Cambios en la presencia del Señor III - La mujer samaritana

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¿Pensamos que lo que sabemos es mejor que lo que Dios sabe? Veremos cómo la vida y pensamiento de una mujer fue transformada al estar en la presencia del Señor.

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Introducción

Se cuenta la historia de un joven que estaba trabajando debajo del chasis de su Ford T, tratando en vano de que andara. Después de un largo rato, un elegante automóvil se detuvo junto a él. Un caballero muy bien vestido bajó, fue hacia el joven, y observando la dificultad, le dijo que hiciera un pequeño ajuste en la regulación del motor. Con cierta desgana el muchacho obedeció . “Ahora” , le dijo el caballero, “su automóvil andará”. Inmediatamente el Ford comenzó a andar. Sorprendido el muchacho de que el caballero supiera tanto de mecánica le preguntó quién era. Tranquilamente el hombre le contestó: , Yo soy Henry Ford. Inventé ese automóvil y conozco a fondo su mecanismo”.
“Existe uno que nos conoce perfectamente, ya que Él nos hizo”. – por Billy Graham.
El día de hoy queremos ver una vida que estuvo en la presencia de Dios y que, aunque no conocía a Dios, Dios sí la conocía perfectamente.
John 4:1–6 RVR60
Cuando, pues, el Señor entendió que los fariseos habían oído decir: Jesús hace y bautiza más discípulos que Juan (aunque Jesús no bautizaba, sino sus discípulos), salió de Judea, y se fue otra vez a Galilea. Y le era necesario pasar por Samaria. Vino, pues, a una ciudad de Samaria llamada Sicar, junto a la heredad que Jacob dio a su hijo José. Y estaba allí el pozo de Jacob. Entonces Jesús, cansado del camino, se sentó así junto al pozo. Era como la hora sexta.

Contexto geográfico

Veamos el contexto:
La ruta que el Señor llevaba era algo larga. Como 112km más o menos, si fuera en línea recta.
Pero a los judíos no les gustaba pasar por la región de Samaria, así que preferían caminar por otra ruta más larga, de casi el doble de kilómetros.
Jesús, en cambio, sí prefirió irse por la ruta de Samaria, porque “le era necesario”.
Para llegar a Sicar el Señor había recorrido desde Jerusalén más o menos 48km.
Más o menos se estima que el Señor Jesús caminaba alreadedor unos 30km diarios (para viajar).
Entonces vemos un viaje de casi día y medio que Él hizo para llegar al lugar donde tenía que estar.
Obviamente, Jesús estaba cansado de caminar, y tenía sed.

“Le era necesario pasar”

Vemos que al Señor, “era necesario pasar por Samaria”. Y así es el Señor muchas veces: a Él le es necesario pasar.
No es que uno lo busque en ocasiones, es que Él sabe que es necesario pasar por donde la gente esté.
Cuando hay una persona con necesidad, Dios está dispuesto a pasar. Incluso a tomar un rumbo diferente a la ruta que iba a tomar.
Esto ya lo vimos con la mujer con flujo: Jesús iba con la hija de Jairo, pero la necesidad de una mujer hizo que Su poder se hiciera presente.
John 4:6 RVR60
Era como la hora sexta.
Lo que sabemos por diversos registros históricos es que esta hora es más o menos medio día.
Medio día no es una hora muy cómoda para sacar agua de un pozo.
Preguntar si alguien saldría a esa hora a comprar un garrafón.
Incluso en horas “no cómodas”, Dios puede acercarse y pasar por donde una persona necesitada esté.
Nuevamente: estamos viendo esto tanto para no convertidos, como para cristianos.

La mujer entra en escena

John 4:7–8 RVR60
Vino una mujer de Samaria a sacar agua;
Entra en escena una mujer. Por lo visto, una mujer haciendo su vida normal.
Ahora, no era UNA VIDA NORMAL. El mediodía no era la hora normal en que una mujer sacara agua.
Los pozos anteriormente eran lugares sociales, donde se encontraban personas unos con otros.
Vemos por historias como las del siervo de Abraham que los viajeros se reunían en el pozo para dar de beber a los camellos.
Es decir, no era raro ver a personas cerca de un pozo.
Pero esta mujer no se esperaba que la presencia de ese hombre junto al pozo fuera a cambiar su vida.

Jesús le habla

John 4:7 RVR60
...y Jesús le dijo: Dame de beber.
Jesús le habló. Ella recibió una palabra de Dios mismo.
El Señor interrumpió la actividad normal de esta persona, su vida cotidiana para pedirle que le diera de beber.
¿Qué haces cuando Dios interrumpe tu vida cotidiana para hablarte?
John 4:9 RVR60
La mujer samaritana le dijo: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana? Porque judíos y samaritanos no se tratan entre sí.
Ella ve su condición (samaritana) y la de Él (judío) e inmediatamente hace una distinción y pone una barrera.
Ella está tratando de imponer las condiciones aquí. Para ella, Él no debía hablarle, porque Él era diferente.
¿No pasa lo mismo con las personas que sienten que no deben tener nada que ver con Jesús?
Porque sus vidas son diferentes, ellos son “malos” (samaritanos) y Él es “bueno” (judío).
¿No pasa con los cristianos? Cuando sienten que no han vivido conforme a los mandamientos del Señor, y sienten que no “pueden acercarse confiadamente al trono de la gracia”?
¿O sienten que el momento en que Dios les está hablando no es el apropiado para ellos?

