús observar y reconocer las necesidades de las personas, curiosamente, él estaba sentado sobre la barca de un experto pescador que no había logrado nada durante esa noche. Un paralelo entre el trabajo de Simón, el experto pescador, y de Jesús podría hacernos pensar que, hasta el momento, ninguno de los dos habría logrado su objetivo, la diferencia radicaba en que Jesús no había terminado su trabajo mientras que Simón (Pedro), Santiago y Juan si habían terminado, el hecho de que estuvieran lavando las redes nos deja saber que su jornada había terminado.
Estos tres pescadores eran socios; seguramente, mientras lavaban las redes pensaban o comentaban su realidad, una noche sin producción implicaba perdidas para el negocio, la imposibilidad de llevar el sustento a sus casas y, seguramente, de cumplir los compromisos financieros a sus acreedores y empleados en el caso de que los tuvieran.
El panorama no era nada bueno para ellos, hasta este momento ellos hacían parte de la multitud, sin embargo, por lo menos para Simón, Jesús no era desconocido. Lucas pone la escena de la sanación de la suegra de Simón antes del llamado. Jesús era un pedagogo por excelencia, quienes somos pedagogos sabemos que el éxito de la enseñanza esta en la capacidad de aplicar la teoría a la práctica y es justamente lo que Jesús hace; llama a Simón, le da instrucciones y el milagro ocurre.
“El mar es un símbolo del inconsciente” (Grüm, 2005. p. 100), la instrucción de Jesús ha sido llevar la barca hacia las aguas más profundas y echar las redes para pescar. Es la misma instrucción que Dios tiene hoy para nosotros, llevar la barca de nuestra vida hacia las aguas más profundas de nuestro ser y en ese interior encontrarnos con Él. Llevar nuestra barca a los más profundo de nuestro ser, de nuestra consciencia, nos permitirá encontrarnos con Dios y hacer la mejor de las pescas.
En lo profundo del pensamiento nos encontramos con Dios y con nosotros mismos, con nuestra capacidad de amar, de perdonar, de retomar los valores que debemos llevar a la sociedad y que se plasman en el evangelio. En la profundidad de nuestros pensamientos encontramos el sustento para nuestra vida, una capacidad impresionante de adorar a Dios y de transformar nuestra vida.
No es en la superficie de nuestros pensamientos porque allí se esconde nuestra realidad, es en las profundidades, en el fundamento personal de nuestra alma que podemos reconocer nuestra necesidad de Dios, esa es la razón por la que Jesús nos lleva a lo profundo de nuestro ser.
Por su parte Simón, quién ya conoce a Jesús, quién ha visto como sana a su suegra y, seguramente, le ha escuchado mientras lava las redes llevando su carga interna, sabiendo que la hora de la pesca ya había pasado empieza por dejar sus propios conceptos y conocimientos para obedecer a Jesús, los seres humanos necesitamos dejar de razonar y mirar a Jesús y su consejo. “en tu nombre, como tú me ordenas, echaré las redes”, este acto de confianza ha sido suficiente para que el milagro ocurra.
¿Que podemos encontrar en lo más profundo de nuestro ser? Quizás encontremos el amor, la compasión, la bondad, la esperanza, la caridad. Es posible que allí, en lo profundo de nuestro ser podamos reconocer la necesidad del otro pero también en la profundidad de nuestro ser nos encontramos con nuevas oportunidades para vivir mientras reconocemos lo valiosos que somos.
Los jóvenes necesitan conocer su valor, los inmigrantes necesitan reconocer cuanto valen, las mujeres, los pobres, los niños y los oprimidos en el mundo necesitan reconocer su propio valor para llevar el amor de Dios a la humanidad.
Podemos imaginar la dicha de Simón, Santiago y Juan, la alegría de volver a ganar, no solo dinero, sino la reputación de pescadores, ellos tres volvieron a ser haciendo lo que Jesús les ordenó. La dicha de ser y de encontrar sentido a la vida es el resultado de ir a lo profundo del pensamiento, la riqueza más grande no radicó en la cantidad de peces, dos barcas que se hundían por el peso de los mismos o la red que se rompía porque eran los peces más grandes. La verdadera riqueza estuvo en la capacidad de mirar a Cristo y obedecerle.
En términos prácticos, Jesús nos da una instrucción; debemos mirar a lo más profundo de nuestro ser para encontrar el amor, un amor que es abundante, un amor que es compasivo, un amor que brinda dicha y alegría a la humanidad, un amor que nos permite reconocer lo que nos apasiona para volcarnos en servicio a la humanidad, ese es el amor que nos impulsa a estar “siempre listos” y a “hacer el mejor esfuerzo” siempre, principios que dirigen también la vida de los Scouts.
Jesús no es indiferente a nuestras angustias, tristeza y dolor, él se ha sentado en nuestra barca para enseñarnos a vivir nuestra vida, él ha visto nuestras afugias y se conmueve con nosotros, pero espera que nosotros, testigos de su amor, le obedezcamos.

