Eclesiastés 7
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Eclesiastes 3.16-22
Eclesiastes 3.16-22
INTRO
Sin el temor a Dios el hombre no es más que bruma, vapor, vanidad, un absurdo. Sin Dios los jueces no usarán bien su poder, aunque hay otro Juez que los espera a ellos. Con Dios hay tiempo para arreglas las aflicciones, aunque no lo veamos. Sin Dios podemos arreglar las cosas aquí, aunque no de la forma correcta.
El Maestro desea que los hombres se den cuenta que al elegir este mundo como el todo, o querer encontrar el significado, sentido o propósito de la vida en la vida misma, es como ponerse al mismo nivel que los seres irracionales, con la diferencia que nosotros experimentamos las aflicciones ahora y en el futuro. Los dos vuelven al polvo, entonces, ¿de qué nos podemos enorgullecer con respecto al cuerpo y a este mundo?
El tema que veremos sigue la linea del tiempo para cada cosa y el poder que tiene sobre nosotros, aunque usa la injusticia como ejemplo.
“También noté que, bajo el sol, la maldad está presente en el juzgado. Sí, ¡hasta en los tribunales de justicia hay corrupción!” (Eclesiastés 3:16, NTV)
La injusticia social no escapó a la investigación del maestro. Encontró problemas en las cortes judiciales. La injusticia es una de las cosas más chocantes para el ser humano, es lo que menos se puede comprender, pero hay una justicia superior y esa es la única esperanza ante los infortunios de la vida. El maestro observó esa desigualdad como parte del mundo.
Muchas veces parece que el trabajo bueno y honesto no es provechoso, parece que lo opuesto conviene más: el trabajo deshonesto. Esto es porque el pecado tiene dominio sobre la humanidad y el mundo está lleno de maldad y a veces los malvados se salen con la suya. Incluso en el lugar donde se espera justicia ¡no la vemos! Tanto ahora como en ese tiempo, los tribunales no eran lo que debían ser. Al observar esta realidad, es fácil volverse cínico. Cada vez más la idea que el crimen o la maldad conviene, ya no se ve tan mal.
Por eso el maestro advierte: vendrá un tiempo de ajuste de cuentas y todo saldrá a la luz.
Junto con el sentido de eternidad que vimos la semana pasada, Dios ha puesto en el ser humano la conciencia y el sentido del bien y del mal.
“Aun los gentiles, quienes no cuentan con la ley escrita de Dios, muestran que conocen esa ley cuando, por instinto, la obedecen aunque nunca la hayan oído. Ellos demuestran que tienen la ley de Dios escrita en el corazón, porque su propia conciencia y sus propios pensamientos o los acusan o les indican que están haciendo lo correcto.” (Romanos 2:14–15, NTV)
La naturaleza también da testimonio de esto:
“Los cielos proclaman la gloria de Dios y el firmamento despliega la destreza de sus manos.” (Salmo 19:1, NTV)
Esta conciencia está en todos. Es la razón por la que el mundo no se ha “descompuesto” por completo, pero ni las acciones más justas del hombre, son suficientes para ganar la salvación ¡eso sólo viene de Dios!
El maestro ha observado en su propia vida, debajo del sol, que la injusticia se muestra con frecuencia en el lugar menos esperado ¡en la corte! El lugar del juicio y la justicia y eso le crea sorpresa. Quizá a nosotros ya no nos sorprende tanto.
El juez, sentado en su silla (trono), sin el temor de Dios, hará mal uso de esa silla, y el poder no le servirá de nada. El hombre que es puesto en un lugar de honor y no entiende qué debe hacer ¿de qué le sirve? mejor le sería no tener poder que tenerlo y abusar de él.
Aquí podríamos preguntar, si Dios dirige todo con un propósito ¿por qué permite a los impíos tratar injustamente a las personas, en el lugar dónde menos injusticia debería haber?
“SEÑOR, tú siempre me haces justicia cuando llevo un caso ante ti. Así que déjame presentarte esta queja: ¿Por qué los malvados son tan prósperos? ¿Por qué son tan felices los malignos?” (Jeremías 12:1, NTV)
La solución es que ¡hay un juicio venidero para quienes deberían hacer justicia pero no cumplen su cometido! Dios vindicará las injusticias cometidas contra los justos.
El problema no es que exista la maldad, sino que se sienta “cómoda” en el lugar que debe estar la justicia y el derecho. Que haya impiedad es malo, que ocupe el lugar del derecho, es mucho peor.
