LA DICHA DEL SUFRIMIENTO
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· 29 viewsInvitar a los oyentes a un cambio de perspectiva en cuanto a cómo miramos y enfrentamos el sufrimiento.
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INTRODUCCIÓN
INTRODUCCIÓN
“¡Qué dichoso!” es una expresión que comúnmente utilizamos para referirnos a alguien que ha obtenido algo bueno o agradable. Lo usamos también cuando alguien, en contra de todo pronóstico, es beneficiado con algo.
Hay muchos ejemplos que se pueden presentar:
Si alguien se casa con una mujer que no pelea ni discute… “¡que dichoso!” diríamos.
Si el esposo de una mujer es cariños, buenmozo, responsable, detallista y buen conversador… “¡qué dichosa!” dirían las mujeres.
Ese que siempre encuentra el semáforo en verde, nunca hay embotellamiento en su ruta y hasta parece que los demás conductores se hacen a un lado como el Mar Rojo ante Moisés. ¡Qué dichoso! ¡Debe tener un GPS bendecido!
Ese que puede comer todo lo que quiera y no engorda ni un gramo. Se sirve doble postre y sigue entrando en su ropa de hace 10 años. ¡Qué dichoso! Parece que tiene metabolismo celestial.
Ahora bien, nunca diríamos que sería una dicha para alegrarnos y festejar si sufrimos por causa de Cristo. ¡Ahora las sonrisas se disipan! Sufrimiento no está relacionado con risas sino con lágrimas. Aunque el sufrimiento es parte de la vida y consecuencia de este mundo caído, para el creyente en el Señor Jesucristo, hay un desafío a enfrentarlo con una perspectiva distinta. Pedro inspirado por el Espíritu Santo nos instruirá al respecto en la porción que hemos de abordar. Por eso nuestro titulo hoy es “La dicha del sufrimiento”.
Leamos 1 Pedro 3:13-22
SUFRIR POR CAUSA DEL BIEN, LA JUSTICIA O LO QUE AGRADA A DIOS, HACE DEL SUFRIMIENTO UNA DICHA (VER V. 13-16).
SUFRIR POR CAUSA DEL BIEN, LA JUSTICIA O LO QUE AGRADA A DIOS, HACE DEL SUFRIMIENTO UNA DICHA (VER V. 13-16).
Existe una coherencia impresionante entre Pedro, Pablo, Santiago y nuestro Señor Jesucristo en lo referente al tema del sufrimiento cristiano. Pedro está haciendo una invitación a un cambio de perspectiva a estos hermanos de la diáspora que atraviesan diversas formas de sufrimiento por causa de Cristo. Esta misma invitación nos llega a nosotros hoy y tiene que ver con que el sufrimiento, por causa del Señor, no es del todo malo, sino que trae dicha al creyente. ¡¿pero cómo así?!
Ilustración: recuerdo a una hermana que se congregaba con nosotros, que en una consejería me preguntaba “¿por qué tenemos que sufrir por hacer el bien?”
Rick Warren, en su artículo “El propósito de Dios en nuestro dolor”, señala: “La Biblia es clara con respecto a que seguir a Cristo no nos exime de sufrir. En lugar de ello, se nos dice que debemos esperar el sufrimiento y que sufrir por Cristo debe ser considerado un privilegio.”
Gary Wiley, en su artículo “¿Qué dice la Biblia sobre el sufrimiento?”, menciona: “Dios no permite el sufrimiento por casualidad o porque está molesto con nosotros. El sufrimiento es parte de la condición humana. Sin embargo, nuestro Dios amoroso sabe disponerlo para el bien de nosotros y también para su gloria.”
Miremos ahora la coherencia de Pedro, Pablo, Santiago y nuestro Señor Jesucristo:
Pedro insiste:
Ver v. 14 y 17.
