BAUTISMO EN AGUA Y SANTA CENA

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INTRODUCCIÓN

Declaración de Fe de la ACYM - Sección I – Doctrina de la Iglesia
La Iglesia consiste de todos aquellos que creen en el Señor Jesucristo, que son redimidos por su sangre y han nacido de nuevo por el Espíritu Santo. Cristo es la Cabeza del cuerpo, la Iglesia, que ha sido comisionada por Él para ir a todo el mundo como testimonio, predicando el evangelio a todas las naciones.
La iglesia local es un cuerpo de creyentes en Cristo que se reúnen para la adoración a Dios, la edificación por medio de la Palabra de Dios, la oración, el compañerismo, la proclamación del evangelio y la celebración de las ordenanzas del Bautismo y la Santa Cena. (Efesios 1:22-23; Mateo28:19-20; Hechos 2:41-47)

1.  ORDENANZAS DE JESUCRISTO

El Señor Jesucristo instituyo dos ordenanzas para la Iglesia: el bautismo y la santa cena.  Una ordenanza es una ceremonia establecida por Cristo para ser observada siempre y en todo lugar. Son sagradas y obligatorias por haber sido establecida por la autoridad de Cristo.
Mateo 28:18–20 RVR60
Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.
En sí mismas estas dos ordenanzas no nos salvan, porque somos salvos por fe solamente, pero ambos son actos que demuestran públicamente nuestra fe y anuncian la esperanza gloriosa del retorno de Jesucristo por su Iglesia.
Efesios 2:8–9 RVR60
Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.

2.  BAUTISMO EN AGUA

El bautismo debe hacerse en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Es a través de esta ordenanza que una persona es admitida en la comunión de la iglesia. Cuando somos salvos, somos "bautizados, insertados, sumergidos" por el Espíritu Santo en el Cuerpo de Cristo, que es la iglesia.
1 Corintios 12:13 RVR60
Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu.
En el bautismo se usa agua como símbolo de limpieza. El bautismo es algo visible, que representa la limpieza que Cristo hizo de nuestros pecados, a través de su sangre derramada en la cruz del Calvario.
El bautismo cristiano es el medio por el cual una persona hace una proclamación pública de fe y discipulado.
El único requisito es que la persona haya recibido al Señor Jesucristo como su Salvador en arrepentimiento sincero y fe. El bautismo es una imagen de la experiencia de la salvación, y es un acto de obediencia a nuestro Señor. Es considerado el primer paso del discipulado cristiano.
Muchas veces decimos que somos bautizados para obedecer al Señor, pero al revisar las Escrituras aprendemos que es más que solo obediencia.

a) El bautismo por inmersión simboliza la identificación del creyente con Cristo en su muerte y resurrección.

Romanos 6:3–4 RVR60
¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva.
Ser sumergido bajo el agua representa la muerte a la vida antigua. Y al salir del agua el creyente está simbolizando su resurrección a una vida nueva. “Cristo vive en mí, y yo vivo para El. Soy uno con Cristo.”
El bautismo en agua demanda una conducta y nueva forma de vivir, dejando atrás todo habito que nos impide crecer más y más en nuestra vida espiritual, agradando a Dios.
El bautismo significa una responsabilidad en la iglesia local. Así como los casados recuerdan con emoción el día de sus bodas, así también los creyentes recuerdan el día de su bautismo, como algo especial. El creyente es dispuesto a guardar la unidad de la iglesia, y participar en la gran comisión de evangelizar a toda criatura.  

2) El Bautismo en agua por sí mismo no es suficiente para la salvación.

Algunos creen que el bautismo es necesario para la salvación citando 1 Pedro 3:21 ¿Estaba Pedro realmente diciendo que el acto de ser bautizado es lo que nos salva?
1 Pedro 3:21 RVR60
El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva (no quitando las inmundicias de la carne, sino como la aspiración de una buena conciencia hacia Dios) por la resurrección de Jesucristo,
Si lo estuviera, estaría contradiciendo muchos otros pasajes de la Escritura que claramente muestran a las personas siendo salvadas (como evidencia de recibir el Espíritu Santo) antes de ser bautizadas o sin ser bautizadas en absoluto. Afortunadamente, Pedro mismo lo aclara con la frase "no quitando las inmundicias de la carne, sino como la aspiración de una buena conciencia hacia Dios". En otras palabras, Pedro simplemente está conectando el bautismo con la fe.
Un buen ejemplo de alguien que fue salvo antes de ser bautizado es Cornelio y su casa en Hechos 10. Sabemos que fueron salvos antes de ser bautizados porque habían recibido el Espíritu Santo, que es la evidencia de la salvación (Efesios 1:13). Y esa fue razón suficiente para que Pedro les bautizara.

