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PREDICACIÓN
PREDICACIÓN
PREDICACIÓN El vocablo hebreo basar y sus derivados se traducen como
“traer nuevas”. •Joab dijo a •Ahimaas: “Hoy no llevarás las nuevas; las
llevarás otro día” (2 S. 18:20). Aparece también en Is. 52:7; 61:1 (“¡Cuán
hermosos son sobre los montes los pies del que trae alegres nuevas”; “El
Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ungió Jehová; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos”).
El término qohelet (el Predicador), que se utiliza en Ecl. 1:1–2, 12, 7:27; 12:8–10, designa a una persona que agrupa a una congregación para hablarle o predicarle.
Otra palabra hebrea es qara, (llamar, convocar), utilizada para el caso de •Jonás (“Levántate y vé a Nínive, aquella gran ciudad, y pregona contra ella” [Jon.1:2]). El NT menciona “la p. de Jonás” (Mt. 12:41). Mientras construía el •arca, Noé les predicaba a sus congéneres, porque en el NT se le llama “pregonero de justicia” (2 P. 2:5). La labor de los profetas era esencialmente la de predicar la voluntad de Dios al pueblo (“Vé y clama estas palabras” [Jer. 3:12]). Es posible que la p. expositiva, mediante la cual se procura explicar un determinado texto de la Escritura, naciera con el ejemplo de •Esdras, quien, con sus compañeros, abrió “el libro a ojos de todo el pueblo.… y hacían entender al pueblo la ley.… leían en el libro de la ley de Dios claramente, y ponían el sentido, de modo que entendiesen la lectura” (Neh. 8:5–8).
Pero el término p. se utiliza con un énfasis especial en el NT. La palabra
griega equivalente es kerugma o kerygma, que es el mensaje de Dios, lo que él dice a los hombres, proclamado por medio de Jesucristo y sus apóstoles. Dios decidió “salvar a los creyentes por la locura de la predicación [kerygma]” (1 Co. 1:21). El verbo kerussö es “predicar” (“En aquellos días vino Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea…” [Mt. 3:1]; “Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos…” [Mt. 4:17]). Otra palabra aplicada con el mismo sentido es evangelizö (evangelizar). En el griego, esta palabra está relacionada con la función de un mensajero, especialmente un heraldo que hace una proclamación. En el NT, el contenido de ésta es la persona y la obra del Señor Jesús (“Entonces Felipe, descendiendo a la ciudad de Samaria, les predicaba a Cristo” [Hch. 8:5]; “… nosotros predicamos a Cristo crucificado” [1 Co. 1:23]; “… se predica de Cristo que resucitó de los muertos” [1 Co. 15:12]). Otra manera de referirse al contenido de la proclamación es decir que se predica el reino de Dios (“… Jesús iba por todas las ciudades y aldeas, predicando y anunciando el evangelio del reino de Dios” [Lc. 8:1]; “… he pasado predicando el reino de Dios” [Hch. 20:25]). Pablo vivió en Roma “predicando el reino de Dios y enseñando acerca del Señor Jesucristo” (Hch. 28:31).
La p., entonces, consiste en proclamar el evangelio, el reino de Dios,
la persona del Señor Jesús y su obra. A veces se hace un énfasis diferenciador entre la p. y la enseñanza. Pero la explicación de las doctrinas y los misterios de Dios, es también parte del evangelio, objeto de p. Pablo, escribiendo a creyentes en Roma, les decía: “… en cuanto a mí, pronto estoy a anunciaros el evangelio también a vosotros que estáis en Roma” [Ro. 1:15]). La primera predicación apostólica de la cual se tiene registro es el sermón de Pedro en el día de •Pentecostés. Debe notarse que su mensaje comenzó basándose en un pasaje de las Escrituras (Jl. 2:28–32). Y luego siguió con otras (Sal. 16:8–11; 110:1). Lo mismo se hace en el segundo sermón. De manera que la verdadera p. se apoyará siempre en las verdades de la Palabra de Dios. Es cierto que en el sermón de Pablo en Atenas, como su audiencia no estaba familiarizada con las Escrituras, no especificó citas de ellas. Incluso citó a autores que ellos conocían. Pero las verdades que predicó estaban vitalmente
relacionadas con el evangelio, el reino de Dios y la persona del Señor Jesús y su obra.
