EL CARÁCTER DE DIOS
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Panorama general
Muchos cristianos no comprenden la importancia que tiene la Biblia para que puedan conocer a Dios. Suelen dejar su lectura muy relegada dentro de su rutina diaria, y el resultado es que tienen una imagen distorsionada de quién es Dios, y quiénes son ellos mismos.
Es común escuchar que “una persona buena es la que va al cielo” o que “Dios nos ayuda a ser buenas personas”, pero el problema con esto es que se pone mucha responsabilidad sobre el ser humano. De alguna manera, cuando leemos estas ideas pensamos en que debemos esforzarnos por ser buenos, y una de las mejores maneras para convertirnos en ello es ayudando a la gente que lo necesita. Imaginamos que tenemos que ganar de cierta manera nuestro derecho de ir al cielo o que la vida nos recompensará con cosas buenas debido al bien que estamos haciendo. Sin embargo, si nos detenemos por un momento, es evidente que el centro de todo esto somos nosotros mismos: nuestro bien eterno, nuestro bienestar, nuestra salvación, nuestra tranquilidad moral, etcétera.
Fácilmente se puede olvidar que en realidad no somos “buenas personas” por naturaleza. Que existe algo llamado “pecado” y que demuestra que en realidad hasta las mejores cosas que podríamos hacer por nuestra cuenta, delante de Dios no tienen mérito alguno para salvarnos (puedes revisar Isaías 64:6). El simple hecho de que busquemos ser el centro de atención mientras hacemos cosas buenas es una muestra de rebelión contra Dios, quién es el único digno de toda gloria.
Dios nos creó a Su imagen y semejanza (Génesis 1:26), por lo que cualquiera de nuestros deseos de hacer el bien son un reflejo de lo que Dios es. Por supuesto, desde la caída, la imagen de Dios en el ser humano se vio afectada debido al pecado. La rebelión contra Dios trajo como consecuencia que el ser humano se inclinara a hacer el mal (Génesis 6:5), que es todo lo contrario a lo que Dios es y ama hacer. La Biblia misma declara que no hay nadie que realmente haga lo bueno (Romanos 3:12).
El apóstol Pablo mencionó que en su propia naturaleza humana no habitaba el bien, y que tenía una lucha continua dentro de sí por hacer aquellas cosas buenas a las que había sido llamado al seguir a Jesús (Romanos 7:18-20). Esto demuestra que cuando seguimos a Jesús todavía tenemos que luchar contra el pecado que sigue existiendo detrás de nuestras buenas acciones.
Por supuesto, el ser humano en general (ya sea salvo o no), tiene la capacidad de hacer cosas buenas. Por supuesto, hemos aclarado que es debido a la imagen de Dios que todavía posee. Pero una persona salva por Jesús hará estas buenas obras como resultado de su salvación, no como requisitos a cumplir para alcanzarla.
Si el cristiano desea conocer a Dios y actuar de acuerdo a lo que a Él le agrada, debe ir a la Biblia y profundizar en ella, pues allí ha sido revelada Su voluntad, aquello que realmente es bueno (Miqueas 6:8). De esa manera, toda buena obra que haga le dará gloria al Padre que está en los
cielos (Mateo 5:16).
¿Qué dice Dios acerca de Sí mismo?
En la Biblia, Dios ha decidido revelar quién es, qué hace y cómo se relaciona con su creación. Todas estas cosas conforman su carácter. Algunas veces se pueden encontrar versículos donde las personas quedan admiradas ante la perfección del carácter de Dios. Pero en otros versículos, Dios mismo hace mención de su carácter, es decir, de los atributos perfectos (características) que Él posee.
Una de las primeras ocasiones en que Dios revela su carácter, con sus propias palabras, se encuentra en Éxodo 34:6-8.
Para entenderlo mejor, primeramente veremos el contexto inmediato de estos versículos, luego aprenderemos lo que Dios dice acerca de sí mismo, y cómo eso afecta nuestra manera de vivir.
Contexto inmediato
El Señor había llamado a Moisés al Monte Sinaí para que recibiera las tablas que contendrían la ley y los demás mandamientos que Su pueblo tendría que obedecer (Éxodo 24:12). Moisés obedeció y estuvo en el monte durante cuarenta días y cuarenta noches (Éxodo 24:18). Pero el pueblo no quiso esperar más tiempo y decidieron hacer un becerro de oro para adorarlo por medio de sacrificios y fiesta (Éxodo 32:1-6). Dios envió a Moisés de vuelta y pensó en destruir al pueblo, pero Moisés intercedió por ellos y finalmente Dios decidió no hacerles daño (Éxodo 32:9-14). Moisés destruyó las tablas de piedra que contenían la Ley de Dios, cuando encontró al pueblo adorando a su ídolo (Éxodo 32:19). Y luego de un conflicto donde murieron muchos de los que se habían rebelado contra Dios, Moisés decidió volver a interceder por el pueblo para que no fuera destruido por completo (Éxodo 32:30-32). El Señor dijo que Moisés se llevara a ese pueblo a la tierra que había prometido, pero que Él no los acompañaría (Éxodo 33:1). Pero esto no era suficiente para Moisés, así que le pidió al Señor que le revelara Sus planes (Éxodo 33:13) y le pidió que si Él no los acompañaba, no los sacara del lugar donde estaban (Éxodo 33:15). Luego Moisés le pidió al Señor que le mostrara Su gloria (Éxodo 33:18) y el Señor le dijo que podría ver una manifestación de ella (Éxodo 33:21-23).