3. LA CENA DEL SEÑOR

La Cena del Señor fue instituida por Jesús cuando participó de la cena de la Pascua con Sus discípulos, la noche antes de Su crucifixión. La Santa Cena fue instituida por el Señor Jesucristo la noche que fue entregado, como señal del compromiso del nuevo pacto. El apóstol Pablo nos lo recuerda claramente.
1 Corintios 11:23–26 RVR60
Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado: Que el Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó pan; y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí. Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de mí. Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga.
La Santa Cena en una ceremonia que testifica del perdón de nuestros pecados. Es sagrada y especial, pero no es un sacramento o algo mágico, como la denominada “transustanciación”.
Los dos elementos visibles son el pan y la copa, que contiene el fruto de la vid. Ambos son símbolos o representaciones del cuerpo de Cristo y de la sangre de Cristo. Cristo mismo dijo: “El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él.” (Juan 6:56).
En la Cena del Señor expresamos nuestra unión con Cristo. Y a través de la Santa Cena recordamos la muerte de Cristo, para la remisión de nuestros pecados.
Por eso, la celebración de la Cena del Señor ha de estar animada por una inmensa gratitud y un amor sin límites a nuestro Dios y Salvador, así como a nuestros hermanos, quienes participan de las mismas bendiciones que nosotros.
Por la misma razón debemos tener el cuidado de caer en el peligro de celebrar la Cena indignamente y usarla para fines egoístas: banquetear y dividir a la iglesia. Pablo expone la gravedad del pecado y la urgencia del remedio.
1 Corintios 11:27–31 RVR60
De manera que cualquiera que comiere este pan o bebiere esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor.Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa.Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí.Por lo cual hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros, y muchos duermen.Si, pues, nos examinásemos a nosotros mismos, no seríamos juzgados;
Aquí el apóstol no dice que si, al examinarse, la persona comprueba que no está en condiciones, se abstenga de tomar el pan y el vino, sino que, después de examinarse, coma entonces del pan y beba de la copa. Esto supone que, si tras el examen de conciencia, halla que está en pecado contra el Señor o contra un hermano o hermana, ha de confesar, arrepentido, su pecado al Señor (1 Jn. 1:9) y prometer reanudar su comunión fraternal con el hermano o la hermana. De este modo, estará en condiciones de participar dignamente de la Cena.
¿Cómo estamos en relación con nuestros hermanos en la fe? ¿Somos culpables de hacer acepción de personas? ¿Nos portamos como si amáramos a todos por igual en la iglesia, sin que importe su condición económica, social o educativa? Esta es la clase de examen que Pablo pide. Es tiempo que demos una mirada al espejo de la Escritura tal como vemos en este pasaje sobre las obras de la carne y el fruto del Espíritu.
Gálatas 5:16–26 RVR60
Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis. … Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe,mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu. No nos hagamos vanagloriosos, irritándonos unos a otros, envidiándonos unos a otros.
El apóstol menciona los castigos corporales que el Señor dispone a menudo como disciplina drástica contra sus hijos rebeldes. El abuso de la Cena había ocasionado enfermedades y aun la muerte de bastantes miembros de la congregación, y no habían sido simplemente por causas naturales, sino por la mano paternal del Señor. En eso también el Señor muestra su misericordia: “para que su pueblo no sea condenado juntamente con el mundo inconverso en el juicio final”.

4.  NO TRIVIALIZAR LAS ORDENANZAS

El tiempo de la pandemia del COVID fue muy difícil para muchas congregaciones cristianas. La cuarentena y el distanciamiento social llevaron a pastores y líderes a buscar los medios viables para seguir alimentando y pastoreando a sus congregantes. Pero las ordenanzas –el bautismo y la Santa Cena– presentaron un reto particular que llevó a evaluar si debíamos o no practicarlas de manera virtual ante las actuales circunstancias. Ambas ordenanzas son para celebradas en comunidad.
Aquel tiempo fue una oportunidad inigualable para despertar en el corazón del pueblo de Dios un lamento genuino y un anhelo profundo por volver a reunirnos para adorar juntos al Señor, y recordar su obra de redención.

¿Podemos hoy bautizar y tomar la Cena del Señor virtualmente?

No, porque ambas ordenanzas requieren que la congregación esté físicamente en un mismo lugar. Primero, porque el Bautismo es una declaración pública de fe, ante toda la iglesia y los familiares de los que se bautizan. Y la Cena del Señor es una comunión de toda la congregación cuando está reunida fisicamente.
En 1 Corintios 11, Pablo se refiere cinco veces al hecho de que ellos celebran la Cena del Señor cuando todos se reúnen como iglesia, como la asamblea que se congrega en el mismo lugar a la misma hora. 
La Cena del Señor representa la unidad de la iglesia. Reúne a los muchos que participan juntos de los mismos elementos, en el mismo lugar, y los hace uno.
Entonces, si el bautismo une a uno con los muchos, la Cena del Señor hace uno de los muchos.

CONCLUSIÓN

En este punto debemos responder a una pregunta: ¿Quién puede participar en la Cena del Señor?
Las Escrituras no indican que una persona debe estar bautizada para poder participar de la Cena del Señor. Sin embargo, el mismo requisito, tanto para el bautismo como para participar de la Cena del Señor, es la salvación por fe en la muerte, sepultura y resurrección de Jesucristo.
Alguien que nunca ha sido bautizado puede ser un creyente, pero todavía no se ha identificado públicamente como uno, ni ha tomado el primer paso de obediencia a Cristo. Por esta razón la mayoría de las iglesias requieren el bautismo antes de poder participar de la Cena del Señor. Sin embargo, de nuevo, en ninguna parte de las Escrituras se da esta instrucción.
El Bautismo y el Discipulado están unidos, según lo indicó nuestro Señor Jesucristo.
El Bautismo es un testimonio público de mi fe. Ahora puedo participar de la Santa Cena.
Es un privilegio participar en la Cena del Señor.  
OREMOS.
 
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