“Cuando Samuel envejeció, nombró a sus hijos como jueces de Israel. Joel y Abías, sus hijos mayores, establecieron su corte en Beerseba. Pero ellos no eran como su padre, porque codiciaban el dinero; aceptaban sobornos y pervertían la justicia.” (1º Samuel 8:1–3, NTV)
“¡Con ambas manos son hábiles para hacer el mal! Tanto los funcionarios como los jueces exigen sobornos. La gente con influencia obtiene lo que quiere y juntos traman para torcer la justicia.” (Miqueas 7:3, NTV)
Pero el tiempo para que el impío cometa injusticias es limitado y corto. Dios tiene un tiempo para intervenir para bien de los justos, incluso en los momentos que parecen más obscuros.
“Me dije: «A su debido tiempo, Dios juzgará a todos, tanto a los malos como a los buenos, por cada cosa que hayan hecho».” (Eclesiastés 3:17, NTV)
A su debido tiempo Dios juzgará. Las injusticias del presente serán rectificadas. Dios no ignora la injusticia y tiene un plan futuro y un propósito presente para esa injusticia. En el futuro Dios juzgará; el maestro no dice si será antes o después de la muerte, parece creer que será en esta tierra, así era la mayoría de la literatura sapiencial de esa época.
“Él hará resplandecer tu inocencia como el amanecer, y la justicia de tu causa brillará como el sol de mediodía.” (Salmo 37:6, NTV)
El consuelo para el justo que sufre opresión e injusticias, es saber que su causa será oída una vez más. El Juez Supremo enderezará lo chueca, aunque de momento no se vea. El juicio es una forma en que Dios humilla y purifica el corazón, la mente, porque al rendir cuentas de nuestras acciones, llegamos a comprender mejor, quienes somos como criaturas en relación con Dios.
Dios es la única certeza ante cualquier injusticia. Él ya tiene una solución y decimos ¿por qué no de una vez? ¿por qué esperar?
“»¿Por qué el Todopoderoso no trae a juicio a los malvados? ¿Por qué los justos deben esperarlo en vano?” (Job 24:1, NTV)
El verso 18 dará la respuesta, pero es dura. Además, si inmediatamente después de cada injusticia o pecado hubiera juicio ¡no habría oportunidad para el libre albedrío, la fe y la perseverancia de los santos a pesar de las dificultades! Es en la oscuridad que hace a la luz más gloriosa.
“También reflexioné acerca de la condición humana, sobre cómo Dios les hace ver a los seres humanos que son como los animales.” (Eclesiastés 3:18, NTV)
Sin el temor de Dios el hombre tiene poca ventajas sobre los animales. Pero no culpen a Dios o digan que este mundo es como una prisión para el hombre y la vida un castigo, pues Dios hizo al hombre poco menos, poco inferior que los ángeles:
“Lo has hecho poco menor que los ángeles y lo coronaste de gloria y de honra.” (Salmo 8:5, RVR95BTO)
Es por su propio orgullo que se alejó de Dios y por el orgullo no es fácil convencerlo de su propia fragilidad.
“… que las naciones sepan que no son más que seres humanos...” (Salmo 9:20, NTV)
Pero es más difícil convencerlos que sin Dios no tienen esperanzas, sin Dios pueden ser de lo peor.
“pero su fama no durará. Morirán, al igual que los animales.” (Salmo 49:12, NTV)
El hombre, la joya de la creación muere igual que los animales ¡qué provecho! No está implicando que no tengan alma inmortal, sólo que mueren como los animales. La muerte demuestra que los seres humanos son parte de la creación y se enfrenta a los límites que le impone. Al morir igual que los animales, producto del pecado, pareciera que Dios le restriega al hombre la mugre en la cara. Dios creó al hombre para que gobernara por sobre los animales.
“Entonces Dios dijo: «Hagamos a los seres humanos a nuestra imagen, para que sean como nosotros. Ellos reinarán sobre los peces del mar, las aves del cielo, los animales domésticos, todos los animales salvajes de la tierra y los animales pequeños que corren por el suelo».” (Génesis 1:26, NTV)
Por la desobediencia, ahora comparten el mismo fin, en esta tierra ¡la muerte! No puede saber sobre la vida espiritual después de la muerte, es tan ignorante como los animales.
Hay quienes han dicho que la única diferencia entre los hombres y los animales es la complejidad de su estructura molecular ¡y nada más!
No es nuestro asunto enseñarle a Dios cómo actuar, sino más bien reconocer nuestras limitaciones y nuestra propia pecaminosidad, así el maestro nos ubica y nos lleva de lo más alto a lo más bajo.
Actualmente al ver hasta dónde hemos llegado como cultura, sociedad, la crueldad, en algunos casos se puede decir que ha caído más bajo incluso que los animales del campo.
