Se un siervo con un mundo interior organizado
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Efesios 5:15-17
Efesios 5:15-17
Efesios 5:15–17 “Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos. Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor.”
El mundo exterior en el que vivimos es un reflejo de nuestro mundo interior, algo que pocos reconocen. Hasta que nuestro mundo interior no esté organizado, será imposible que podamos organizar nuestras vidas. Usualmente hacemos las cosas al revés: queremos organizar primero el mundo exterior cuando el mundo interior todavía está fuera de orden.
Hay múltiples razones por las que el mundo interior de una persona se desorganiza, pero en nuestra opinión el común denominador entre todas ellas es el mal uso del tiempo, lo que a su vez se debe a una mala organización de las prioridades. Por eso, el apóstol Pablo instruye a los efesios a que aprovechen bien el tiempo y la razón que les da, según el texto bíblico citado más arriba, es que los días son malos. Si eso fue cierto en el primer siglo, es acertado decir que los dias son aún peores en nuestra generación que parece no creer en valores absolutos y que cuestiona toda autoridad. Cuando desaprovechamos el tiempo, no somos sabios, sino más bien insensatos como nos informa el texto de
Efesios 5:15.
Reina Valera Revisada (1960) Capítulo 5
15Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios,
Cosmovisión
Cosmovisión
Significado: Es una palabra compuesta. Cosmos: Significa Mundo y Visión:Significa Ver.
Tenemos una visión errada de este mundo y de esta vida; y por tanto, esa visión distorsionada nos hace vivir erradamente y es la que nos lleva con frecuencia a querer hacer antes de ser. La cosmovisión de una persona es clave porque determinará cómo piensa, qué desea.
Tenemos una visión errada de este mundo y de esta vida; y por tanto, esa visión distorsionada nos hace vivir erradamente y es la que nos lleva con frecuencia a querer hacer antes de ser. La cosmovisión de una persona es clave porque determinará cómo piensa, qué desea.
cómo decide e incluso determinará las metas que persigue y los propósitos para toda su vida. Y al final, todas estas cosas mencionadas establecen cómo usamos el tiempo.
Nuestra cosmovisión nos crea problemas o nos evita consecuencias adversas. Continuamente pensamos, vemos, reaccionamos y nos relacionamos con otros a través de una cosmovisión. Es por esto que necesitamos tener una cosmovisión adecuada. La cosmovisión es la lente a través de la cual vemos todo: la vida y el mundo. Imagínese una cámara fotográfica con una lente que no enfoca bien; todo luce distorsionado. Luego movemos la lente hasta que logramos un enfoque correcto y entonces, todo queda en su lugar. Asi es exactamente como vemos con frecuencia la vida: distorsionada. Lo único que enfoca y endereza los sucesos de la vida y del mundo es la Palabra de Dios aplicada a nuestras vidas por medio de Su Espíritu. Eso requiere consumo de la Escritura y comunión con Dios. Ambas cosas. De esta manera, para poder ser antes de hacer, tenemos que consumir la Palabra de Dios y necesitamos tener una comunión intima con el Espíritu de Dios porque, cuando esas dos cosas se juntan, entonces nuestra lente podrá enfocar bien. Hasta que no veamos la vida enfocada no vamos a poder hacer lo que nos toca.
Nuestras decisiones revelan quiénes somos y determinan también lo que llegaremos a ser. Una decisión que tomemos en el día de mañana puede determinar quiénes seremos dentro de un año. Para bien o para mal. Y esa decisión que tomemos mañana dependerá de toda una cosmovisión.
1.1-La cosmovisión cristiana organiza nuestro mundo interior.
1.1-La cosmovisión cristiana organiza nuestro mundo interior.
En el texto de Efesios 5:15-17, el apóstol Pablo nos exhorta a aprovechar bien el tiempo. La palabra traducida como tiempo es kairos, que en este caso significa «un momento o período especialmente apropiado. Es una ventana de oportunidad. En el griego hay dos palabras distintas para tiempo: una es cronos y la otra es kairos. La primera tiene que ver con cronología, el tiempo que se mide en un reloj o el tiempo del calendario, pero esa no es la palabra utilizada en este pasaje. La palabra que aparece en el texto bíblico que estamos considerando es kairos, que, como dijimos, hace referencia a un período especial o una ventana de oportunidad durante la cual podemos hacer ciertas cosas, pero llegará el momento cuando esta ventana se cerrará.
