Esperanza y santidad.
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Un llamado a vivir en esperanza y santidad
1 Pedro. 1:13–2:3.
Introducción: Pedro, haciendo uso del participio
conectivo por eso, invita a sus
lectores a reflexionar en el aspecto ético de la esperanza que se les ha
predicado y ellos han recibido. La vida cristiana tiene sus demandas éticas
conforme al Señor, quien ha llamado y al cual se le ha respondido en
obediencia.
I. Llamados a vivir una vida en santidad (1 Pedro. 1:13).
1. Equipándonos adecuada y continuamente (1 Pedro. 1:13 a).
(1) Con la mente preparada para actuar…El
testamento Nueva Vida usa la expresión “preparen sus mentes para un buen uso”.
(2) Pedro usa la metáfora de “ceñir los lomos”
(ver nota de la RVA) como una indicación de estar listo para la acción (vea
Éxo. 12:11; Luc. 12:35).
(3) Aunque Dios es quien santifica, el creyente
debe estar listo con su mente para hacer buen uso del mensaje que ha recibido
del Señor y ponerlo en práctica.
2. Viviendo alertas y atentos a nuestro diario
vivir (1 Pedro. 1:13b).
(1) Siendo sobrios…Esto quiere decir lleno de
atención o estar despiertos. La vida en santidad según Pedro no es para vivirla
aislada del mundo, en ascetismo, o enclaustrado
en mi dogma de interpretación.
(2) El ser sobrios, según Pedro, es estar atento y
alerta al diario vivir y a la acción de la gracia de Dios.
(3) El estar alertas o “sobrios” no es una opción
para el creyente. Por el contrario, es un mandato.
3. Esperando incondicionalmente en Dios (1 Pedro. 1:13c).
(1) Juntamente con ceñid y sed sobrios, poned vuestra esperanza.
(2) Esperar es un verbo que denota acción. Por lo
tanto, el esperar en la manifestación de Dios no es un acto pasivo sino activo.
(3) Esperar en la gracia es una acción
escatológica. Es decir, la consumación de aquel tan anhelado día.
II. Llamados a vivir una vida práctica (1 Pedro. 1:14–21).
1. Como hijos obedientes…(1 Pedro. 1:14).
(1) Pedro hace referencia a dos tipos de vida: la
antigua y la nueva. En la primera la ignorancia era causa de vivir separados de
Dios. En la segunda la misericordia de Dios se ha hecho manifiesta en nuestro
carácter. El carácter de Cristo Jesús.
(2) La vida nueva no está centrada en lo bueno que
se es o se hace. Más bien, en aquel quien nos ha llamado (1 Pedro. 1:15).
(3) La santidad no es un acto o ritual religioso.
Es la dedicación consciente, racional, bajo la convicción del Espíritu Santo,
de todas las áreas de nuestra vida.
2. Conducíos en temor…(1 Pedro. 1:17c).
(1) Pedro insta a tener un temor reverencial hacia
Dios, opuesto al temor que encadena y oprime (1 Pedro 3:6, 14).
(2) El creyente debe vivir en constante temor
reverencial hacia Dios en todo lo que hace y es (1 Pedro 2:17).
3. Tened presente…(1 Pedro. 1:18).
(1) El conducirse en temor tiene un fundamento de
ser. El temor reverencial del creyente es en gratitud a la obra llevada a cabo
por Cristo Jesús.
(2) La vida sin Cristo es vacía, vana. Esto se
aplicaba tanto para el judaísmo como para las religiones paganas por muy
sofisticadas que éstas fuesen.
(3) El rescate del creyente es un acto divino: …la
sangre preciosa de Cristo (1 Pedro. 1: 19).
(4) Cristo es el Cordero de Dios en quien se
cumplen las profecías, destinado de antemano por el Padre. En él nuestra fe y
esperanza están consumadas
(1 Pedro. 1:20, 21).
III. Llamados a vivir una vida en comunión (1 Pedro 1:22–2:3).
1. Siendo obedientes a la verdad del evangelio (1 Pedro 1:22).
(1) Por todo lo anterior Pedro insta a sus
lectores a expresar el resultado de la comunión con Dios.
(2) La comunión con Dios se muestra en el amor
fraternal no fingido (1 Pedro 1:22b).
(3) La verdad del evangelio nos ordena amarnos
unos a otros: entrañablemente y de corazón puro (1 Pedro 1:22c).
2. Viviendo en compromiso constante con el Señor
(1 Pedro 1:23–25).
(1) Pedro recuerda a sus lectores el fundamento
del amor fraternal: el Dios imperecedero (1 Pedro 1: 23).
(2) La Palabra de Dios no sólo debe ser leída y
escuchada sino también guardada en el corazón del creyente.
3. Creciendo constantemente en el Señor (1 Pedro 2:1–3).
(1) La obediencia a la Palabra trae consigo la
santidad.
(2) La obediencia al Señor trae crecimiento (1 Pedro 2:2, 3).