Tal parece que el maestro nos lleva a ver nuestra flaqueza mortal, como los animales. La maldad que vemos deja ver el carácter de los hombres en su condición de caídos. (Aquellos hombres grises).
“»”Rey Nabucodonosor, por favor, acepte mi consejo. Deje de pecar y haga lo correcto. Apártese de su perverso pasado y sea compasivo con los pobres. Quizá, entonces, pueda seguir prosperando”.” (Daniel 4:27, NTV)
Los impíos pueden aprovechar el conocimiento del maestro, sabiendo que morirán como los animales, les conviene cambiar su actitud, aunque sea por temor al juicio venidero.
“Pues tanto las personas como los animales tienen el mismo destino: ambos respiran y ambos mueren. Así que las personas no tienen una verdadera ventaja sobre los animales. ¡Qué absurdo! Ambos terminan en el mismo lugar: del polvo vienen y al polvo vuelven.” (Eclesiastés 3:19–20, NTV)
En lo físico, material, el hombre no tiene ventaja sobre los animales. Son iguales. Casualidades. La vida sin religión (etimológicamente) no es más que vanidad, viento, absurdo. La gran diferencia entre la bestia y el hombre es la capacidad de entender verdades espirituales.
“¿Quién a creído nuestro mensaje? ¿A quién ha revelado el SEÑOR su brazo poderoso?” (Isaías 53:1, NTV)
El destino del hombre es muy diferente a la de los animales; pero esto es del reino de lo más allá de este sol, aunque se empieza bajo el sol.
Aquí, en esta tierra, ambos van al mismo estado de corrupción, no pueden ver la diferencia. Al final el maestro dirá la gran diferencia:
“Pues ese día el polvo volverá a la tierra, y el espíritu regresará a Dios, que fue quien lo dio.” (Eclesiastés 12:7, NTV)
El hombre como los animales, vuelven al polvo, tienen vida por una misma respiración.
“Si Dios retirara su espíritu y quitara su aliento, todos los seres vivientes dejarían de existir y la humanidad volvería al polvo.” (Job 34:14–15, NTV)
Entonces, en esto ¡el hombre no tiene ventaja sobre los animales! Los dos son transitorios, temporales.
Así como el sabio y el necio mueren, tampoco hay distinción entre hombres y animales ¡todos mueren! Aparte de la fe no hay base comprobable para concluir que hay ventaja. El maestro no vio la resurrección de Jesús. La muerte reduce al hombre al nivel de los animales. Si en la muerte no hay ventajas ¿de qué sirve todo el trabajo del hombre? ¡Todos vuelven al polvo!
“Con el sudor de tu frente obtendrás alimento para comer hasta que vuelvas a la tierra de la que fuiste formado. Pues fuiste hecho del polvo, y al polvo volverás».” (Génesis 3:19, NTV)
El hombre se creyó dioses y ahora se ven reducidos al nivel de los animales. Surge la pregunta ¿hay algo de nuestro ser que viva más allá de la muerte? En este estudio el maestro dice ¡no lo puedo comprobar! Por la demostración empírica no se puede demostrar ninguna ventaja, tan solo en verlos morir.
“Pues, ¿quién puede demostrar que el espíritu humano va hacia arriba y el espíritu de los animales desciende al fondo de la tierra?” (Eclesiastés 3:21, NTV)
La palabra para espíritu o aliento es la misma (ruagh) y da vida tanto a los hombres como a los animales. Sin ese ruagh el resultado es el mismo en los dos.
“Pero si te alejas de ellos, se llenan de pánico. Cuando les quitas el aliento, mueren y vuelven otra vez al polvo.” (Salmo 104:29, NTV)
Sin embargo, el hombre puede clamar a Dios: ¡rescátame del poder del Seol!
“Los sabios finalmente tendrán que morir, al igual que los necios y los insensatos, y dejarán toda su riqueza atrás. La tumba es su hogar eterno, donde permanecerán para siempre. Podrán ponerle su propio nombre a sus propiedades, pero su fama no durará. Morirán, al igual que los animales.” (Salmo 49:10–12, NTV)
Aquí está ese clamor:
“Pero en mi caso, Dios redimirá mi vida; me arrebatará del poder de la tumba...” (Salmo 49:15, NTV)
Pero, en este estudio, el maestro se reduce a lo que está bajo este sol, habla del hombre insensato. La muerte pone fin a cualquier diferencia entre la persona y los animales. La pregunta sin resolver del maestro en esta parte de la investigación es ¿qué pasa con el espíritu del hombre? Piensa que de alguna manera el espíritu del hombre va hacia arriba, el lugar de Dios. Pero hasta ahí llega, el estudio se limita a lo que pasa en esta tierra. En el verso 22, vuelve a lo temporal, lo terrenal. Por eso es mejor ser feliz. ¿Qué pasó con el espíritu? Ante la duda del futuro se queda con la incertidumbre, con todas sus limitaciones y crisis del presente y ahí busca algo bueno, positivo que le de sentido a la vida
Es verdad, el hombre tiene raciocinio y sentido de la eternidad. Entonces ¿qué recomienda? ¡gozar y disfrutar la vida! que se alegre en el trabajo y sus frutos, porque no sabe qué le espera en el futuro y si muere, ya no podrá disfrutar lo que fue postergando.