Tal vez no hemos pensado que llegará un momento cuando ya no podremos predicar ni ministrar. Pero ese tiempo llegará. Llegará el momento en que sus hijos se irán de la casa y ya no podrá influenciarlos como antes porque se habrán casado y habrán formado otra familia. Hay una ventana de oportunidad que se cerrará. Pablo dice, de manera general: «Aprovechen la oportunidad y no anden como necios».
1-2 Decíamos anteriormente que nuestra cosmovisión determina cómo vivimos. La mejor manera de expresar lo que queremos decir es a través de las siguientes palabras del pastor John Piper:
Tenemos que cultivar la mentalidad de los exiliados. Esto nos hace sobrios y nos despierta para que no vayamos a la deriva con el mundo y para que no demos por sentado que la manera en que el mundo piensa y actúa es la mejor.
No suponemos que lo que aparece en la televisión beneficia el alma;
No suponemos que las prioridades de los anunciantes ayudan al alma.
No suponemos que las estrategias y valores de los negocios y la industria ayudan al alma.
No suponemos que nada de esto pueda glorificar a Dios.
Nos detenemos, pensamos y consultamos a la Sabiduría de nuestra propia nación, el cielo, y no suponemos que la sabiduría convencional de estos tiempos viene de Dios.
Orientamos nuestro rumbo por la Palabra de Dios. Cuando nos vemos como extranjeros y exiliados con nuestra ciudadanía en los cielos, y cuando vemos a Dios como su único Soberano, no nos vamos a la deriva junto con las corrientes de nuestros días. Usted medita sobre lo que es bueno para el alma y lo que honra a Dios en todo: ya sea comida, autos, videos, trajes de baño, control de natalidad, límites de velocidad, horas de acostarse, ahorros financieros, la educación de los hijos, las personas que aún no han sido tocadas por el evangelio, las hambrunas, los campamentos de refugiados, los deportes y todo lo demás. Los extranjeros toman su dirección de Dios y no del mundo.
1-3 El llamado es a meditar sobre lo que es bueno para el alma.
1-3 El llamado es a meditar sobre lo que es bueno para el alma.
¿Te has sentado a meditar sobre lo que es bueno para tu alma y principalmente sobre lo que honra a Dios?
Por ejemplo, formas de entretenimiento que no complacen a Dios; peliculas que nos divierten, pero que ofenden la imagen de Dios; formas vanas de hablar; maneras indecorosas de vestir; estilos de vida más parecidos a las vidas de aquellos que no conocen al Señor que a la imagen de Cristo mismo: todo eso no es de provecho para nuestra alma ni honra a nuestro Dios. El pastor Piper nos da ejemplos muy cotidianos que nos deben llevar a pensar. Lo que hagamos o no con esas ideas contribuirá a ordenar o desordenar nuestro mundo interior. Esa cosmovisión nos ayudará, incluso, a no desperdiciar horas frente a un televisor viendo cosas que no benefician al alma y que luego nos llevarán, en muchas ocasiones, a consejería por problemas que contribuyeron a crear.
Esto del ejemplo del televisor es un ejemplo de muchas formas en la cual perdemos el tiempo.
1-4 Hagamos un ejercicio.
1-4 Hagamos un ejercicio.
A continuación, compartimos un ejercicio que alguien llevó a cabo, para darnos una idea de cómo usamos el tiempo.
Una semana tiene 168 horas. Supongamos que trabajamos 10 horas al día, en una jornada larga de trabajo. Dormimos 7 horas, que dicho sea de paso, es una buena cantidad de tiempo; no necesitamos 10 horas de sueño.
Supongamos también que el tiempo de comidas nos toma 3 horas. Si sumamos todo, llegamos a unas 20 horas diarias. De lunes a vienes, son 5 días multiplicados por 20 horas diarias, que equivalen a 100 horas. Para el sábado y el domingo, vamos a suponer 8 horas de sueño, pero le vamos a seguir asignando las mismas 3 horas a la comida. De manera que el sábado, usaríamos 3 horas para comer y 8 horas para dormir, con un total de 11 horas. Multiplicamos esas 11 horas por 2 (sábado y domingo) y obtenemos un total de 22 horas para el fin de semana. Así pues, ahora tenemos 100 horas que usamos de lunes a viernes, más 22 horas que usamos el fin de semana. Esto da un total de 122 horas. Si restamos ese valor de las 168 horas que tiene la semana, nos restan 46 horas para hacer otras cosas. Si estas horas las multiplicamos por 52 semanas que tiene el año, eso nos deja con 100 días libres (99,66, para ser más exactos). Eso es un poco más de tres meses.