Las normas reconocidas como convenientes para la exposición del mensaje de Dios en forma oral y pública son conocidas con el nombre de homilética.
Alfonso Lockward, Nuevo
diccionario de la Biblia (Miami: Editorial Unilit, 1999), 844–845.
PORQUE TODOS LOS HOMBRES ESTÁN
BAJO PECADO Y NECESITAN UN SALVADOR
El Señor Jesucristo y todos los escritores humanos del NT afirman que el Señor Jesucristo vino para ser el salvador de TODOS los hombres y mujeres.
Es cierto que los judíos esperaban un redentor judío o un Mesías que redimiera solamente a los judíos; sin embargo ese no es la intención original del autor de nuestra salvación, quién por medio de su Espíritu Santo nos reveló su plan eterno.
En este punto quiero que meditemos en la palabra todos.
Todos los hombres están bajo pecado y necesitan un Salvador. Todos los hombres son pecadores y necesitan un Salvador. Escuchemos lo que Pablo dice:
Gálatas 3:22. Mas la Escritura lo encerró todo bajo pecado, para que la promesa que es por la fe en Jesucristo fuese dada a los creyentes.
Romanos 3:23 “por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios,”
Romanos 1:32 “quienes habiendo entendido el juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que también se complacen con los que las practican.”
Con lo cual usted necesita un Salvador, usted necesita a Jesucristo.
Y si no lo has entendido mi querido hermano e iglesia, permiteme el énfasis. TODA la gente que nos rodea está bajo ésta misma sentencia.
Eso incluye a mi abuelito y mi abuelita, a mi mamá, mi papá, mis hermanos, mis hermanas, mis hijos, mis amigos, mis vecinos, mis compañeros de trabajo, mis compañeros de estudio TODOS
necesitan a un Salvador.
¿Conoce usted uno que les pueda ayudar? ¿Qué estamos esperando para hablarles de Cristo a la gente?
Hermanos Cristo vino a buscar ya salvar a lo que se había perdido. Y todos estamos perdidos. El autor de nuestra salvación literalmente envió a su Hijo a morir en una cruz por todos los hombres.
Y si, me escuchas bien Cristo murió por todos los hombres. Porque parte del problema en el que muchos creyentes nos encontramos es en los debates teológicos y no en la predicación del evangelio a los perdidos.
La Iglesia primitiva creía la enseñanza Bíblica de que Cristo murió por todos los hombres, aún en su vejez, el anciano apóstol Juan, escribe una carta diciendo que Jesucristo es la propiciación por nuestros pecados y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo.
Pero la Iglesia moderna no sólo ya no predica el evangelio, ahora enseña que la expiación de Cristo en la cruz es una expiación limitada, es decir, Cristo murió por una cantidad particular o definida de personas.
Si tan sólo tomamos las declaraciones del NT al pie de la letra, comprenderíamos que la expiación de Cristo es una expiación ILIMITADA. Y dejaríamos de creer ideas como la expiación limitada que no tiene su fundamento en la exégesis de los textos de las Escrituras, sino más bien en la premisa lógica de que si Cristo murió por todos y no todos se salvan, entonces el plan de Dios se frustra.
La expiación ilimitada significa que Cristo murió por todas las personas pero su muerte solo es efectiva para quienes creen en el evangelio. Ahora déjame mostrarte esto con las Escrituras.
El mundo, como lo describe Juan, “odia a Dios, rechaza a Cristo y está bajo el dominio de Satanás. Aun así, este es el mundo por el cual murió Cristo”
Juan 1:29 “El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.”
Juan 4:42 “y decían a la mujer: Ya no creemos solamente por tu dicho, porque nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente éste es el Salvador del mundo, el Cristo.”
1 Juan 4:14 “Y nosotros hemos visto y testificamos que el Padre ha enviado al Hijo, el Salvador del mundo.”
La palabra todos, o un término equivalente, se usa para denotar a todo el mundo. Cristo murió por los impíos, todos son impíos
Romanos 5:6 RVR60
6 Porque Cristo, cuando aún
éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos.