No conocemos a Dios como deberíamos

John 4:10 RVR60
Respondió Jesús y le dijo: Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva.
Aquí Jesús le explica el por qué es importante conocerle a Él.
CAMBIO: Las ideas preconcebidas que uno tiene sobre el Señor deben desvanecerse cuando estamos en Su presencia.
Muchas veces el Señor se acerca a pedirnos agua, que le demos adoración, alabanza, parte de nuestro tiempo y vida.
Pero uno pone barreras. No ve que Él tiene la solución no sólo a nuestra necesidad puntual, sino a nuestra vida.
John 4:11–12 RVR60
La mujer le dijo: Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo. ¿De dónde, pues, tienes el agua viva? ¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del cual bebieron él, sus hijos y sus ganados?
Nuevamente, la mujer sigue poniendo “peros”.
Jesús le dijo que le podía dar el agua de vida, algo que la tendría satisfecha, pero ella no cree.
Él tenía la solución a su necesidad.
Para ella el pensamiento es “¿cómo podrás hacerlo, Señor?”
Podemos reírnos ahorita de ese pensamiento, decir “El Señor no necesitaba un balde y una soga para sacar el agua, ¡Él es Todopoderoso!”
Pero necesitamos ver que la actitud de la mujer, es la misma actitud que nos encontramos día con día: la gente pregunta
“¿Cómo es que Dios hará X cosa por mí?”
“¿Cómo es que él satisfará mi sed?”
“¿Cómo es que Dios puede hacerme feliz?”
“¿Dios puede en verdad resolver mi situación?”
La mujer puso a sus antepasados como ejemplo: “Ellos son mayores; ellos sabían cómo sacar agua hasta para sus ganados”.
Lo que esta mujer está diciendo es “¿cómo es posible que tú seas mejor que las cosas que tuvieron mis antepasados?” “¡Ellos eran sabios y podían hacer las cosas por sí solos!”
Puede ser que la gente piense que Jesús no es mayor que la fe que “heredaron” de sus padres.
Puede ser que piensen que Jesús no es mejor que la recomendación de un terapeuta o psicólogo.
Puede ser que piensen que Jesús no puede hacer más que lo que la meditación o X religión pueda hacer.
La opinión de la mujer se antepone a la palabra de Jesús, pensando que ella está en una posición superior.
Pensando que no hay poder en ese hombre que acaba de encontrar.

El agua de vida

John 4:13–14 RVR60
Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.
Aquí vemos la respuesta a las necesidades de la humanidad.
La respuesta a la necesidad del hombre pecador.
La respuesta a la necesidad de aquel que está cansado de su forma de vivir
La respuesta a aquel que busca saciarse de diferentes cosas: dinero, alcohol, mujeres, fama, atención.
Jesús ofrece el agua de vida. Ofrece algo que puede eliminar por completo la necesidad de seguir buscando algo con lo cual estar satisfecho.

La mujer muestra esperanza

John 4:15 RVR60
La mujer le dijo: Señor, dame esa agua, para que no tenga yo sed, ni venga aquí a sacarla.
Aquí la mujer parece que va a responder. Ella se anima al escuchar lo que Jesús ha dicho.
Ella parece que ha encontrado por fin lo que buscaba. Algo para no sentirse insatisfecha.
Algo que va a saciar el vacío que siente en su interior.
Ir a ese pozo era para ella un trabajo. Era algo agotador. Algo con lo que tenía que vivir todos los días.
Esto es lo que pasa con algunas personas: ven en el evangelio y en el mensaje de la Salvación una oportunidad de descargarse de algo que les pesa.