¿Qué hicimos con todo ese tiempo? Tres meses al año, todos los años. Al final, representa mucho tiempo.
Efesios 5:16–17 “aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos. Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor.”
2.-El Mundo Exterior y el Mundo Interior Del Hombre.
2.-El Mundo Exterior y el Mundo Interior Del Hombre.
El mundo exterior tiene que ver con nuestra reputación. Para muchos, lo que la gente piensa de ellos es más importante que lo que Dios piensa. Podemos estar en desacuerdo con este comentario, pero la manera como vivimos, tratando de complacer a los demás y no complaciendo a Dios, prueba lo que acabamos de decir. Por otro lado, el mundo exterior tiene que ver con el trabajo, los compromisos sociales y las apariencias. Hay personas muy bien conceptuadas a los ojos de los demás, pues son personas disciplinadas y, por tanto, muy cumplidoras. El problema es que mucha gente que es catalogada como muy cumplidora no cumple con Dios. Van a todos los funerales, están en todas las bodas, están en todos los cumpleaños, van a todos los eventos sociales, y más ahora que a través de Facebook pueden felicitar y estar en contacto con todo el mundo; pero desafortunadamente muchos de ellos no cumplen con Dios.
El mundo interior tiene que ver con el carácter, con nuestros valores y creencias; tiene que ver con lo que verdaderamente somos y sobre todo con lo que se relaciona con Dios. Debemos ser personas reflexivas si queremos cultivar nuestro mundo interior. Por ejemplo, no podemos simplemente arrepentimos sin pensar en lo que implica dicho arrepentimiento. En una ocasión, Jonathan Edwards escribió
«Señor, perdóname por lo superficial de mi arrepentimiento». Y esto lo dijo el mejor teólogo que Estados Unidos haya producido. Anteriormente enfatizamos la necesidad de examinarnos y, al respecto.
Sócrates, el gran filósofo griego, solía decir que no vale la pena vivir sin examinarse.
Salmo 26:2 “Escudríñame, oh Jehová, y pruébame; Examina mis íntimos pensamientos y mi corazón.”
Salmo 139:23–24 “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; Pruébame y conoce mis pensamientos; Y ve si hay en mí camino de perversidad, Y guíame en el camino eterno.”
2 Corintios 13:5 “Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros, a menos que estéis reprobados?”
3.- La toma de decisiones.
3.- La toma de decisiones.
A la hora de tomar decisiones, debemos recordar la premisa cristiana de que toda decisión tiene una dimensión espiritual. Por ejemplo, una iglesia o un ministerio debe tener un presupuesto. Sin embargo, si el único criterio o el criterio más importante para determinar los gastos de una iglesia es el presupuesto, Dios ha sido desplazado del lugar que le corresponde porque El es la ficha clave que determina cómo vemos la vida, cómo reaccionamos ante ella, cómo gastamos el dinero y cómo lo administramos. Dentro de los parámetros que Dios nos ha dado para guiarnos, existe algo llamado presupuesto, que nos permite no malgastar lo que El ha puesto en nuestras manos. El amo del presupuesto es Dios y ese es un principio que tenemos que recordar.
No debemos comprar algo simplemente porque tenemos el dinero para comprarlo, porque si actuamos así Dios ha sido reemplazado. Él es el dueño del oro y la plata. Y por tanto, a la hora de gastar, Dios debe ser la persona que nos guíe a gastar o a ahorrar.
La premisa cristiana es que toda decisión tiene una dimensión espiritual. Ya que toda la creación le pertenece a Dios, entonces toda decisión tiene una dimensión espiritual. Si esto es verdad y creemos que lo es, la vida de oración se hará imprescindible. La Palabra de Dios también lo será porque es la Palabra la que informará nuestra cosmovisión, Por otra parte, la oración es el vehículo por medio del cual, Dios nos ira moviendo en una u otra dirección.
Por otro lado, muchas veces saber esperar es la mejor decisión. Si alguien nos preguntara qué es lo mejor que hemos hecho en nuestra vida, no diríamos que es predicar, enseñar o dar consejería. Creemos que lo que mejor hemos hecho en la vida es esperar. Dios nos ha enseñado a esperar y, en la espera, nos ha evitado tomar muchas malas decisiones.