“Entonces me di cuenta de que no hay nada mejor para la gente que ser feliz con su trabajo. ¡Para eso estamos en este mundo! Nadie nos traerá de la muerte para que disfrutemos de la vida después de que hayamos muerto.” (Eclesiastés 3:22, NTV)
Como no puede conocer el futuro, el hombre debe concentrarse en el presente. Por eso procura sacar de la vida el placer honesto, el gozo oportuno y mantener limpia la conciencia ante Dios, pues nadie en esta vida puede hacernos vislumbrar lo que nos espera.
Lo mejor que puede hacer es disfrutar lo temporal y eso será todo su legado.
FINAL
Es diferente cuando el trabajo lo ves como un don de Dios, porque se lo puedes ofrecer como ofrenda y eso nos da gozo, alegría en esta vida y en la venidera.
¿Qué hace imposible gozar lo que Dios ha dado al hombre como un don para su felicidad? El maestro dice que son 2 cosas: las injusticias de la vida y la muerte. Más allá de esta tierra toda injusticia será castigada, porque Dios establece los tiempos y ha fijado un tiempo para juzgar la conducta de los hombres.
Frente el hecho de la injusticia, el hecho palpable de la muerte, no hay mucho lugar para encontrar sentido a la vida en la vida misma, por eso ¡debe haber una revelación, una realidad! No se si muero definitivamente o si viviré una eternidad, entonces ¿cómo vivir aquí y ahora?
Miguel de Unamuno dijo: “Viva de tal manera que sea una injusticia que no haya una vida más allá”.
Por eso, ahora, los cristianos caminamos por fe no por vista:
“Pues vivimos por lo que creemos y no por lo que vemos.” (2 Corintios 5:7, NTV)
Nuestro Señor anuló la muerte y sacó a luz la inmortalidad por medio del evangelio.
“y ahora todo esto él nos lo ha hecho evidente mediante la venida de Cristo Jesús, nuestro Salvador. Destruyó el poder de la muerte e iluminó el camino a la vida y a la inmortalidad por medio de la Buena Noticia.” (2 Timoteo 1:10, NTV)
Tanto los sabios como el profeta ven las injusticias de la vida, el sabio observa y calla, el profeta ¡clama! Donde uno critica el otro se indigna, pero los dos dejan la solución filan de las injusticias a la acción de Dios.
¿Cómo conciliamos la presencia del mal en un mundo gobernado por Dios justo? Dios en Su tiempo juzgará al justo y al impío. La semana pasada vimos que hay un tiempo para todo y un lugar apropiado para todo. Aquí extiende esa línea de pensamiento: ¡Dios en el momento oportuno resolverá toda contradicción!
El NT afirma que todas las personas enfrentarán el juicio al morir.
“Y así como cada persona está destinada a morir una sola vez y después vendrá el juicio,” (Hebreos 9:27, NTV)
Para soportar la separación eterna de Dios.
“»Y ellos irán al castigo eterno...” (Mateo 25:46, NTV)
“El mar entregó sus muertos, y la muerte y la tumba también entregaron sus muertos; y todos fueron juzgados según lo que habían hecho. Entonces la muerte y la tumba fueron lanzadas al lago de fuego. Este lago de fuego es la segunda muerte.” (Apocalipsis 20:13–14, NTV)
O para experimentar la vida eterna:
“»Les digo la verdad, todos los que escuchan mi mensaje y creen en Dios, quien me envió, tienen vida eterna. Nunca serán condenados por sus pecados, pues ya han pasado de la muerte a la vida.” (Juan 5:24, NTV)
“»… pero los justos entrarán en la vida eterna.” (Mateo 25:46, NTV)
Nuestra recompensa como seres humanos, bajo este sol, es: ¡no saberlo todo! Sino disfrutar de la vida, porque eso, también es un don de Dios.
Palabra de Dios
Oremos
