¿Y cómo se justificará el hombre con Dios?
Introducción
Sólo Dios puede justificar al impío; pero Él puede hacerlo a la perfección. Él echa tras Sus espaldas todos nuestros pecados; Él los borra; Él afirma que aunque sean buscados, no se hallarán. Sin ninguna otra razón para ello sino Su propia bondad infinita, ha preparado un glorioso camino mediante el cual pecados como la grana serán emblanquecidos como la nieve, y hará alejar nuestras rebeliones cuanto está lejos el oriente del occidente. Él dice: “No me acordaré de tus pecados”. Él llega al punto de poner un fin al pecado. Alguien, en tiempos antiguos, clamó anonadado: “¿Qué Dios como tú, que perdona la maldad, y olvida el pecado del remanente de su heredad? No retuvo para siempre su enojo, porque se deleita en misericordia.”
No estamos hablando ahora de justicia, ni de los tratos de Dios para con los hombres según sus merecimientos. Si profesas tratar con el justo Señor sobre los términos de la ley, la ira eterna te amenaza, pues eso es lo que mereces. Bendito sea Su nombre porque no ha tratado con nosotros según nuestros pecados; mas ahora nos trata según los términos de la gracia inmerecida y la compasión infinita, y dice: “Yo sanaré su rebelión, los amaré de pura gracia