Después de todas estas cosas, el Señor le dijo a Moisés que subiera, al Monte Sinaí otra vez, y que llevara preparadas dos tablas de piedra, porque allí escribiría nuevamente las palabras que estaban en las primeras tablas. Moisés debía subir solo, sin ninguna compañía, y así lo hizo (Éxodo 34:1-4). Entonces el Señor descendió en una nube y estuvo allí con Moisés, mientras Él mismo proclamaba Su Nombre (Éxodo 34:5). Fue el contenido de esa proclamación lo que se encuentra en los siguientes versículos:
Reina Valera Contemporánea Capítulo 34
6 Luego el Señor pasó delante de Moisés, y proclamó:
«¡EL SEÑOR! ¡EL SEÑOR! ¡Dios misericordioso y clemente! ¡Lento para la ira, y grande en misericordia y verdad!
7 ¡Es misericordioso por mil generaciones! ¡Perdona la maldad, la rebelión y el pecado, pero de ningún modo declara inocente al malvado! ¡Castiga la maldad de los padres en los hijos y en los hijos de los hijos, hasta la tercera y cuarta generación!»
¿Qué significa lo que Dios proclama acerca de Sí mismo?
¡El SEÑOR! ¡EL SEÑOR!
Es importante notar que Dios inicia a hablar acerca de Sí mismo como “El Señor. Esto enfatiza su posición en el pacto con Su pueblo. Dios es el soberano, quien establece las reglas que deben seguirse y quien demanda la obediencia y fidelidad del pueblo que ha adquirido para que sea Suyo. Es importante que primeramente se reconozca la posición de poder de Aquél que se revelará, y quien es superior a todo lo creado. En otras partes de la Biblia se puede ver este énfasis: Éxodo 6:2-3; Isaías 45:5; Jeremías 32:27; Ezequiel 36:23.
¡Dios misericordioso y clemente!
El Dios poderoso que gobierna sobre toda la creación, Aquél cuya gloria y santidad son infinitas, decide mostrar misericordia y clemencia a los pecadores. ¡Esa es una noticia asombrosa! Él podría utilizar Su fuerza y poder para destruir a todos los pecadores, pero decide extender misericordia, no dando el castigo equivalente a la gravedad del pecado. Él se compadece de aquellos que caminan entre las tinieblas y los llama al arrepentimiento (Isaías 1:18). La Biblia declara en múltiples ocasiones que Dios es misericordioso y clemente, quien muestra compasión con los pecadores: 2 Crónicas 30:9; Salmo 86:15; Salmo 103:8; Salmo 145:8; Jonás 4:2.
¡Lento para la ira, y grande en misericordia y verdad!
El hecho de que Dios extienda misericordia a los pecadores no significa que acepte el pecado. Al contrario, al decir que Él es “lento para la ira” se está resaltando que, aunque hay un tiempo en el que Dios llama al arrepentimiento, llegará el momento en que la ira será derramada contra el pecado. Aquellos que deciden rechazar el llamado al arrepentimiento acumulan ira en su contra, y ella se mostrará el día del juicio final (Romanos 2:5). La justicia de Dios demanda el castigo del pecado, pero el Señor muestra que es grande en misericordia al dar oportunidades al ser humano para que le busque (2 Pedro 3:9). Y Dios es grande en verdad pues en Él no hay engaño, todo aquello que dice acerca de Sí mismo o del ser humano es la realidad de las cosas (Santiago 1:17). Esta verdad acerca de la paciencia de Dios se encuentra en pasajes como: Salmo 86:15; Nehemías 9:17; Joel 2:13).
¡Es misericordioso por mil generaciones!
La misericordia de Dios es extensa en su alcance. A pesar que en cada generación el pecado se hace notar, el Señor extiende su misericordia para llamar al arrepentimiento y perdonar a aquellos que son parte de Su pueblo, aquellos que le aman y guardan sus mandamientos. La Biblia confirma esta verdad en Éxodo 20:6; Deuteronomio 7:9; Jeremías 32:18.
Perdona la maldad, la rebelión y el pecado...
El perdón de Dios abarca todas las dimensiones del pecado. La maldad es la condición que lleva al ser humano a inclinarse a hacer el mal, la rebelión es la muestra externa y clara de ir contra lo que Dios ha ordenado, y el pecado mismo abarca todas estas cosas, lo interno y externo, hasta en el más mínimo detalle. La Biblia declara el carácter profundo, completo y suficiente del perdón de Dios (Miqueas 7:18; 1 Juan 1:9).
...pero de ningún modo declara inocente al malvado.
La misericordia de Dios de ninguna manera deja a un lado que el pecado es una falta que ha ofendido a Dios y Su Ley, y que por lo tanto debe ser castigado. El perdón de Dios no elimina las consecuencias completas del pecado, sino que restaura la relación del pueblo con su Dios. La justicia de Dios necesita ser satisfecha, por eso el castigo del malvado es necesario y ese testimonio da la Biblia en Números 14:18; Deuteronomio 7:10; Nahúm 1:3; Jeremías 30:11.
¡Castiga la maldad de los padres en los hijos y en los hijos de los hijos, hasta la tercera y cuarta generación!
Existe una confusión en muchas personas quienes creen que este texto significa que existe cierto tipo de maldición que pasa de los padres a los hijos debido al pecado que han cometido. Pero la misma Biblia aclara que cada persona es responsable de su propio pecado, y que nadie pagará por el pecado de otra persona (Ezequiel 18:20). ¿Qué significa esa parte del verso entonces? Significa que hay maldad que los padres cometen y que afecta seriamente la manera en que los hijos son criados, arraigando cada vez más el pecado en dicha familia, trayendo a la misma vez el castigo debido a su rebelión contra Dios. La enseñanza de que el pecado de una generación puede afectar a la siguiente se puede encontrar en textos como Éxodo 20:5; Números 14:18; Deuteronomio 5:9.