“Porque esto halla gracia, si por causa de la conciencia ante Dios, alguien sobrelleva penalidades sufriendo injustamente. Pues ¿qué mérito hay, si cuando ustedes pecan y son tratados con severidad lo soportan con paciencia? Pero si cuando hacen lo bueno sufren por ello y lo soportan con paciencia, esto halla gracia con Dios.” (1 Pedro 2:19–20, NBLA)
“Pero si alguien sufre como cristiano, que no se avergüence, sino que como tal glorifique a Dios.” (1 Pedro 4:16, NBLA)
Pablo afirma:
“Porque a ustedes se les ha concedido por amor de Cristo, no solo creer en Él, sino también sufrir por Él,” (Filipenses 1:29, NBLA)
Santiago dice:
“Bienaventurado el hombre que persevera bajo la prueba, porque una vez que ha sido aprobado, recibirá la corona de la vida que el Señor ha prometido a los que lo aman.” (Santiago 1:12, NBLA)
“Miren que tenemos por bienaventurados a los que sufrieron. Han oído de la paciencia de Job, y han visto el resultado del proceder del Señor, que el Señor es muy compasivo y misericordioso.” (Santiago 5:11, NBLA)
Nuestro Señor Jesucristo dijo:
“Bienaventurados aquellos que han sido perseguidos por causa de la justicia, pues de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados serán cuando los insulten y persigan, y digan todo género de mal contra ustedes falsamente, por causa de Mí. Regocíjense y alégrense, porque la recompensa de ustedes en los cielos es grande, porque así persiguieron a los profetas que fueron antes que ustedes.” (Mateo 5:10–12, NBLA)
¿De qué manera podemos enfrentar el sufrimiento?
¿De qué manera podemos enfrentar el sufrimiento?
Pedro nos brinda algunas orientaciones al respecto. Hay tres imperativos en esta sección que pueden indicarnos el camino a seguir para enfrentar el sufrimiento:
No teniendo miedo ni temor a lo que nos causa el sufrimiento (v. 14b).
No dejándonos turbar o agitar (v. 14c).
Santificando a Cristo como Señor en el corazón (v. 15-16).
No teniendo miedo ni temor a lo que nos causa el sufrimiento (v. 14b).
No teniendo miedo ni temor a lo que nos causa el sufrimiento (v. 14b).
Para los creyentes que se encontraban en la diáspora, el temor o miedo era provocado por los ciudadanos y realidades de los lugares en los que se encontraban. Para nosotros no es diferente.
La exhortación del apóstol es a no tener miedo a la persecución física que estaban viviendo. Pedro cita y adapta Isaías 8:12-13 (LXX), donde el profeta Isaías exhorta al pueblo de Judá a no temer las conspiraciones de sus enemigos, sino a confiar en el Señor de los Ejércitos. Pedro aplica este principio a sus lectores, instándolos a no temer las amenazas humanas.
El miedo y el temor es natural sentirlo y en especial cuando tenemos que enfrentar realidades que no son tan fáciles de darle la cara. Enfrentar el martirio nunca será algo deseado por alguien; enfrentar la enfermedad, enfrentar la crisis en la familia, enfrentar conversaciones difíciles o incomodas, entre muchas otras cosas, nunca será algo de lo que nos agrademos, pero estamos siendo desafiado a no tener miedo sino valentía para atravesar esas tormentas impetuosas de nuestro horizonte.
Salmo 27:3 “Si un ejército acampa contra mí, No temerá mi corazón; Si contra mí se levanta guerra, A pesar de ello, yo estaré confiado.”
No dejándonos turbar o agitar (v. 14c).
No dejándonos turbar o agitar (v. 14c).
Pero la persecución física no era lo único que tenían que enfrentar la diáspora en los tiempos de Pedro. También estaba el efecto psicológico y espiritual que estas realidades producían. Por eso, pero llama a no turbarse o agitarse. La calma del alma en medio de la turbulencia que vivían era necesario para poder enfrentar el sufrimiento que experimentaban.