2 Corintios 5:14-15 RVR60
14 Porque el amor de Cristo nos
constriñe, pensando esto: que si uno murió por todos, luego todos murieron; 15
y por todos murieron, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para
aquel que murió y resucitó por ellos.
Tito 2:11 RVR60
11 Porque la gracia de Dios se ha
manifestado para salvación a todos los hombres,
En fin, la Biblia nos enseña que
Cristo murió por los pecadores.
1 Timoteo 1:15 RVR60
15 Palabra fiel y digna de ser
recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores,
de los cuales yo soy el primero.
Romanos 3:22-23 RVR60
22 la justicia de Dios por medio
de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay
diferencia, 23 por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de
Dios,
La palabra 'pecadores' no
significa en ninguna parte 'la iglesia' o 'los elegidos', simplemente se
refiere a toda la humanidad perdida”.
CONCLUSIÓN
Entonces mis queridos hermanos,
como mencioné al principio, la predicación del evangelio es una necesidad
grande y es tan inmensa como el mundo entero y somos tan pocos los obreros que
hemos dedicado nuestra vida para participar en este servicio de obediencia a
aquel que nos ha enviado a predicar.
¿Cuál es la parte de este mensaje
que no ha entendido?
¿De verdad cree que todos los
hombres son pecadores, separados de Dios, rumbos a una eterna condenación?
¿De verdad crees que Jesucristo
es el único que puede salvar a un pecador? ¿Crees que el hombre no puede
salvarse a sí mismo?
Entonces ¿por qué razón no
salimos allá afuera y le hablamos de Cristo a los hombres pecadores?
1. Una cultura motivada por
el amor a Jesús y Su evangelio
Porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: que si uno murió
por todos, luego todos murieron; y por todos murió, para que los que viven, ya
no vivan para sí, sino para Aquel que murió y resucitó por ellos. (2Co 5:14–15)
A menudo, siento que evangelizar
es como empujar una enorme bola hacia la cima de una montaña. Pero cuando estoy
con gente cuya motivación para evangelizar deriva de su amor por Jesús, mi
percepción de la evangelización cambia. Ser empujado por el amor para compartir
el evangelio de forma individual es algo hermoso, pero cuando sucede en
comunidad, se convierte en un gozo glorioso. La necesidad de importunar a la
gente para que comparta su fe se evapora. La evangelización se convierte en
algo que anhelamos hacer. Llega a ser una forma de pensar.
2. Una cultura que confía en
el evangelio
Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para
salvación. (Ro 1:16)
“Me pregunto, ¿cuándo perdieron su confianza en el evangelio?”, meditó mi amigo británico
3. Una cultura que entiende los peligros del entretenimiento
Y tú, hijo de hombre, los hijos de tu pueblo se mofan de ti junto a las
paredes y a las puertas de las casas, y habla el uno con el otro, cada uno con su hermano, diciendo: Venid ahora, y oíd qué palabra viene de Jehová. Y vendrán a ti como viene el pueblo, y estarán delante de ti como pueblo mío, y oirán tus palabras, y no las pondrán por obra; antes hacen halagos con sus bocas, y el corazón de ellos anda en pos de su avaricia. Y he aquí que tú eres a ellos como cantor de amores, hermoso de voz y que canta bien; y oirán tus palabras, pero no las pondrán por obra. (Ez 33:30–32)
La gente hablaba del antiguo profeta israelita Ezequiel en las redes sociales de su día —junto a las paredes y las puertas de las casas— y se decían los unos a los otros: “Hey, vamos a ver el nuevo espectáculo del pueblo: ¡la predicación de Ezequiel!”. Iban a escucharlo como si fueran a presenciar a un “gran cantante” o a un gran músico.
No veían a Ezequiel como a un profeta que les hablaba de su salvación, sino que lo veían como un animador. En medio del gran entusiasmo por el evento, lo que había en sus mentes era sexo y dinero, no obediencia a Dios.
5. Una cultura que trabaja unida en la misma
dirección
Doy gracias a mi Dios siempre que me acuerdo de vosotros, siempre en todas mis oraciones rogando con gozo por todos vosotros, por vuestra comunión en el evangelio, desde el primer día hasta ahora. (Fil 1:3–5)
Pablo le escribió a la iglesia en Filipo, expresando su gratitud hacia ellos por su participación en el ministerio del evangelio. Esta es una imagen de lo que es una cultura de evangelización. Todos estaban trabajando juntos para el avance del evangelio; estaban activos en ese proyecto.