No podemos dedicar gran parte del tiempo a las trivialidades porque estaríamos malgastándolo.
Pablo escribe a Timoteo y le recomienda: «Oh Timoteo, guarda lo que se te ha encomendado, y evita las palabrerías vacías y profanas..» (1 Tim. 6:20a).
Al escribir su segunda carta vuelve a repetir algo similar:«Evita las palabrerías vacías y profanas, porque los dados a ellas, conducirán más y más a la impiedad» (2 Tim. 2:16).
Es necesario tener conversaciones sustanciosas, que nos nutran, que nos ayuden, que nos eduquen, que nos edifiquen y, cuando sea oportuno, entonces tener un tiempo para bromas y para la relajación. Algunos pasan días y días en los que, fuera del intercambio de información necesaria para el diario vivir, solo conversan de los asuntos más superficiales de la vida. Esa no es una manera sabia de invertir nuestro tiempo.
4.-La delegación de tareas para organizar nuestro mundo.
4.-La delegación de tareas para organizar nuestro mundo.
Esta es un área que ha sido difícil y que aún ahora necesitamos mejorar. Si tienes en tus manos más cosas de las que puedes hacer, quizás estás haciendo algunas que Dios no te ha ordenado llevar a cabo; piensa en delegar. Tener más cosas de las que podemos manejar es algo que por supuesto nos ha acontecido a nivel personal y que tal vez nos siga sucediendo. Si hay algo que sabemos es que Dios conoce que tenemos 24 horas en un día y Él no nos pedirá hacer cosas que requieran 30 horas del día para hacerlas, porque ese no es el Dios que conocemos. Así pues, a veces tenemos cosas en «nuestro plato» que Dios no ha colocado allí y que tenemos que eliminar. En ocasiones, la solución es delegar. Hay tareas que tienen que ser delegadas porque otros las pueden hacer mejor o porque necesitas dedicar tu tiempo a las cosas que solo tú puedes hacer. Muchas veces, tendemos a hacer las cosas nosotros mismos porque pensamos que el otro no las hará tan bien como nosotros o porque entendemos que, si las delegamos, demorarán mayor tiempo. Y con frecuencia es así, pero solo al principio porque luego ese otro habrá aprendido a hacerlo bien y su tiempo será mejor usado. La respuesta final no es empaquetar más cosas en un solo día, sino que podamos hacer aquellas que realmente corresponden a nuestra función o nuestro rol.
Llama la atención que cuando Jetro, el suegro de Moisés, lo visitó, lo primero que notó fue que a este gran líder le hacía falta delegar.
Revisemos la historia para luego hacer un par de observaciones:
13 Aconteció que al día siguiente se sentó Moisés a juzgar al pueblo; y el pueblo estuvo delante de Moisés desde la mañana hasta la tarde.
14 Viendo el suegro de Moisés todo lo que él hacía con el pueblo, dijo: ¿Qué es esto que haces tú con el pueblo? ¿Por qué te sientas tú solo, y todo el pueblo está delante de ti desde la mañana hasta la tarde?
15 Y Moisés respondió a su suegro: Porque el pueblo viene a mí para consultar a Dios.
16 Cuando tienen asuntos, vienen a mí; y yo juzgo entre el uno y el otro, y declaro las ordenanzas de Dios y sus leyes.
17 Entonces el suegro de Moisés le dijo: No está bien lo que haces.
18 Desfallecerás del todo, tú, y también este pueblo que está contigo; porque el trabajo es demasiado pesado para ti; no podrás hacerlo tú solo.
19 Oye ahora mi voz; yo te aconsejaré, y Dios estará contigo. Está tú por el pueblo delante de Dios, y somete tú los asuntos a Dios.
20 Y enseña a ellos las ordenanzas y las leyes, y muéstrales el camino por donde deben andar, y lo que han de hacer.
21 Además escoge tú de entre todo el pueblo varones de virtud, temerosos de Dios, varones de verdad, que aborrezcan la avaricia; y ponlos sobre el pueblo por jefes de millares, de centenas, de cincuenta y de diez.
22 Ellos juzgarán al pueblo en todo tiempo; y todo asunto grave lo traerán a ti, y ellos juzgarán todo asunto pequeño. Así aliviarás la carga de sobre ti, y la llevarán ellos contigo.