Esto me recuerda la ocasión en que nuestro Señor Jesús tuvo que consolar las almas de sus discípulos que estaban lidiando con la realidad de la partida del Maestro:
“No se turbe su corazón; crean en Dios, crean también en Mí.” (Juan 14:1, NBLA)
La paz interior es sumamente importante para enfrentar el sufrimiento. Cristo nos garantiza esa paz si nuestros corazones están firmes confiando en él.
Santificando a Cristo como Señor en el corazón (v. 15-16).
Santificando a Cristo como Señor en el corazón (v. 15-16).
La tercera manera de enfrentar el sufrimiento es santificar a Cristo en el corazón. Esta expresión puede ser muy confusa para nuestro tiempo, pero a lo que se refiere es que tenemos que dedicar, consagrar o apartar a Cristo para nuestro corazón.
Pedro adapta el mandato de Isaías 8:13 de santificar al Señor aplicándolo a Cristo. En Isaías, el llamado es a considerar santo (es decir, separar o reverenciar) al Señor de los Ejércitos (YHWH). Al aplicar este llamado a Cristo, Pedro:
Atribuye a Cristo la misma reverencia y santidad reservada para YHWH, afirmando así su divinidad.
Presenta a Cristo como el centro de la fe y la adoración cristiana en medio del sufrimiento.
Los cristianos deben consagrar a Cristo Jesús en sus corazones. El corazón es el eje central de la existencia del hombre, “porque es el manantial de la vida” (Pr. 4:23). Cuando el corazón está controlado por Jesucristo, el creyente le dedica toda su vida. Entonces el cristiano queda libre del temor y está en condiciones de defenderse de sus enemigos.
Leer y comentar v. 15-16
Al tener a Cristo santificado en nuestro corazón es que en medio del sufrimiento estaremos preparados para presentar el evangelio.
Al tener a Cristo santificado en nuestro corazón es que en medio del sufrimiento la mansedumbre y la reverencia serán siempre la conducta ante los opositores o antagonistas que tengamos.
Al santificar a Cristo en nuestros corazones afirmamos que Él es Dios y que nos sometemos a su soberana voluntad aun cuando esta sea desconcertante para nosotros.
Amados hermanos, hasta este momento hemos visto que el sufrimiento no siempre es malo, sino que trae dicha cuando se experimenta al hacer lo que es bueno y agradable a Dios. Algunas instrucciones de Pedro para enfrentar el sufrimiento son (a) no temer a la persecución, (b) no turbarse sino estar en paz y (c) consagrar a Cristo como Señor en nuestros corazones.
Una segunda razón de por qué el sufrimiento trae dicha para el creyente es…
EL EJEMPLO DE JESÚS, HACE DEL SUFRIMIENTO UNA DICHA PARA EL CREYENTE (V. 17-22).
EL EJEMPLO DE JESÚS, HACE DEL SUFRIMIENTO UNA DICHA PARA EL CREYENTE (V. 17-22).
Este será una segunda parte de este sermón, en vista de los retos interpretativo que involucran esta sección.
CONCLUSIÓN
CONCLUSIÓN
Mis queridos hermanos y amigos, se espera que asumamos cada proceso de la vida con una actitud semejante a la de nuestro Señor Jesucristo. Gracias a su sufrimiento o muerte por nuestros pecados, hoy tenemos la oportunidad de una nueva vida; una vida viva y no muerta, ya que en su muerte nosotros tenemos vida. Cristo ocupó nuestro lugar; se presentó por nosotros, y nos otorga perdón y justificación delante de Dios. Tu carga Él la tomó y ahora te brinda descanso total y pleno si te acercas a él en fe y arrepentimiento. Su ejemplo debe de inspirarte a tener una perspectiva distinta frente al sufrimiento y una disposición a sufrir por Él si es necesario.
Aunque en la mayoría de los casos, no podemos evitar el sufrimiento, la única forma de hacerle frente es como hemos aprendido:
Una confianza firme en Cristo como Señor soberano sobre todas las autoridades terrenales.
Una respuesta valiente y respetuosa ante el sufrimiento y la oposición.
Un testimonio ético e irreprochable que refleja la santidad de Cristo en sus corazones.