Cuando era entrenador del equipo de fútbol de mi hijo de cinco años,
reuníamos al equipo —los pequeños se veían preciosos— y les preguntaba: “Bien, cuando el otro equipo tiene el balón, ¿cuál de nuestros jugadores defiende?”.
Entonces gritaban con entusiasmo: “¡Todos!”. Después les preguntaba: “Y cuando nuestro equipo tiene el balón, ¿quiénes atacan?”. “¡Todos!”, respondían. Sin embargo, cuando comenzaba el partido, poner ese concepto en acción resultaba un poco más complicado con los pequeños de cinco años.
Así es la evangelización. La meta es la misma: que todos trabajen en la misma dirección juntos.
En una cultura de evangelización, existe el entendimiento de que todos están implicados. ¿Alguna vez has escuchado a alguien decir, “la evangelización no es mi don” como si eso fuese una excusa para no compartir su fe? Este entendimiento de la evangelización es inmaduro. Todos los cristianos son llamados a compartir su fe, como un acto de fidelidad, no como un don (Mt 28:19).
7. Una cultura en la que se da ejemplo en la evangelización
Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros. (2Ti 2:2)
En una cultura de evangelización, la gente sirve de ejemplo para otros
al evangelizar.
8. Una cultura en la cual se
celebra a quienes comparten su fe
Espero en el Señor
Jesús enviaros pronto a Timoteo, para que yo también esté de buen ánimo al saber de vuestro estado; pues a ninguno tengo del mismo ánimo, y que tan sinceramente se interese por vosotros. Porque todos buscan lo suyo propio, no lo que es de Cristo Jesús. Pero ya conocéis los méritos de él, que como hijo a padre ha servido conmigo en el evangelio. (Fil 2:19–22)
9. Una cultura que sabe cómo afirmar y
celebrar la nueva vida
Siempre orando por vosotros, damos gracias a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, habiendo oído de vuestra fe en Cristo Jesús, y del amor que tenéis a todos los santos… como lo habéis aprendido de Epafras, nuestro consiervo amado, que es un fiel ministro de Cristo para vosotros. (Col 1:3–4, 7)
Pablo sabía cómo confirmar a los nuevos creyentes. Celebraba su conversión, pero mantenía su enfoque —y el de ellos— en Cristo. Una cultura de evangelización celebra la nueva vida en Cristo de una manera adecuada.
10. Una cultura que tiene un ministerio que se
siente arriesgado y peligroso
Quiero que sepáis, hermanos, que las cosas que me han sucedido, han redundado más bien para el progreso del evangelio, de tal manera que mis prisiones se han hecho patentes en Cristo en todo el pretorio, y a todos los demás. (Fil 1:12–13)
El ministerio de Pablo fue tan arriesgado que lo metieron en la cárcel. Igualmente, vivo en una parte del mundo donde conozco personas que han ido a prisión por vivir vidas fieles a Cristo.
Como vemos en 2 Corintios 10:5, Pablo veía la vida cristiana como una
guerra contra los pensamientos que se oponen a Dios: “Derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo”. Anhelo una cultura de evangelización que se arriesgue en el sentido de
confrontar a la cultura. Esto significa principalmente no dar importancia a lo que la gente piense de nosotros.
11. Una cultura que entiende que la iglesia es
el método elegido y el mejor para evangelizar
Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos. (Hch 2:46–47)
De acuerdo, sé que dije que eran diez cosas. Pero hay una más, una que fluye implícita en todas las demás: Anhelo ver una iglesia que entiende que la iglesia local es el método escogido y el mejor para evangelizar.