Nuevas barreras

Pero entonces:
John 4:16–20 RVR60
Jesús le dijo: Ve, llama a tu marido, y ven acá. Respondió la mujer y dijo: No tengo marido. Jesús le dijo: Bien has dicho: No tengo marido; porque cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes no es tu marido; esto has dicho con verdad. Le dijo la mujer: Señor, me parece que tú eres profeta. Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar.
¿Qué hace la mujer cuando Jesús entra en tema con respecto a su vida? Pone nuevamente una barrera.
Parece que el mensaje ya le había convencido. Ya ella se veía con esa agua de vida.
Pero cuando Jesús le dice cómo es que ella está viviendo, ella pone nuevamente una barrera.
Ella se da cuenta que Jesús sabe cómo es que está viviendo.
Jesús está hablándole la verdad. Es una palabra de vida.
Pero nuevamente la mujer confronta al Señor.
Parece que esto último que le dijo la detuvo; no le pareció.
EVANGELÍSTICO: esto sucede con muchas personas. Cuando Dios ve sus vidas y les habla para acercarse, se detienen.
Aquí Jesús no la está juzgando. Sólo le dijo que llamara a su marido.
Obviamente, 5 maridos no significa una vida normal. Algunos creen que era una mujer rechazada por su sociedad a causa de ser adúltera.
Pero Jesús no la juzga. Él solamente le hace ver cómo está viviendo.
EVANGELÍSTICO: Muchas veces cuando Dios enfatiza el cómo vive una persona, la persona tiene dos opciones: o se aferra a seguir igual, o buscar ser cambiada.
Pero también como cristianos, a veces cuando Dios nos habla y nos muestra cómo estamos tomando nuestras decisiones, solemos poner peros.
Dios tiene la respuesta para nuestras situaciones, pero solemos poner barreras porque en NUESTRA opinión, las cosas deberían ser diferentes a como Dios nos las plantea.
John 4:21–24 RVR60
Jesús le dijo: Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene de los judíos. Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.
Aquí Jesús le muestra a la mujer que ni sus ideas, ni sus preguntas ni su forma de pensar son las correctas. El que está en lo correcto es Él.
CAMBIO: Y este es el cambio fundamental que tiene que haber en nosotros: entender que en Él está toda la verdad. Que nada de lo que pensemos es mejor que lo que Dios pueda tener.
Ni nuestras ideas, ni nuestros caminos, ni nuestra forma de hacer las cosas ni lo que se nos pueda ocurrir puede ser mejor que lo que Dios tiene.
Este argumento teológico que la mujer quiso poner como pretexto para no permitir que Dios tuviera la razón, no funcionó de nada.
Al decirle “la salvación viene de los judíos”, El Judío de Judíos está aseverando nuevamente que sólo de Él viene la salvación; la liberación, el agua de vida.

La mujer aún resiste

John 4:25 RVR60
Le dijo la mujer: Sé que ha de venir el Mesías, llamado el Cristo; cuando él venga nos declarará todas las cosas.
La mujer todavía quema su último cartucho: “Sé que ha de venir el Mesías, el Cristo”.
Ella sabía, había oído de Cristo. Y aún cuando Dios mismo está exponiendo Su palabra… ella se resiste.
Ella todavía no quiere ceder el control total de su vida, de su forma de pensar, de su forma de actuar.
El agua de vida le parecía interesante, llamativa… pero aún se resistía a depender de ese hombre.
¿Que fué lo que cambió la vida de esta mujer?

Una revelación de Jesús

John 4:26 RVR60
Jesús le dijo: Yo soy, el que habla contigo.
Las palabras más impactantes para esta mujer: Jesús era el Mesías que iba a llegar.
¿De qué manera lo dijo el Señor? No sabemos, pero una vez que Él se reveló, no había forma de que la mujer no viera que Él era el Cristo.
EVANGELÍSTICO: La única forma en que la gente es transformada es cuando Jesús mismo se revela a ellos.
CAMBIO: Jesús se nos revela no sólo una vez, sino constantemente. Él es infinito. Y es en esa revelación, que surgen cambios en nuestra vida.
Nos urge tener una revelación de Jesucristo. Que Él se revele a nosotros. Que nos muestre quién es. Cómo es. Cómo piensa.
Sólo así, notaremos un cambio como el que hubo en la mujer.
John 4:28–29 RVR60
Entonces la mujer dejó su cántaro, y fue a la ciudad, y dijo a los hombres: Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho. ¿No será éste el Cristo?
Finalmente, la mujer, después de la declaración de Jesús, no tiene más que decir.
Ella, ante la revelación de quién es Jesucristo, no tiene más argumentos para dar.
Finalmente la mujer se va convencida, y aunque era rechazada por su pueblo, va y le dice a todos (sin pena alguna), “ved a alguien que me ha dicho todo lo que he hecho en mi vida”.
La gente de su pueblo seguramente se sorprendió por escuchar a esta mujer, que seguramente se recluía, hablando abiertamente de su vida.
Pero lo importante es que ella dice “Ved a un hombre...”. Ella ya no sólo habla de las cosas que hizo, habla ahora del hombre que podría ser el Mesías. La salvación de la humanidad. El Redentor de los hombres. El único capaz de proveer una vida diferente.
John 4:39–42 RVR60
Y muchos de los samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por la palabra de la mujer, que daba testimonio diciendo: Me dijo todo lo que he hecho. Entonces vinieron los samaritanos a él y le rogaron que se quedase con ellos; y se quedó allí dos días. Y creyeron muchos más por la palabra de él, y decían a la mujer: Ya no creemos solamente por tu dicho, porque nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente éste es el Salvador del mundo, el Cristo.
Lo que empezó siendo un encuentro incómodo para la mujer, resultó ser la fuente de agua de vida que saltó para vida eterna.
No sólo la vida de esta mujer fue cambiada, sino la de muchos en su pueblo.
Ellos siguieron teniendo una revelación de Jesucristo por unos días más, porque la presencia de Dios estaba con ellos.
Para nosotros, estar en la presencia de Dios es la oportunidad de cambiar nuestra forma de pensar. Nuestra forma de vivir.
Es dejar lo que siempre hemos hecho, de la manera en que siempre lo hacemos, para poder tener una vida nueva y diferente.
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