3. “Dejarlo todo” y emprender un nuevo camino.

Luke 5:8–11 NVI
8 Al ver esto, Simón Pedro cayó de rodillas delante de Jesús y le dijo: —¡Apártate de mí, Señor; soy un pecador! 9 Es que él y todos sus compañeros estaban asombrados ante la pesca que habían hecho, 10 como también lo estaban Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran socios de Simón. —No temas, desde ahora serás pescador de hombres —dijo Jesús a Simón. 11 Así que llevaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.
La inmensa alegría del milagro de Jesús produce asombro y temor, el libro de Isaías 6:1-8 muestra el temor del profeta al encuentro con Dios frente al amor de Dios que limpia sus labios y pregunta apropósito de a quien enviar. Es el mismo asombro de Simón y de los otros dos pescadores porque ir al fondo de nuestra conciencia, a nuestro inconsciente nos deja ver nuestra realidad de pecado frente al gran amor de Dios que nos ama. Simón, estando ahora tan cerca de Jesús, se puede reconocer como pecador y comprender su propia realidad. Sin Dios no llegamos a ser nada, solo pescadores experimentados en riesgo del fracaso que se encuentran con las palabras, siempre tiernas de Jesús: “No temas”. Jesús nos afirma y nos invita a enfrentar nuestros temores enfatizando nuestra misión.
“Desde ahora serás pescador de hombres”. Ahora Jesús transforma la visión y resignifica el sentido de vida de Simón dándole una misión, la expresión “pescador de hombres” quiere decir “tomar vivos a los hombres” (Platt, 1993). Dios lo llama ahora a la pesca de la vida, Jesús vuelve a mirar con compasión a aquella multitud que se agolpaba, a aquellos que apenas miraban hacia la superficie de la vida y de los pensamientos poniendo en Simón la importante misión de compartir la vida, el amor y la esperanza.
Ahora bien, el resultado de la enseñanza de Jesús no se limitó a Simón Pedro, llama la atención que en la versión de Lucas, Santiago y Juan no son llamados, ellos toman la decisión de dejarlo todo. Dejarlo todo implica dejar aquello que habita en la superficie para entrar en lo profundo de la espiritualidad de Jesús. La experiencia con Jesús tuvo que haber sido tan grandiosa para decidir haberlo dejado todo y seguirle. Es lo mismo que pasa en nuestras vidas cuando experimentamos la presencia de Jesús. Dejarlo todo ahora tiene sentido, porque el camino de Jesús, el camino del discipulado, es mucho más seguro que cuando guiamos nuestra propia barca.
Seguir a Jesús, aceptar su llamado a la pesca de la vida es una apuesta a la vida digna, la liberación, la vista de los ciegos y el respeto. Dejarlo todo implica dejar todo aquello que nos estorba para ser pescadores de hombres, el pescador debe trasnochar, sacrificar parte de su vida si quiere tener éxito. Ser pescador de hombres implica dejar todo aquello que no es de Cristo para poder vivir su vida y ofrecerla como un camino de salvación.
De lo más profundo de nuestro ser debe salir la esencia de Dios, el amor, un amor que reconcilia, un amor que respeta la vida, un amor que ve en la persona humana la creación de Dios y comprende que el encuentro con el otro también es el encuentro con Dios. Un amor que deja todo lo que impida amar.

Conclusión

El evangelio nos deja conocer que hay personas que en la superficialidad de sus pensamientos no logran comprender el mensaje de Dios, sin embargo, sus vidas reflejan un profundo llanto, el llanto de quien no tiene a Dios, la desesperación de perderse en el camino y estar anclado justamente por la superficialidad de la vida, pero también nos permite reconocernos en la realidad de los discípulos quienes viven su experiencia de fe al lado de Jesús, llevando la barca de sus vidas a la profundidad del mar del inconsciente en donde podemos encontrar la espiritualidad de Jesús y hallar el amor de Dios que es abundante.
Dios nos invita a ir a lo más profundo de nuestro ser para encontrarnos con nuestra realidad y con Su amor, de esa forma le da sentido a nuestra vida y nos ayuda a comprender nuestra misión. Ser pescadores de hombres es dar vida a quienes no tienen vida, abrir sus ojos y presentarles el camino de la liberación que se encuentra en Jesús de Nazareth.
Finalmente, Dios nos invita a dejarlo todo, pensar que es aquello que nos estorba para seguir el camino de Jesús y avanzar en pos de su amor y bondad. Cuando comprendemos la experiencia de Simón y sus amigos, podemos comprender también la experiencia de aquella Joven que decidió dejar su vida cómoda para servir en las misiones, la experiencia de los jóvenes que se vinculan a los Scouts dejándolo todo y animarnos a dejarlo todo para participar en la pesca de la vida.

Referencias

Grúm, A. 2005. Jesús, camino hacia la libertad. Ed. Verbo Divino.
Platt, A. 1993. Verdadero hombre, verdadero Dios. Ediciones de las Américas.
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