Anhelo ver una iglesia donde los cristianos están tan llenos de amor por Jesús que cuando se reúnen para su tiempo regular de adoración, llegan a ser una imagen del evangelio. Anhelo una iglesia que impacta con su amor, no con entretenimiento, y que vive una confianza contracultural en el poder del evangelio. Anhelo una iglesia donde las mayores celebraciones se centran en aquellos que comparten su fe, y donde los héroes son aquellos que arriesgan su reputación para evangelizar. Anhelo una cultura de evangelización en la que los hermanos y las hermanas están hombro a hombro conmigo en la batalla; donde se me enseña y enseño lo que significa compartir nuestra fe; y donde veo a los líderes de la iglesia guiando personas a Jesús. Quiero una iglesia en la que puedas señalar vidas transformadas, donde puedas ver personas que se levantan y dicen: “Cuando vine a esta iglesia hace dos años, no conocía a Dios, ¡pero ahora sí!”. Anhelo ser parte de una cultura de evangelización así. Apuesto que tú también. Ya mencioné antes que no creo que los programas sean la mejor —y ni siquiera la principal— manera de evangelizar. Lo que sí creo es que la mejor forma de alcanzar a otros se da en una cultura de evangelización dentro de una iglesia sana.[1]
Estos discípulos iniciales, habiendo sido apóstoles, absorbieron en su corazón la Gran comisión de Jesús. Ellos evangelizaron constantemente (Ver Hechos 5:42; 8:25; 13:32; 14:7, 15, 21; 15:35; 16:10; 17:18). Pero, de nuevo, la pregunta que algunos se hacen hoy es: ¿Quién se supone que debe hacerlo hoy? ¿Sólo los predicadores o profesionales religiosos?
De acuerdo a la Biblia, todos los creyentes han recibido esta comisión. En el libro de los Hechos vislumbramos la obediencia universal a este llamado a evangelizar. En Hechos 2 vemos que el Espíritu de Dios fluía sobre todos los cristianos. En el Antiguo Testamento tal derramamiento era preparatorio del trabajo profético de proclamar la Palabra de Dios. Y entonces no nos sorprende encontrar, a medida avanzamos por el libro de los Hechos, que mucha gente evangelizaba. Leemos en Hechos 8:4
Aquel día se desató una gran persecución contra la iglesia en Jerusalén, y todos, excepto los
apóstoles, se dispersaron por las regiones de Judea y Samaria. Unos hombres piadosos sepultaron a Esteban e hicieron gran duelo por él. Saulo, por su parte, causaba estragos en la iglesia: entrando de casa en casa, arrastraba a hombres y mujeres y los metía en la cárcel. Los que se habían dispersado predicaban la palabra por dondequiera que iban.
En el mismo capítulo leemos la historia de Felipe, un diácono, haciendo evangelización (Hechos 8:5–12; 26–40), y más tarde leemos:
Los que se habían dispersado a causa de la persecución que se desató por el caso de Esteban llegaron hasta Fenicia, Chipre y Antioquía, sin anunciar a nadie el mensaje excepto a los judíos. Sin embargo, había entre ellos algunas personas de Chipre y de Cirene que, al llegar a Antioquía, comenzaron a hablarles también a los de habla griega, anunciándoles las buenas nuevas acerca del Señor Jesús. El poder del Señor estaba con ellos, y un gran número creyó y se convirtió al Señor. Hechos 11:19–21).
Es evidente, además,
de lo que se narra de la persecución de los primeros cristianos en el Nuevo Testamento que ellos no trataban de mantener su religión en secreto aún cuando compartirlo tuviese consecuencias. Pablo escribió a los jóvenes cristianos
Tesalonicenses acerca de los “severos sufrimientos” (1 Tes. 1:6) y
se refiere a aquellos que estaban confrontándolos (2 Tes. 2:5–7).
Esto también se observa en muchas otras partes del Nuevo Testamento. Aún cuando
los cristianos estaban sufriendo porque sus vidas habían cambiado, ellos
continuaban hablando para compartir el evangelio y explicar su nueva fe.[2]
[1] J.
Mack Stiles, La evangelización:
Cómo toda la iglesia habla de Jesús, ed. Mark Dever y Jonathan
Leeman, trans. Daniel Puerto, 9Marcas: Edificando Iglesias Sanas (Colombia:
Poiema Lectura Redimida, 2015), 69–70.
[2] Mark
E. Dever, El Evangelio y La
Evangelización Personal, trans. Vladimir Miramare (Graham, NC:
Publicaciones Faro de Gracia, 2013), 47–49.