23 Si esto hicieres, y Dios te lo mandare, tú podrás sostenerte, y también todo este pueblo irá en paz a su lugar.
Observaciones:
Las recomendaciones de Jetro fueron importantes, tan importantes que necesitamos resaltar algunas:
1•- Moisés tenía que delegar o de lo contrario corría el riesgo de colapsar, como estuvo a punto de ocurrir según vemos en Números 11.
2•- Moisés tenía que dedicar tiempo para enseñar a aquellos a quienes les delegaría la tarea: «Y enséñales los estatutos y las leyes, y hazles saber el camino en que deben andar y la obra que han de realizar» (Ex. 18:20).
3. -Para delegar bien hace falta una buena selección de las personas que han de realizar la labor: «escogerás [...] hombres capaces, temerosos de Dios, hombres veraces que aborrezcan las ganancias deshonestas» (Ex. 18:21a).
Algunos de nosotros simplemente no sabemos delegar. Pero es bueno poder reflexionar sobre algunas de las cosas que nos impiden hacerlo. Ya en el capítulo anterior vimos algunas de estas características. Entre estas podemos citar:
El perfeccionismo: Pensamos que nadie hará las cosas como nosotros. Es posible que sea cierto; pero, si no aprendemos a delegar, nuestra institución se estancará prontamente en su crecimiento y no podrá ser efectiva porque todas las decisiones las tiene que tomar la misma persona.
2. Inseguridad: Nuestras inseguridades nos llevan a desconfiar del otro. Uno de los beneficios de delegar es que se incrementa la moral del equipo y la confianza que sus miembros sienten que se ha depositado en ellos. Mientras, tú estarás menos cargado y tendrás más tiempo para atender asuntos de vital importancia.
3. Temor de perder autoridad: Es probable que temamos que al delegar podamos perder el poder de decidir en cada momento, pero la autoridad es algo totalmente diferente. La autoridad tiene que ver con el respeto que los demás profesan hacia ti como fruto de tu buen desempeño y de la consistencia entre tus palabras y tus acciones.
Las razones por las que muchas veces no delegamos están relacionadas con nuestro mundo interior. Y de ahí la importancia de revisarlas.
CONCLUSIÓN
¿Por qué dedicar tanto tiempo al tema de delegar en la enseñanza de hoy que tiene que ver con la organización de nuestro mundo interior?.
Porque, cuando no delegamos, muchas veces se desorganiza nuestro mundo y quedamos al borde del colapso. Nota cómo Moisés prácticamente llegó a ese punto:
Entonces Moisés dijo al SEÑOR: ¿Por qué has tratado tan mal a tu siervo? ¿Y por qué no he hallado gracia ante tus ojos para que hayas puesto la carga de todo este pueblo sobre mi? ¿Acaso concebí yo a todo este pueblo? ¿Fui yo quien lo dio a luz para que me dijeras: «Llévalo en tu seno, como la nodriza lleva al niño de pecho, a la tierra que yo juré a sus padres»? ¿De dónde he de conseguir carne para dar a todo este pueblo? Porque claman a mi, diciendo:
«Danos carne para que comamos». Yo solo no puedo llevar a todo este pueblo, porque es mucha carga para mi. Y si así me vas a tratar, te ruego que me mates si he hallado gracia ante tus ojos, y no me permitas ver mi desventura (Núm. 11:11-15).
Moisés estaba airado con Dios debido a una fatiga generada en parte por el mucho trabajo y también por las quejas continuas del pueblo, como podemos ver si leemos los versículos anteriores a este pasaje.
La respuesta de Dios no fue que le ordenara al pueblo no quejarse, pues eso no iba a acontecer dada la naturaleza pecadora del hombre.
La respuesta de Dios fue delegar el trabajo de Moisés a 70 hombres… no 3 o 7 o 10, sino 70. Eso es increíble. Si Dios no resolvía ese problema, tanto el mundo interior como el mundo exterior de Moisés sufrirían las consecuencias. Pero Dios en Su misericordia intervino y lo ayudó donde él necesitaba ayuda. Creemos que esta es una gran historia con grandes enseñanzas.
Delegar nos permitirá también disponer de más tiempo para organizar las prioridades, que fue donde comenzamos. El equipo que así se forme nos puede ayudar también a tomar decisiones, que fue otras de las áreas que revisamos en esta enseñanza. Todo esto nos ayudará a organizar tanto el mundo interior como el exterior.
